Declaración de Salamanca

 

Declaración de Salamanca*

Los filósofos españoles e iberoamericanos reunidos en Salamanca con motivo del VIII Seminario de Historia de la Filosofía Española e Iberoamericana, han acordado emitir el siguiente COMUNICADO:

I. La Filosofía en el mundo ibero e iberoamericano

La filosofía ejercida en nuestro mundo cultural posee una incuestionable riqueza aún no rescatada en su conjunto, a pesar de la existencia de muy serios y valiosos estudios regionales.

Es una necesidad sentida muy hondamente entre nosotros la de promover aquel rescate en una tarea conjunta de intercambio fecundo, en el que participen todos nuestros estudiosos e investigadores de dentro y de fuera de la comunidad iberoamericana.

En este sentido, sería una meta importante en la consecución de esta tarea, que se llegara a un acuerdo respecto del uso de aquellos conceptos categoriales indispensables para alcanzarla.

A tal efecto, verían con interés que las instituciones tanto españolas como iberoamericanas convocaran para la discusión de las posibles bases de esta propuesta, como asimismo de ciertos criterios metodológicos.

Lo señalado no supone el desconocimiento de los importantes esfuerzos que nuestros maestros del pasado y del presente han llevado adelante, tanto en lo que respecta a los avances en aquel sistema categorial, como a las propuestas metodológicas que se han hecho y puesto en ejercicio en particular dentro de nuestra Historia de las ideas. Muy por el contrario, es desde ellos que deben sentarse los principios para alcanzar la tarea común que proponemos, con el rigor y nivel crítico indispensable.

II. La filosofía como ejercicio de la solidaridad

Uno de los fines de aquella labor conjunta de producción filosófica, ya sea en el quehacer teorético, el práctico o el historiográfico, debería tender –sin perjuicio de un ejercicio riguroso del pensamiento- a acentuar una solidaridad entre nuestros pueblos, la que ha de surgir de nuestras voluntades mancomunadas. Nos comprometemos a poner todos nuestros esfuerzos, para que dicha solidaridad se apoye en una clara afirmación de respeto y estima mutuos.

III. Filosofía e identidad

Aunque la cuestión de la identidad de nuestros pueblos no puede ser satisfactoriamente analizada si no se lleva a cabo una labor interdisciplinar, le cabe a la filosofía una irrenunciable tarea: la de someter a su rigor crítico los alcances y valor que se asignen a los elementos culturales característicos, a los que suele atribuírseles fuerza identificatoria.

IV. La filosofía como afirmación de nuestra historicidad

Convocamos a la constitución de un frente filosófico en defensa de la capacidad de hacerse y de gestarse de nuestros pueblos, en cuanto expresión de su propia historicidad.

Proponemos la elaboración de un discurso, que más allá de la contraposición entre "naturaleza" e "historia" como categorías explicativas de la relación entre los pueblos, siente las condiciones de posibilidad de un auténtico y fraterno diálogo entre nosotros.

El ejercicio de nuestro filosofar, con la ayuda de unos y de otros, debiera convertirse en una auténtica herramienta contra las formas de alienación y enajenación, tanto culturales como políticas y económicas, que empañan nuestros ser histórico.

V. Nuestra filosofía como lenguaje

Dado que la lengua materna ha sido y es el medio de comunicación que nos ha ligado y nos liga al medio cultural, a través del cual nos insertamos en el quehacer y pensar colectivos de la humanidad, consideramos que no es indiferente la relación entre filosofía y lenguaje.

Sin correr los riesgos del relativismo lingüístico y sin hacer de nuestra lengua una realidad deshistorizada perteneciente al mundo de las esencias, proponemos que en nuestro quehacer filosófico se pongan en evidencia los valores que las lenguas vernáculas poseen en cuanto riqueza de sistemas sígnicos.

VI. La filosofía entre nosotros y el nuevo orden mundial

Somos conscientes de que en nuestra época los problemas vitales de todos los pueblos son en gran medida internacionales y supranacionales; entre ellos, los que derivan de una economía cada vez más mundializada, los del desarrollo de la actual civilización tecno-industrial, los de la desintegración de las formas rurales de vida y, en fin, el deterioro ciertamente alarmante de la naturaleza.

Asimismo, somos conscientes de que los Estados nacionales no poseen capacidad suficiente como para resolver problemas que los exceden, todo lo cual pareciera estar indicando un cambio que impulsaría hacia formas de soberanía compartidas.

Esa situación, de por sí llena de dificultades, no será totalmente negativa si la misma la revertimos hacia la organización de formas asociativas surgidas de la voluntad de los pueblos, como será ciertamente negativa si dichas formas surgen como consecuencia de políticas de dominación y control mundial de las megapotencias.

Además, tampoco será negativa si alcanzamos la forma adecuada que nos permita resguardar nuestras identidades culturales (sin caer en posiciones integristas), única vía de enfrentar de modo creador los avances homogeneizadores de la actual civilización tecno-industrial en expansión.

Aquel resguardo de nuestras identidades culturales comunes, ha de ser llevado a cabo mediante la certeza de un futuro que reoriente las formas de transculturación y genere modos vivos y fecundos de identificación entre nosotros.

Debemos llevar adelante, además, como tarea común, el respeto y la defensa de las diferencias de identidad que se dan dentro del universo de nuestra identidad compartida, única vía para que esta última sea ejercida dentro de los ideales de universalidad y de diálogo.

Todos estos objetivos no serán posibles si no surge de nosotros mismos un proyecto histórico, que no alcanzará sin duda real peso y eficacia si es planteado únicamente en el plano de las formas compartidas de identidad cultural, en particular como consecuencia de que no todos nuestros pueblos se encuentran en igualdad de condiciones sociales, políticas y económicas.

Un enriquecimiento de nuestros bienes tradicionalmente comunes, únicamente será posible si todos aseguramos formas de vida libres, democráticas, respetuosas con la dignidad de la persona humana y decididamente impulsadas por sentimientos de solidaridad y justicia.

VII. La necesaria institucionalización y difusión de los estudios de filosofía ibérica y iberoamericana

Los participantes en este VIII Seminario declaran que la investigación, el estudio y la enseñanza de la filosofía española, portuguesa e iberoamericana deberían alcanzar, en aquellos lugares en los que no han sido aún debidamente reconocidos, un status académico y docente conforme con su valor e importancia.

Finalmente, declaran la necesidad de que la ya larga y meritoria labor llevada a cabo por este Seminario Permanente de Historia de la Filosofía Española e Iberoamericana de la Universidad de Salamanca, alcance un pleno reconocimiento institucional, para asegurar de este modo su continuidad y permitir que su labor pueda ser acrecentada y consolidada.

En Salamanca, a 3 días del mes de octubre de 1992.

  

[*Documento elaborado por Arturo Andrés Roig y publicado en: Mundo Hispánico-Nuevo Mundo. Visión Filosófica. Actas del VIII Seminario de Historia de la Filosofía Española e Iberoamericana, Ediciones Universidad de Salamanca, 1992, p. 19-22. Edición digital de Marisa Muñoz]
 
© José Luis Gómez-Martínez
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