Mario
Roberto Morales
La articulación
de las diferencias
o el síndrome de Maximón
(Los discursos literarios y políticos del debate
interétnico en Guatemala)
A los mestizos,
no importa si son indios o ladinos.
"PRESENTACION"
Este
libro pretende dar cuenta del estado de la cuestión étnica en Guatemala. Es un análisis
de los discursos posmodernos de la interetnicidad guatemalteca, y también una reflexión
sobre la importancia de esclarecer el carácter de los movimientos indígenas ligados a
reivindicaciones identitarias, culturales y diferenciales en ese país, para introducir al
lector a la posibilidad posterior de ofrecer una explicación de las variables que ahora
se intersectan forzosamente con este estudio, a saber: la cooperación internacional, el
turismo y, como acción concreta de su conjunción, la creación y venta del producto
"herencia cultural-identidad-otredad." Todo, a la luz de variables teóricas
como el debate sobre la posmodernidad latinoamericana, la relación de los estudios
culturales con la crítica literaria y cultural, y la movilidad y usos intersemánticos de
conceptos como pueblo, nación, etnia, raza, mestizaje, ideología, cultura, identidad y
etnicidad.
Se ha insistido mucho en que, en Guatemala, los indios no se distinguen de los ladinos
por la raza sino por la cultura. Vale la pena preguntarse entonces, a estas alturas de la
posmodernidad globalizada, ¿en qué consiste la diferencia? Aquí se argumenta que
consiste en dos posicionalidades interculturales, mestizas, con énfasis diferentes según
sea su elemento articulador (clase, etnia, género, etc.): el énfasis cultural indio o el
ladino, considerados ambos como polaridades socialmente abstractas pero ideológicamente
concretas que todavía articulan, aunque en forma decreciente, la diferenciación
étnico-cultural. Por indio se entiende al guatemalteco que ostenta rasgos
culturales propios de los 22 grupos étnicos de ascendencia maya-quiché; y por ladino
al guatemalteco que acusa rasgos culturales más remitidos a las costumbres occidentales.
La intensidad de estos énfasis culturales, los cuales están determinados por la manera
cómo los individuos manipulan y negocian los códigos culturales que los expresan como
tales, es variable (porque hay maneras dominadas y dominantes, hegemónicas y
contrahegemónicas de negociar los códigos) y origina una gran cantidad de identidades
híbridas, mestizas, imposibles de explicar mediante la fórmula binaria indio-ladino, a
no ser tomando ambas polaridades como abstracciones referenciales para ubicar las
gradaciones de heterogeneidad, mestizaje, e hibridación múltiple y plural que
interactúan en la cotidianidad.
En los años noventa, ciertas organizaciones del movimiento indígena de Guatemala han
adoptado el nombre de "maya" para decirse a sí mismas, para expresar su
identidad histórica y cultural, y como emblema étnico para reclamar sus reivindicaciones
específicas frente a la interetnicidad de la que forman parte y, sobre todo, frente a su
contraparte ladina, a la cual ha construido como su "otro" y bautizado como
"mestiza." La relación binaria indio-ladino, que servía para explicar la
dinámica interétnica de Guatemala ha cedido su lugar a la igualmente binaria relación
maya-mestizo. El cambio es significativo porque, si bien indio es --como
estableció Severo Martínez en 1970 para el caso guatemalteco-- un término de contenido
colonial que designa una realidad de esclavitud, servidumbre, vasallaje, opresión,
explotación y discriminación, cierta intelligentsia indígena había venido
usándolo, a lo largo de la década del setenta (Morales, Luis) como emblema de
orgullo desafiante, un poco al estilo del apelativo Black que fue usado en los
años sesenta en Estados Unidos, y un poco en la forma como hoy día se asume el gay
pride por parte de los homosexuales norteamericanos. El término "maya" no
tiene connotaciones despectivas en el imaginario colectivo guatemalteco; al contrario, se
asocia en forma automática --aunque sea sólo arqueológicamente-- con un nostálgico
pasado de esplendor precolombino. Y, por otra parte, permite, como emblema ideológico,
una mejor posibilidad de negociación identitaria en los espacios de la multiculturalismo
y de otras tendencias ideológicas internacionales, como el relativismo cultural y la political
correctness, las cuales --como se sabe-- se hallan absolutamente politizadas en sus
usos académicos y, en general, solidarios para con los grupos étnicos subalternos. La
negociación a la que me refiero se ubica en el mismo ámbito en el que se mueven
términos políticamente correctos como African American o Native
American para evitar pronunciar los prejuiciados apelativos de Negro o Indian,
en Estados Unidos; todo lo cual ubica a los grupos subalternos así apelados en una
posición de relatividad ideológica y cultural que los faculta para negociarse así
mismos y a sus reivindicaciones frente a las centralidades Anglo de una manera
igualitaria, aunque sea sólo en el discurso. Fuera del discurso políticamente
correcto los prejuicios raciales, étnicos y culturales siguen rigiendo el
comportamiento de los grupos en los espacios multiculturales, como puede fácilmente
comprobarse por medio de la simple experiencia empírica o del examen de las
discursividades articulatorias de los poderes y los contrapoderes involucrados en la
multiculturalidad.
El parangón con Norteamérica no es gratuito. Buena parte de la actual intelligentsia
"maya" se está educando y ha sido educada en la academia norteamericana, sobre
todo en el campo de la antropología, la lingüística y la educación, y bajo el alero de
los Postcolonial Studies y otras direcciones posmodernas del pensamiento occidental
contemporáneo, como el multiculturalismo, el desconstruccionismo, el feminismo y, en
general, el pos-estructuralismo. Una crítica de la cuestión intercultural e interétnica
en Guatemala debe, entonces, ubicarse en el terreno de la posmodernidad téorica y de la
producción, circulación y consumo globalizado de ideas académicas.
Para el efecto, empezaremos por recapitular los hechos que han llevado la cuestión
étnica al punto en el que se encuentra ahora: el activismo culturalista "maya"
por la reivindicación de la diferencia cultural (primer capítulo). Después,
analizaremos dos textos literarios (Hombres de maíz, de Miguel Angel Asturias, y Me
llamo Rigoberta Menchú, de Elizabeth Burgos-Debray) que dialogan desde las dos ya
mencionadas posicionalidades interculturalmente mestizas e híbridas y desde los dos
énfasis posicionales posibles en este ámbito, remitidos a la polaridad indio-ladino
(segundo capítulo). Seguidamente, pasaremos a desconstruir los discursos del debate que
sobre el "mayismo" se ha desatado en medios locales de comunicación en
Guatemala desde 1992, para confrontar las posiciones esencialistas y fundamentalistas del
movimiento indígena, y la propuesta de mestizaje intercultural democrático que yo me
permito desarrollar, como parte del debate mencionado (tercer capítulo). Después,
pasaremos a estudiar al conglomerado multihíbrido en el que la polaridad indio-ladino se
negocia en el espacio del consumismo de bienes simbólicos globalizados, para ilustrar
cómo, en lo concreto, no opera la diferencia cultural como separadora y, por el
contrario, se diluye en identidades híbridas, neomestizas (de un nuevo mestizaje
intercultural) para proyectar el estado de la cuestión étnica hacia el futuro turístico
y de marketing que, creo, revestirán tanto las culturas como las identidades
"mayas" de Guatemala en el futuro cercano (cuarto capítulo). Una quinta
sección abordará el asunto de la posibilidad de un construccionismo identitario ladino,
así como el de lo que consideramos la inutilidad de confrontar identidades
construidamente diferenciadas. También se propondrá una agenda para ordenar el debate
interétnico y algunos criterios para realizar la necesaria negociación interétnica que,
como parte del proceso general de democratización en marcha, debe realizarse en
Guatemala.
No está de más adelantar que este estudio se realiza desde una posicionalidad ladina,
inevitable para el autor, y que desde ella se efectúa la natural apropiación de la
cultura indígena como parte integrante de la cultura y la identidad ladinas de quien
escribe. El proceso inverso ocurre con los intelectuales indígenas. Este es, pues, un
discurso ladino.
La realización de este trabajo fue posible gracias a los auspicios de la Facultad de
Artes y Ciencias de la Universidad de Pittsburgh y de su Departamento de Lenguas y
Literaturas Hispánicas, en donde realicé mis estudios de doctorado; del Centro de
Estudios Latinoamericanos de la misma universidad, que me permitió realizar el trabajo de
campo que aparece descrito en este libro; y de la beca Andrew W. Mellon que, al relevarme
de mis obligaciones docentes por un año académico, me permitió escribir el manuscrito
sin interrupciones. A estas instancias, mi agradecimiento.
Agradezco asimismo a John Beverley sus agudos señalamientos en relación a la
problemática que trata el libro, así como su amistad y el estimulante intercambio
intelectual que mantuvo conmigo a lo largo de mi estadía en Pittsburgh. También quedo
agradecido con Gerald Martin, cuyo conocimiento de Guatemala, de la obra de Asturias y de
la narrativa latinoamericana faciltó un intercambio para mí fecundo de ideas y
experiencias. A Mabel Moraña y Michael Jiménez, agradezco su apoyo académico, su
amistad y su lectura crítica del manuscrito. Y, finalmente, le agradezco a Ivonne Recinos
la agudeza con que me escuchó pensar en voz alta este libro, convirtiéndose en la
primera interlocutora entusiasta de las ideas que lo estructuran y, al final, en su
correctora implacable.

[Esta edición electrónica, autorizada por su autor, es una adaptación de la obra de Mario Roberto
Morales, La articulación de las diferencias o el Síndrome de Maximón (Los discursos
literarios y políticos del debate interétnico en Guatemala). Guatemala: FLACSO,
1998.]
© José Luis Gómez-Martínez
Nota: Esta versión electrónica se provee únicamente con fines educativos. Cualquier
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