Mario Roberto Morales

  

La articulación de las diferencias
o el síndrome de Maximón
(Los discursos literarios y políticos del debate interétnico en Guatemala)
 

Capítulo I
"Cuestión étnica y debate interétnico:
¿qué ha pasado y qué pasa ahora en Guatemala?"
 

"Los hechos recientes que condicionan el curso del debate interétnico"

Cuando la izquierda guatemalteca ideó y promovió la hechura de un testimonio por parte de una joven indígena desconocida, militante de la guerrilla, llamada Rigoberta Menchú, con el objetivo de que sirviera para promover la solidaridad internacional en sectores desafectos a la izquierda como las iglesias norteamericanas y los organismos internacionales para luego capitalizar, como izquierda, la defensa de los indígenas masacrados por el Ejército y erigirse así en una (la) fuerza política defensora de los derechos humanos, esa izquierda no pudo preveer que el discurso de Menchú habría de tomar un derrotero aparte de la izquierda y que las simpatías y lealtades de Menchú hacia la guerrilla tendrían que negarse sistemáticamente (y no sólo como táctica discursiva) para que la opinión pública internacional tuviera la ilusión de que la lucha por los derechos indígenas y los intereses de la izquierda guerrillera eran dos cosas distintas que sin embargo convergían en el espacio idealizado de lo popular-izquierdista. De hecho, eran dos cosas distintas, pero inicialmente, cuando el testimonio fue confeccionado, ni para Menchú ni para la guerrilla existía esa diferencia ya que todo se resumía en las necesidades de lucha de la izquierda, tal como veremos adelante. El discurso de Menchú muy pronto se tornó emblema de ideologías políticas posmodernas como el feminismo radical, la izquierda académica norteamericana, el multiculturalismo y la political correctness de izquierda, mientras que el discurso de la izquierda revolucionaria (que fue la matriz política e ideológica de Menchú, junto a la Teología de la Liberación) se agotó en la retórica de la lucha de clases. Aunque la hechura del testimonio de Menchú, como táctica de la izquierda guatemalteca, se inscribió en los preparativos cubanos para enfrentar una victoria revolucionaria en Centroamérica, ante la derrota de los movimientos revolucionarios su discurso se convirtió en la posibilidad de la lucha étnica frente al Quinto Centenario y en favor del Decenio de los Pueblos Indígenas como futuro capital ideológico de la izquierda. Esto último fue lo que motivó el apoyo político y la promoción de la candidatura de Menchú al Premio Nobel de la Paz 1992 por parte de la izquierda. Con razón, este premio ha sido considerado por los militares guatemaltecos como la única victoria política real de la insurgencia a todo lo largo de 36 años de guerra.

Cuando el 29 de diciembre de 1996 se firma la paz entre guerrilla, Gobierno y Ejército, por presión internacional combinada con el ofrecimiento de amplios financiamientos para poner en práctica los acuerdos y en medio de una absoluta falta de credibilidad por parte de la ciudadanía, Nota 24 el movimiento indígena se encuentra en un estado de fuerte emergencia e influencia gracias a los cuantiosos financiamientos internacionales. Por lo tanto, insistimos, el debate sobre la interculturalidad guatemalteca y su relación con la democratización y el desarrollo económico del país es el trasfondo contra el cual se debe realizar cualquier análisis cultural, político e ideológico acerca del futuro de Guatemala como país y como parte de la región centroamericana a punto de entrar en el TLC, en el siglo XXI, en la globalización.

Eso es justamente lo que intentamos hacer analizando las versiones que Asturias y Menchú ofrecen del indígena, desmontando los discursos de la intelectualidad "maya" para confrontarlos con la discursividad ladina en general, y describiendo las negociaciones identitarias en los espacios del consumismo y el mercadeo globalizados. Queremos proponer un mestizaje cultural (intercultural) democrático como eje de las identidades y de la nacionalidad, sin negar las especificidades culturales indígenas y ladinas ni mucho menos sus derechos y sus reivindicaciones específicas y generales; todo, desde una perspectiva inevitablemente ladina para quien escribe.

Existen en la discusión interétnica otros puntos de debate que, creemos, dependen de la solución del punto que prioritariamente ha sido tratado en este ensayo, a saber: el punto del esencialismo y el fundamentalismo. Sin duda, el esencialismo es un estrategia harto explicable e incluso justificable en el caso de la lucha de conglomerados marginados para obtener poder. El argumento en su contra en Guatemala es que no contribuye a la democratización sino más bien a la fragmentación étnica, debido al uso virulentamente antiladino que se hace de él. El gran peligro del esencialismo es su fundamentalismo excluyente y descalificante del "otro," ya que, dentro de sus lógicas, la propia autoafirmación se basa en la negación de la contraparte. Por eso es necesario preguntarse si es posible un esencialismo y un fundamentalismo respetuoso de las diferencias. La experiencia histórica de Estados Unidos, Sudáfrica, el Medio Oriente y los países interétnicos de América Latina pareciera negarlo. Esto deja abierta la posibilidad de llegar a su creación, y a que la misma constituiría un reto para las dirigencias indígenas.

Por todo, puntos de debate actuales como el problema de las autonomías regionales y las descentralizaciones gubernativas en favor de autogobiernos indígenas; el de la aplicación de la justicia y el derecho consuetudinario elevado al rango de "derecho maya;" el problema de la tierra (evadido por el acuerdo de paz correspondiente); el de la existencia o no de la lengua xinca; el de las reformas constitucionales; así como los problemas de género en el ámbito indígena, constituyen motivo de controversia, ya que se plantean desde perspectivas esencialistas y fundamentalistas por parte de las élites mayistas, y, además, por la razón de que se remiten invariablemente a la puesta en práctica de los acuerdos de paz, la cual se ha constituido en una especie de falso interés nacional, postulado por la comunidad internacional por medio de su cooperación económica y financiera a las partes que la negociaron y la firmaron. En efecto, el Gobierno ha hecho de la puesta en práctica de los acuerdos, su plan de desarrollo económico y su plataforma política; el movimiento indígena lo ha adoptado como su plan de acción reivindicativa; y la URNG, lo usa como planteamiento programático en su tarea de convertirse en partido político. El problema es que los acuerdos de paz no tienen el suficiente alcance como para convertirse en todo eso para lo cual están siendo instrumentalizados pues constituyen sólo puntos de referencia para la convivencia pacífica. El dinero de la cooperación internacional, sin embargo, tiene a todas las partes (Gobierno, guerrilla, mayistas) agitadas en torno a la consecución de fondos vía ONGs y toda suerte de proyectos de desarrollo en los que la jerga políticamente correcta de los organismos internacionales ha sustituido al análisis científico, los objetivos ideológicos y los liderazgos políticos.

Por todo, el punto básico de debate en la discusión interétnica es, a nuestro entender, el del esencialismo y el fundamentalismo. De cómo se solvente este punto depende el tratamiento de los demás. En todo caso, como la práctica rebasa siempre a la teoría, lo más probable es que los pactos interétnicos que se hagan de ahora en adelante complazcan a la cooperación internacional y que, por el contrario, la cotidianidad relacional de indígenas y ladinos vaya mejorando mucho más lentamente en la práctica que en la letra de esos pactos, que siguen la lírica de los acuerdos de paz. Esto, porque el diálogo actual se hace en términos binarios, y las concesiones, por tanto, se otorgan por parte del poder ladino con lujo de paternalismo. La superación de este estado dicotómico reside, pensamos, en la adopción de criterios remitidos a la transculturación, la hibridación, la disglosia y el mestizaje interculturales para negociar la democratización intercultural e interétnica. Todo lo cual implica reconquistar la autonomía nacional respecto de la ingerencia extranjera en su forma de cooperación internacional, para plantear soluciones nuestras a nuestros problemas

Empecemos, pues, tratando de hallar los fundamentos de semejante mestizaje, para luego descartar propuestas excluyentes, y terminar proponiendo soluciones para el futuro inmediato.

 

[Esta edición electrónica es una adaptación de la obra de Mario Roberto Morales, La articulación de las diferencias o el Síndrome de Maximón (Los discursos literarios y políticos del debate interétnico en Guatemala). Guatemala: FLACSO, 1998.]

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© José Luis Gómez-Martínez
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