Salvador Reyes Nevares

 

Salvador Reyes Nevares: una crítica a su circunstancia*

 

Roberto Aguirre González

Salvador Reyes Nevares nació en la ciudad de Durango, en 1922. Estudió derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México. Dentro de la cultura en México su amable figura la dejó sentir como contrapunto de la orquestada sinfonía del grupo de escritores de su época. Su carácter apacible y emprendedor lo llevó a ocupar diversos cargos tales como responsable del Instituto Mexicano del Libro y presidente de la Asociación de Escritores de México, A.C.. Ejerció su carrera de abogado en el Departamento Agrario y durante algunos años en la Editorial Labor. Realizó labores docentes en las Universidades de México y de Guanajuato. Fue miembro del grupo Hiperión. Colaboró en los principales suplementos culturales y periodísticos, así como en las revistas especializadas de literatura (Revista Mexicana de Cultura, Cuadernos de Bellas Artes, Estaciones, Revista de la Universidad, La Palabra y el Hombre, etc.)

Fundador de la pequeña editorial Los Epígrafes, la cual imprimió unos veinte títulos. Autor de Relaciones entre el existencialismo y el derecho (tesis 1950), El amor en tres poetas (1952), El amor y la amistad del mexicano (1952), Frontera indecisa (1955), Proyecciones del existencialismo en el derecho (1959), Historia de las ideas colonialistas (1975) y Tiempo arriba (Novela 1987). “Prologó” las Obras completas de Ignacio Manuel Altamirano (1959) y una antología de cuentos de Rafael F. Muñoz (1976).

Considerado un gran redactor de discursos y por su facilidad de conciliación se gana el aprecio de políticos mexicanos, lo cual lo lleva a ocupar cargos tanto de elección popular (diputado en la L Legislatura), como en el servicio público (ocupó diversos cargos en Petróleos Mexicanos).

Relevante resulta que en 1987 se le haya nombrado director del Instituto Mexiquense de Cultura, al cual dedica prácticamente la última fase de su vida. Cabe estacar que dicho Instituto se formó por unidades administrativas, culturales, operativas, etc., ya existentes y, que en un primer momento pertenecían a otras dependencias gubernamentales, sin embargo con una gran virtud realiza las conjunciones necesarias para la planeación de una nueva unidad que brindará grandes satisfacciones no sólo al Estado de México sino a la cultura del país.

Mención aparte merece hablar del apoyo a jóvenes creadores; la integración de un fideicomiso para sostener en los primeros planos al Instituto de Cultura; la difusión que brindó al fomento al hábito a la lectura. En este renglón es necesario comentar la importancia que otorgó a la adquisición de una de las colecciones de literatura más importantes del país, por la temática que ella aborda, sobre novela policíaca, de terror y misterio; tal es el caso de la colección bibliográfica María Elvira Bermúdez, quien en su momento fuese considerada la Agatha Christie mexicana. Muere en la Ciudad de México en 1993.

La naturaleza humana

Cuando el maestro español José Ortega y Gasset publicaba sus Meditaciones del Quijote y en ésta enmarcaba la búsqueda hacia lo español, a partir de su frase “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”, marcaba en toda una generación y aún más, el planteamiento vital de toda su filosofía, y con ello aportar el sistema en el que la circunstancialidad, no sólo es una reflexión de las cosas que nos afectan más directamente, sino un cuestionamiento a la vida misma.

Gracias a la guerra civil española y su consecuencia, el exilio, gran cantidad de pensadores ibéricos que compartían esta idea y ante la necesidad de ubicarse en su circunstancia, adoptan e intentan influir en la vida latinoamericana, donde reformularán la posición orteguiana y, al mismo modo que el maestro, postular ahora desde esta visión la misma problemática. Resolver los planteamientos del tipo siguiente ¿quién es el mexicano?, ¿cuál su circunstancia? Lo llevan a formular distintas respuestas.

Durante la época anterior, en el auge del liberalismo mexicano; de forma alguna se tuvo la premisa de la negación del indígena en ese intento por mexicanizarlo. Ante tal visión el México pos-revolucionario apuesta por recuperar y enaltecer las virtudes del indio.

Al igual que las generaciones españolas de 1898 y de 1917, surgen grupos de mexicanos con semejante tenor y parafraseando a los españoles se pudo decir: “México no nos gusta”. Por ello habrá que buscar verlo desde y en lo alto. Con preocupaciones de este tipo de pensamiento se da origen y existencia al grupo filosófico denominado Hiperión al que pertenecen tanto Jorge Portilla y, de forma por demás relevante, Salvador Reyes Nevares

Como escritor y en aclaración a esta postura, Reyes Nevares junto a esta generación mexicana, se empeñaba en entender muchas cosas, pero algo importante, necesario era comenzar a fijar posiciones. Por ello será la obra literaria, así como todas las obras de la cultura; la trinchera desde donde sea lanzada esta perspectiva del hombre mexicano que se busca. Por qué de la literatura, por que ésta es al mismo tiempo causa y producto de su época; influye en el ambiente, instala en él una serie de interpretaciones del mundo y hace que los hombres se conduzcan de determinada manera. De modo contrario, recibe también del ambiente, todo un aparato de fórmulas mentales, de pensamientos y de sentimientos, que le confieren una fisonomía inconfundible. Las obras literarias para Reyes Nevares, llevan el sello de su tiempo y este sello es tanto más manifiesto cuanto mayor es la autenticidad del artista que las escribe.

En una clara oposición a la literatura anterior a su época, podemos decir que manifestó un claro repudio al pintoresquismo, se atrevió a desdeñar los clichés que los costumbristas habían puesto en boga con buen éxito en años anteriores. En sus escritos, básicamente la crítica literaria, iba mucho más por debajo de esos clichés. Rascando sobre la realidad, indagaba en ella y no paraba hasta encontrar su médula. No se detenía en las formas externas sino al contrario, era su deseo descubrir lo que aquellas formas encubrían. Es decir, andaba a la caza de una patria que no fuera ya la de la pura expresión folklórica. Para él, no se podía seguir tomando al pie de la letra, ni limitarse a la trascripción, éste lenguaje anterior, constituía algo esotérico, que era necesario descifrar.

Se intentará pues, la imagen de una patria en donde ya no jugarán un papel importante las viejas notas de la hombría de los machos, de la abnegación de las mujeres, de la vida idílica en el campo y la santidad de la provincia. Lo importante era cavar, descubrir vetos de nuestro carácter que antes sólo se habían presentido.

En esta propuesta literaria, se critica la religión, con todo su prestigio del momento histórico, por frenar, reducir y encarcelar el instinto. Se había contenido la carne bajo el imperativo de la castidad, que abarcaba no sólo la virginidad de la mujer, además, a los hombres que se doblegaban a la dura disciplina de la abstinencia y cuando ésta se rompe, es con dolor de pecado. Es la inquietud que habría de generarse después de la Revolución de 1910.

Este pudor excesivo en el que descansó el edificio de la vida aldeana, provocó que naciera en cierta forma un mundo nuevo, construido por nosotros mismos, entendiendo así una perspectiva distinta, se halla lo físico y lo espiritual; se entrelazarán ya de forma complementaria, de suerte que la una será más patente a causa de la otra, en realidad ambas se entenderán, convergerán y formarán un mismo universo.

Se contempla bajo esta idea, un México que no sólo es el de la Revolución, ni el de los años inmediatamente posteriores, sino además el del tiempo futuro. Los del México que se inquieta, se revuelca y se pone a buscar otros caminos. En donde los varones se rebelan lo mismo que las mujeres. No se trata tan sólo de una rebelión de los preceptos religiosos, no es nada más que la carne exija liberarse, es también la apertura a otros horizontes. Al desaparecer el orden semi-feudal del porfirismo (idea de Agustín Yánez), las conciencias adquieren nuevas dinámicas:

Por muchos años hasta que cumplí quince, creí que mi padre era un monstruo. Mi mamá lo decía: que era insoportable que no había podido con él... Yo estaba segura. No tenía razones para dudarlo. Hasta que mi mamá se hizo socia de Severo en un negocio de bonetería y tuvimos que establecernos en México –Raúl advirtió una entonación llena de malicia, entre reproche y complicidad bonachona- en la palabra “socio” (Reyes, 1987: 15).

Se desatan los prejuicios y se aplican nuevos problemas morales. Época en la que gravitan todavía en gran medida, la antigua y férrea moral. Pero se divisan nuevas trayectorias al momento de derrumbarse los mandamientos que son ya inoperantes. Viene entonces un período de pura fuerza desatada, que se apodera de los nuevos mexicanos y que los lleva a la violencia, al desafuero a la ambición sin límites. Esto lo retrata en los términos siguientes:

Así que usted nos propone un mexicanismo que considera muy fructífero... Tan fructífero como los adefesios de Diego Rivera, como la ruina de nuestra industria petrolera, como la educación atea y como los indios sentados en los nobles sillones del Palacio de los Virreyes. Y todo esto a cambio de los clásicos del Siglo de Oro... La verdad no aceptamos el trueque. Queremos que México sea un país culto y con ideales, y no un campo de experimentación de teorías materialistas y de desahogo para los indios resentidos” (Ibíd.: 29).

En el encuentro de la diversidad como país, un nuevo fenómeno sociológico aparece. Si la revolución lanzó a los hombres por todos los rumbos de la República, de manera alguna, los hizo emigrar, los enfrentó y puso en crisis los varios estilos de vida que antes permanecieron tranquilos, sin discusión posible.

Otra nota que distingue los escritos de Reyes Nevares y su generación, es el rigor. Cuando los miembros del grupo empiezan a trabajar y publican sus obras, no hacen más que continuar el llamado a la disciplina y la renovación, encuentran en la literatura, la posibilidad de la experiencia como individuo. Se participa del ser, que lo separa en una distancia considerable de los demás entes y gracias a este espacio puede ver y conocer su circunstancia.

Afirmaba, el hombre es cuerpo, es espacio, pero esencialmente es historia, es decir, se encuentra con mucha mayor presencia en el reino material antes que el espiritual, si bien no se niega el alma, por el contrario, se acepta como la posibilidad de representar de manera especial las cosas.

El hombre a partir de este momento, debe ser concebido no sólo como el lugar donde reposa una sustancia (el alma), además se entiende como un instante, un fragmento de tiempo, donde esa existencia tiene un principio y un fin. El hombre es existencia, un poseedor de un cuerpo y de una conciencia. Pero esta conciencia no está en parte alguna, sino que fluye y discurre a lo largo de la temporalidad.

La constitución del hombre se entenderá, como ser que se distingue, como lo aislado, diferente del resto de las cosas del mundo. El problema se manifiesta pues así, para cualquier hombre que logra saberse distinto, individual, ya no de la masa a la que pertenecía, valora que es ahora uno en medio de la complejísima urdimbre de los entes. No se trata tan sólo del hecho de tener un cuerpo y constatar que este cuerpo posee limites, que impiden ya una confusión con el entorno, lo importante será encontrarse a sí.

Darse cuenta de la individualidad es experimentarse como un yo, es decir, médula en la cual convergen las líneas diversas de la conciencia. El yo, es el hombre, es un eje de conciencia, gracias a él los sentimientos, los pensamientos y las voliciones pertenecen a alguien. El hombre se descubre como intimidad y exterioridad, es el centro de gravedad, donde es posible la persona.

Cuando alguien se percata de su existencia, es algo diverso de los demás entes. El cuerpo aquí funciona como símbolo del yo. Es un interesante punto de apoyo, en el cual puede empezar a entenderse este gran misterio. Por lo cual el hombre se concibe como tiempo y espacio, sobre todo tiempo. En el ciclo de la vida hay una sucesión interminable, donde lo último es inicio de lo posterior, donde se vuelve a empezar y se termina. Toda una auténtica dialéctica del ser.

Actitud frente al progreso social

El período en que se desarrolla el pensamiento de Reyes Nevares tiene características especiales, a nivel mundial termina la segunda gran guerra y, al mismo tiempo, se marca el inicio de la llamada guerra fría, los dos grandes mesianismos; el capitalismo y el socialismo hacen lo posible por adueñarse del mundo, utilizando para ello toda clase de elementos, sin descartar por supuesto, el uso de la fuerza, cuestión duramente criticada de manera definitiva por los países tercermundistas. México no puede ser la excepción y en voz de Reyes Nevares se critica duramente la postura capitalista:

Primero –argumentaban las naciones imperiales-, se conquistaban nuevos pueblos para meterlos al aro religioso, y desde allí encaminarlos a la salvación eterna... Hoy, las trasnacionales se ostentan como las portadoras de las claves del mundo futuro. Son salvadoras por la vía de la economía y de la eficacia tecnológica. Sus pretensiones de aleccionadoras de una humanidad en pleno desconcierto fracasan casi al ser enunciadas (Reyes, 1975: 8).

Afirmaba que los Estados Unidos de Norteamérica no habían hecho mas que cambiar el nombre al colonialismo pero en el fondo seguía siendo lo mismo, bajo el título de descolonización como ideología no se rompía ni aún en las estructuras mínimas el verdadero objetivo, el dominio como modelo indirecto de control en el orden de las relaciones mundiales:

Por motivos ideológicos –no por virtud de ideas- se recusaban los viejos sistemas de dominio pero no se renunciaba a éste. El control de los pueblos sojuzgados, tendría que adoptar en adelante procedimientos distintos a la ocupación territorial y a la injerencia plena. Debería optarse por el control indirecto (Ibíd.: 86).

Declarado indudablemente contra la posición imperialista, a la que califica de ofensa hacia nuestra sensibilidad y sobre todo al imperativo humano, que fundamentalmente es el de favorecer las relaciones entre países, donde estos puedan verse como iguales y no en una lucha marcada por la imposición del fuerte ante el débil. Era pues, una invitación a hacerle frente con un verdadero vendaval de lucidez, para que de forma definitiva esta idea no pudiera subsistir.

Ideas sobre el desarrollo de la ciencia, la técnica y la modernización

Frente al desarrollo de la ciencia y la técnica, su idea se encuentra bajo el mismo tenor. Primero, al progreso lo califica de un gran pretexto que desde su origen está marcado para validar la diferencia entre los hombres: “La cultura occidental de la Ilustración concebía a los hombres iguales en esencia, pero en cambio consentía en que, debido a circunstancias accidentales, esa igualdad se anulaba de hecho” (Ibíd.: 69).

Para nosotros los latinoamericanos así como para los negros y amarillos no se nos consideraba aptos, calificados sí como seres racionales, pero que por razones no convincentes como las de carecer de vigor, destreza y energía europea, no podíamos obtener de ésta los frutos mejores, aún más, si se contara con una virtud superior, se corría el riesgo de malograrse.

Por todo esto, Reyes Nevares se hará el siguiente cuestionamiento ¿lo que hoy vivimos es realmente un progreso? Interesante resulta saber en qué se basa este cuestionamiento, o bien, qué nos da derecho a pensar que lo que hoy existe es mejor que lo anterior, por qué decir que la evolución ha permitido mejorar lo que se tenía, si lo que ya existía respondió de buena forma a su tiempo y espacio para lo cual fue creado. Entonces plantea ¿Por qué cambiar si es posible seguir viviendo bajo métodos anteriores que permiten desarrollarse de forma adecuada? ¿Por qué el hombre tiene que ser la medida de este progreso o mejor dicho tan sólo unos cuantos hombres?. El hombre, sentencia, no es dechado de perfecciones, en la gran mayoría de ocasiones es todo lo contrario. Sus proclividades a la violencia y a la tergiversación del orden de las cosas son un claro indicador de lo que se afirma.

Influenciado como ya mencionamos, por el pensador español Ortega y Gasset, acepta que la vida es un constante hacerse, dejar de ser alguien para convertirse en otro, siempre mantener la proyección hacia lo distinto. Pero si estas metas no adquieren un mayor peso moral, entonces se mantienen ancladas en el mismo lugar.

Existe tan sólo un progreso material, podría refutarse. En tanto el hombre hace uso de la materia que se encuentra alrededor de él. Pero entonces, este progreso ¿será para bien?. Sin ser demasiado apocalíptico Reyes Nevares sustenta que el progreso no es más que un mecanismo para someter al débil: “Implica una urdimbre de hechos y de intereses, y no es fácil borrarlos con una mera refutación de carácter teórico. El colonialismo... ha revestido, a veces sus viejos argumentos con un ropaje que pretende pasar por nuevo” (Ibíd.: 84).

Influidos por el optimismo occidental hemos aceptado sin más averiguaciones la idea de progreso, la llegamos a considerar hasta innata. Sin embargo, realmente no sabemos si progresamos, por que aún cuando llegara a validarse la idea de progreso, ésta no podría librarse de rectificaciones muy considerables. ¿Por qué de manera arbitraria nos hemos pronunciado sobre la dicha o la desgracia de hombres que nos han antecedido? Si bien es cierto que la historia es una sucesión de actos, pero esta simple hilera cronológica no necesariamente entraña progreso. El progreso aparece cuando un acto es mejor que los anteriores, pero al modo de Collingwood preguntamos ¿Cómo vamos a juzgar si hay superioridad, equivalencia o inferioridad?, para ello es necesario que pudiéramos conocer con exactitud la situación anterior y la actual.

La cultura latinoamericana frente a la idea de progreso

Hablar de progreso, lleva siempre la cobertura de la economía, del progreso económico, exclusivamente económico, que siempre ha de llevarnos, aunque nunca se sabe de forma muy precisa y clara, a mejoras de toda índole. Como países latinoamericanos, Reyes Nevares afirma que nos hallamos ante una situación ambigua, puede darse el caso en que estas mejoras no lo sean o tengan un signo completamente opuesto, pueden ser efectos perjudiciales, que se manifiesten en los valores éticos y de convivencia.

Como ejemplo debe considerarse los efectos que las compañías transnacionales han ocasionado en los lugares donde se asientan, no es un secreto que dichas empresas utilizan su poder en los países huéspedes para que ciertos actos de la política sea dirigida en su beneficio. Estamos frente al neocolonialismo y al igual que en el pasaje de la conquista, el sujeto pasivo queda a merced del activo, a cuya costa se procuran elementos que acrecienten y aseguren sus ganancias:

El marino, en pleno triunfo, levanta el estandarte mientras los clérigos hacen otro tanto con la cruz. En el rostro de los expedicionarios hay señas de un gran alivio y de un enorme arrobamiento. ¡Por fin!, deben decir todos para su coleto. Y en la cara de los naturales se advierten el azoro y el miedo. No saben a qué atenerse. Se limitan a mirar. Todo, en sus inopinados visitantes, les sorprende. Pero la escena, que durante muchos años fue para nosotros la cosa más natural del mundo y casi un lugar común de nuestra historia, ha empezado a inquietarnos (Ibíd.: 9).

Por ello se hace un llamado a la búsqueda de un mundo en que la prepotencia, la arbitrariedad y el interés del más fuerte, no sean las instancias de donde provenga el orden internacional. El hombre latinoamericano gusta de seguir con la idea de un progreso que sólo le mantiene empantanado, cercado en sus propios egoísmos. No es verdad el progreso científico, ni el sumum del progreso, la técnica. Vivimos con mayores comodidades que nos agobian con nuevas exigencias y aporías a las que no encontramos salida.

Para el latinoamericano la idea de progreso será: “No igual, evidentemente a la que usan las transnacionales. El progreso para nosotros, no tendrá nada que ver con la ganancia. Habremos de referirnos al perfeccionamiento del espíritu humano, del trato que se den unos individuos a otros y unos pueblos a otros” (Ibíd.: 107).

Recuperar, pues, el humanismo que se ha visto frenado por una nueva barbarie. Otorgar desde el buen gusto de la palabra, la comunicación adecuada que lleve a los hombres a revalorar el sentido de su razón.

Bibliografía

Directa

  • Reyes, Nevares, S. (1955). Frontera indecisa. Los presentes. 1955. México.

  • ________. (1975). Historia de las ideas colonialistas. Fondo de Cultura Económica. México.

  • ________. (1987). Tiempo arriba. Los Epígrafes. México.

*La versión impresa apareció en el libro: Alberto Saladino García (compilador), Humanismo mexicano del siglo XX, Toluca, Universidad Autónoma del Estado de México, 2004, Tomo I, págs. 441-451.

Roberto Aguirre González
Universidad Autónoma del Estado de México
Julio 2006

 

© 2003 Coordinador General para México, Alberto Saladino García. El pensamiento latinoamericano del siglo XX ante la condición humana. Versión digital, iniciada en junio de 2004, a cargo de José Luis Gómez-Martínez.
Nota: Esta versión digital se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan.

 

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