José Luis
Gómez-Martínez
Teoría del ensayo
ENSAYO, 1220-50. Del lat. tardío exagium
"acto de pesar (algo)"; voz afín a las clásicas
exigere "pesar" y examen "acción de pesar, examen"
DERIV. Ensayar, h. 1140. Ensayista, S. XX,
imitado del ingl. essayist, deriv. de essay "ensayo",
"artículo".
Joan Corominas
3. LA PALABRA "ENSAYO" Y SU USO EN
ESPAÑA
La posición de Juan Mir y Noguera ante el empleo del término ensayo es, a pesar del
carácter personal de la misma, indicador de la opinión de un gran sector de la crítica
española a principios del siglo XX: "La verdad sea, que al romance no le faltan
vocablos propios para exprimir toda suerte de conceptos. Más propiedad contiene la
palabra 'bosquejo' que la palabra 'ensayo'" (I: 704). No obstante, aun siendo cierto
que el término "ensayo" comenzó a usarse en España como designación de un
género literario durante el siglo XIX, y que lo hizo por imitación del inglés, también
lo es que la voz "ensayo" figura ya en las primeras obras literarias castellanas
y que fue usada por nuestros escritores más castizos: En el Poema de mio Cid
aparece con los significados de "probar, usar una cosa", "acometer",
"esforzarse": "Si plogiese a Dios querríalas ensayar" (v. 2376);
"vist un moro, fústel ensayar" (Menéndez Pidal, v. 3318). En el Libro de
Alexandre con el sentido de "dar fuerza": "Ensayando los vinos que azen
ya ferviendo" (v. 2400d). El Arcipreste de Hita la emplea en el Libro de buen amor:
"Si agora cantasses, tod'el pesar que trayo / me tyrarías en punto, más que con
otro ensayo" (v. 1439cd). Bartolomé de Torres Naharro en su romance "Con temor
del mar ayrado": "Lechuza me soi tornado / contra el sol y sus ensayos".
Fray Luis de León en De los nombres de Cristo: "Sombra son sin duda, Sabino,
y ensayos muy imperfectos de amor los amores todos con que los hombres se aman" (I:
756). En la obra de Lope de Vega figura repetidas veces: "Para no venir a errar/me
quiero ensayar al vivo", o "Fue una ymagen, fue un ensayo". El sentido de
la palabra también se amplía hasta llegar a tener el significado general de "hacer
las pruebas de una comedia, canción, etc., antes de ejecutarlo en público". Así en
Moratín: "Ensayaba a sus compañeros en los papeles que habían de hacer con
él", o "ya una noche de estas pasadas se hizo un ensayo en la
Barceloneta".5
En el siglo XVIII se utiliza ya el término ensayo en el título de ciertas obras que
pretenden así mostrar una de las características primordiales, y cuyo significado
evoluciona desde el mero sinónimo de "prueba" o "tentativa" hasta
en el siglo XIX representar a escritos pertenecientes a un nuevo género
literario.6 Se puede decir que a partir de la defensa del ensayo de Valera
(1868), con motivo de la obra de Laverde, y sobre todo con Ensayos y revistas
(1892) de Leopoldo Alas, la palabra ensayo adquiere ya una dimensión literaria peculiar.
Con la Generación del 98 el término se universaliza y alcanza tal prestigio que para
mediados del siglo XX su uso se hace de nuevo impreciso, al dar cobijo a estudios
científicos, a tratados y a monografías sobre todo en el campo de la crítica literaria
y sociológica.
Miguel de Unamuno, que se negaba a ser clasificado y que llegó a denominar a sus
novelas "nivolas", no duda en designar a ciertas obras suyas con el nombre
genérico de ensayo: "Si mi ensayo sobre la lectura y la interpretación del Quijote
ha escandalizado a los fanáticos..." (Soledad, 54). "Los ensayos que
constituyen mi libro En torno al casticismo" (Soledad, 95).
Refiriéndose a Viejos y jóvenes dice: "Este ensayo va a ser, en su mayor
parte, consecuencia..." (72). También su libro El caballero de la triste figura
es clasificado del mismo modo: "Para rellenar un poco más este ensayo no vendría
mal un estudio analítico" (84). No obstante, es Ortega y Gasset el primer escritor
español en considerarse a sí mismo un ensayista, clasificando a sus obras de ensayos:
"Mis ensayos que suelen ir apareciendo segmentados" (Estudios, 154).
Ortega y Gasset designa igualmente a sus libros más distintivos con el nombre de ensayos.
En La rebelión de las masas indica: "En este ensayo se ha querido dibujar un
cierto tipo de europeo" (161). En una nota del mismo libro señala: "Véase el
ensayo del autor titulado Historia como sistema" (10). Así hace referencia
también a El Tema de nuestro tiempo: "La intención de este ensayo era
demostrar..." (132); al Tríptico: "No se imputará al autor de este
ensayo tendencia..." (55); a España invertebrada: "Este libro,
llamémosle así,...no se trata más que de un ensayo de ensayo" (11). En realidad la
palabra ensayo llega a ser en Ortega y Gasset el término predilecto para hacer referencia
a sus escritos.
Recientemente, las múltiples acepciones de la voz "ensayo" y lo popular de
su uso en los medios editoriales, ha dado lugar a un obscurecimiento de su significado.
Confusión que se aprovecha para dar cabida bajo su protección a todo aquéllo difícil
de clasificar en los tradicionales géneros literarios.
Notas
- 5 Carlos Fernández Gómez, Vocabulario completo de Lope de Vega, 2
vols. (Madrid: Real Academia Española, 1971). Con relación a los múltiples usos que nos
proporciona Cervantes, consúltese la copilación del mismo autor, Vocabulario de
Cervantes (Madrid: Real Academia Española, 1962). Federico Ruíz Morcuende, Vocabulario
de D. Leandro Fernández de Moratín, 2 vols. (Madrid: Real Academia Española, 1945).
Un estudio más detallado de los usos de la palabra ensayo puede encontrarse en Alfredo
Carballo Picazo, "El ensayo como género literario. Notas para su estudio en
España", Revista de Literatura 5 (1954): 93-156; y más reciente en Manuel
Alvar, "La turbada historia de la palabra Ensayo", Dispositio
22-23 (1983): 145-168.
- 6 Los títulos que a continuación se anotan, más que constituir una lista
exhaustiva, intentan caracterizar el uso de la palabra ensayo: Ensayos oratorios
(1739), de Gregorio Mayáns y Siscar; Ensayo sobre los alfabetos de las letras
desconocidas, que se encuentran en las más antiguas medallas y monumentos de España
(1752), de José Luis Velásquez; Ensayo sobre el teatro español (1772), de Tomás
de Sebastián y Latre; Ensayo de una biblioteca española de los mejores escritores del
reynado de Carlos III (1787), de Juan Sempere y Guarinos; Ensayo histórico
apologético de la literatura española (1789), de Xavier LLampillas; Ensayo
histórico-crítico sobre la antigua legislación de los reinos de León y Castilla
(1808), de Francisco Martínez Marina; Ensayos literarios y críticos (1844), de
Alberto Lista; Ensayos poéticos (1844), de Juan Valera; Ensayo sobre el
catolicismo, el liberalismo y el socialismo (1851), de Donoso Cortés; Ensayos
religiosos, políticos y literarios (1853), de José María Quadrado; Ensayos
críticos de filosofía, literatura e instrucción pública española (1968), de
Gumersindo Laverde; Ensayos sobre el movimiento intelectual en Alemania (1875), de
José del Perojo; Ensayo histórico-crítico del teatro español (1876), de
Romualdo Alvarez Espino; Ensayos y revistas (1892), de Leopoldo Alas.
©
José Luis Gómez-Martínez. Teoría del ensayo. Segunda edición. México: UNAM, 1992 (Esta versión
digital sigue, con modificaciones menores, el
texto de la segunda edición española de Teoría del ensayo).
Se publica únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción
destinada a otros fines deberá obtener los permisos correspondientes.
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