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Gino Germani ante la condición humana
Martina Casullo Datos Biográficos Nació en Roma en 1911. Estudió Ciencias Económicas en la Universidad de esa ciudad. La cárcel y el confinamiento en la isla de Ponza fueron los lugares que el fascismo le asignó ante lo que prefirió el exilio. A fines de 1934 se traslada a la Argentina donde completó la carrera de Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Entre 1942 y 1946 fue encargado de investigaciones en el Instituto de Investigaciones de esa Facultad bajo la dirección de Ricardo Levene. Fue miembro de la Comisión Asesora de Demografía que preparo el IV Censo Nacional. Ejerció funciones docentes en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, en el Instituto de Sociografía y Planeación de la Universidad Nacional de Tucumán y en la Universidad Nacional de La Plata. Durante la dictadura no tuvo conexiones con la Universidad pero dictó regularmente clases de Psicología Social y Sociología en el Colegio Libre de Estudios Superiores. Creo en 1957 la Carrera de Sociología en la Universidad de Buenos Aires, dirigió el Instituto de Sociología y fue el primer director del Centro de Investigaciones en Estructuras Sociales Comparadas del Instituto Torcuato Di Tella. En 1966 a causa de la intervención militar al mando del General Onganía acepta el cargo de profesor de estudios latinoamericanos en la Universidad de Harvard en Estados Unidos donde logra un lugar destacado entre lo especialistas en sociología de la modernización. Se jubiló en 1979, año en que vuelve a Roma y fallece. Ha publicado numerosos trabajos en el país y en el exterior sobre Morfología Social, Psicología Social y Metodología de la Sociología (Jorrat). La condición humana: Sociedad e individuo Las reflexiones de Gino Germani sobre la condición humana están íntimamente relacionadas a la situación política que lo llevó a exiliarse de Italia, el fascismo y al movimiento nazi que llevó a Hitler al poder en 1933. Al igual que muchos intelectuales contemporáneos observaron con preocupación y sobresalto tales actos de irracionalidad que plantaban nuevas cuestiones y nuevas respuestas a la relación entre individuos, grupos y, en definitiva, entre el individuo y la sociedad o las instituciones que simbolizan a ésta. Como bien retrata Horowitz: “Si Theodor Adorno acertaba al señalar algunas características básicas de la ‘personalidad autoritaria’, uno debería, por extensión, ser capaz de identificar los rasgos de la personalidad antiautoritaria que Ana Germani aborda en el libro consagrado a su padre [...] creo que Gino Germani expresó esos rasgos en diversos aspectos” (2004: 11). Fenómenos de relevancia que tuvieron lugar en el siglo pasado, la expansión del comunismo, la depresión económica de 1929, los regímenes totalitarios y la segunda guerra mundial, se dieron en un contexto en el que las normas, los valores, las expectativas y los comportamientos tendían a asegurar una mayor diversidad y diferenciación social pero colocaban al mismo tiempo a los individuos, los grupos y a los sistemas sociales en conflicto frente a la deseada y buscada uniformidad social[1]. Como muchos cientistas sociales de izquierda, ante la decepción y el desconcierto que provocaba el apoyo de las masas a los regímenes totalitarios –actitud que representará sobre todo al Instituto de Frankfurt– Germani buscará ayuda en elementos de la psicología profunda para intentar entender este comportamiento, centrando luego su interés en aplicar las dimensiones de análisis para abordar el fenómeno del peronismo. Más allá de la experiencia italiana, el autoritarismo y el totalitarismo representaban para Germani la más alta expresión del poder estatal, reflejo del problema de la integración tanto de las sociedades como de sus clases. Estas expresiones sociales y políticas cuestionaban aspectos esenciales de la sociedad moderna y amenazaban tanto el porvenir de la libertad como el desarrollo de una personalidad autónoma, antídotos ambos de la aparición y perpetuación de nuevas servidumbres. La nueva sociedad de masas ponía a éstas en situación de disponibilidad para aventuras políticas de diverso signo, pero el problema de las masas no estaba en su presunta brutalidad sino en su aislamiento y su falta de relaciones sociales. La crisis no radicaba en una exacerbación del individualismo sino en una insuficiente individuación, reducida a un efecto automático de la diferenciación social que “ahoga al yo auténtico bajo el yo social y transforma el ser viviente en un manojo de funciones” (Jorrat). El proceso de individuación se reducía a un mero efecto automático de diferenciación social pero que no proporcionaba al individuo los medios para forjarse una personalidad sino que promovía una atomización social. La transición presentaba entonces como problema fundamental a la moral, al estilo de Emile Durkheim y Erich Fromm, en tanto debilitamiento de los lazos sociales que les proporcionaban a los individuos los necesarios sentimientos de comunión y pertenencia. La contradicción entre uniformidad y diferenciación que la sociedad moderna ponía en el tapete, expresada en la aparición de las masas y el surgimiento del totalitarismo comprometía a las Ciencias Sociales con una agenda bien precisa. Germani se acercará al psicoanálisis reformista no sólo porque comparte la idea de la necesidad de una renovada psicología social sino porque como otros, estaba convencido que la respuesta ante los nuevos interrogantes provendría de la integración del elemento humano y del estudio de las relaciones entre fenómenos estructurales y psicosociales. Sólo atendiendo el nivel de análisis de la interacción se lograría interrogar y clarificar el significado cultural de determinados nexos históricos y sus consecuencias para el porvenir de la libertad y el desarrollo de una personalidad autónoma (Blanco, 64/69). En el prólogo del libro Miedo a la Libertad de Erich Fromm[2], Germani postula que si bien desde fines de la Edad Media el sujeto había logrado constituirse como entidad separada y autónoma, había características de la estructura social contemporánea que lo colocaban en situación de aislamiento y soledad moral. Si el individuo no lograba una vinculación con el mundo y la sociedad basada en relaciones de reciprocidad y la expansión plena del yo, quedaba al desamparo y en condiciones de “presa fácil” de estructuras que por lealtades ciegas y pérdida de libertad le ofrecían protección y membresía. Como señala Blanco, en este tipo de vínculos Germani veía el origen de una situación anómica de desintegración social puesto que la sociedad en formación ofrecía sólo una individuación puramente mecánica que promovía la uniformidad regateando los recursos indispensables para el desarrollo de una personalidad autónoma. Pero la nueva formación social, la moderna sociedad de masas no sólo presentaba peligros sino también una oportunidad. La participación social y política de amplios sectores de la población hasta ese momento excluidos reflejaba una etapa fundamental en la emancipación social (Blanco). Proteger y alargar los espacios de la libertad en lo personal, en las tareas científicas y en la labor académica, representaban los valores que guiaron sus propias obras (Ana Germani, 151). Escribía en 1935:
La preocupación por la experiencia totalitaria se trataba más de un problema moral que ideológico, de rechazo a cualquier forma de opresión. Germani comprendió muy bien que: “...no estamos simplemente encerrados en un mundo de continuidades y discontinuidades intelectuales, sino más bien enfrentando políticas alternativas bastante prácticas y dolorosas sobre si debemos avanzar, detenernos o retroceder (Jorrat, 246) Ciencia y Sociología La sociedad de masas planteaba el asombro pero también el desafío de llegar a determinadas metas que ella misma proponía y que aún no se alcanzaban. En el pasado no había cabida para debatir acerca de la autodeterminación y la identidad personal dado que la gran mayoría de los individuos cumplían pautas de tipo prescriptivo mientras que la sociedad moderna obligaba a decidir conscientemente aquello que en el pasado estaba resuelto de una vez y para siempre por la tradición. El hombre moderno debía entonces buscar la contestación, la máxima autodeterminación que el nuevo tipo de sociedad abría a la mayoría de los hombres (Gino Germani, 1958: 258). Tenía la íntima y fuerte convicción de que la Universidad, y en particular, la sociología eran instrumentos para la construcción de una sociedad distinta (Ana Germani, 2004: 145). Germani veía en la ciencia una herramienta poderosa de emancipación. Fuertemente imbricado en el pensamiento de Karl Mannheim coincidía en que el problema fundamental del mundo contemporáneo era la falta de correspondencia entre el desarrollo alcanzado por las ciencias naturales y el avance en la tecnología y una mayor racionalidad de la vida social y moral. Las transformaciones económicas no se reflejaban en relaciones humanas más racionales sino todo lo contrario, su contrapartida era la aparición de comportamientos irracionales. Ante tal estado de situación, las ciencias sociales estaban conminadas a actuar como orientadoras de un proceso que promoviera una reconstrucción racional de la sociedad (Blanco, 2003: 70). Para superar el estadio de irracionalidad que primaba en el orden social y moral era necesaria una conciencia emancipada en la que los hombres no sólo estuvieran en condiciones de manipular sino también de interactuar. Las condiciones para una conciencia emancipada exigían un nivel superior de la reflexión, la autorreflexión, mediante la cual los hombres pueden interrumpir ese vínculo inmediato, irreflexivo, con los intereses de su práctica:
Germani creía que una actividad científica objetiva y experimental comprometida con cierta praxis social alejaría al individuo moderno de la atomización a través de dotarlo de una nueva moral que le permitiera actuar con libertad. Las ciencias del hombre podían proporcionar una contestación, según sus palabras, probablemente no en términos de respuesta clara o definitiva pero sí como una orientación del camino a seguir y de las características generales de la estructura social más favorable a tal propósito. También puede proveer los métodos individuales que podrían adoptarse para lograr la liberación de la potencialidad personal de decisión consciente y racional[3]. Consideraba a la planificación como el requisito indispensable de la sociedad moderna pero su preocupación constante giró en torno de las tensiones entre los imperativos de esa planificación y el mantenimiento de las libertades individuales. Intentó entonces conectar la sociología con las tareas de una planificación social y comprometer a la ciencia con una defensa de los valores de la cultura moderna no sin advertir los aportes negativos que tanto la sociología como otras ciencias del hombre podían hacer al problema del comportamiento. La cuestión del libre albedrío constituiría para él, precisamente, un límite a la existencia de un universo social enteramente determinado:
Germani se proponía establecer la forma en que las ciencias sociales podían aportar al mejoramiento de la condición humana:
Disciplinas como la Sociología y la Antropología descubrían para él, sistemas morales que muchas veces se revelan contradictorios en sus principios y sus aplicaciones, y es la búsqueda de encontrar una explicación a esos fenómenos donde las ciencias del hombre deben intentar develar la estructura subyacente que vincula entre sí las diferentes formas en que lo social se manifiesta. No deja sin embargo, de resaltar el hecho de que de la ciencia pueden surgir conclusiones confusas y contradictorias con consecuencias tanto aceptables como inaceptables:
Integración Intelectual Germani orienta la reflexión sociológica hacia el presente sobre la base de una integración de distintas corrientes intelectuales y diferentes abordajes disciplinarios. Integró la escuela italiana del poder con la escuela alemana de la autoridad y acompañó a su sociología política de una psicología política fruto de su interés por las producciones del movimiento psicoanalítico. Escapando tanto del sociologismo como del psicologismo, se interesó en la dimensión subjetiva de la acción, nutriéndose básicamente de la obra de Erich Fromm. Creía que la Psicología, como disciplina que indaga los motivos de la acción, era esencial para intentar dar respuesta con herramientas de análisis nuevas al problema de la racionalidad de la acción política que el advenimiento de la sociedad de las masas y que la emergencia del totalitarismo habían tornado problemática. En palabras de Irwing Horowitz Germani:
Mannheim apelaba a lograr una “democratización fundamental” a partir de del ingreso de las masas a la vida política nacional y su interés en el psicoanálisis partía de la íntima convicción de estudiar sistemáticamente los correlatos psicológicos que acompañan al proceso social. Por su parte, el psicoanálisis sui generis o “reformista” de Erich Fromm ponía a la interacción social como el espacio único donde, a través de la socialización, la naturaleza humana adquiere rasgos de personalidad históricamente únicos. Su propósito era sacar a la luz el carácter histórico y socialmente determinado de las formas de conciencia social. Como señala su hija Ana, Germani se proponía dar a las ciencias sociales un carácter sociopsicológico donde la convergencia entre la sociología y la psicología formaba parte de un proyecto político cultural que buscaba conectar el desarrollo de las ciencias sociales con un programa de intervención práctica sobre el mundo social. Desde esta perspectiva, ningún otro intelectual o psicólogo cumplió como él un papel de importancia en relacionar a las ciencias sociales con el psicoanálisis a través de la traducción y difusión de dichas escuelas de pensamiento. Fue también uno de los pocos sociólogos que incorporó de manera sistemática la dimensión psicosocial tanto en las lecciones universitarias como en su producción teórica. Hay también una fuerte influencia en el pensamiento de Germani de cierta producción intelectual de algunos de los miembros del Instituto de Frankfurt. No hay duda de la repercusión que tuvo la investigación de Theodor Adorno sobre la Personalidad Autoritaria. Germani estaba interesado en imprimirle esos procedimientos a la sociología pero su relación con el Instituto no fue meramente formal-metodológico sino enteramente político-ideológico. Esto unido a la figura de Karl Manhheim que representaba al marxismo heterodoxo y aunque diferente a la del Instituto de Frankfurt, expresaban una renovación de la tradición marxista y la necesidad de prestar una mayor atención a la subjetividad (Blanco, 1999: 95/116). disciplinaria específica ni una tradición cultural determinada, por el contrario, revela la existencia de un diálogo con diversas tradiciones intelectuales como la escuela de Frankfurt, el culturalismo, el psicoanálisis reformista, el racionalismo crítico, el neopositivismo y el interaccionismo simbólico. Integra así también en este diálogo a la antropología, la teoría política y la psicología social. El análisis de la actividad editorial de Germani, rigurosamente trabajado por Alejandro Blanco, contribuye también a reconsiderar una representación bastante corriente que pone a Parsons y el estructural funcionalismo como base fundamental de la producción intelectual de Germani (Blanco, 1999: 46-47). En este sentido, para Leopoldo Allub, Gino Germani es padre fundador del paradigma socio-histórico en la Argentina. Desde éste se proponía integrar en un marco unitario los procesos individuales y sociales, la estática o equilibrio con la dinámica o cambio, la diacronía con la sincronía (Allub, 1998). Desde esta perspectiva, su mirada de la sociedad no la hacía con los mismos prismas de Dukheim ya que consideraba que ésta no podía ser visualizada como un mero agregado de elementos individuales ni tampoco como una entidad nueva, la sociedad debía representarse como un sistema de relaciones e interacciones que produce cambios en el individuo y que, a su vez, modifica el todo valiéndose de las mediaciones culturales. Asimismo, se diferenciaba del funcionalismo convencional –que enfatiza la noción de que los diferentes aspectos de la realidad social tienen tendencia a desenvolverse siguiendo patrones congruentes entre sí– pues afirmaba que cada época histórica tenía una fuerza específica que crea el cambio fundamental, el cual, a su momento, pone en movimiento otros cambios (Allub, 1979: 145-147). Si bien Germani insistía, desde lo que llamó la “sociología científica”, en que las afirmaciones científicas sobre la realidad deberían ser sometidas a algún tipo de prueba independiente y objetiva para poder ser consideradas científicas y, esto las asemejaba a las de las ciencias naturales en tanto búsqueda de leyes de uniformidad –y denota cierto tinte positivista–, en las ciencias sociales el componente central es la libertad. En su visión de la causalidad fue enemigo de los sistemas cerrados y un ardiente defensor de la libertad y el indeterminismo. En la plenitud de su madurez intelectual en la Universidad de Harvard, se lo ve con mayor nitidez como un exponente de la sociología del conflicto al que consideraba como un hecho social endémico que debía institucionalizarse para asegurar la continuidad de las organizaciones sociales (Allub, 1979)[4]. Coincidimos con Alejandro Blanco en que no se puede afirmar que Germani fue el inventor de la sociología en Argentina ya que ésta tenía una larga tradición desde principios del siglo pasado cuando su enseñanza fue introducida en las universidades y, cuando en los años 40 y 50 Ricardo Levene y Alfredo Poviña habían establecido sus bases organizativas creando el instituto, una revista y formando las primeras asociaciones profesionales. Sin embargo, sí se puede remarcar que frente a una producción limitada al examen de las ideas sociológicas, fue Germani quien colocó a la sociedad en el centro de las inquietudes comprometiendo a la disciplina con cuestiones que ocuparon el debate público. Tampoco fue el inventor de la investigación empírica pero fue por su intermedio que ésta adquirió carta de nobleza en la enseñanza universitaria. Rescatándolo como “ejemplar” de interpretación sociológica de un fenómeno, Blanco retrata a Germani, a nuestro criterio, de manera única y clara:
Germani llega a la Argentina en una época de transición para el país y en sus obras reflejará esa visión de una sociedad en una etapa de cambio; la transición de la sociedad tradicional a una sociedad de masas; las transformaciones tecnológicas, sus consecuencias y el proceso de migraciones internas (desde las comunidades rurales a la ciudad) como correlato directo; la dimensión de los fenómenos subjetivos frente a los desajustes producidos por dichas migraciones, siendo un foco de conflicto par el cambio la nueva familia que debería abandonar pautas tradicionales para adoptar las modernas. En su análisis de los efectos en el campo intelectual frente al gobierno de Perón, frente a las movilizaciones en el campo de lo político, Silvia Sigal destaca a quienes apoyados en los desarrollos de las Ciencias Sociales muestran una nueva identidad. Para la Sociología, Gino Germani sostenía que “debía comenzar desde cero”, abandonando las viejas metodologías y adoptando lo nuevo proveniente del marco internacional. En un momento en el que se profundizaba el diálogo que la sociología europea y norteamericana iniciaron en los años 30’ y que se intensificara en la posguerra, Germani se orientó a esta formación de un estándar internacional de la disciplina integrando el refinado tratamiento de la información estadística a sus inquietudes intelectuales en tanto filósofo de la historia. Entre los años 1950 y 1955, se producía un resurgimiento de la sociología en Europa que otorgaba a los intelectuales el nuevo papel de iluminar “no con ilusiones sino con utopías concretas y proyectos simples derivados de las necesidades cotidianas de la sociedad” (Orvietto Pinto en Sigal). Esta tarea, el joven Germani la inicia en un ambiente cultural fuertemente hostil a la sociología moderna. Si bien la disciplina estaba ya institucionalizada desde mucho tiempo atrás en las universidades argentinas después de 1930, y bajo el impacto de la reacción antipositivista, soportaba un proceso de declinación y agotamiento, sobre todo en sus aspectos empíricos pues la investigación por los hechos brillaba por su ausencia (Vitiello, 1992: 58-63). Así, Eduardo Devés Valdés señala que:
En su estudio sobre el emprendimiento editorial de Gino Germani Alejandro Blanco destaca:
Modernización, Movilización y Marginalidad Autoritarismo, modernización, marginalidad, movilización y participación política, estructura social, estructura de clases, estratificación y movilidad social son algunos de los conceptos que han quedado incorporados al vocabulario de la ciencias sociales y Germani tuvo mucho que ver en esto. Para Horowitz, Modernización, Movilización y Marginalidad son los tres pilotes de su obra (1992: 44). No le interesaba el proceso de modernización en sí, sino la serie dada de los procesos que podía estudiar en la región latinoamericana. El proceso de “europeización” que se produjo con las revoluciones industriales y liberales y que comprometió al mundo entero adoptó a partir de la posguerra el nombre más discreto de “modernización”. El tema de los ensayos de Germani versa sobre estas particulares transformaciones y las formas que adoptaron en el subcontinente latinoamericano. Germani ve a la modernización como la piedra de toque del siglo XX. La noción de modernización de Germani es mucho más amplia –y política–. Tiene que ver con cómo una sociedad puede encarrilar la tecnología hacia fines distintivamente políticos y enlazar la ciencia con fines distintivamente económicos. La emergencia, a partir de los años cincuenta de los problemas del Tercer Mundo, condujo a despertar el interés por el cambio social. La noción de autoritarismo burocrático, abrazada a la de modernización, le dio a Germani una comprensión especial, no solamente de Argentina sino del Tercer Mundo como un todo. La modernización para Germani fue un problema de sistemas políticos, no de atraso económico. Para Eduardo Devés Valdés, Gino Germani fue el autor que con mayor fuerza se refirió a la “sociología de la modernización”, fijando una serie de criterios para definir su propuesta teórica. Según el autor, la sociología de la modernización de Germani alude en primer lugar a la transición desde un sistema tradicional a uno moderno, y está destinada a estudiar estos procesos en los lugares en que se iniciaron con retardo, cuestión que por su parte se articula con el fenómeno de la dependencia. Germani define a la modernización a partir de una serie de pautas relativas a la población y tasas vitales, urbanización, cambio en las estructuras sociales y culturales y marginalidad, entre otras. Estas pautas no se modificaron de manera idéntica en todas las sociedades, ni simultáneamente dentro de un mismo sistema. Ello evidentemente tiene que ver con factores de especificidad histórica, cultural y de interrelación étnica. A partir de una conceptualización de lo que es la modernización en el sentido económico, político y social, estableciendo una serie de indicadores mensurables, le interesa fijar las etapas de ese proceso en América Latina. A la vez, destaca que la modernización no es simplemente la acumulación de tales indicadores sino que “la característica distintiva de la sociedad moderna reside en su permanente incorporación de mecanismos adecuados para originar y absorber un flujo de cambio continuo, al tiempo que mantiene un “adecuado” grado de integración. Insiste en esto último señalando que “la modernización no es el hecho del cambio continuo, sino su legitimidad en términos de expectativas institucionalizadas y actitudes internalizadas, a la vez que la capacidad de originarlo y absorberlo”. Para ello es necesario que se dé un desarrollo económico autosostenido así como un cambio social y político también autosostenido (Devés, 2003: 56-57). La noción de movilización también deriva de las condiciones imperantes en Italia y la Argentina, o que al menos se desarrollaron allí al máximo debido a que ambas eran sociedades tanto en proceso de modernización como de movilización. Distinto de Brasil y Alemania, la movilización de masas en Italia y Argentina alcanzó y permaneció en un nivel alto. Cómo la modernización alimenta la movilización y, a su vez, cómo la movilización provee estímulos al proceso de modernización, constituyen la interacción básica en el núcleo de la sociología política; son la característica fundamental del trabajo de Germani. Hay nociones bien difundidas de la masa como parte de una vanguardia socialista, no menos que las definiciones de un proletariado con conciencia de clase. Pero Italia y Argentina representaban fenómenos de una masa conservadora inspirando a elites innovadoras. Germani mira a este proceso cuidadosamente, más bien precavidamente, porque la movilización no simplemente conduce a una teoría del socialismo revolucionario, sino que en la misma medida ayuda a explicar el fascismo reaccionario. Ayuda a dar cuenta de mucho del siglo XX: la experiencia política totalitaria en una variedad de ropajes económicos. La marginalidad, es una función de la fragmentación de las clases sociales en el mundo moderno. No solamente tiene que ver con la noción de estar afuera de las clases fundamentales; es una característica principal del sistema de estratificación dentro de una sociedad total desprovista de un centro. En este sentido la marginalidad caracteriza el marco societal del Tercer Mundo, donde la alineación y la anomia se colectivizan. Mientras que la marginalidad se convirtió en típica de la sociedad moderna, típica de la forma en que la gente posindustrial sobrevive, la movilización, por su parte, fue la expresión pública del síndrome autoritario y, en sentido contrario, su expresión privada. El elemento privado en la marginalidad está íntimamente ligado a la condición psiquiátrica. La marginalidad se convirtió en la teoría general de las clases sociales alienadas, la teoría de la forma en que la movilización cedió su identidad privada al control pública. La privatización devino lo opuesto de la socialización: ambas expresaban las formas en que lo público y lo privado se oponían. La sensibilidad modernizadora no se preocupa solamente por la innovación, o por las cosas nuevas en aras de una estética original, sino que más bien se interesa, por un lado, en un mecanismo de integración de las clases sociales marginales y, por otro lado, en la movilización con fines políticos de amplios sectores sociales. La “secularización” –que derivó de Howard Becker– recibió de Germani una elaboración original. Era para él un trend plurisecular en la historia de las sociedades occidentales, en el que se resume su particular susceptibilidad al cambio social, a la especialización, a la acción colectiva. Se trata de un ethos que, ejerciéndose en la esfera del conocimiento científico, de la tecnología y de la economía, ha originado la sociedad moderna, es decir una “nueva especie” de sociedad. El representa el “principio dinámico” y el “núcleo universal” del complejo cultural industrial moderno. También ha incorporado algunas cosas nuevas que hoy otros usan con ventaja: se trata de la teoría de los “ciclos de movilización social”. Estos se inician a partir de una ruptura del estado de integración de los grupos y sectores, dentro de una sociedad dada. Tales perturbaciones modifican las condiciones de vida tanto de las masas como de las elites, tornándolas subjetivamente disponibles y objetivamente movilizables, aunque no siempre bajo formas políticas. El concepto de ciclo de movilización ha permitido a Germani desarrollar penetrantes análisis del autoritarismo político en las sociedades en curso de modernización, que emergen de la literatura, tan amplia cuanto repetitiva, sobre el fenómeno del fascismo. El fenómeno fascista representa según Germani, una de las soluciones posibles a los conflictos que amenazan un ordenamiento social dado, particularmente agudos en períodos de gran transformación. Representa la clausura típica de ciclos de movilización típicos, basada sobre la desmovilización de las clases subalternas. En los últimos años se preocupaba y se interrogaba con mayor frecuencia sobre el futuro de las sociedades modernas “secularizadas”. La expansión de la libertad y del proceso de “individuación”, era una dinámica acumulativa que generaba una creciente diferenciación institucional, un incremento en el pluralismo de valores y una creciente aceleración en los cambios. En esta ascendente “secularización” veía una amenaza al fundamento mismo de la sociedad posindustrial, a su núcleo de valores y normas aceptadas que H. Lasky llamaba “el acuerdo sobre los fundamentos”. A Germani le parecía que el principio dinámico de la historia universal procedía velozmente hacia su destrucción. Lo cual de ningún modo podía alegrarlo.
Bibliografía
Gino Germani (libros)
[1] Juan Pérez plantea así el contexto en que a mediados de los años 40 del siglo pasado se produce un auge de la psicología social y de la necesidad de dar respuesta a fenómenos que no podían ser explicados por la mera generalización de factores psicológicos o sociológicos sino por la interacción entre lo individual y lo social que, tienen a su vez una autonomía propia que los reproduce tanto como los transforma. Germani buscará este nivel de análisis e introducirá a la Psicología Social y a otras disciplinas con las que la Sociología debe trabajar de forma complementaria para poder explicar los nuevos hechos sociales que produce la sociedad moderna. (Pérez, Juan. “Psicología Social: relación entre individuo y sociedad”. En J.M. Morales et al. Psicología Social. Madrid: Mc Graw Hill. 1994.) [2] Editado por Gino Germani en 1947. Buenos Aires, editorial Paidós. [3] Como bien señala y analiza Alejandro Blanco, hay aquí una clara influencia de las ideas de la Escuela de Frankfurt respecto del problema del predominio de una racionalidad instrumental y de la necesidad de una ciencia social que apuntara a la transformación de la praxis social de carácter emancipatorio. La mera racionalidad formal privaba a los individuos de formas de integración “orgánicas” a la sociedad. Pp. 115-116. [4] Gino Germani, Sociología de la modernización, Buenos Aires: Paidós, 1969. Martina Casullo |
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Hugo Biagini. El pensamiento latinoamericano del siglo XX
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