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Mario Roberto Morales |
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"Los conceptos clave: sus usos y sus espacios" A la hora de estudiar el fenómeno de la interculturalidad guatemalteca, conceptos como nación, etnicidad, identidad, cultura, pueblo, hegemonía, subalternidad, género y clase entran a danzar en un espacio reflexivo que necesita ser a la vez local y global o "glocal," como dice García Canclini (Consumidores) cuando menciona el uso de este término en el Japón. Es necesario asentar que las nociones vividas de los conceptos apuntados tienen usos que varían dependiendo de las posicionalidades móviles de los sujetos que las viven y que, incluso, en el caso de su operacionalidad por parte de científicos sociales y humanistas, estos conceptos acusan una movilidad semántica que tiene que ver con los diferentes paisajes teóricos y críticos, construidos y/o desconstruidos, en los que opere el pensamiento analítico. No procede, por lo tanto, una fijación conceptual previa al análisis, sino más bien una adecuación de los conceptos y categorías al uso, al movimiento que se quiere captar mediante la operacionalización de los mismos. Por eso, es mejor partir de las nociones que se viven en el espacio de análisis para, de ahí, pasar a encajarlos o a relacionarlos con un sistema categorial en formación que quizá pueda encasillarse llamándolo posmoderno pero que, en todo caso, lo que lo caracteriza es que dialoga críticamente con los paradigmas rotos de la modernidad tanto en sus versiones globales como en sus versiones locales, y con un futuro que quiere mapear para facilitar la navegación teórica en el siglo XXI. La posmodernidad ha dado en pensar la nación como el resultado de la imaginación ilustrada (Anderson) en el entendido de que, en el caso de América Latina, esa imaginación fue también, como se sabe, oligárquica y despótica; también se la piensa como el resultado de estrategias escriturales (Anderson, Sommer, Foundational; Bhabha, Nation) tendentes a realizar inmensos marginamientos y exclusiones de grupos humanos que, por contradicción, sirven de referente especular para definir y legitimar la ciudadanía de las élites dominantes y sus estamentos de servicios. La nación sigue siendo, en la jerga posmoderna, el resultado del ejercicio del poder político de los grupos dominantes con el objetivo de homogeneizar el espacio de su acción y explotación, creando así marginalidades concretas que son la base de sus comunidades imaginadas. En el caso de América Latina, esas marginalidades son específicamente étnicas, como es el caso de México, Guatemala, Ecuador, Paraguay, Bolivia, Perú y Brasil. En otros casos, como la Argentina, las marginalidades se convirtieron en comunidades exterminadas y el proyecto de nación fue exitoso para sus élites, las cuales necesitaron colocar su espejo otorgador de identidad en Europa para articular sus identidades. En el caso de las comunidades imaginadas basadas en comunidades marginadas, el espejo quedó colocado en lo cercano y, por contradicción, ayudó a articular las identidades dominantes y los sentidos de ciudadanía y de patriotismo como una negación afirmatoria. El análisis de la multiculturalidad y de las luchas posmodernas basadas en la politización de construcciones identitarias fijas así como en la racialización y etnicización de esas identidades, ha debido recurrir al marco de la nación, tanto para sus elucidaciones teóricas como para sus propuestas políticas en vista de que no existe otro espacio político que pueda servir de alternativa al espacio nacional. En nuestro caso, el conflicto interracial, interétnico, intercultural sigue ubicándose dentro del espacio nacional (un espacio oligárquico y burgués por naturaleza), aunque visto ya como espacio ampliado y democratizado o en vías de ampliación y democratización. La lucha de la subalternidad étnica ha necesitado circunscribir su lucha a este espacio del imaginario burgués y oligárquico puesto que la alternativa -su fragmentación- no forma parte de la agenda reformista de los grupos subalternos del tercer mundo, como fácilmente puede constatarse en el discurso del zapatismo en México y en el del mayismo en Guatemala. Los grupos étnicos, con el arma teórica del esencialismo estratégico en la mano, reclaman no la destrucción de la nación burguesa y el cambio de estructuras económicas, sino su ingreso en un mundo de privilegios hasta ahora negado a ellos, con la divisa de su identidad cultural respetada y reconocida por las leyes y el imaginario hegemónicos. La subalternidad étnica quiere, pues, una tajada del pastel de la dominación y la hegemonía. Eso implica más una puesta al día que una vuelta al ayer, aunque en la construcción de sus identidades étnicas y culturales politizadas, la construcción-invención del ayer adecuado a sus fines políticos de hoy es básico e irrenunciable. Ningún rasgo utópico anima la lucha de la subalternidad étnica en el tercer mundo ni tampoco en el primero: se trata de una lucha por insertarse en el sistema establecido. Por eso, su caballo de batalla es la democratización, la cual, como el caballo de la nacionalidad, resulta ser una opción en un mundo en el que la dictadura del proletariado ha sido enterrada por sus propios ejecutores. Un planteamiento utópico podría pasar por la propuesta de la superación de la nación y, con ella, una superación de la burguesía, el liberalismo y las élites, pero la subalternidad posmoderna aún no da para tanto y por eso el espacio nacional aparece siempre como algo a ser reparado y remozado, y no destruido ni sustituido. En tal sentido, el pensamiento posmoderno es una continuación crítica de la modernidad, pues en ésta, la lucha de la subalternidad étnica planteaba también la liberación cultural, étnica y de clase en términos de liberación de la nación; un ejemplo sonoro para el tercer mundo es el de Frantz Fanon, quien planteó el espacio de la nación liberada como aquél que posibilita la construcción de una cultura. Nota 13 La crítica posmoderna al planteo moderno de izquierda de Fanon radicaría en que, ahora, la liberación de la nación no es ya posible sino sólo su ampliación democrática, y que el precio que la subalternidad pagó por haberse embarcado en el proyecto moderno y elitario de izquierda que propuso la liberación fue demasiado alto como para repetirlo. El área penumbrosa que sombrea la línea divisoria entre la resistencia y la aculturación no puede ya iluminarse con categorías binarias que identificaban al pueblo con la resistencia y a la cultura popular con el contradiscurso de la cultura burguesa. La cosa es más ambigua y siempre lo fue. Ahora se reconoce esa ambigüedad, se parte de ella, se opera en ella y en ella se plantean necesariamente las salidas posibles y reales. El espacio para la utopía y para la superación de la nación debe, pues, ser construido todavía, quizás mediante operativos analíticos y propositivos "glocales." La dudosa ausencia de utopía en el pensamiento y la acción étnico-culturales subalternas en América Latina, en donde los intelectuales indígenas han sustituido los planteos utópico-modernos de Mariátegui por los reivindicativos y denunciatorios de Bonfil Batalla, expresa no sólo un pragmatismo desencantado con izquierdas y derechas modernas, sino también la voluntad de las "otredades" étnicas y culturales de reproducir su capital cultural y étnico en el espacio de acción global en el que se han construido las naciones: el mercado. En tal sentido, la variable turismo entra a bailar también en el espacio de interacción de los conceptos mencionados antes, y no digamos la variable del consumo y del consumismo de bienes simbólicos globalizados por los medios masivos de comunicación. Siguiendo la lógica de la construcción del espacio utópico en las nuevas coordenadas mundiales, mi planteo general en este libro, tanto la propuesta del mestizaje intercultural -que explicaré adelante- como la crítica desconstructiva del esencialismo etnicista (en el tercer capítulo) y la propuesta de la negociación interétnica (en el quinto), tiene que ver con contribuir a formar políticamente un sujeto popular interclasista e interétnico que sea capaz de protagonizar un proyecto político nacional-popular asimismo interclasista e interétnico. Este sujeto -argumentaré- se encuentra actuante en los espacios en los que las diferencias étnicas y culturales se articulan sin dejar de ser diferencias (capítulo cuarto). Su cohesión interclasista tendría como contrapunto aglutinante el amplio espectro de oposición que el neoliberalismo se crea al percibir como socialistas tanto a las izquierdas como a los centros y derechas políticas que todavía ven en el Estado un necesario ente regulador de la vida económica y social. Creo que en el proyecto de construcción de este sujeto, los planteos esencialistas de construccionismo identitario, ligados a la cooperación internacional que privilegia la organización dispersa de la llamada sociedad civil por encima de la organización política unificada para la obtención del poder del Estado, solamente pueden caber si se plantean como parte de un proyecto de interetnicidad e interculturalidad, y no como proyectos multiculturales; es decir, de separatidad mediante la magnificación y esencialización de las diferencias. El planteo que esencializa las diferencias se hermana con la agenda política de la globalización en clave neoliberal (y quizá no sea ésa la única forma de globalizarse), por eso, mi discusión con los intelectuales indígenas esencialistas y fundamentalistas pretende desconstruir los binarismos que animan su discurso reivindicativo culturalista, pero no para deslegitimar el movimiento indígena cuyas reivindicaciones son justas, ni tampoco para obviar el hecho de que el construccionismo identitario, el esencialismo y el fundamentalismo se usan estratégicamente para librar luchas justas, como piensan algunos académicos norteamericanos entre los que se cuenta a la antropóloga Kay B. Warren quien, después de afirmar que "one might agree at least in principle with the importance of interrogating the interests of foreign support for national development initiatives," dice que "Moraless reductionism and polemicism become apparent when he argues that cultural resurgence is only playacting by ladinoized Mayan intellectuals serving as willing, if cynical, facilitators for those seeking to widen their markets" (Warren 176). Ella se refiere a las polémicas del debate interétnico en la prensa y a mis artículos periodísticos. Yo no he dicho que el resurgimiento cultural es sólo un playacting. He dicho que mucho de lo "maya" es -hoy por hoy- una puesta en escena para la cooperación internacional que financia proyectos culturalistas (criterio que mantengo). El "polemicismo" que me señala Warren tiene que ver con el lenguaje periodístico de una polémica particularmente apasionada por parte de todos los que participan en ella y, lejos de negarlo, me parece que ha sido una táctica discursiva que ha logrado "destapar" muchas calderas por largo tiempo cerradas a la fuerza. Finalmente, Warren argumenta que mi planteo obvia las luchas indígenas. Dice: "My problem with this argument is not that Morales wants to question the personal motivations of Pan-Mayanists but rather that his framing of the issue simply avoids engagement with the politics within Guatemala to which this movement is responding as it struggles for rights that have been denied much of the national populations" (176). Lejos de evadir la cuestión, mi planteo la aborda de frente, a menudo poniendo en duda que el culturalismo etnicista de cooperación internacional realmente responda a las luchas de los indígenas (como conglomerado popular) por sus derechos, y planteando la posibilidad de que se trate de un movimiento de élite nada más. Pienso, por ello, que los intelectuales indígenas esencialistas que son abiertamente neoliberales no pueden contribuir al proyecto político al que mi planteamiento quiere contribuir desde la ideología, pero también pienso que muchos de esos intelectuales -no alineados con el neoliberalismo- pueden, y en gran medida, contribuir a un proyecto nacional-popular interétnico si inscriben su esfuerzo no en la esencialización de las diferencias, sino en su articulación con otras diferencias, y si se ubican en el espacio del mestizaje intercultural propio del sujeto popular interétnico. Mi debate con los intelectuales esencialistas "mayas" no tiene que ver con una conspiración de derecha para deslegitimar las justas reivindicaciones indígenas, como pretende hacer aparecer Warren, incurriendo incluso en consideraciones ad hominen. Nota 14 Tiene que ver con la posibilidad -debo insistir en esto- de crear el sujeto popular interclasista e interétnico capaz de articular un proyecto nacional popular que pueda arrebatarle la hegemonía al neoliberalismo. Este hecho define a mi modo de ver lo útil y lo inútil de los esencialismos -estratégicos o no- del etnicismo fomentado por la agenda homogeneizadora de la cooperación internacional (que -creo- busca turistizar las diferencias esencializadas) en un momento de la historia en que la nación está siendo reconstruida, como es el caso actual de Guatemala. Se trata, pues, de optar por una sociedad civil dispersamente organizada ("divide y vencerás") financiada por la cooperación internacional, o de levantar un proyecto nacional-popular interétnico mediante reivindicaciones que aboguen por una democracia radical (Laclau y Mouffe) que lleve a sus últimas consecuencias los principios y realidades que el liberalismo propone. De aquí en adelante, entonces, tanto el concepto de democracia como el de nación, sujeto popular y mestizaje intercultural, se referirán al planteo anterior, todo lo cual ubica este libro en la perspectiva utópica de la consecución de una hegemonía popular interétnica en la que el mestizaje intercultural democrático, híbrido, disglósico (es decir, mantenedor de las diferencias articuladas según la clase social del sujeto en cuestión) sea el eje ideológico de la reconstitución del espacio de la nación como una nación interétnica.
[Esta edición electrónica es una adaptación de la obra de Mario Roberto Morales, La articulación de las diferencias o el Síndrome de Maximón (Los discursos literarios y políticos del debate interétnico en Guatemala). Guatemala: FLACSO, 1998.] |
| © José Luis Gómez-Martínez Nota: Esta versión electrónica se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan. |
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