El
pensamiento latinoamericano del siglo XX
ante la condición humana: Argentina
"Jorge Luis Borges ante la condición
humana"
Teresa
Alfieri.
Datos biográficos
Nació
en Buenos Aires (Argentina) el 24 de agosto de 1899 y murió en Ginebra (Suiza)
el 14 de junio de 1986. En su adolescencia viajó con sus padres a Europa
donde cursó su bachillerato. En España, conoció a Rafael Cansinos Asséns,
uno de sus maestros, y se inició en la literatura dentro del movimiento
ultraísta, pero pronto lo abandonó para desarrollar un estilo
personalísimo. Su formación como erudito fue la de un autodidacta,
lector apasionado y pensador infatigable. De regreso a la Argentina,
conoció y trató a otro de sus maestros: Macedonio Fernández, y
comenzaron a aparecer sus primeros libros a partir de Fervor de
Buenos Aires de 1923. Su carrera de poeta, ensayista,
relator y traductor tomó un nuevo giro debido a un accidente sufrido en
diciembre de 1938, después del cual comenzó a escribir cuentos
fantásticos que integraron algunos de sus libros más célebres como
Ficciones. Por aquellos años, Borges colaboró en la revista Sur,
dirigida por Victoria Ocampo, y se hizo amigo personal de Adolfo Bioy
Casares, con quien escribió libros en común. Aunque siempre había tenido
problemas en la vista, a partir de 1955 quedó definitivamente ciego y,
en la misma época, se lo designó Director de la Biblioteca Nacional. Al
año siguiente fue nombrado Profesor de Literatura Inglesa en la
Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, y
recibió también el Premio Nacional de Literatura. En 1961, el Premio
Internacional Formentor de Literatura que compartió con Samuel Beckett
significó el comienzo de un largo reconocimiento internacional colmado
de honores -tales como el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de
Oxford en 1971-, de viajes, invitaciones y muchos premios
-como el
Cervantes, recibido en 1979-. Se trata de un autor que produjo
literatura durante casi setenta años y que ocupó el primer lugar en las
letras argentinas. Las vinculaciones constantes de su obra con la
filosofía resultaron siempre enormes. Su último libro fue Los
conjurados de 1985.
Concepciones sobre la condición humana
Desde la primera etapa de su obra -a partir de los escritos juveniles-
puede reconocerse la huella indeleble del idealismo en su pensamiento,
que continuará a lo largo de toda su producción, particularmente del
idealismo de George Berkeley, expresado en su libro Los
principios del conocimiento humano, y resumido en el lema “esse est
percipi” con el cual Berkeley negaba la existencia independiente de la
materia y afirmaba que el mundo no existe fuera de nuestra percepción.
Dos ejemplos evidentes pueden leerse en: el poema “Amanecer” de su
primer libro, en el que se conjetura que, como el mundo es el resultado
de la mente, en las horas del sueño hay un instante en que peligra
desaforadamente el ser de toda la ciudad de Buenos Aires: el instante
del alba, en el que sólo algunos trasnochadores sueñan el mundo; y en el
cuento “Tlön, Uqbar,Orbis Tertius” donde se lee : “Hume notó para
siempre que los argumentos de Berkeley no admiten la menor réplica
[...]”, frase que demuestra la permanencia del idealismo berkeliano a lo
largo del tiempo y en la obra de su madurez. Este idealismo le brindará
una suerte de distanciamiento de la realidad, en especial de la realidad
social, y envolverá su concepción de la condición humana en un manto de
irrealidad en el que se jugará estéticamente con la idea de que el mundo
“es una actividad de la mente/un sueño de las almas”. Este idealismo
mezclado con un toque de orientalismo -tendencia de muchos escritores
argentinos durante fines del XIX y comienzos del XX- lo llevará a
constantes juegos de su pensamiento sobre la apariencia engañosa de lo
que llamamos realidad cuando sólo es un manto irreal, como un espejismo,
y sobre la negación del yo, lo cual lo condujo a desarrollar un estilo
lleno de modalizaciones que serán la expresión física de un pensamiento
sobre lo incierto, lo ambiguo, lo que se diluye, las infinitas
posibilidades del pensamiento que puede admitir bifurcaciones,
repeticiones, contradicciones lógicas y estructuras paradojales que
disuelven el tiempo y el espacio y, por ello, su concepción de la
condición humana carecerá de todo sentido histórico a un punto tal como
en pocos escritores se ha dado. El Borges real dirá así que no es
necesario leer el diario porque siempre sucede lo mismo. El Borges
escritor expresará una y otra vez, que somos Caín y Abel, Shakespeare,
Keats o César y que todos los autores son un solo autor. La concepción
de un tiempo circular, en el que volvemos al mundo como en la teoría de
la metempsicosis será particularmente un juego estético, más que una
concepción histórica.
El
idealismo se asocia en él con un nominalismo evidente en el que el
conocimiento de la realidad es casi imposible, porque para ordenar los
datos de nuestros sentidos y de nuestra conciencia debemos recurrir al
lenguaje pero este instrumento nos falsea la realidad porque la abstrae,
la conceptualiza, la sistematiza, la deforma de modo tal que los humanos
quedamos atrapados en sus redes conceptuales, en sus enunciados y no
podemos llegar a conocer o a experimentar completamente la realidad
profunda; para Borges, en Otras Inquisiciones, existen los
realistas y los nominalistas y están enfrentados (los realistas creen
que pueden lidiar intelectualmente con los problemas del ser y de la
realidad profunda; y los nominalistas creen que están obligados a
detenerse en los problemas del lenguaje como Hume, G. E. Moore,
Wittgenstein, Fritz Mauthner, y otros pensadores que Borges eligió como
hipotextos). La red del lenguaje impide la llegada a la verdad absoluta
y, por lo tanto, todas las voces son atendibles.
A
contrapelo de todo dogmatismo y de toda certeza absoluta, el pensamiento
de Borges presenta pocas convicciones sin doblez acerca de la condición
humana y es por ello que vale la pena destacarlas especialmente.
En
primer lugar, la filosofía aparece en su pensamiento como una rama de la
literatura fantástica sin que esta conceptualización vaya en desmedro de
ella, sus diferentes sistemas son construcciones que lo asombrarán
placenteramente hasta el punto de convertirlos en temas constantes de su
obra, pasará revista a muchos sistemas (Pitágoras, Heráclito, Parménides,
Platón, Plotino, Descartes, Pascal, Voltaire, Leibnitz, Vico, Croce,
Nietzsche, Bertrand Russell y tantos otros) pero jamás se adherirá
dogmáticamente a ninguno de ellos ya que no los considera dueños de la
verdad absoluta. Los sistemas son como piezas literarias maravillosas
creadas por el hombre y, a veces, más profundas, son como metáforas que
intentan hablar de lo indecible. El hombre debe recorrer esos sistemas,
el laberinto de las bibliotecas como una forma elevada y plena de vida,
aunque no necesariamente de felicidad.
En
segundo lugar, el hombre está siempre un poco perdido en un mundo
brumoso, como en la frase del Evangelio: “Videmus nunc per speculum in
aenigmate”, perdido en el “laberinto del universo” -como ha afirmado
Jaime Rest-, perdido como intelectual en el laberinto de las fuentes
literarias y filosóficas
-como ha escrito Roger
Caillois-. A menudo no sabe realmente quién es ni qué ha venido a hacer
a este mundo hasta el instante revelador y epifánico en que entiende, al
ver llegar la hora de su muerte, cuál es su destino; para enfrentar ese
magma incierto, debe ser valiente. La valentía y su vertiente, el culto
del coraje, son valores permanentes en la obra borgeana que lo eslabonan
con el pensamiento argentino que lo precedió. Con este culto se
relaciona el sentido épico, la valorización de lo épico en su obra, de
las empresas militares, del uso de la espada, ya sea desde las empresas
lejanas de los vikingos hasta las más cercanas de sus antepasados
militares que pelearon batallas y vertieron su sangre por la patria; y
pertenecen a él, asimismo, todas las exaltaciones estéticas de las
“filosofías del arrabal porteño”, de los malevos, “taitas”, de los
duelos a cuchillo, de las mujeres como La Lujanera -de su relato “Hombre
de la esquina rosada”- que se van con el más valiente.
Con
ese culto y ese “deber ser” se relaciona también su profunda adhesión al
estoicismo -que en su vida personal se tradujo como valentía asombrosa
frente a la ceguera-, con derivados tales como la parquedad en la
expresión de los sentimientos íntimos, lo inaceptable de la queja
varonil, el decoro casi victoriano, la amistad tramada de sentimientos
tácitos y expresiones lacónicas entre varones recios.
En
tercer lugar, la literatura de Borges no puede ser comprendida fuera del
país de origen porque el lugar marca al hombre en su existencia, tanto
en la primera etapa criollista como en los años maduros en los que
escribía milongas; esta característica armoniza perfectamente con su
universalidad y con la apelación constante de la enciclopedia de la
cultura universal; dicho simplemente: el hombre que medita sobre la
interpretación de Platón es el mismo que exclama que las calles de
Buenos Aires son la entraña de su alma. La unión de diversos campos del
saber ha hecho que señalaran su obra como un territorio de
epistemologías transversales como, por ejemplo, cuando se atreve a
“aplicar el principio de los indiscernibles de Leibnitz a los problemas
de la individualidad y del tiempo”.
Y,
por último, no es posible entender su obra ni sus conceptos bastante
nihilistas sobre la condición humana sin tener en cuenta su humor
refinado, sutil y a menudo irónico.
Desde el punto de vista político, el Borges maduro fue fiel a la clase
que perteneció: la burguesía. Fue anti-populista y sintió horror por la
demagogia, enemigo de figuras históricas como Rosas y Perón. Cultivó una
suerte de liberalismo que incluía muchas ideas conservadoras. Aunque de
joven había admirado a la Revolución Rusa, de viejo firmó manifiestos
contrarios a la Revolución Cubana y aceptó un premio de manos del
General Pinochet de Chile que -según muchos- impidió le fuera otorgado
más tarde el Premio Nobel de Literatura. Aunque en su vida personal
fuera incapaz de las crueldades que desplegó el gobierno militar de
Argentina durante la época denominada “el Proceso”, como intelectual no
las rechazó explícitamente lo suficiente y sólo en los últimos años
comenzó a interesarse por el caso de algunos desaparecidos.
En
“Anatomía de mi Ultra”, de 1921, Borges distingue dos tipos de
mentalidad humana: la impresionista, en la que el individuo se abandona
al ambiente, se deja impregnar por él y la expresionista, en la que el
ambiente es instrumento del individuo; a estas dos mentalidades
corresponderían dos estéticas: la de los espejos, que es pasiva; y la de
los prismas, que es activa. Por ello, llama a una de sus primeras
revistas Prisma e integra el ultraísmo, tanto en España como en
Argentina, al que reconoce como una forma del expresionismo.
Una
curiosidad de sus años juveniles es el bolchevismo inicial, entendiendo
por tal el enorme entusiasmo de carácter épico-poético que la Revolución
Rusa bolchevique despertó en el joven Borges, quien nunca, ni siquiera
en aquellos momentos, fue un escritor marxista. Su bolchevismo, en
cambio, estuvo íntimamente vinculado a su anarquismo inicial.
Varios poemas dan cuenta de aquella ilusión trágica, que era esperanza
en un mundo y en un hombre nuevo, en una revolución que brindara
condiciones diferentes. Las bayonetas se ven en esa poesía llevando en
su punta las mañanas, el mañana, el futuro. El discurso poético
construye también una escenografía de vanguardia: “El mundo se ha
perdido y los ojos de los muertos lo buscan” (“Trinchera”) ; “Bajo
estandartes de silencio pasan las muchedumbres” (“Rusia”); “La estepa es
una inútil copia del alma” (“Guardia Roja”); “Las barricadas que
cicatrizan las plazas/ vibran nervios desnudos” (“Gesta Maximalista”).
Sobre el bolchevismo del primer Borges se operó una estrategia de
“borramiento” de la que él fue uno de los agentes más activos. La
historia de la publicación de “Guardia Roja” da cuenta, como ejemplo, de
los años de silencio y ocultamiento para el público de Buenos Aires. Se
publicó en Ultra de Madrid en 1921, en francés, dentro de
Rythmes rouges en 1992; pero en Buenos Aires y en castellano recién
en 1997.
Sin
embargo, este entusiasmo izquierdista existió y lo traspasó, en el
sentido literal de pasar a través y no permanecer, y le dejó quizá sólo
una ínfima gota de energía. Otra iba a ser su Revolución: la de su obra.
El
anarquismo inicial era una herencia de su padre, Jorge Guillermo, quien
fue un anarquista spenceriano admirador de William James y, autor de la
novela El Caudillo, su padre parece haber sido también
lector de dos periódicos anarquistas : El Obrero de
Alberto Ghiraldo y el Sol. Jorge Luis llegaría, por su parte, a
editar en algunas revistas anarquistas durante su primera juventud. Algo
del anarquismo borgeano es también herencia de Macedonio Fernández: un
sábado a la noche, en una velada de “La Perla del Once”, Macedonio con
Borges, Fernández Latour y Santiago Dabove planean escribir una novela
titulada El hombre que sería presidente. De ella, decía Borges:
“El argumento ideado por mí y todavía muy esquemático [...] trata de los
medios empleados por los maximalistas para provocar una neurastenia
general en todos los habitantes de Buenos Aires y abrir así el camino al
bolchevismo”. Uno de los libros que Borges destruyó se titulaba Los
naipes del tahúr y era un ensayo literario-político anarquista, en
el que se expresaba a favor del pacifismo. De esa tendencia, mantuvo
siempre la idea de la necesaria disolución de la concentración del poder
fuerte, y su insistencia en que los gobernantes sólo debían ser
funcionarios eficientes de los que ni recordáramos el nombre.
Alejandro Vaccaro transcribe en su libro Georgie, una
tempranísima opinión de un crítico inteligente, que en los años veinte
decía : “Borges, un gran poeta, será un clásico mañana. Debería librarse
de un peligro que apunta en sus poemas ahora: el eticismo poético”. Ese
crítico era Tomás de Lara y su perspicacia fue enorme. En efecto, el
eticismo -que nadie considera ahora como un peligro- es una de las
características no sólo de la poesía sino de toda la literatura borgeana,
los valores éticos impregnan su discurso; la importancia dada al honor
no está fuera de él.
Casi
todos los críticos señalan que en la etapa final de su obra, aparece un
estilo que fue llamado el Borges transparente, se trata de una escritura
y pensamiento clásicos, de mucha claridad conceptual y lingüística, con
el logro de una gran sencillez y economía expresiva; período en el que
se subraya la percepción de arquetipos por detrás de todas las cosas y
la aceptación y hasta el deseo de la muerte.
Borges ha reescrito continuamente su obra y de algunos poemas existen
más de diez versiones porque ha sido un escritor cuidadoso de la forma y
ha expresado, entre todas sus filosofías de la perplejidad, que la vida
humana -a pesar de los arquetipos que manifiesta- es esencialmente
lenguaje, el hombre sólo puede moverse entre el lenguaje, reescribirse a
sí mismo y también soñar y perderse entre los laberintos de la lengua.
La condición humana reside en ese laberinto y en la valentía de
construirlo ante el asombro de la vida.
La
obra de Jorge Luis Borges es una de las que más escritos ha suscitado
durante el siglo XX y lo que va del XXI.
Algunas citas de su obra :
-
Tanta soberbia el
hombre y no sirve más que pa´juntar moscas (“Hombre de la esquina
rosada”).
-
El tiempo es la
substancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata,
pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el
tigre; es un fuego que me consume, pero soy el fuego. (“Nueva
refutación del tiempo”).
-
La voz de Dios le
contestó desde un torbellino : Yo tampoco soy ; yo soñé el mundo
como tú soñaste tu obra, mi Shakespeare y entre las formas de mi
sueño estás tú, que como yo eres muchos y nadie (“Everything and
Nothing”).
-
El vertiginoso
regressus in infinitum es acaso aplicable a todos los temas
(“Avatares de la Tortuga”).
-
Yo vivo, yo me dejo
vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura
me justifica (“Borges y yo”).
-
No nos une el amor
sino el espanto;
Será por eso que la quiero tanto (“Buenos Aires”).
-
Siempre el coraje es
mejor,
La esperanza nunca es vana (“Milonga para Jacinto Chiclana”).
LIBROS
DE JORGE LUIS BORGES:
-
Fervor de Buenos Aires.
Buenos Aires:
edición del autor, 1923.
-
Inquisiciones.
Buenos Aires: Proa, 1925.
-
Luna de Enfrente.
Buenos Aires: Proa, 1925.
-
El tamaño de mi
esperanza.
Buenos Aires: Seix Barral, 1993.
-
El idioma de los
argentinos.
Buenos Aires: Manuel Gleizer, 1928.
-
Cuaderno San Martín.
Buenos Aires:
Proa, 1929.
-
Evaristo Carriego.
Buenos Aires: Manuel Gleizer, 1930.
-
Discusión.
Buenos Aires: Manuel Gleizer, 1932.
-
Historia Universal de
la Infamia.
Buenos Aires: Tor, 1935.
-
Ficciones.
Buenos Aires: Sur, 1944.
-
Nueva refutación del
tiempo.
Buenos Aires: Oportet y Haereses, 1947.
-
El Aleph.
Buenos Aires: Losada, 1949.
-
Otras Inquisiciones.
Buenos Aires: Sur, 1952.
-
El hacedor.
Buenos Aires: Emecé, 1960.
-
Obras Completas.
Buenos Aires: Emecé, 1974.
-
El libro de arena.
Buenos Aires: Emecé, 1975.
-
La rosa profunda.
Buenos Aires: Emecé, 1975.
-
Prólogos con un
prólogo de prólogos.
Buenos Aires: Torres Agüero, 1975.
-
Cosmogonías.
Buenos Aires: Librería La Ciudad, 1976.
-
La moneda de hierro.
Buenos Aires: Emecé, 1976.
-
Libro de sueños.
Buenos Aires: Torres Agüero, 1979.
-
Qué es el budismo.
Buenos Aires: Columba, 1976.
-
Adrogué. Adrogué, Pcia. De Buenos Aires, 1977.
-
Historia de la noche.
Buenos Aires: Emecé, 1977.
-
Rosa y Azul.
Barcelona:
Sedmay, 1977.
-
Breve antología
anglosajona.
Santiago de Chile:
La Ciudad, 1978.
-
Obra poética.
Buenos Aires: Emecé, 1978.
-
Obras
Completas en colaboración. Buenos Aires: Emecé 1979.
-
Borges, oral.
Buenos Aires: Emecé /Editorial de Belgrano, 1979.
-
Siete Noches.
México:
Fondo de Cultura Económica,1980.
-
La cifra.
Buenos Aires: Emecé, 1981.
-
Cuentistas y pintores
argentinos.
Buenos Aires: Ediciones de Arte Guaglianone, 1985.
-
Los conjurados.
Madrid, 1985.
-
Textos cautivos.
Barcelona:
Tusquets, 1986.
-
Cinco poemas.
Buenos Aires: Proa, 1986.
-
Biblioteca personal.
Buenos Aires: Alianza, 1988.
-
Recuerdos de mi amigo
Xul Solar.
Buenos Aires: Fundación San Telmo, 1990.
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Borges en la escuela
freudiana de Buenos Aires.
Buenos Aires: Agalma,1993.
-
Rythmes rouges.
Paris:
La Délirante, 1992.
-
Oevres completes.
Paris:
Gallimard, 1993.
-
Textos recobrados
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Borges, esplendor y derrota.
Barcelona:
Tusquets, 1996.
Teresa
Alfieri
Junio de 2004
| © 2003 Coordinador General Pablo
Guadarrama González. El pensamiento latinoamericano del siglo XX
ante la condición humana. Coordinador General para Argentina, Hugo Biagini. El pensamiento latinoamericano del siglo XX
ante la condición humana. Versión digital, iniciada en junio de
2004, a cargo de José Luis Gómez-Martínez. |
© José Luis Gómez-Martínez
Nota: Esta versión electrónica se provee únicamente con fines educativos. Cualquier
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