Enrique Florescano Mayet

 

Enrique Florescano Mayet:
el nombre y su condición histórica

 

Jenaro Reynoso Jaime

La formación humanista

Enrique Florescano es un ejemplo de humanista del periodo de transición de los siglos XX al XXI porque durante este periodo ha vivido, se ha formado profesionalmente en el área del conocimiento histórico, lo ha producido y reflexiona sobre las circunstancias que rodean a la construcción del mismo.

Nació en San Juan de Coscomatepec, estado de Veracruz, en 1937. Cuando tenía que decidir por una área de formación profesional, por influencia de los valores familiares se propuso ser un buen abogado, por lo que en 1956, a los 19 años de edad, ingresó a la Facultad de Derecho de la Universidad Veracruzana, en Jalapa. Sin embargo, en esos años se fundó la Facultad de Filosofía y Letras de aquella universidad, la cual introdujo las carreras de antropología, arqueología, lenguas, filosofía e historia y, atraído por la propuesta, a partir de 1958 decidió estudiar, simultáneamente a la abogacía, la carrera de historia.

El ingreso a la universidad primero y luego la nueva temática que abordó le permitieron cambiar su idea del mundo, pues confiesa Florescano: “a mí me atrajo mucho eso y siento yo que fue entonces esta apertura que creó la universidad hacia el estudio de la historia y de las humanidades lo que me cambió a mí porque no solamente llegaron allá profesores que daban esas clases sino que era un ambiente interesado en esto” [Delgado y Macías, 2000].

A pesar del esfuerzo de hacer la doble carrera se dio tiempo para participar en la vida política estudiantil como secretario de acción cultural de la Federación Estudiantil Veracruzana, a través de la cual perfiló tempranamente el perfil de humanista académico, pues fundó la revista Situaciones, una publicación mensual estudiantil de la Facultad Filosofía y Letras; creó el suplemento cultural del Diario de Xalapa, mismo que dirigió hasta 1960, además de organizar numerosas conferencias, mesas redondas y concursos [ www.acadmexhistoria.org.mx ].

Entre 1962 y 1964 realizó la Maestría en Historia Universal en el Colegio de México, al año siguiente recibió una beca del mismo colegio y otra complementaria del Banco de México para hacer estudios de Doctorado en la Universidad de París. En 1967 recibió una beca del gobierno de Francia y con ella realizó la tesis: Les Prix du mais a México 1708-1813, la cual presentó para obtener el grado de Doctor en Historia. Su director de tesis fue Ruggiero Romano, quien junto con los otros dos sinodales: Fernand Braudel y Pierre Vilar le otorgaron el grado por unanimidad y con mención especial el 21 de junio de 1967 [www.acadmexhistoria.org.mx].

Andrés Lira recuerda que a su regreso de Francia, Florescano era un convencido promotor de la historia económica y social a la manera braudeliana, por lo que adoptaba la pose de quien manejaba la última novedad europea y: “... hablaba con aleccionante desdén de la vieja historia política, de la historia de acontecimientos y de la historia patriótica a la que enfrentaba una nueva historia nutrida en las perspectivas y en los métodos de las ciencias sociales” [Lira, 2000].

Sin embargo, la nueva posición que suscribió sólo podía darse por la formación profesional que Florescano obtuvo al relacionarse con algunos de los historiadores europeos más importantes del siglo XX, la cual sirvió como base para que en México, a partir de 1968, el novel historiador desarrollara un caudal de actividades de investigación siempre relacionadas con la historia de México y con la historia de la propia historia; es decir, la historiografía [Lira. 2000].

En 1968 se incorporó como investigador de tiempo completo del Centro de Estudios Históricos del Colegio de México; en 1969 se le otorgó nombramiento como profesor titular del Seminario de Historia Económica de México de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM; desde diciembre de 1970 y hasta 1973 dirigió la revista Historia Mexicana; en febrero de 1971 fue nombrado jefe del departamento de investigaciones históricas del Instituto Nacional de Antropología y en diciembre del mismo año, cuando el departamento cambió a Dirección de Estudios Históricos, él mismo quedó al frente, la permanencia en esta institución llevó a que en 1982 se le nombrara Director General del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Aunque falta hacer un estudio exhaustivo sobre las instituciones creadas para hacer investigación histórica, como el INAH, se dice que como responsable de estudios históricos Florescano promovió la renovación en los temas que se abordaban en el instituto y estimuló el arribo de nuevas generaciones que la practicaran, al tiempo que buscaba la vinculación de los investigadores de las ciencias humanas con las aulas universitarias [www.acadmexhistoria.org.mx ].

Entretanto fue asesor de colecciones, consejero de editoriales como el Fondo de Cultura Económica, miembro de academias y comités de ciencias históricas, organizador de congresos nacionales e internacionales de historiadores, fundador de medios de comunicación como la revista Nexos.

El Trabajo desarrollado de investigación, difusión y gestión lo ha hecho acreedor a premios nacionales como el Fray Bernardino de Sahagún, el de Ciencias Sociales, el de Ciencias y Artes, así como internacionales de la talla de las Palmas Académicas y el nombramiento de Caballero de L´ordre National du Mérite del gobierno francés, la beca Guggenheim y el nombramiento como profesor de la Cátedra Simón Bolivar de la Universidad de Cambridge, Inglaterra. Desde 1990 es Investigador Nacional Emérito del SNI y recientemente la Universidad Veracruzana le otorgó el Doctorado Honoris Causa.

A partir de 1973 ha sido director de tesis de licenciatura, maestría y doctorado, con lo que ha contribuido en la formación de nuevos historiadores, entre sus discípulos tenemos a Margarita Loera Chávez, Gisela Von Wobeser, Alejandra Lajous, Francie R. Chasen y Cecilia Rabel, entre otros; ha asistido a congresos nacionales e internacionales en América Latina, Europa, Estados Unidos y la exURSS; ha sido conferencista y profesor invitado en universidades de México, Estados Unidos, Inglaterra, Irlanda y otros países.

La historia y su importancia

Como pudo apreciarse con los datos anteriores, el camino de trabajador intelectual recorrido por Florescano ha sido largo, por lo que un estudio de su obra requiere de mayor seriedad y tiempo, aquí sólo presento algunas notas y apuntes.

Para el autor, la historia es lo hecho por los hombres y, ya sucedido, es un proceso real que determina en mayor o en menor medida el presente, porque lo modela desde el pasado a través de variadas líneas, las cuales pueden reconocerse en la herencia de las formas de interactuar entre los hombres y entre éstos y la naturaleza; Florescano dice que los hechos históricos pasados influyen en el presente: “...prolongando fragmentos o estructuras completas de sistemas económicos y formas de organización social y política de otros tiempos, introduciendo en el presente las experiencias y conocimientos que de su obra ha ido acumulando el hombre en el pasado” [Florescano, 1981:105].

Con esa relación directa de los hechos acaecidos con el acontecer presente como premisa, pues aquellos desembocan siempre en los hechos actuales, Florescano ha dedicado prácticamente la mayor parte de su vida a la reconstrucción del pasado, así lo demuestra la cantidad de obras publicadas: en 1969 publicó en español su tesis doctoral con el título Precios del maíz y crisis agrícolas en México (1708-1810); tres años más tarde dio a conocer su texto: Estructura y problemas agrarios de México (1500-1821), aunque en 1976 modificó el título y la estructura de la obra, que apareció como: Origen y desarrollo de los problemas agrarios de México y fue publicada por la editorial ERA con la intención de acercar a la población no especializada el conocimiento histórico y así ser congruente con sus creencias sobre la función de la historia, como veremos más adelante [Florescano, 1986: 11].

Once años después, en 1987, la editorial Joaquín Mortiz dio a conocer el trabajo Memoria mexicana. Ensayo sobre la reconstrucción del pasado en la época prehispánica, que por su impacto fue reeditada con correcciones y aumento por parte del Fondo de Cultura Económica, traducida al inglés y editada por la Universidad de Texas.

En 1991 presentó al público mexicano el balance de la producción historiográfica sobre las distintas épocas de la historia de México a través del trabajo titulado: El nuevo pasado mexicano, texto que por cierto recibió muchas críticas de otros historiadores nacionales porque señaló que entre 1960 y 1990 la mayoría de nuevas aportaciones sobre el pasado mexicano provenían de los historiadores extranjeros.

En la intensa búsqueda del pasado realizada por Florescano, otras cuatro temáticas resaltan: la primera relacionada con las concepciones históricas de la época prehispánica a través de dos textos, Tiempo, espacio y memoria histórica entre los mayas y Memoria indígena, publicadas en 1992 y 1999, respectivamente. La segunda aborda aspectos del proyecto liberal de nación y la creación de símbolos nacionales que para tal efecto hicieron los políticos e intelectuales del siglo XIX, temas que dio a conocer mediante dos libros: el primero publicado en 1997 con el título: Etnia, Estado y nación, ensayo sobre las identidades colectivas en México y La bandera mexicana, de 1998. El tercer tema se conoció primero como una serie de ensayos publicados mensualmente en un periódico nacional, para acercarlos a la población, en los que el autor mostró que a lo largo de la historia de México desde los centros de poder se han elaborado cuatro grandes cánones de explicación histórica, los cuales fueron publicados en conjunto por la editorial Taurus en 2002 bajo el título de Historia de las Historias de la Nación Mexicana; finalmente, Florescano ha ofrecido sus reflexiones críticas acerca de la importancia de la historia en la época moderna, así como de la situación actual y las perspectivas de quienes cultivan esa disciplina, con la edición de dos obras, una de 1997 titulada: La historia y el historiador y Para qué estudiar y enseñar la historia, del año 2000 [www.acadmexhistoria.org.mx ].

La esencia histórica del hombre

Como nuestro autor lo demuestra en y a través de sus investigaciones, lo acontecido ha sido preocupación del hombre desde los orígenes del mismo, pues todos los pueblos han elaborado ideas acerca de su propio pasado, con distintas intenciones según la época, pero a pesar de la diversidad un interés común en todas ellas ha sido el de dotar de identidad a los grupos sociales; es decir, crear valores compartidos a partir de la idea de que el grupo tiene un origen común y que cada uno de los miembros del grupo tiene que asumirse como integrante para aceptar el presente y enfrentar el porvenir. De esa manera la historia, dice Florescano apoyándose en Updike, tiene que responder a las preguntas, ¿quiénes somos?, ¿cuáles fueron nuestros orígenes?, ¿quiénes fueron nuestros antepasados?, ¿cómo llegamos a este punto o a esta encrucijada de la historia? [Florescano, 2000: 38].

Para nuestro historiador, la posibilidad de construir algunas respuestas a las preguntas anteriores es lo que hace atractivo al relato histórico, porque al situar al hombre y el grupo en la lejanía de sus orígenes se construye un puente que conecta el pasado distante y la vida presente, lo que genera una sensación de continua pertenencia y permanencia al interior del grupo y da sentido al hecho de convivir unidos [Florescano, 2000: 40].

Con la recuperación de la memoria de su propio acontecer, el hombre en sociedad se constituye a sí mismo, pues al tiempo que integra la existencia individual en los hechos colectivos, el grupo social se motiva con la herencia cultural de su pasado y se autoforma con los valores que provienen de lo acontecido, nutriéndose, de esa manera, de su propio pensamiento acerca del pasado. Al hurgar en su propio pasado el hombre ha dado cuenta de lo efímero de la existencia individual frente a la diferente temporalidad que adopta su propia actuación: el cambio repentino casi imperceptible que representa el acontecimiento, los impactos ruidosos y formidables y la lentitud de las permanencias que atraviesan varias generaciones [Florescano, 2000: 46-47]. Al mismo tiempo que aprende lo mortal y transitorio de su propia existencia el hombre reconoce la imposibilidad de la existencia eterna de los hechos, así que frente a la relatividad que eso significaba, al revivirlos les confiere la inmortalidad a través de la significación que reciben y que se encuentra implícita en la acción misma de mirar con intención inquisitiva en el pasado. En ese sentido, con base en la propuesta de Agnes Heller, Florescano sostiene que no existe un ente externo al hombre que se llame historia y que enseñe algo a éste último, sino que es el mismo hombre quien aprendiendo se enseña a sí mismo [Florescano, 2000: 59].

 Sin embargo, para Florescano, en la larga marcha de la humanidad los hombres también han imaginado e inventado representaciones del pasado que distorsionan el acontecer real y verdadero para aglutinar a los distintos grupos en torno a un proyecto; por ejemplo, en el siglo XIX mexicano la manipulación del pasado fue importante para la construcción del Estado-Nación pues se impuso la idea de una colectividad integrada por iguales, en la que la imagen del pasado estaba constituida por épocas históricas cada una de las cuales era una sucesión evolutiva de la anterior, en lugar de la nación dividida en criollos, mestizos, indios y castas [Florescano, 2000: 77].

Las formas de hacer historia

Es claro entonces que el modo como los hombres han mirado hacia atrás para construir una memoria ha variado a través del tiempo, en el caso de nuestro país, señala Florescano:

Desde los tiempos más antiguos, los pueblos que habitaron el territorio que hoy llamamos México acudieron al recuerdo del pasado para combatir el paso destructivo del tiempo sobre las fundaciones humanas; para tejer solidaridades asentadas en orígenes comunes; para legitimar la posesión de un territorio; para afirmar identidades arraigadas en tradiciones remotas; para sancionar el poder establecido; para respaldar con el prestigio del pasado vindicaciones del presente; para fundamentar en un pasado compartido la aspiración de construir una nación; o para darle sustento a proyectos disparados hacia la incertidumbre del futuro [Florescano, 1997: 65].

 El hecho de construir un relato en torno a la unidad de la tribu, la ciudad, la dinastía, el reino o la nación; muestra que quien elaboraba el relato o la interpretación del pasado recibía instrucciones externas para darle el enfoque necesario. Sin embargo, la reflexión científica acerca de la realidad histórica comenzó con la desacralización y racionalización del acontecer humano que hicieron los ilustrados del siglo XVIII, lo que dio paso una nueva concepción del pasado:

Despojado de elementos supraterrenales o metahistóricos, el acontecer humano cobró el sentido de un acontecer real y legible, el tiempo se transformó en un producto de la historia -de los hechos humanos- en un devenir susceptible de ser conocido, verificado y explicado en función de razones humanas y por medio de técnicas y conocimientos adecuados a ese propósito [Pereyra: 1981: 107].

 En relación con la práctica de este enfoque moderno Florescano rescata tres aportaciones teóricas; la de los positivistas que se propusieron reconstruir el acontecer como realmente había sucedido y establecieron al documento sometido a la crítica como la base fundamental para lograrlo; el marxismo que realizó una renovación del método histórico porque aplicó la teoría económica como instrumento para generar, desde los datos concretos, un conocimiento profundo y coherente de la totalidad histórica [Pereyra, 1981: 107]. Por último, el llamado de los historiadores franceses para recuperar la historia total desde la mirada de las distintas ciencias sociales, con lo que se completó el cuadro para consensar que la investigación histórica consiste en producir conocimientos del pasado de los hombres a través de la explicación razonada, crítica, inteligente y comprensiva [Florescano, 1997: 84-86].

La Institucionalización y la deformación de la historia

Para el autor que nos ocupa, un paso fundamental en la consolidación de la forma, contenido e intención actual de la recuperación del acontecer humano fue la fundación de instituciones exprofeso y la correlativa formación de profesionales en ese oficio. Con la institucionalización, el historiador se aisló de las fuerzas políticas y sociales pues el espacio institucional, léase universidad o centro de investigación, logró cierta autonomía y estableció criterios para estructurar el relato histórico como tesis, monografía y estudio histórico como normas para los integrantes del ámbito académico.

 De manera más específica, Florescano dice que la institucionalización y profesionalización de la historia, del historiador, además del: “conjunto de los trabajadores intelectuales de las ciencias sociales” [Florescano, 1997: 40], ha provocado cinco deformaciones en esa constante que la recuperación del pasado había tenido como norte en las formas anteriores. Estas deformaciones son:

--La creación de institutos y escuelas, así como la formación en su seno de claustros de historiadores a los que se ingresa sólo con título, produjo que aquellas se separaran de los intereses del conjunto social y que viniera la sobrevaloración de los exclusivos del gremio, situación que regularmente se oculta con el discurso de que son instituciones: “… imparciales, consagrados a la búsqueda de la verdad y al análisis objetivo de los acontecimientos” [Florescano, 1997: 45], cuando es evidente que los productos circulan para beneficio del mismo sector.

--Como consecuencia se difunde al público una imagen de institución cultural científica y humanista, pero no se dicen los acuerdos que se establecen con los centros de poder que proporcionan los recursos ni bajo cuáles criterios se establecen prioridades y aquellos se asignan. De la misma manera el historiador despolitiza su quehacer al presentar su trabajo como fruto exclusivo del rigor científico y metodológico y deja fuera las determinaciones de otro tipo que lo agobian socialmente. De esa manera el fruto, es decir, el relato histórico es un proceso individual y no social [Florescano, 1997: 47].

--Las instituciones de formación y de investigación histórica han acentuado su vinculación con el poder político y por ello mantienen una estructura autoritaria y centralizada que no representa los intereses de sus miembros, más bien estos establecen una relación de subordinación e inferioridad política frente a la burocracia. Esta relación perversa, dice Florescano:

… permitió que la autoridad burocrática critique a quienes, además de cumplir sus tareas académicas, muestran interés por conectarlas con el entorno social inmediato, o con el más amplio de la vida nacional. Para sancionar esas conductas se construyó la imagen de una trabajador intelectual disciplinado, absorto en las tareas académicas y ciego ante lo que acontece a su alrededor, contraponiéndola a la del agitador que se atreve a mirar más allá de las fronteras del cubículo y desafía la relación autoritaria con sus superiores [Florescano, 1997: 50].

--Como consecuencia, el espacio de relación que la institución le niega al historiador lo construye éste último al relacionarse con sus iguales a través del grado de especialización temática o temporal en la que se ubique, hoy esa relación se ha oficializado con el término de cuerpos académicos. El saber especializado permite la agrupación en gremios, los cuales estructuran los planes de estudio según sus intereses; presentan como programa de investigación un archipiélago de aventuras individuales; definen con la práctica gradual y cotidiana qué investigar, cómo investigar y la forma de presentar los resultados, y reducen su gestión a peticiones profesionales y gremiales, actividades con las cuales completan el esquema despolitizador que aleja a las instituciones y sus miembros de las necesidades sociales [Florescano, 1997: 56].

--A diferencia del historiador que se motivaba para la revisión del pasado a partir de su vinculación con los proyectos y problemas sociales, el intelectual formado por las instituciones profesionales es un: “observador libresco del cambio histórico” sujeto a las determinaciones temáticas y metodológicas de la institución y sus gremios y aunque de 1940 en adelante se han multiplicado las investigaciones históricas, estas investigaciones especializadas en su mayoría sólo son conocidas por los integrantes del gremio y algunas veces por los aspirantes al mismo.

 

Bibliografía

Directa

  • Florescano, E. (1986). Origen y desarrollo de los problemas agrarios de México 1500-1821. Ediciones Era. México.

  • ________. (1994). El nuevo pasado mexicano. Cal y Arena. México.

  • ________. (1995). Memoria Mexicana. Fondo de Cultura Económica. México.

  • ________. (1997). La historia y el historiador. Fondo de Cultura Económica. México.

  • ________. (1999). Memoria Indígena. Taurus. México.

  • ________. (2000). Para qué estudiar y enseñar la historia. IEESA. México.

  • ________. (2002). Historia de las historias de la nación mexicana. Taurus. México.

  • Florescano, E. y R. Pérez Monfort (compiladores). (1995). Historiadores de México en el siglo XX. Fondo de Cultura Económica. México.

Indirecta

  • Crespo, H. et al. (1992). El historiador frente a la historia. Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM. México.

  • González Casanova, P. y E. Florescano (coordinadores). (1981). México hoy. Siglo XXI Editores. México.

  • Lira, A. (2000). “El pasado por la historia”, en Conciencia. Año 1. N° 3. http://www.geocities.com/revista_conciencia/entrevista.

  • Pereyra, C. et al. (1981) Historia ¿para que?. Siglo XXI Editores. México.

  • Academia Mexicana de la Historia, Currículum completo,  http://www.acadmexhistoria.org.mx 

  

Jenaro Reynoso Jaime
Universidad Autónoma del Estado de México
Actualizado, octubre 2006

 

© 2003 Coordinador General para México, Alberto Saladino García. El pensamiento latinoamericano del siglo XX ante la condición humana. Versión digital, iniciada en junio de 2004, a cargo de José Luis Gómez-Martínez.
Nota: Esta versión digital se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan.

 

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