Pablo Latapí Sarre

 

La condición humana en la obra de
Pablo Latapí Sarre

 

Anastasio Sosa Ramos

“En la medida que un maestro es capaz de
asombrarse y trasmitir el sentido de asombro
a su alumno, es un buen maestro”
Pablo Latapí

 Pionero de la investigación educativa multidisciplinaria, es impulsor, voz crítica y referencia obligada en el desarrollo y calidad de la educación en México, desde hace más de 30 años. Es maestro, investigador, escritor, consultor del sector privado y asesor de varios secretarios de educación pública, y formador de investigadores de la educación.

Pablo Latapí Sarre, no sólo dirige su quehacer de investigador a este campo educativo, también lo hace sobre la problemática indígena, sobre los derechos humanos, la vida pública y sobre las prácticas sociales, desarrollo social, formación de la ciudadanía, la iglesia.

Es un investigador que ha incursionado en el campo de la filosofía y la axiología; los problemas de la educación superior; la elaboración de planes institucionales, y la promoción de proyectos rurales de educación. No obstante la profundidad con que Pablo Latapí aborda los problemas de la educación, narra que le faltó contacto más directo con la educación indígena. Para él no sólo era un imperativo profesional el tener un contacto mayor con la realidad, sino un imperativo “valoral” o ético, con esa congruencia que lo caracteriza se fue en febrero de 1983, por seis años, a trabajar con las comunidades campesinas de Querétaro, de esta experiencia, él reconoce que lo marcó profundamente, porque eran modos de actuar, formas de concebir el tiempo y maneras de entender las ocupaciones, costumbres muy distintas a las suyas, por eso en sus escritos pone énfasis en que los grandes problemas de la educación en México se deben enfrentar con una buena política educativa que se fundamente con un conocimiento cabal de la realidad. La política educativa para el doctor Latapí, tiene que ver con el futuro de las nuevas generaciones.

Datos biográficos

Pablo Latapí Sarre, nació en la Ciudad de México en el año de 1927, sus estudios tempranos de la infancia los realizó en los Estados Unidos donde aprendió lenguas. Después ingresó a la Compañía de Jesús, para seguir los estudios de la orden, en donde estudió con profundidad las humanidades, agrega que esos años fue de mucha disciplina intelectual muy importante para su formación filosófica.

La Casa de Estudios Jesuíticos ubicada en Texas, Estados Unidos, lo tuvo como alumno hasta culminar su Maestría en Filosofía. Luego decidió viajar a Alemania para iniciar sus estudios de doctorado en Munich, y culminarlos en al Universidad Hamburgo donde realizó cursos de educación comparada. Aunque el doctorado era en filosofía, tomaba cursos relacionados con ciencias de la educación, de ahí su interés por las políticas educativas en América Latina.

Terminado su doctorado regresó a México, donde decidió fundar el Centro de Estudios Educativos, que marcó el derrotero de su quehacer de investigador, fue el precursor de la investigación educativa en México y uno de sus principales impulsores en los últimos 30 años. Coordinó el Primer Programa Nacional Indicativo de Investigación Educativa en 1977, y promovió el Primer Congreso Nacional de Investigación Educativa, en 1981

El doctor Latapí es investigador del Centro de Estudios sobre la Universidad, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Fue designado Profesor Honoris Causa de la Universidad Autónoma de Aguascalientes en 1993 y junto con la UNAM,estas dos universidades unieron esfuerzos para publicar en 7 volúmenes artículos publicados de 1992 al año 2000.

Siguió de cerca los sucesos de la vida educativa nacional con sus colaboraciones periodísticas, por un lapso de 30 años, la recopilación de estos artículos, se hizo en los siguientes libros: Educación nacional y opinión pública (México, Centro de Estudios Educativos, 1979); Mitos y verdades de la educación mexicana (México, Centro de Estudios Educativos, 1979); Comentarios de la reforma educativa (México, SEP/ Setentas, 1980); Política educativa y valores nacionales (México, Nueva Imagen, 1989); Justicia y cambio social (México, Centro de Reflexión Teológica, 1982). Pablo Latapí es un magnífico escritor y analista, como lo corroboran sus colaboraciones por años en la revista Proceso hasta hace poco.

Sus escritos dice él están dirigidos para cuatro tipos de público:

  • Maestros que buscan comprender mejor el sentido de su profesión, en el mundo cambiante de la escuela.

  • Estudiantes de programas universitarios o normalistas en el campo de la educación que pueden utilizar estos textos como apoyos didácticos.

  • Personas y grupos activos en la consolidación de la sociedad civil.

  • Funcionarios relacionados con la política educativa tanto en el gobierno federal como en los gobiernos estatales.

Recientemente Pablo Latapí fue designado Investigador Nacional Emérito por el Sistema Nacional de Investigación (SNI), donde habló del sistema educativo mexicano y aseveró que a pesar de su modernización en los años 90, el sistema educativo aún tiene deficiencias. Su verdadera modernización, radica en enseñar a pensar. También señaló que modernizar la Secretaría de Educación Pública y las secretarías de educación de los estados, no consiste en llenarlas de computadoras; en agilizar su operación con modelos de eficiencia y calidad, y en romper el entramado de rutinas que se resisten a los cambios. Su modernización consiste en capacitarlas para pensar, pues son ministerios del futuro cuya función fundamental es filosofar sobre el ser humano.

La esencia del hombre: humanismo y solidaridad

Ante los problemas propone Pablo Latapí construir la tolerancia; colocar al prójimo como fundamento de toda obligación moral; rebelarse ante la injusticia; ser fieles, solidarios, compasivos, justos, equitativos, generosos, y llenos de esperanza. Invita a la empatía con el otro; a la promoción de un modelo de pensamiento multidimensional, que enfrente al hombre unidimensional que genera las sociedades altamente tecnificadas como lo planteó Marcuse en la década de los 60; también a la reflexión crítica y honesta; a la tolerancia política; al disfrute de la cultura; al respeto del medio ambiente; a la convivencia armónica; a la confianza recíproca; y a luchar por la igualdad y la dignidad.

Ante esta perspectiva, nos convoca a lo largo de sus escritos que reflejan su pensamiento humanista, a experimentar asombros y esperanzas; a abrirnos a nuevos conocimientos; a ahondar en la conciencia de lo que somos y podemos ser. La esencia o naturaleza del hombre lo lleva a crear un mundo más amable, más seguro, estimulante, generoso y justo en el que pueda darse el encuentro con los demás en relación de confianza y de respeto, y en el que se construyan con entusiasmo los destinos personales y un proyecto de nación convincente y solidario.

Su obra, reflejo de su ser, es no sólo profundamente cristiana, donde el cristianismo es leído desde la lógica de la gracia (entendido como gozo), del compromiso con el otro y con el otro. Llama la atención la profundidad de sus análisis, su compasión por los menos desfavorecidos, la esperanza en una mañana mejor, y su fe en los demás. José Luis Ramírez Romero, profesor-investigador de tiempo completo de la Universidad de Sonora, en una reseña que navega en una página de Internet sobre la obra del doctor Latapí, resalta los siguientes puntos:

Con prosa ligera y agradable, pero con ideas profundas y provocadoras... nos sensibiliza, conmueve, convence, e incita a actuar y a construir un México, una Latinoamérica, un mundo mejor [...] Latapí es alguien que cuestiona, problematiza, incomoda. Es un inconforme y alguien que invita a la reflexión, al diálogo, al abandono de posiciones dogmáticas. Es un soñador que convoca a la generación e impulso de nuevas utopías no sólo posibles y variables sino urgentemente necesarias en un mundo que saturado de globalización, neoliberalismo, y realismo, se ha olvidado de soñar, de imaginar, y de construir un escenario distinto más justo, más humano, más fraterno [www.edrev.google.mx].

Leer a Pablo Latapí le llena uno de indignación y rebeldía por la forma nítida y clara de cómo te presenta e interpreta la realidad, leerlo le recuerda a uno las ganas de ser bueno y con la sensación de que sí se puede y se debe, intentar cambiar, no sólo el entorno sino también uno mismo. ¡Te invito a leer la obra del doctor Pablo Latapí Sarre!

Realización, posibilidades y límites del hombre

De la asistencia de Pablo Latapí a un curso-taller sobre la educación para los derechos humanos, organizado por la Universidad Autónoma de Aguascalientes y la Universidad de la Paz de San Cuga (España) en agosto de 1997, comparte con nosotros algunas conclusiones y sugerencias.

De un ejemplo sobre un proyecto de educación para la paz y los derechos humanos que se llevó a cabo en la Universidad de Aguascalientes con maestros de primaria y en las escuelas públicas de barrios marginados, se constató, que se ayudó “... a promover en los niños la reflexión sobre los valores de autoestima, cooperación, respeto y comprensión del otro, aprecio de la dignidad de todos, respeto a la vida y a la naturaleza y otros” [Latapí Sarre, 1996: 61-62].

Los cambios observados en los alumnos fueron importantes como el aprender a descubrir sus prejuicios, a conocer sus cualidades y defectos, negociar pacíficamente los conflictos, lo más importante, aprendieron a ser tolerantes. Otros cambios se dieron en el propio quehacer del maestro, de una conducta autoritaria, se transitó a una más tolerante y equilibrada; los padres de familia reconocieron el cambio de actitud de sus hijos, hubo una relación más armónica entre los integrantes de la familia.

La piedra de toque de la enseñanza de los derechos humanos en el aula, dice el Pablo Latapí, consiste en el mejoramiento, o actualización constante del magisterio en los aspectos humanos y valorales, este proyecto de Aguascalientes pone de relieve que urge:

... elevar la calidad humana de los educadores- las conclusiones a las que llega sobre dicho taller son- primero, que para innovar en educación, son indispensables experiencias pequeñas, locales, bien conducidas y cuidadosamente evaluadas; sólo la calidad puede producir calidad... Segundo, que existan en el país maestros deseosos de superarse humana y profesionalmente y dispuestos a hacer el esfuerzo adicional que esto implica... Esto alienta y robustece la esperanza [Latapí Sarre, 1996: 63].

El señalamiento es válido, ya que ningún maestro mejorará por decreto, o por la influencia de un curso, mejorará si quiere mejorar y si se esfuerza para lograrlo.

La educación que proporciona la escuela, no es aislada, debe vincularse con la vida cotidiana, dice Latapí: “... en vez de que el maestro se esfuerce por cubrir todo el programa, no sería, no sería mejor... que alimentara su enseñanza con los sucesos importantes... que reflexionara con sus alumnos sobre la manera como esta sociedad está cambiando o ya es distinta” [Latapí Sarre, 1996: 85].

Otro ingrediente en la educación de las siguientes generaciones hacia una democracia madura para fundar la paz social, es la relación que debe guardar la religión en el Estado de Derecho en lo concerniente al orden educativo, al respecto Latapí Sarre abunda:

... se esperaría de la iglesia en el orden educativo, en el momento actual, una función de orientación en los asuntos fundamentales que están abiertos a la discusión nacional: el sentido de la libertad religiosa, el carácter social del hecho religioso, la convergencia entre los valores del cristianismo y los valores y tradiciones nacionales, las condiciones de una convivencia justa, los riesgos del modelo de economía liberal que el país esta adoptando y otros temas fundamentales para la educación de todos los mexicanos [Latapí Sarre, 1996: 213].

El Estado moderno hace mucho que admitió que es importante la contribución de grupos religiosos para cimentar las tradiciones nacionales que hacen posible definir una moral colectiva, acorde al pluralismo de cada país. La moral es un objeto de decisión política, además de ser reflejo de una cultura, la moral es constitutivo de una identidad nacional, de ahí la relevancia de que el Estado amplíe su abanico de opciones y salga del reduccionismo económico en que se ha visto inmerso en la actualidad. Concluye Pablo Latapí en su artículo “Iglesia-Estado: ¿Nuevas leyes o nuevas identidades?” del 23 de marzo de 1992 donde se señala lo siguiente:

El nuevo Estado de la modernidad, cuyos valores se reducen al crecimiento económico, al bienestar material y al progreso tecnológico, englobados en el credo retórico de una “libertad” sin sentido, ni destino, se siente capaz de fundamentar sus posiciones ante los grandes problemas morales que confronta: la guerra, el armamentismo, la destrucción ecológica, la droga, el SIDA, el aborto o la justicia internacional [Latapí Sarre, 1996: 215].

La nueva relación Iglesia-Estado se origina en la laicidad del Estado que prevé la no germinación de fundamentalismos e integrismos que son la causa de la violencia contemporánea en el mundo. En palabras del doctor Latapí nos dice que:

... que la revaloración, en la iglesia, de la laicidad del orden público y del Estado. Esta laicidad se ve ahora como expresión jurídica de las condiciones necesarias para garantizar la libertad del acto de fe, contra coacciones directas e indirectas. La laicidad del Estado empieza a ser apreciada por muchos católicos mexicanos... como garantía contra los fundamentalismos e integrismos que violentan la conciencia –otra perspectiva- la actitud de los católicos ante la laicidad de la enseñanza pública... [Latapí Sarre, 1996: 217-218].

La anticipación de fieles y autoridades eclesiásticas se advierte cuando hacen causa común por la defensa de los derechos humanos y la paz, la promoción humana y los recursos naturales. Esta participación de la Iglesia le ha ido abonando legitimidad social y moral, muy distinta a la tradicional.

Con esto se va definiendo la identidad de objetivos entre el Estado e Iglesia, entre lo público y lo privado, lo civil y lo religiosos. Aclarar estos fenómenos nos remite a encontrar un sentido nuevo de la laicidad del Estado, la propia del México del presente.

Significado de los valores en su pensamiento

Los valores son constitutivos imprescindibles de la conciencia individual y en la formulación de los juicios morales. Considerado el valor en el sentido de la acción, se entiende como una predisposición afectiva favorable a un determinado bien. Afirma Pablo Latapí que: “Los juicios, predisposiciones afectivas y actitudes [...] se integran de una determinada manera y se manifiestan como rasgos estables del modo de Ser” [Latapí Sarre, 1999: 31].

Lo principal en el ámbito moral, es la capacidad humana de optar de manera libre y responsable ante valores distintos. Este ámbito está constituido por actos humanos, en donde participa la inteligencia para dirigir a la voluntad en sus decisiones de optar por un bien o por otro; también el sentimiento y la percepción de un deber ser, que obliga a responder ante la propia conciencia de los propios actos y sus consecuencias.

Con relación al poder de la conciencia Pablo Latapí abunda diciendo:

Pero existe otro tipo de poder difícilmente reductible al político. Es el poder de la conciencia o de los valores. Una persona íntegra y fiel a sus convicciones tiene un poder sutil, pero real y profundo. El poder de la conciencia es en cierta forma el más fuerte que el político o el económico; no reductible por ellos y disfruta una credibilidad mayor. Inclusive es un poder que, a diferencia del económico, el político o el de la fuerza, perdura y sigue siendo eficaz después de la muerte [Latapí Sarre, 1982: 227].

El planteamiento sobre este tema de la conciencia que hace el doctor Latapí , es en relación al liderazgo que el país necesita y confirma su tesis que no vendrá del aparato político, tampoco de sus “capitanes de industria”, ni de los técnicos , ni científicos, sino precisamente de estos sectores sociales conscientes e insobornables que enarbolan con justicia ese liderazgo de valores.

Principales propuestas ideológicas,
políticas, actitud ante el progreso social

Quiero trasmitir un mensaje que no puede trasmitirse en 15 minutos en un lenguaje expositivo. Por esto me voy a permitir recurrir al lenguaje simbólico evocando, en una especie de parábola, una ficción deliberadamente distorsionada. Voy a pintar un futuro indeseable: el del México neo-liberal y moderno dentro de cincuenta años. No es una profecía. Es una advertencia [Latapí Sarre, 1996: 26].

Así inicia su texto leído en el Coloquio de Invierno de la UNAM fechado el 24 de febrero de 1992, que a la distancia de hoy constituye un documento importante para confrontar nuestra realidad actual con la de hace doce años, un testamento político donde pone de manifiesto una obligada reflexión crítica sobre los valores del capitalismo neoliberal: como la racionalidad, el mercado, el lucro, la libertad económica; un documento que resalta los riesgos de ayer y de hoy que son las consecuencias de un capitalismo galopante que ante él tenemos como defensa nuestra conciencia vigilante. Conciencia que se cultiva a través de los educadores. El texto se llama “Tuvimos éxito” y empieza así:

Hoy, a mediados del siglo XXI, la apertura comercial iniciada hace 50 años, ha logrado de nosotros un país moderno. Aunque a costa de tres décadas de sacrificios de los trabajadores, hoy México es un país razonablemente incorporado a la economía mundial y se cuenta entre los países avanzados.

Tuvimos éxito. Hoy somos eficientes... ¿Qué perdimos? Perdimos la misericordia...Tuvimos éxito... somos competitivos... Desaparecieron de nuestro territorio las costumbres indígenas...Tuvimos éxito y hoy somos más racionales... era perder un gran pedazo de nuestra alma: las fantasías, las ilusiones, las utopías...Tuvimos éxito porque creímos en la sabiduría del Mercado... Habría abundancia, consumo, flujo de dinero. Lo creímos. Y la hicimos [Latapí Sarre, 1996: 26-28].

De esta visión de un futuro no provisorio para el hombre, Latapí Sarre, hace las siguientes reflexiones y críticas al capitalismo.

  1. Si nuestros niños y jóvenes se educan en la motivación de la ganancia y en el deseo de tener, hoy somos tan pobres que no tenemos más que dinero.

  2. Entramos en la Civilización Moderna, que está basada en la riqueza material y nos quedamos sin ideales y sin proyecto humano.

En esta hipótesis de un mundo no deseado, tuvo razón al advertirnos lo que sucedería, y seguimos avanzando hacia ese mundo pragmático.

Los logros macroeconómicos de los cuales se enorgullecen los gobiernos latinoamericanos, tienen como corolario un proceso creciente de empobrecimiento de sus pueblos, al respecto nuestro humanista opina que: “... la finalidad de la economía, es el bienestar del conjunto de la población y no que un país de menesterosos reciba diplomas de primermundismo” [Latapí Sarre, 1996: 118].

Con este punto de vista se pone de manifiesto que el causante de esta pobreza constante de los pueblos latinoamericanos, es el modelo económico capitalista que tiene como principios básicos, el lucro, la libertad de empresas, y la sabiduría del mercado. La meta de la política económica dice Latapí es que:

La calidad de vida, que debiera ser la meta de la política económica, depende, en sus condicionamientos materiales, de unas pocas cosas comprobables: empleo seguro, y salario suficiente; le siguen buenos servicios de salud y educación, y se añaden seguridad pública, buena administración de justicia, honestidad gubernamental y un razonable margen de libertades reales [Latapí Sarre, 1996: 134].

La posición ideológica de Pablo Latapí tiende hacía una democracia que tenga entre telones situaciones éticas que permitan a una sociedad vivir los valores morales que inspire una convivencia más armónica en donde exista “... el respeto, la tolerancia, el ejercicio de la autoridad conforme al derecho [...] Entre esos valores, el primero quizás es el respeto a la verdad, fundamental en toda convivencia y en la relación gobernantes y gobernados” [Latapí Sarre, 1996: 83].

Pablo Latapí no niega que el capitalismo, como cultura, tiene valores innegables para nuestra realización personal y colectiva, pero no ceja de advertirnos sobre los riesgos ya reseñados, y nos deja de tarea estar siempre a la defensiva con nuestra conciencia vigilante.

Ideas sobre el desarrollo de la ciencia, la técnica y la modernización

Pablo Latapí está consciente de que la crisis del pensamiento moral actual se gesta en la expansión de la modernidad racionalista y el avance prodigioso de la ciencia. El desarrollo científico conlleva satisfactores materiales para el hombre contemporáneo, pero también han provocado revoluciones valorales y morales que ponen en tela de juicio la validez de las éticas tradicionales, tanto religiosas como seculares. De manera muy concreta citaré la propuesta que hace Latapí ante esta crisis de valores y actitudes que él llama una ética planetaria:

... una ética planetaria que esté a la altura de las nuevas situaciones...Alejada de pretensiones absolutas o históricas, se afana por construirse a través de consensos y convergencias. Emerge de la base de la sociedad: del diálogo entre hombres y mujeres de todos los credos o de ninguno, unidos por preocupaciones comunes... de las Cátedras de Ética de las Universidades o grupos de estudio en los parlamentos [Latapí Sarre, 1996: 31-32].

Esta ética global –continúa diciendo Latapí- tiene como fundamento una ciencia responsable que genere una tecnología e industria no orientada al lucro, sino a una economía de servicio de las necesidades humanas; el ejercicio del poder de manera egoísta, debe cambiarse por el respeto a la justicia y en lugar de las democracias formales, dice que se debe transitar por sistemas políticos o sistemas de vida que permitan el respeto a los derechos humanos. Ya se puso en camino esa aspiración a lograr los consensos hacia una nueva forma de vivir, argumenta este filósofo e investigador: “Filósofos, teólogos, científicos, industriales y estadistas, pequeñas ONGS y comisiones de organismos internacionales trabajan en la construcción de consensos cada vez más amplios que habrán de conducir a un ‘saber de orientación’ del que se desprendan normas, valores e ideales obligatorios para todos” [Latapí Sarre, 1996: 32].

Pablo Latapí previene que la sobrevivencia de las siguientes generaciones depende de esta ética planetaria, que sólo en un proyecto, más que realidad, su llamado es lograr consensos, y unirnos para desarrollar este gran proyecto humanista.

Concepciones sobre el papel de la educación, del arte y la literatura

Pablo Latapí como intelectual, filósofo, educador del último tercio del siglo XX en México, es claro al afirmar que el sistema educativo nacional no cumple sus objetivos más elementales, ni podrá cumplirlos en un plazo razonable, agrega que es lento e ineficaz en sus avances. Nuestro sistema educativo mexicano contribuye al creciente antagonismo de las clases sociales, media urbana y rural; regiones ricas y regiones pobres. Además discrimina a los pobres y favorece las desigualdades.

El tema central de esta reflexión es que reforma educativa que no va acompañada de reformas económicas fracasa. La realidad es que existen dos Méxicos: el moderno y el México marginal que está representado por la mayoría, que tarde que temprano será rechazada por la educación y después por el empleo. Nuestro humanista contemporáneo no se queda con sus pensamientos, casi grita, escuchen ¡algo hay que hacer!:

... nos rebelamos ante las pretensiones reduccionistas del neoliberalismo y sus falsas seguridades: ni ha llegado el fin de la historia, ni es verdad que no haya otras alternativas ni queremos entender la educación como adiestramiento para ser sólo productores eficientes. Los seres humanos seguiremos siendo inacabados, continuaremos corriendo tras nuestras utopías... seguiremos teniendo la esperanza... la educación latinoamericana exige una opción sobre nuestro destino colectivo que no podemos abdicar ni delegar en los economistas de las burocracias internacionales. Hacemos educación porque seguimos teniendo imaginación [Latapí Sarre, 1996: 25].

La congruencia existe en el doctor Latapí, de inmediato viene su propuesta de una Educación Alternativa, basada en una economía paralela, veamos que dice:

Para una educación paralela hay que suponer una economía paralela hay que suponer una economía paralela. Habría que pensar en un vasto programa de empresas populares [...] con el que vinculase con el proyecto educativo. Se trataría de empresas creadas por el Estado, concebidas como de propiedad social y organizadas en cooperativas [...] Los programas de educación se destinarían [...] a jóvenes y adultos y se ajustarían a la oferta de empleo de esa red de empresas [...] Los centros educativos estarían asociados a las empresas populares. No sólo emplearían sus instalaciones y equipos, sino que los técnicos y trabajadores participarían activamente en la educación [Latapí Sarre, 1982: 70-71].

La importancia de esta propuesta de un modelo educativo, es que podría sugerir reformas importantes al Sistema Educativo Nacional, tendiente a concebir el hombre siempre como proyecto, como ser histórico, inquieto, inquisitivo y con una vocación hacía el futuro que sabe ponerse metas que lo superan y sabe fracasar, está en constante aprendizaje. La concepción de hombre abierto hacia el futuro que tiene, es de aquel que se desarrolla en el arte, los símbolos, la literatura, la fantasía y la música.

 

Bibliografía

Directa

  • Latapí Sarre, P. (1980). Análisis de un sexenio de la educación en México1970-1976. Nueva Imagen. Serie Educación. México.

  • ________. (1982).Temas de política educativa, 1976-1978. Fondo de Cultura Económica. México.

  • ________. (1991). Educación y Escuela T.I; Educación Formal T.II; Aprendizaje y rendimiento T.III. Nueva Imagen. México.

  • ________. (1994). La investigación educativa en México. Fondo de Cultura Económica. México.

  • ________. (1996). Tiempo educativo mexicano, Tomos I,II,II,IV,V,VI,VII. Universidad Autónoma de Aguascalientes/Universidad Nacional Autónoma de México. México.

  • ________. (1999). La moral regresa a la escuela. Universidad Nacional Autónoma de México. México.

  • ________. (1998). Un siglo de educación en México. Fondo de Cultura Económica. México.

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  • ________ y C. Chávez.(1998). Análisis de las propuestas de formación de valores. Asociación Mexicana para las Naciones Unidas. México.

Indirecta

  • Torres Bodet, J. (1994). Textos sobre educación. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Serie Cien de México. Selección, introducción y notas de Pablo Latapí. México.

  • Ornelas, C. (2001). Investigación y políticas educativas: Ensayos en honor de Pablo Latapí. Santillana. México.

 

Anastasio Sosa Ramos
Universidad Autónoma del Estado de México
Actualizado, octubre 2006

 

© 2003 Coordinador General para México, Alberto Saladino García. El pensamiento latinoamericano del siglo XX ante la condición humana. Versión digital, iniciada en junio de 2004, a cargo de José Luis Gómez-Martínez.
Nota: Esta versión digital se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan.

 

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