José Luis
Gómez-Martínez
Teoría del ensayo
The word is late, but the thing is ancient.
Francis Bacon
2. ORÍGENES Y DESARROLLO DEL ENSAYO
Todo intento de establecer los orígenes del ensayo debe forzosamente comenzar con Montaigne.
Montaigne no sólo "inventó" la palabra, sino que fue consciente de lo peculiar
de su obra: "Este es el único libro de su clase en el mundo; es de una intención
indómita y extravagante. En él no hay nada tan digno de ser notado como su
singularidad" (364). La obra de Montaigne era, en efecto, especial. Era especial en
la forma y en el contenido, en el método y en los propósitos. Pero más importante
todavía, introducía en primer plano el "yo" en su creación artística. El
mismo señala orgulloso su aportación: "Los autores se comunican con el mundo en
extrañas y peculiares formas; yo soy el primero en hacerlo con todo mi ser, como Miguel
de Montaigne, no como gramático o como poeta, o como jurisconsulto" (782).
El
ensayo moderno, pues, data de 1580, fecha en que apareció la primera edición de los Essais.
Dentro del mismo siglo XVI, en 1597, comenzarían a publicarse los primeros ensayos de
Francis Bacon. Con ambos escritores quedan fundamentados los pilares del nuevo género
literario y se concede a éste su característica más peculiar: el ensayo es inseparable
del ensayista. Por ello desde entonces, excepto en raras aunque notables ocasiones, se
hablará de ensayistas y no de tal o cual ensayo. Si comparamos un ensayo cualquiera de
Montaigne "Des menteurs", por ejemplo con otro semejante de Bacon
"Of Truth", se observa que mientras Montaigne lo basa en
"vivencias", Bacon lo hace en "abstracciones". El ensayo de Montaigne
gana en "intensidad", el de Bacon en "orden". El primero es más
"natural", el segundo más "artístico". El primero intensifica lo
"individual", el segundo lo "prototípico". En Montaigne, en fin,
domina la intuición "poética", en Bacon la "retórica". Así, desde
sus comienzos, Montaigne y Bacon representan dos opuestas posibilidades de ensayo, que
profetizan el futuro individualista del género: El ser de Montaigne está en sus ensayos,
tanto como el de Bacon en los suyos. Unos y otros son exponentes de sus personalidades y
preocupaciones.
Que se consideren a Montaigne y, en cierto modo, a Bacon creadores del ensayo moderno,
no impide, sin embargo, el poder rastrear los orígenes del estilo ensayístico en la
época clásica. Ya Bacon disputó a Montaigne la originalidad que éste se atribuía, al
señalar explícitamente: "La palabra es nueva, pero el contenido es antiguo. Pues
las mismas Epístolas a Lucilio de Séneca, si uno se fija bien, no son más que
'ensayos', es decir, meditaciones dispersas reunidas en forma de epístolas" (XI:
340). En efecto, tanto en los Diálogos de Platón como en las Epístolas a
Lucilio de Séneca (las más cercanas al ensayo actual), en las Meditaciones de
Marco Aurelio, en las Obras Morales o Vidas paralelas de Plutarco, se pueden
encontrar los gérmenes de las que después llegarán a ser características esenciales
del género. Sus obras, sin embargo, están todavía lejos de formar verdaderos ensayos,
en el sentido que actualmente damos a la palabra. Hay que esperar a las tendencias
humanísticas del Renacimiento en su proceso de descubrir al individuo, ya que el
carácter subjetivista y la proyección constante del ser del escritor en sus ensayos no
es concebible en la época medieval.
En España podemos ya encontrar actitudes ensayísticas en el siglo XV, y en las obras
de Fernando de la Torre, Pérez de Guzmán, Fernando del Pulgar o Monsén Diego de Valera,
hallamos indiscutibles huellas de una tendencia individualizadora. Faltan en sus escritos,
no obstante, la naturalidad y la sinceridad que proyecta el verdadero ensayista cuando no
se limita a mostrar sus pensamientos, sino que expone el mismo proceso de pensar. Sólo
con Fray Antonio de Guevara podemos dar comienzo, sin reservas, a la tradición
ensayística española. Guevara, en un estilo personalísimo, logra inyectar sus propias
preocupaciones a sus escritos. Sus obras consiguen establecer todavía en la actualidad, a
pesar de lo retórico de su prosa, un íntimo diálogo con el lector en una comunión de
pensamientos. Las Epístolas familiares (1542), su obra más representativa, forman
verdaderos ensayos donde se tratan los más diversos temas: desde valores permanentes, en
las epístolas que reflexionan sobre la "envidia" o la "libertad",
hasta asuntos de inmediata actualidad política, consejos sobre el amor o burlas llena de
gracia contra el mal escribir.
El ensayo del siglo XVI, dominado por un deseo de perfección espiritual, llena una de
las páginas más ilustres de la literatura española. Al unísono con el latido de la
visión universal del Emperador, Alfonso de Valdés aboga por una reforma religiosa de
acuerdo con el pensamiento erasmista. Su obra, al igual que la de Juan de Valdés, esta
escrita en una prosa clara que fluye natural, sin la afectación retórica de Guevara. En
la segunda mitad del siglo, coincidiendo con el gobierno de Felipe II, el contenido se
hace más íntimo y la prosa más serena y personal: Fray Luis de Granada, Santa Teresa de
Jesús y Fray Luis de León representan una nueva etapa en el ensayismo español. En
realidad, tanto ellos como los escritores satíricos y políticos del siglo XVII
Quevedo, Cascales, Zabaleta, Gracián y Saavedra Fajardo escriben con un
estilo y frecuentemente con unos propósitos distintos a los que movieron a Montaigne en
la confección de los Essais.
Se puede afirmar que los ensayos escritos en el siglo XVI por Guevara, Montaigne y
Bacon son manifestaciones excepcionales de un género de nacimiento prematuro. El
espíritu existía en la época, pero el escritor todavía no disponía de los medios
adecuados para la difusión de sus ensayos. A principios del siglo XVIII, con la
aparición de las revistas y periódicos, puede el ensayista, por primera vez, establecer
un verdadero diálogo con el lector, que pasa decididamente a formar parte del ensayo. El
ejemplo de las revistas inglesas, The Tatler y The Spectator, que comienzan
a publicarse en 1709 y 1711 respectivamente, y el prestigio de sus editores, Richard
Steele y Joseph Addison, sirvieron de aliciente a otras publicaciones semejantes en
España. Así surgió el Diario de los literatos de España en 1737. No obstante,
habrá que esperar hasta la segunda mitad del siglo para que estas publicaciones
periódicas adquieran en España verdadera proliferación: El Caxón de Sastre
(1760), el Correo de Madrid (1786), El Censor (1781), continuado por El
corresponsal del Censor, son quizás las más destacadas, tanto por el prestigio de
que gozaron, como por la calidad de sus colaboradores. La actitud artística del siglo
neoclásico no era, sin embargo, tan propicia como la de los siglos XVI y XVII. La
personalidad creativa de los escritores se encontraba refrenada por las reglas de un
academicismo riguroso. Aun siendo abundantes los ensayos escritos, sólo podemos hablar de
dos verdaderos ensayistas: Fray Benito Jerónimo Feijoo y José Cadalso, y de un reducido
grupo de escritores con fuerte personalidad y frecuentes rasgos ensayísticos: Gregorio
Mayáns y Siscar, Martín Sarmiento, Gaspar Melchor de Jovellanos, entre otros de menor
repercusión.
El movimiento romántico, con el triunfo del individualismo, daría de nuevo pie a un
campo fecundo para el cultivo del ensayo. El escritor lo empleará para expresar sus
reacciones ante la sociedad o ante la naturaleza; por medio de ensayos expresará sus
puntos de vista y combatirá aquellos que no acepta, y algo aún más importante, pensará
en el público que los lee regularmente y tratará de sugerirle, de hacerle meditar, de
conectar la realidad con el ideal. Los ensayos escritos en el XIX son tan diversos como
variadas las personalidades de los autores: abarcan desde los pintorescos cuadros
costumbristas de Mesonero Romanos y Estébanez Calderón a las sátiras amargas de Mariano
José de Larra; desde los ensayos exponentes del pensamiento tradicional de Juan Donoso
Cortés y Jaime Balmes a la aportación liberal de Francisco Giner de los Ríos, Manuel
Bartolomé Cossío y Joaquín Costa. Los mismos novelistas escriben magníficos ensayos
donde exponen, critican o comentan las nuevas corrientes literarias y los libros
contemporáneos: Emilia Pardo Bazán, Leopoldo Alas y Juan Valera son ejemplos de la
popularidad y difusión del ensayo a finales de siglo.
En los países iberoamericanos la resonancia del ensayo es todavía más marcada. Desde
sus inicios en la lucha ideológica por la independencia, con la obra de un José Joaquín
Fernández de Lizardi o de un Simón Bolívar, a la búsqueda posterior de la propia
identidad, la literatura iberoamericana se caracteriza por una fuerte producción
ensayística ininterrumpida hasta nuestros días. Así los ensayos de Andrés Bello, Juan
Bautista Alberdi, Francisco Bilbao, José María Luis Mora, Juan Montalvo, Eugenio María
Hostos o José Martí, por citar sólo los más destacados. Y ya en el siglo XX, el ensayo
va a marcar la pauta del desarrollo intelectual iberoamericano desde las primeras obras de
repercusión continental de José Enrique Rodó, Manuel González Prada, José Vasconcelos
o José Carlos Mariátegui, hasta el actual reconocimiento internacional de Octavio Paz.
En realidad, el cultivo del ensayo en Iberoamérica alcanza las proporciones de un
denominador común que caracteriza la producción literaria de muchos de sus escritores
más destacados: así Alfonso Reyes, Eduardo Mallea, Jorge Luis Borges, Germán
Arciniegas, Mariano Picón Salas, Ernesto Sábato, Arturo Uslar Pietri, Rosario
Castellanos, H. A. Murena, Leopoldo Zea, Julio Cortázar, Carlos Monsiváis, Ariel Dorfman
o Mario Benedetti.
La situación en España es similar. Con la generación del 98, el ensayo pasa a ser la
forma de expresión literaria por excelencia. Los escritores españoles una vez más
adquieren resonancia internacional, y sus preocupaciones representan un verdadero
renacimiento intelectual y artístico. Angel Ganivet, Miguel de Unamuno, Azorín, Ramiro
de Maeztu y Ramón Menéndez Pidal, entre otros egregios escritores, dan comienzo a una
tradición ensayística que ha sido continuada hasta nuestros días y a la que pertenecen
destacadas figuras de las letras y del pensamiento español: José Ortega y Gasset,
Salvador Madariaga, Ramón Pérez de Ayala, Manuel Azaña, Eugenio d'Ors, Américo Castro,
Pedro Salinas, Dámaso Alonso, Francisco Ayala, Pedro Laín Entralgo, Julián Marías,
José Luis Aranguren, Carlos Díaz, Fernando Savater, son apenas un exponente de los
prestigiosos escritores que engrosan las filas del ensayismo español contemporáneo.
©
José Luis Gómez-Martínez. Teoría del ensayo. Segunda edición. México: UNAM, 1992 (Esta versión
digital sigue, con modificaciones menores, el
texto de la segunda edición española de Teoría del ensayo).
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