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Mario Roberto Morales |
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Los "mayas" y los mayistas: negociadores
de identidades "Maya," entonces, es no sólo una palabra que designa una realidad social, económica, política y cultural del pasado, una realidad arqueológica; es también una palabra que designa una construcción identitaria del presente realizada con fines políticos contrahegemónicos. El carácter y la función actuales de la palabra se basan en una manipulación del pasado histórico que provee una versión del mismo que se pone al servicio de una acumulación de fuerzas y de poder. Nota 15 Es en este sentido que Friedman dice que "la deshegemonización del mundo dominado por Occidente es, simultáneamente, su deshomogeneización" (Friedman, 117). Claro que esta afirmación necesita ser matizada con las condiciones globalizadas en las que la deshegemonización puede darse, y por supuesto con el general carácter heterogéneo de las culturas latinoamericanas. La heterogeneidad latinoamericana opuesta a la homogeneidad occidental no es una relación binaria, al contrario, las intensas negociaciones de nuestra heterogeneidad con Occidente es lo que plantea pensar las identidades y las culturas nuestras desde la fractura del binarismo. Hacer (inventar, reescribir) historia para hacer identidades es, pues, un operativo que ha sido visto y practicado por los antropólogos y demás intelectuales solidarios con las luchas de la subalternidad, como una práctica del estrategismo esencialista subalterno y, por tanto, como resistencia. Esta teorización conlleva el peligro, ya hoy día convertido en lugar común, de ver resistencia hasta en el menor gesto, por inconsciente e inconsistente que sea, del subalterno. Es sin duda cierto que cualquier táctica de lucha basada en el construccionismo identitario que reivindica una identidad subalterna (identity politics) necesita echar mano del binarismo y del esencialismo (estratégicos o no) para poder construir su espacio de lucha y su sujeto. Pero también es cierto que esta necesidad constituye la mayor debilidad de esta táctica, entre otras cosas porque su estatuto de verdad colisiona con lo que ocurre en los espacios (mercado, etc.) en los que las diferencias culturales e identitarias se articulan (lo que no quiere decir que se mezclen o diluyan en mestizajes felices) sin dejar de existir como diferencias. Es decir, colisiona con lo real, lo cual nos lleva a preguntarnos sobre la efectividad de esta táctica para lograr emancipaciones subalternas respecto de los poderes centrales. Esto plantea, a mi modo de ver, dos tipos posibles de solidaridad prosubalterna: una solidaridad incondicional y principista (si es subalterno, es bueno), que yo veo como verticalista y pater(mater)nalista; y una solidaridad crítica (que implica el debate sobre el esencialismo), la cual yo veo como horizontal y democrática. Para John Beverley (prólogo), las demandas identitarias, llevadas a sus últimas consecuencias, pueden tener un contenido popular que puede a su vez ser capitalizado por la izquierda (o lo que queda de ella). Precisamente es la capacidad de llegar a estas "últimas consecuencias" lo que yo pongo en duda cuando critico el contenido esencialista y fundamentalista de estas demandas, sobre todo cuando las mismas son esgrimidas por las élites intelectuales mayistas, que enmarcan sus discursos en los requisistos de la cooperación internacional. La discusión, pues, no es tanto doctrinaria (como la plantean los ladinos indigenófilos) en el sentido de quién es de izquierda o quién no, o de quién es moral y quién es inmoral en cuanto al tipo de solidaridad que se le brinde a la élite mayista y al movimiento indígena. La discusión consiste en elucidar seriamente el contenido popular o no de las demandas culturalistas e identitarias esencialistas de las élites que dicen representar a los subalternos. Este libro quiere contribuir a eso más que a fijar una postura "aceptable" del autor respecto de los cenáculos académicos "políticamente correctos" de Estados Unidos, como ocurre con algunos intelectuales ladinos indigenófilos. Por ello, la "ansiedad ladina" que me señala Beverley es algo que en todo caso asumo plenamente en lugar de abjurar de ella, ya que mi solidaridad crítica (no incondicional ni principista) con los indígenas no implica mi renuncia a la identidad cultural que me configura, independientemente de que yo también abogue por el desplazamiento de la hegemonía de mi grupo étnico en aras de la democratización étnica y cultural del país, ya que no abogo por ello de una manera seudo radical que implique simplemente darle vuelta a la conocida medalla del autoritarismo. La variable del mercado (espacio donde las diferencias se articulan), no sólo en lo referido a la industrialización de las artesanías y otros objetos de cultura popular, sino también en lo relacionado al consumismo de bienes simbólicos globalizados y, sobre todo, a la turistización de las tradiciones religiosas, plantea al sujeto popular como un sujeto intercultural activo en la producción y el consumo material e ideológico transnacionalizados. Por esto es que su invención de la historia, de la tradición y de la identidad ocurren en el espacio de la puesta en escena de la historia, la tradición y la identidad construidas para el consumo de turistas; de modo que la identidad "maya" acusa rasgos de negociación que la hacen moverse con libertad entre la resistencia y la adhesión al mercado, al Estado y a la Nación, aunque todavía sin industrializar el operativo, como de hecho ocurre en Europa en donde la mercancía cultural heritage y sus formas concretas de existir se vende según precisas normas de mercadeo (Ashworth-Larkham). El estudio de las variables mercado y turismo puede dar cuenta, junto al de la cooperación internacional como fuente financiadora de invenciones de la historia, la tradición y la identidad, de la dinámica de la etnicidad subalterna guatemalteca y latinoamericana, sin recurrir oficiosamente al expediente solidario de la resistencia y a la idealización izquierdista del pueblo como sujeto esencialmente liberador. En Guatemala, la izquierda ("vanguardia del pueblo") realizó un tratamiento discriminador hacia el indígena y el autonomismo de los indios y el de los "mayas" surgió justamente de la finalización de la alianza interétnica indígenas-izquierda, que dio lugar, por ejemplo, al fenómeno Menchú. En tal sentido, quizá la elucidación de la relación existente entre mercadeo turístico, cooperación internacional e invención de la historia, de la tradición y la identidad, resulte más útil para construir las bases de una política que reivindique lo nacional-popular por parte de un sujeto popular interétnico que se forma en estos espacios, que recaer en las demagogias de la utopía socialista o en las del neoliberalismo. Este operativo implica la desmitificación del carácter esencial de la historia, la tradición y la identidad, lo cual no es nada nuevo, pero como la desencialización del sujeto popular no se asume por parte de la intelectualidad subalterna, es necesario recordar que, como diría Friedman, partir del carácter históricamente construido de las esencias llevó a Marx a desmitificar el origen de la riqueza, a Freud a desmitificar la identidad individual, y a Lacan a desmitificar la identidad del ego (849). La desconstrucción, es, entonces, arma de dos filos y, por ello, también instrumento del ejercicio democrático del criterio, es decir, de la crítica. Pero como tampoco se puede desconstruirlo todo por principio ya que eso resulta en un acto suicida, no encuentro mejor argumento para fijar los límites de la desconstrucción que el de Viktor E. Frankl cuando afirma que la acción de desenmascarar debe llegar a un alto ante la autenticidad y genuinidad de la vida humana que busca un sentido, pues de lo contrario el desenmascarador se traicionaría a sí mismo tratando de frustrar las aspiraciones ajenas. Nota 16 El criterio es, pues, y a pesar de todo, moral, y en tal sentido puede aplicarse al análisis de los discursos subalternos o prosubalternos los cuales, después de todo, son antes que nada humanos. Si, como vemos, la crisis del esencialismo implica un desplazamiento que va del "objeto universal" a las condiciones de su existencia, y si, por tanto, la identificación psicoanalítica (especular) ha sustituido a la identidad esencial (construcción que no respondía sino a la ausencia de identidad), el construccionismo identitario como base de las identidades políticas posmodernas hace que éstas no tengan base de sustentación alguna fuera de sí mismas (de su propia autoconstrucción, autodefinición y autoidentificación). Nota 17 Por lo tanto, este problema no debiera ocuparnos más, sino otro, de consecuencias inmediatas, a saber: que a las identidades políticas, al tener delante de sí su acción política como razón de ser de su creación y existencia, se les plantea la disyuntiva: ¿xenofobia o convivencia intercultural democrática? (Laclau, The Making). En tal sentido, la "maya" es la identidad política (construida) de los indígenas concientizados y politizados de Guatemala. Eso queda cerrado. Lo que queda abierto, y a lo que este libro quiere contribuir, es el asunto de lo que políticamente los "mayas" van a hacer con el arma de su identidad politizada, etnicizada y racializada. La posición asumida en este libro tiene que ver con la democratización intercultural de Guatemala por la vía de un mestizaje intercultural asumido como transculturación, hibridación, disglosia y negociación culturales, identitarias y políticas. No se trata de la vieja ideología del mestizaje como demagogia exclusionista de construcción "nacional" de élites oligárquicas (Stutzman), sino, básicamente, de la ampliación y negociación étnico-cultural en condiciones democráticas. Es decir, de respetar las diferencias, sí, pero consideradas como diferencias articuladas con otras diferencias, las cuales, precisamente por su articulación originan los espacios del mestizaje intercultural, realidad que -argumento- caracteriza más al país que las diferencias aisladas de su articulación mestiza y, por ello, puede ser el eje para pensar lo nacional democrático y multiétnico. De hecho, todos los espacios -tanto letrados como orales- aquí considerados son espacios de mestizaje (inter)(trans)cultural que esperan su democratización política.
[Esta edición electrónica es una adaptación de la obra de Mario Roberto Morales, La articulación de las diferencias o el Síndrome de Maximón (Los discursos literarios y políticos del debate interétnico en Guatemala). Guatemala: FLACSO, 1998.] |
| © José Luis Gómez-Martínez Nota: Esta versión electrónica se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan. |
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