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| Enrique González Rojo |
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La condición humana en la obra de
Rafael Xalteno López Molina LA ALTERNATIVA Ser. El constante problema del ser. Porque ser filósofo o ser poeta, implica una de las mayores responsabilidades humanísticas dado que es el pensamiento del uno o del otro, el que nos guía en el trabajo de mirar al mundo con ojos cargados de intención. Y cuando en un solo individuo se dan estas dos facetas de manera tan sólida como las comporta Enrique González Rojo Arthur, podemos extender la mirada propia, a niveles de originalidad que de otra manera nos estarían vedados. Enrique González Rojo nace en la Ciudad de México en 1928 y sólo en su poemario reciente de 2002 (Memoralia del Sol) utiliza su segundo apellido; la ausencia de éste ha generado un continuo entre la producción propia y la de su padre, el también poeta Enrique González Rojo (1899-1939) a quien debemos El puerto y otros poemas (1924), Espacio (1926), Romance de José Conde (1939) y el poemario de edición póstuma Elegías romanas y otros poemas (1941). Poeta de largo aliento, engarza su producción con la obra de su estirpe, pues es nieto de Enrique González Martínez (1871-1952), quien fuera ilustre fundador de El Colegio Nacional, y a quien Enrique González Rojo define (en una involuntaria autodefinición, si acaso esto es posible) de la siguiente manera:
El proyecto poético-filosófico de Enrique González Rojo se halla bosquejado en el prólogo al libro El Antiguo Relato del Principio” titulado “Cuando la pluma toma la palabra”, donde nos explica que está dedicado “a la tremenda tarea de deletrear el infinito”. Para ello, debe primero tematizarlo, después “vivirlo, realizarlo, ponerlo en movimiento”, es decir, “practicar el infinito”:
En la edición de autor de esta condensación de poemarios producidos entre 1975 y 1981 (Para deletrear el infinito, 1988) la editorial adopta el nombre de un trabajo que su abuelo, Enrique González Martínez, produce en 1921: La palabra del viento. Pero antes de profundizar la exploración del universo poético de González Rojo, establezcamos la dimensión de su obra política, de un basamento histórico filosófico sin paralelo entre los científicos sociales de nuestro país y que da pie al humanismo que pone en práctica desde la izquierda militante de nuestro país. Hacia 1977 publica su Teoría científica de la historia [González Rojo, 1979], texto que debió acompañar a los estudiantes de 4° semestre del Colegio de Ciencias y Humanidades en la asignatura “Teoría de la Historia” entonces vigente en la Universidad Nacional Autónoma de México, institución en la que se desempeñó como docente por más de tres décadas. La visión que ofrece de la historia y particularmente del marxismo, es tan novedosa y enriquecedora que no sólo académicamente, sino en el medio político, se siente un aire renovador sobre las dimensiones del quehacer teórico y práctico de diversas generaciones de militantes comunistas mexicanos. A este período corresponde también su texto Hacia una teoría marxista del trabajo intelectual y el trabajo manual editado por Grijalbo, en la colección Teoría y Praxis que habría de estar dirigida por Adolfo Sánchez Vázquez. En el México de los años setenta, Para leer a Althusser (también aparecido bajo el sello de editorial Diógenes) significa un punto de referencia original sobre las producciones teóricas y la proyección política de diversas agrupaciones de la izquierda en México, pero es desde el espartaquismo militante donde González Rojo proyecta sus construcciones teóricas a través del grupo Espartaquismo Integral-Revolución Articulada que al inicio de la década de los ochenta, confluye en un proceso de fusión con diversos agrupamientos para dar origen al proyecto político denominado Organización de Izquierda Revolucionaria-Línea de Masas (OIR-LM). Hacia 1981, Enrique González Rojo editará La Revolución Proletario-Intelectual. Y el conjunto de su Obra Filosófico-Política se agrupará en seis volúmenes bajo el sello de editorial Domés (1986); algunas de cuyas temáticas (p.e. el Tomo II: La naturaleza de los llamados países socialistas) habían sido previamente publicadas, como lo atestigua el libro Epistemología y socialismo. La Crítica de Sánchez Vázquez a Louis Althusser, Edit. Diógenes/UAZ, 1985, pero siempre tratando a distintos niveles de profundidad sus principales constructos, nunca repitiéndose. Si en el plano poético la producción de Enrique González Rojo se articula en torno al proyecto de deletrear el infinito, esta propuesta cobra sentido en su producción filosófica a través de la investigación científica relacionada con los problemas de la revolución social y su expresión particular en lo que él originalmente denomina Revolución Articulada [González Rojo, 1986: 156] y que sin duda constituye su más penetrante aportación al humanismo del siglo XX mexicano. Su marxismo, es un atisbo constante a la problematización sobre la realidad desde el pensamiento complejo como nos lo demuestra su radical conclusión a la tesis de Althusser con relación a que «la filosofía es, en última instancia, lucha de clases en la teoría» a lo que González Rojo comenta:
Con las propuestas teóricas de Enrique González Rojo muy vinculadas a su labor militante en diversos núcleos comunistas, socialistas y populares del país, podemos dar cuenta del proceso por medio del cual la intelectualidad se sustantiva como clase social en las formaciones económico-políticas postcapitalistas hasta el extremo de generar un «modo de producción intelectual» donde sus análisis de las realidades en Rusia y en China postcapitalistas, ejemplifican que no basta con hacer la revolución política contra la burguesía; se debe evitar que las nomenclaturas (intelectuales orgánicos de la burguesía o del proletariado, según la fase revolucionaria por la que se transite en un momento dado) terminen por apropiarse del proceso de revolución social, subvirtiendo el potencial transformativo de los trabajadores manuales. A la revolución política (“la toma del poder”), debe seguirle (no en orden cronológico o de importancia, sino como expresión unidual [Morin, 2001: 50] de la transformación emprendida) una revolución económica, una revolución cultural y una revolución antiautoritaria (sexual y familiar). El vehículo para emprender estas sucesivas revoluciones (o expresado en términos más propios del pensamiento complejo): el vehículo para acceder al bucle revolución-articulada, es el partido. Pero no el partido “clásico” del pensamiento marxista que devino en modo de producción intelectual restaurando la opresión y explotación en contra de los trabajadores manuales de sus formaciones económico-sociales, sino el constructo del “todo-continuo-masas-partido” donde la autonomía de las organizaciones de la sociedad, garantiza que las burocracias autoproclamadas “representantes” y “salvaguardas” de los intereses de los trabajadores manuales, no tengan posibilidad de que al sustantivarse, usufructúen en beneficio de su propia clase la destrucción del régimen de producción capitalista, como ocurrió en los países llamados socialistas. Si “Marx es un hombre de ciencia en toda la extensión de la palabra” [González Rojo, 1987: 187] ello se debe a sus aportaciones, al método y la actitud de Marx (frente a la cultura universal), nos dice Enrique González Rojo. Lo anterior es relevante para apuntalar la denuncia a lo que nuestro autor llama “una religión profana”: el marxismo-leninismo. Esta expresión ideologizada y no científica del pensamiento marxista, cumple la función de legitimadora y reproductora de las condiciones de opresión de las burocracias sobre los trabajadores de los países llamados socialistas
La creación/producción poética junto con la construcción/deconstrucción política y la acción/militancia en la perspectiva partidista revolucionaria, constituyen un bucle vivencial (desde la teoría de la complejidad) que sólo a partir de esta séxtuple hélice humanista, nos permite atisbar al proyecto integral que emprende en su obra Enrique González Rojo. En sentido estricto, no puede rotularse su producción intelectual, como resultado del trabajo del filósofo, político, poeta o científico, fragmentariamente concebidos. Hay una unidad indosoluble; unidad compleja, o como prefiere denominarla Morin, unitas multiplex [Morin, 2001: 128 y ss] que nos obliga a intentar un atisbo a la obra de un pensador original cuya mirada es universal. Si la poesía gonzalezrojana humaniza su cientificidad rigurosa, su filosofía da el matiz humanista al conjunto de su obra. Tal vez una pincelada, un atisbo, a la originalidad de Enrique González Rojo, nos aporte elementos para la comprensión de su obra. El siguiente poema, nos servirá de guía: PREHISTORIA DEL PUÑO En un tiempo yo fui, lo que podría Buena educación. Pero un día, Se trataba de mi primer arma, A partir de entonces, Pero yo me encontraba insatisfecho. Ante eso, Y ahora, en la guerrilla, Observemos que este poema no da ningún tipo de concesiones. Las formas tradicionales de métrica, rima y estrofa están subvertidas. No es sólo versificación libre, sino versificación francamente libertaria, porque las imágenes nos remontan desde la apacible apoliticidad de una clase social que se substancia en la prototípica “persona decente”, hasta el anónimo arquetipo del combatiente que a pie firma transita por los suelos de utopía a través de sucesivas metamorfosis de conciencia. En México bien que sabemos de estos cambios. Porque lo que nos impactó del levantamiento zapatista de 1994 no fue únicamente el sentido belicista de declararle la guerra al supremo gobierno, sino el simbolismo de los rifles de palo que cargaban, a falta de (o en espera por...) mejor armamento, aquellos indígenas para quienes toda su “gramática iracunda del diccionario de la cólera alfabéticamente ordenada” lanzada en tantos y tantos idiomas y dialectos de las Selva Lacandona, constituían su regional “prehistoria del puño”. Si en algún lado se ha recuperado con vuelos de gran poesía nuestro pasado prehispánico, sin duda es en la “Memoralia del Sol” de Enrique González Rojo donde con mayor logro esta empresa ha cristalizado. Su poesía es una vibrante policromía musical. Su filosofía es una incursión audaz en el tiempo político de la humanidad en donde Enrique González Rojo logra sintetizar futuro, pasado y presente, travesía que es posible, sólo porque su laboratorio epistemológico es a la par de riguroso en lo científico, tremendamente complejo en lo creativo, en lo original y en lo comprometido con la circunstancia que decidió vivenciar. Maffesoli nos hablaba de aquélla sentencia de los viejos de su terruño para quienes “idea a la que le llegaba su tiempo, no había nada que la pudiese detener.” La obra de González Rojo, por la actualidad de sus temáticas, cobra día a día mayor vigencia. Y se palpa que nada, nada la habrá de detener.
Bibliografía Directa
Indirecta
Rafael Xalteno López Molina |
| © 2003 Coordinador General para México,
Alberto Saladino García. El pensamiento latinoamericano del siglo XX
ante la condición humana. Versión digital, iniciada en junio de
2004, a cargo de José Luis Gómez-Martínez. Nota: Esta versión digital se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan. |