Luis Enrique Erro

 

Luis Enrique Erro ante la condición humana*

 

Leonel Rodríguez Benítez

Datos biográficos

Nacido en 1897 en la ciudad de México, de padre y madre españoles originarios de Pamplona y Barcelona respectivamente, Luis Enrique Erro inició sus estudios en la ciudad de Morelia, estado de Michoacán, y los continuó en la capital mexicana. En algunas notas biográficas se indica con especial acento que Erro tuvo intereses culturales y académicos variados y que, por lo mismo, fue gran autodidacta que estudió ingeniería civil, leyes, matemáticas y ciencias sociales.1

La inclinación de Erro por la ingeniería estuvo acompañada desde su época juvenil por las actividades editoriales y el periodismo. En 1916 dirigió la revista Gladios, de la que aparecieron únicamente dos números, los correspondientes a enero y febrero, y transcurridos apenas dos años, en 1918, dirigió la revista estudiantil San-Ev-Ank, de la que se publicaron quince números de julio a noviembre. Las tareas inherentes para la edición y la administración de estas publicaciones fueron efectuadas por un grupo entusiasta de jóvenes que en plena agitación política y sin haberse silenciado las armas estimaban, al igual que Erro, que la acción social a través de la educación y la difusión cultural y científica era valiosa y necesaria. En Gladios participaron, entre otros, Carlos Chávez, Carlos Pellicer, Octavio G. Barreda y Guillermo Dávila; mientras que en San-Ev-Ank lo hicieron nuevamente Barreda y Dávila, con colaboraciones destacadas de Jaime Torres Bodet, Francisco Xavier Gaxiola, Enrique González Rojo y otros.2

Antes de cumplir los veinte años Luis Enrique Erro había tenido experiencia docente, pues entre 1916 y 1917 se desempeñó como profesor de dibujo y pintura decorativa en la Escuela de Arte Industrial “La Corregidora de Querétaro”.3 Pero los nexos de Erro con el sistema educativo mexicano tuvieron expresiones de mayores fuerza y compromiso en la década de los treintas, cuando debió participar en discusiones y planificaciones para reorientar la educación pública y fundar los espacios educativos propuestos por el gobierno cardenista.

Erro participó en el movimiento rebelde de Adolfo de la Huerta, quien en diciembre de 1923 expidió un manifiesto convocando a la rebelión armada contra el general Álvaro Obregón, acusándolo de pretender la imposición de Plutarco Elías Calles en la presidencia, pero en marzo de 1924 abandonó el país, terminando así dicha revuelta. Sin embargo, Erro tuvo que exiliarse y partió rumbo a Cuba.

De regreso en México, y ya casado con Margarita Salazar Mallén, Erro ingresó a la administración pública y ocupó en 1931, entre otros cargos, la Jefatura del Departamento de Educación Técnica de la Secretaría de Educación Pública. Ahí pudo familiarizarse con la problemática educativa que poco después intentaría solucionar participando en los proyectos que llevaron a la formación del Instituto Politécnico Nacional, encabezados por Juan de Dios Bátiz y otros educadores y políticos relevantes. Al ser electo diputado federal para el bienio 1933-1934, Erro fue nombrado presidente de la Comisión de Educación Pública de esa Legislatura y con esa responsabilidad impulsó los trabajos para reformar el artículo tercero constitucional. Al terminar su función legislativa, Erro fue nombrado uno de los miembros del Consejo Nacional de la Educación Superior y la Investigación Científica (conesic) que la administración cardenista formó a finales de 1935 para reorganizar y orientar el sistema educativo para la formación de profesionistas y la investigación científica que se requería para el desarrollo material y cultural del país. Desde este espacio se analizaron planes, se evaluaron recursos y se proyectaron diversas instituciones, lográndose la fundación de algunas dentro del período gubernamental de Lázaro Cárdenas, entre ellas el mismo Instituto Politécnico Nacional (1936).

Otra institución que fue concibiéndose paulatinamente en las sesiones de trabajo del conesic fue la que originalmente se denominó Instituto de Astrofísica de Tonantzintla, ubicada en esa población del estado mexicano de Puebla, para cuya creación trabajó Erro con especial interés tanto desde el seno de aquel Consejo como fuera de él, a finales de la década de los treintas, cuando formó parte del cuerpo diplomático mexicano primero en París, Francia, y luego en Boston, Massachusetts. Con la idea fija de fundar esa institución, Erro dedicó su tiempo en esa ciudad estadunidense a las observaciones astronómicas y a establecer sólidas relaciones de amistad y de trabajo con los especialistas y directivos del Observatorio de la Universidad de Harvard.

El Observatorio de Astrofísica de Tonantzintla fue abierto oficialmente en 1942 y Erro lo dirigió desde ese año hasta 1950 en que renunció. En ese lapso participó en la fundación de la Sociedad Matemática Mexicana (1943) y publicó El pensamiento matemático contemporáneo en 1944 dentro de las colecciones impulsadas por la Secretaría de Educación Pública. En 1951, con afecciones cardíacas que habían mermado su salud, publicó Erro su novela Los pies descalzos, iniciada en Tonantzintla y terminada en el Distrio Federal, la que en lo general fue bien recibida por la crítica literaria.

Luis Enrique Erro falleció en enero de 1955 en la Ciudad de México, aún activo en sus funciones como Consejero de la Presidencia de la República, las que desempeñó sin interrupción desde 1935.

Realizaciones de gobiernos revolucionarios

Si seguimos los planteamientos historiográficos que hace tres décadas empezaron a cuestionar la interpretación triunfalista del proceso histórico nacional conocido como Revolución Mexicana,4 que llaman a reconocer que en la lucha armada participó sólo una pequeña parte de la población y que el resultado de tal movimiento fue limitado ya que solamente acertó a reformar aspectos de la economía y de la tenencia de la tierra,5 o si nos guiamos por el planteamiento tradicional de una revolución triunfante que dio estabilidad al país y que su acción benéfica se prolongó hasta los años sesentas, en cualquier caso es innegable la necesidad de que los movimientos culturales ¾entre los que se incluirían las actividades científicas y técnicas¾ formen parte creciente de la lista de asuntos tocados por la abundante historiografía de la Revolución Mexicana.6 Su tratamiento, al ampliar el horizonte historiográfico, contribuiría al entendimiento del escenario social y político de México en el todavía incipientemente estudiado siglo xx.

Roberto Moreno, notable historiador ya fallecido, afirmó en una primera aproximación al estudio de la relación entre la ciencia y la Revolución Mexicana que ese proceso de cambio en el rumbo político fue la condición que posibilitó “el cultivo orgánico y sistemático de la ciencia contemporánea” en nuestro país, aunque igualmente aceptaba en sus consideraciones que la estabilidad del gobierno porfirista había permitido continuar o iniciar labores de ciertas instituciones científicas. Esta afirmación se complementó con el señalamiento de que la Revolución Mexicana fue el cambio de una oligarquía que se decía científica pero que no lo era, en el estrecho margen de un positivismo agotado, por otra oligarquía que, sin declararlo expresamente, reconocía el valor de la ciencia en el sistema político (Moreno, 1986: 143 y 162-163).

Si bien la propuesta de interpretación de Moreno requiere continuar con el estudio de casos para evaluarla y validarla o no, es un hecho que en la etapa de reconstrucción nacional los proyectos políticos que pretendieron ser realizados por las diferentes administraciones públicas sí atendieron a la ciencia en su relación con aspectos básicos del desarrollo social, por ejemplo fundando instituciones científicas para la educación de la sociedad mexicana y para la investigación de la realidad y los recursos nacionales, y creando organismos gubernamentales reguladores tanto de la educación superior como de la investigación científica. En estos proyectos participó Luis Enrique Erro, junto con otros personajes, como miembro de un sector influyente en la política y la cultura mexicanas de la vigésima centuria.

La educación como medio para el perfeccionamiento humano

Luis Enrique Erro, en su carácter de diputado por el Distrito Federal y miembro del Bloque Nacional Revolucionario de la Cámara de Diputados, tuvo una decisiva participación en los trabajos efectuados para reformar el artículo tercero constitucional.

La reforma educativa que impulsaba inicialmente el ala radical de los militantes del Partido Nacional Revolucionario trataba de introducir el “socialismo científico” y extender el control del Estado a todos los grados escolares, incluyendo el universitario. Aunque debe advertirse que en la Convención Nacional de dicho partido, celebrada en Querétaro en diciembre de 1933, la Comisión en la que participó Erro presentó un proyecto que reiteraba esos objetivos pero que ahora mostraba flexibilidad respecto a la exclusión de la Universidad Nacional del control estatal.

Sin embargo, el desacuerdo entre grupos del mismo partido llevó a la negociación y finalmente a la definición del tipo de reforma educativa que habrían de impulsar, la que centralmente estaba dirigida combatir “todas las religiones” y a propagar el colectivismo, pues como advierte Victoria Lerner lo que realmente deseaban los impulsores de la reforma era una escuela racionalista pero que denominaban socialista. En el texto del Plan Sexenal elaborado tras la Convención Nacional se plasmó entonces:

La escuela primaria, además de excluir toda enseñanza religiosa, proporcionará respuesta verdadera, científica y racional a todas y cada una de las cuestiones que deben ser resueltas en el espíritu de los educandos, para formarles un concepto exacto y positivo del mundo que les rodea y de la sociedad en que viven... Consecuentemente, el Partido Nacional Revolucionario propugnará porque se lleve a cabo la reforma del Artículo 3º de la Constitución política federal, a fin de que se establezca en términos precisos el principio de que la educación primaria y la secundaria se impartirán directamente por el estado o bajo su inmediato control y dirección, y de que, en todo caso, la educación en estos dos grados deberá basarse en las orientaciones y postulados que la revolución mexicana sustenta (Lerner, 1982: 74-75).

El diputado Erro formaba parte de la corriente moderada, que propugnaba por eximir a la Universidad de la reforma y aclaraba que la educación socialista no tenía como finalidad despertar la lucha de clases sino aumentar la solidaridad entre ellas. Así lo reiteró en los debates de la Cámara, volviendo a identificar la escuela socialista con la racionalista: “Es absolutamente necesario ¾decía Erro¾ que la escuela socialista no sea entendida en nuestro país como una escuela colateral y sectaria... es necesario que se vea que al conducir la enseñanza por senderos socialistas, se conduce por el camino de la verdad”.

La actuación de Erro, un hombre de ideas claras y el más destacado miembro de la Comisión de Educación Pública de la Cámara, no impidió que por las presiones de las diferentes corrientes el texto final se redactara con vaguedad y por lo mismo quedara sin explicación el concepto de socialismo que se adoptaría en la educación:

Artículo 3º. La educación que imparta el estado será socialista, y además de excluir toda doctrina religiosa, combatirá el fanatismo y los prejuicios, para lo cual la escuela organizará sus enseñanzas y actividades en forma que permita crear en la juventud un concepto racional y exacto del universo y de la vida social.

No obstante lo vago de esa redacción, debe advertirse que en ese texto están reflejadas las preocupaciones de Erro por generalizar una cultura basada en los conocimientos de la ciencia, que mostró desde la trinchera periodística en sus años juveniles y confirmó con sus colaboraciones en El Nacional, órgano del partido, en los años treintas.

Compromiso con la promoción de la ciencia y la técnica

Por otra parte, la responsabilidad social y el espíritu de solidaridad que motivaban a Erro para cumplir con lo que él llamaba una “misión” dentro de la sociedad, término empleado por primera vez en los editoriales que escribió en la revista San-Ev-Ank en 1918, lo condujeron a colaborar con pasión en el desarrollo de la ciencia y la técnica en México con el propósito de formar los cuadros calificados de profesionistas en diferentes áreas técnico-científicas, primero participando en el fortalecimiento de la educación técnica desde su puesto de Jefe del Departamento de Educación Técnica de la SEP entre 1931-1933 y después colaborando con el grupo fundador del Instituto Politécnico Nacional en 1935-1936.

Pero la acción más relevante de Luis Enrique Erro en el área científica fue, sin duda, la empresa asumida por él de crear un nuevo observatorio que llevara a la modernización de la astronomía mexicana. Ese era el objetivo planteado por Erro al considerar que en la cuarta década del siglo xx el Observatorio Nacional, dirigido por el astrónomo Joaquín Gallo y localizado en Tacubaya, contaba con equipamiento obsoleto y estaba ubicado tan cerca de la ciudad que resultaba inapropiado para el trabajo astrofísico (Bartolucci, 2000: 99-100).

Líneas atrás hemos anotado que las aficiones de Erro por la ciencia astronómica y el proyecto personal de fundar un nuevo y mejor observatorio astronómico en México motivaron que en su estancia en Estados Unidos, específicamente en la ciudad de Boston, se relacionara de inmediato con los astrónomos del Observatorio de la Universidad de Harvard, especialmente con su director Harlow Shapley y con el científico Bart Bok. El resultado inmediato de los trabajos de Erro fue la publicación en 1940 de dos textos de carácter científico en la revista del propio Observatorio de Harvard, pues fue un activo miembro de la Asociación Americana de Estrellas Variables, y el resultado a mediano plazo fue la colaboración de Shapley y Bok en la planeación de la adquisición de los equipos y la construcción de las instalaciones del que sería el más moderno y mejor equipado observatorio astronómico mexicano de esa época.

Erro contó con la colaboración de Carlos Graef y Paris Pismis para esta empresa. Pronto se les unió Guillermo Haro, quien estuvo primero relacionado con Luis Enrique Erro a través de la actividad periodistica pero que en corto tiempo se involucró con el proyecto y fue enviado al Observatorio de Harvard con la recomendación y el apoyo de Erro y del mismo Harley Shapley, director en Harvard, para entrenarse en el uso de los instrumentos de observación. No pasó mucho tiempo para que Haro mostrara su gran habilidad como observador y beneficiara al proyecto impulsado por Erro en Tonantzintla.

Respecto de la personalidad de Erro, la astrónoma Pismis lo definió en 1986, como una persona con la visión, la creatividad y la audacia necesarias para abrir horizontes inesperados en la historia, en este caso en la historia de la ciencia mexicana.

Finalizaremos esta breve y preliminar presentación de la obra de Erro en el campo de la ciencia, destacando con sus propias palabras el sentido humano, social y político y la importancia que tenía para el país el desarrollo de la ciencia y la creación de instituciones científicas, como el multicitado Observatorio Astrofísico de Tonantzintla, con el objetivo de apoyar el crecimiento social y cultural del pueblo mexicano. Escribía Erro a Shapley en febrero de 1939:

Usted probablemente se habrá dado cuenta que en mi país somos conscientes del hecho de que en los asuntos conectados con la actividad puramente científica hemos estado muy lejos en los últimos 25 años. La razón es que desgraciadamente hemos tenido (y todavía tenemos como usted lo podrá ver en la prensa) asuntos vitales más urgentes que atender. Por conocidas e históricas razones casi nada en nuestro territorio nos pertenecía, y lo que sí, estaba en manos de unos pocos cuyos obvios intereses eran similares a y conectados con los de los propietarios extranjeros. El doloroso y laborioso proceso de reapropiación que ha tenido lugar en los últimos 21 años, nos ha puesto, haciendo a un lado situaciones transitorias, en una mejor posición para llevar adelante esa obligación primaria con la humanidad y con nosotros mismos: la investigación científica y la propagación de la educación superior. En el arte la hemos hecho bien. Las carencias sociales y las tragedias humanas son por supuesto estímulos poderosos. Y en este campo nosotros estamos en condiciones de mostrar como cualquier otra gente el agradable sentimiento de no ser vencidos fácilmente. Pero no en ciencia y técnica. Tengo por supuesto en mente los nombres de mis compatriotas que han alcanzado posiciones de elevada excelencia y que han sorteado las pruebas más rigurosas en muchos campos científicos. Pero ellos son más el producto de la superioridad individual que el resultado de actividades regulares y organizadas [y] muestran lo que puede ser logrado si se dan los pasos apropiados. [Esto] es lo que en este momento estamos decididos a hacer (Ibíd.: 106-107).

Colofón

El pensamiento humanístico de Luis Enrique Erro, la idea que tenía del pueblo mexicano y de su evolución histórica, de la necesidad de la educación y de la propagación del conocimiento entre los sectores sociales, de la utilidad de la ciencia y del sentido social de sus actividades, de la solidaridad entre los individuos y entre los pueblos, y otros aspectos de su pensamiento son asuntos complejos que exigen estudios continuados y profundos de su obra escrita, de la que aquí presentamos una selección en el apartado bibliográfico con que finaliza este texto.

No obstante que el análisis inicial de la obra de Erro lo presenta como un personaje transparente e íntegro, el estudio más reflexivo de su legado nos mostrará que históricamente Luis Enrique Erro es un personaje lleno de matices: universal y al mismo tiempo enraizado en la tierra en que nació, estudioso de la problemática general e igualmente interesado por el devenir histórico particular; así lo demuestran sus afanes por escudriñar en el firmamento y, simultáneamente, su reiterado anhelo por entender las contradicciones sociales de su momento histórico según lo deja entrever la dedicatoria que colocó en su novela Los pies descalzos en 1951: “A la memoria de Emiliano Zapata, una luz encendida en la oscuridad de nuestra historia”.

Bibliografía

Directa

  • Erro, L. E. (S/F). “El feudalismo de la prensa contemporánea”, en 2 conferencias: El sentido revolucionario de la reconstrucción nacional, por Froylán C. Manjarrez; El feudalismo de la prensa contemporánea, por Luis Enrique Erro. Talleres Gráficos de El Nacional. México.

  • ________. (1916a). “Preliminar”. Gladios, Año I, N° 1, México.

  • ________. (1916b). “La Educación”. Gladios, Año I, N° 1. México.

  • ________. (1916c). “Tosca”. Gladios. Año I, N° 1. México.

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  • ________. (1918a). “La conciencia de la guerra”. San-Ev-Ank. T. I, N° 1. México.

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  • ________. (1918d). “Los espíritus lógicos”. San-Ev-Ank, T. I, N° 3. México.

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  • ________. (1918f). “Las cuestiones morales”. San-Ev-Ank. T. I, N° 8. México.

  • ________. (1918g). “Mi bastón y mi capa”. San-Ev-Ank. T. II, N° 1. México.

  • ________. (1918h). “Para el obrero”. San-Ev-Ank. T. II, N° 1. México.

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  • ________. (1950). “Las ideas básicas de la astronomía moderna”. Cuadernos Americanos. Año IX. Vol. 51. N° 3. México.

  • ________. (1951) Los pies descalzos: novela. Compañía General de Ediciones. México.

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Indirectas

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  • Blanquel, E. (1994). “La Revolución Mexicana”, en Daniel Cossío Villegas, Historia mínima de México. El Colegio de México. México.

  • Diccionario Porrúa de historia, biografía y geografía de México. (1995). Porrúa. México.

  • Florescano, E. (1990). “La Revolución Mexicana en la mira”, La Jornada Semanal. Nueva época. N° 57. México.

  • ________. (1990). “Nuevos temas e interpretaciones de la Revolución Mexicana”. La Jornada Semanal. Nueva época. N° 69. México.

  • González, L. (1986). “La Revolución Mexicana y los revolucionarios”. Nexos. N° 104. México.

  • Iduarte, A. (1952). “Los pies descalzos: gran novela méxicoespañola”. Cuadernos Americanos. Año XI. Vol. 63. N° 3. México.

  • Lerner, V. (1982). La educación socialista. El Colegio de México, colección Historia de la Revolución Mexicana. N° 17. México.

  • Monteforte Toledo, M. (1952). “Los pies descalzos: una novela de ayer”. Cuadernos Americanos. Año XI. Vol. 62. N° 2. México.

  • Moreno, R. (1986). Ensayos de historia de la ciencia y la tecnología en México. Primera Serie. Instituto de Investigaciones Históricas de UNAM. México.

  • Ortiz de Zárate, J. M. (1988). Luis Enrique Erro: vigoroso impulsor de la educación técnica en México. Instituto Politécnico Nacional. Presidencia del Decanato. México.

  • SEP (1941). Memoria de la Secretaría de Educación Pública. Septiembre de 1940-Agosto de 1941, México.

  • SEP (1948). Memoria de la Secretaría de Educación Pública, 1947-1948, que presenta al H. Congreso de la Unión el titular de la misma C. Lic. Manuel Gual Vidal, México.

*La versión impresa apareció en el libro: Alberto Saladino García (compilador), Humanismo mexicano del siglo XX, Toluca, Universidad Autónoma del Estado de México, 2004, Tomo I, págs. 185-198.

 

Notas

1 Véanse, por ejemplo, el Diccionario Porrúa de historia, biografía y geografía de México, 6ª edición, México, Porrúa, 1995, p. 1194 y Juan Manuel Ortiz de Zárate, Luis Enrique Erro: Vigoroso implusor de la educación técnica en México, México, Instituto Politécnico Nacional, 1988, pp. 7-8.

2 Existe edición facsimilar de ambas publicaciones, en México, Fondo de Cultura Económica, 1979.

3 “Expediente personal de Luis Enrique Erro Soler”, en: AHSEP, Dirección de Educación Pública en el D. F., caja E1, exp. 3, ff. 1-3.

4 La Revolución Mexicana es ubicada generalmente por los historiadores entre 1910 y 1920, período que se inició con el movimiento armado para derrocar al régimen porfirista y que concluyó con la muerte de Venustiano Carranza, uno de los líderes revolucionarios (Blanquel, 1994: 137-146).

5 Luis González asegura que en ese movimiento social, concretamente en el movimiento armado de 1910-1913, participaron no más de un millón de los habitantes del país, y que en el ámbito cultural y científico la revolución no logró cambiar los patrones que predominaron desde el último tercio del siglo xix (González, 1986).

6 Algunos comentarios historiográficos pueden consultarse en dos artículos de Enrique Florescano “La Revolución Mexicana en la mira”, La Jornada Semanal (N° 57, 15 de julio de 1990: 23-31) y “Nuevos temas e interpretaciones de la Revolución Mexicana”, La Jornada Semanal (N° 69, 8 de octubre de 1990: 37-47).

Leonel Rodríguez Benítez
Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades/
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
Julio 2006

 

© 2003 Coordinador General para México, Alberto Saladino García. El pensamiento latinoamericano del siglo XX ante la condición humana. Versión digital, iniciada en junio de 2004, a cargo de José Luis Gómez-Martínez.
Nota: Esta versión digital se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan.

 

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