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Gerardo Bolado
Transición y recepción: La Filosofía Española
en el último tercio del siglo XX.
CAPÍTULO 7.4
La Historia de la Filosofía en el Bachillerato LOGSE
La historia institucional más reciente de la Filosofía y de la Historia de
la Filosofía en la enseñanza media, me refiero a la historia
vivida por mi generación, se remonta también a la Ley General de
Educación de Villar Palasí, en 1970. El temario de Filosofía
del Ministerio contenía treinta capítulos distribuidos del
siguiente modo: dos capítulos sobre el saber filosófico, nueve de
psicología, cinco de lógica, dos sobre el conocimiento científico y
el problema epistemológico, dos sobre la dimensión social del hombre,
cuatro de ética, dos sobre personalidad y persona, y, en fin, cuatro
temas sobre la realidad y el sentido del hombre. En este marco, pero
dentro de su desarrollo en el COU de 1978, se propuso una Historia
de la Filosofía articulada en 19 temas y sin especificar
orientaciones filosóficas o metodológicas. Entonces llegó a
afianzarse como materia común una exposición general y sistemática de
la Historia de la Filosofía que conquistó una considerable importancia
dentro del currículo. Los bachilleres que ingresaban en la universidad
habían recibido una considerable formación filosófica, como resultado
de un año de estudio de Filosofía en 3º de BUP con cuatro horas
semanales, y un año de estudio de Historia de la Filosofía en COU,
también con cuatro horas semanales. Al menos sobre el papel, la cultura
filosófica contribuía de manera considerable en la construcción
intelectual y humana de los futuros universitarios.
El cambio de rumbo político trazado tras las elecciones del 82 nos llevó
a unos años ochenta marcados por las reformas y el experimentalismo,
que favorecieron, dicho sea de paso, las experiencias originales de la
actual concepción de nuestra materia. La LOGSE de 4 de octubre de 1990
inició el curso de unos años noventa marcados por la implantación y
la burocratización. El Real Decreto 1179/1992 de 4 de octubre, por el
que se establece el currículo del Bachillerato, definió los
contenidos, objetivos y criterios de evaluación de la Historia
de la Filosofía, a la que, por lo demás perfiló mediante una
breve introducción. Los cambios políticos iniciados a partir de las
elecciones del 96 hicieron concebir esperanzas de una mejora del lugar
de la Historia de la Filosofía en el marco de un proyecto general de
Reforma de las Humanidades, que se han hecho efectivas en el Real
Decreto 3474/2000.
La materia común de primero de Bachillerato, Filosofía, se ordenó en el Real Decreto 1179/92 al desarrollo de
la actitud reflexiva y crítica de los alumnos, quedando en un segundo
plano los contenidos conceptuales, que se proponían de manera abierta,
flexible y enmarcados en cuatro bloques: el ser humano, el conocimiento,
la acción humana y la sociedad. No se trataba de enseñar filosofía,
sino más bien de enseñar a filosofar, de desarrollar la capacidad
reflexiva y crítica de los alumnos. Estos alumnos, de hecho, procedían
de una Enseñanza Secundaria Obligatoria caracterizada no sólo por la pérdida
de contenidos, sino también de actitud y aptitud para el trabajo teórico.
Por otra parte, la disponibilidad horaria de esta materia quedó
reducida a tres horas semanales. Estos y otros factores sentaron una dinámica
entrópica que fue llevando la aplicación de esta materia a
caracterizarse por una excesiva diversidad, dispersión, e incoherencia
en los programas, así como por la falta de conexión con la Historia de la Filosofía de segundo de Bachillerato. En el
Bachillerato, el descuido de los contenidos filosóficos es una de las
razones de fondo a tener en cuenta a la hora de discutir la indeseable
desconexión establecida entre la Filosofía y su Historia.
En los años ochenta, el experimentalismo de la Reforma fue reduciendo
la anterior programación de la Filosofía de tercero de BUP a una
organización de los programas en bloques genéricos, interpretados de
manera abierta y flexible, y favoreció el predominio de las actividades
y los procedimientos sobre los contenidos. Los libros de texto
elaborados por las editoriales para la Filosofía
de primero del Bachillerato Logse fueron cobrando forma en la línea de
estas propuestas y sin ninguna conexión con los textos de Historia
de la Filosofía de segundo. La práctica real dejó sin sentido la
petición de continuidad en la formación filosófica, reiterada en el
Real Decreto de enseñanzas mínimas.
En todo este proceso, la práctica real de la Historia de la Filosofía fue pasando de una exposición general y más
o menos sistemática de un amplio número de autores, articulada en 19
temas según la tópica de la metodología histórica, y basada en algún
manual (Marías, Rábade Romeo, González Álvarez, Jerez Mir, Navarro
Cordón, Arostegui, Guerri, etc), años 79-85, a través de una fase
experimental de reforma entre los años 82-87 (“Lecturas
de Historia de la Filosofía” en la Universidad de Cantabria; o
las Lecturas...del grupo de la Universidad Complutense de Madrid), a una
exposición de la materia, a partir de 1987, basada en el trabajo de
textos filosóficos relevantes y abierta al contexto sociocultural.
Desde entonces las coordinaciones universidad-instituto para la prueba
de selectividad, desde las distintas universidades españolas, fueron
estableciendo las nuevas programaciones de Historia
de la Filosofía de COU, construidas ahora sobre la base de una
serie de textos filosóficos relevantes. La revista Paideia
fue publicando estas programaciones con la forma de Dossier entre los años
1988-90.
La concepción de la Historia de
la Filosofía establecida por el Real Decreto de Mínimos del 92 no
hacia otra cosa sino recoger lo que de una manera o de otra ya se estaba
realizando: La historia de la filosofía en el bachillerato no busca el
conocimiento genérico de un amplio repertorio de autores, sino el diálogo
experto “con algunos textos filosóficos suficientemente
representativos de sus autores, de los contextos histórico-culturales
en que se produjeron y de la propia tradición filosófica, cuyo legado
constituye uno de los componentes esenciales de la racionalidad
contemporánea occidental”.
En este Real Decreto de Mínimos del 92 se proponen algunos temas y
textos, pero solo encontramos definida una articulación cronológica
del programa en cuatro periodos: Filosofía antigua, Filosofía
cristiana y medieval, filosofía moderna y Filosofía contemporánea.
Las coordinaciones de las distintas universidades españolas, al definir
los contenidos y procedimientos de la Prueba de Selectividad (PAU),
especifican los programas, con sus textos y los procedimientos para
trabajarlos. La autonomía universitaria, reconocida por la LRU, ha
hecho que las programaciones varíen en los textos y su número, así
como en los procedimientos para trabajarlos. Bajo la multiplicidad
resultante caven dos opciones: a. Un programa estructurado en torno a
una definida selección de textos y autores que suele exigir un
conocimiento detallado de los mismos; el procedimiento suele ser aquí
el ‘comentario de texto’; b. Un programa más amplio y flexible que,
sin descuidar el conocimiento de los grandes autores de la historia del
pensamiento, exige el conocimiento a grandes rasgos de la historia de la
filosofía; el procedimiento, en este caso, suele llegar a los textos
desde tratamientos más amplios, y tiende a plantear cuestiones o a
pedir composiciones desde ellos.
Este protagonismo de la Coordinación universitaria y de la Prueba de
Selectividad choca de manera inevitable con el propio sentido filosófico
y educativo de la Historia de la
Filosofía, creando cierta discontinuidad y fragmentariedad en la
exposición histórica. Algunos llegan a poner aquí la raíz de la
discontinuidad académica entre la Filosofía
de 1º y Historia de la Filosofía de 2º de Bachillerato. Al basar la
exposición histórica en el trabajo con textos de algunos filósofos clásicos,
que además han de recibir su contextualización socio cultural, bien
pudieran darse tratamientos fragmentarios, limitados a determinados
temas, autores y periodos, que pierden en suma la continuidad y el
sentido del proceso. El decreto no insiste de manera suficiente en la
necesaria unidad y continuidad, que ha de presidir cualquier tratamiento
con sentido de los textos que contienen la ‘Historia de la Filosofía’.
Pero no creo que la innegable discontinuidad académica entre la filosofía
de 1º y la historia de la filosofía de 2º tenga su raíz última en
la Prueba de Selectividad
Y, ¿qué decir de los materiales?. Mediados los años ochenta los
manuales de Historia de la Filosofía
para COU empezaron a evolucionar buscando el contexto histórico
cultural e incorporando el trabajo con textos filosóficos. Me parece
que detrás de esta evolución, además de la orientación
constructivista de la Reforma, están dos tendencias tanto filosóficas
como didácticas: por un lado el desplazamiento del interés hacia los
textos, al que no es ajeno cierto escepticismo académico y doxográfico,
y, por el otro, la creciente atención al contexto socio histórico y
cultural de las producciones filosóficas, hasta extremos como la
historia social de la filosofía o la historia de las ideas.
En el año 1995 salieron a la luz los Materiales Didácticos de
Historia de la Filosofía, publicados por el MEC. Estos autores
propusieron sustituir la Historia de la Filosofía por una historia de
las ideas, que fue inmediatamente contestada.
Incoherente desde el punto de vista historiográfico
y didáctico, esta propuesta no ha sido
seguida por las editoriales, que son los verdaderos artífices de la
reforma de los libros de texto. En efecto, desde el año 96 las
editoriales vienen publicando manuales de Historia de la Filosofía,
no de las Ideas, para Segundo de Bachillerato, dispuestos según las
tendencias antes apuntadas. Me parece que las editoriales han hecho un
considerable esfuerzo y disponemos de más de media docena de textos
importantes.
La unánime convicción de que es necesario conectar la exposición de
la Historia de la Filosofía con el mundo actual y con los intereses de
los alumnos, rectamente entendida, ha sido un motor principal de la dinámica
metodológica hacia el comentario de texto. De hecho el comentario de
texto, que ha sido siempre ingrediente en la formación filosófica, se
ha convertido en requisito para el acceso a la docencia de la filosofía
en el bachillerato y para los alumnos en la PAU. Sin embargo, mientras
algunos profesores tienden al comentario filosófico de textos, otros se
inclinan al comentario de textos filosóficos. Mientras aquellos tienden
a convertir la filosofía en pedagogía y diálogo con textos
narrativos, estos no renuncian a confrontar a los alumnos con la tradición
filosófica en sus textos. Entre los profesores de bachillerato se
constata un especial interés por la posible aplicación de los
desarrollos hermenéuticos y postestructuralistas al trabajo de los
textos en el aula. Existe, así mismo, un interés considerable por las
técnicas procedentes de la psicología cognitiva, que favorecen el
trabajo de los alumnos con los textos filosóficos.
Otro cambio decisivo para la Historia
de la Filosofía en su paso al nuevo Bachillerato se refiere a la pérdida
de su lugar propio dentro del currículo, con la consiguiente
desfuncionalización dentro del sistema y pérdida dramática del número
de alumnos. De ser una materia común en COU, cursada por todos los
alumnos, ha quedado reducida a optativa de modalidad para los
bachilleratos de humanidades y Ciencias Sociales (en su opción de
Geografía e Historia), con la posibilidad, prácticamente y en la mayoría
de los casos imposible, de promoverse como optativa para los restantes
bachilleratos. Como ha señalado Cifuentes, la dispersión curricular
por la optatividad y, de manera especial, la reducción del Bachillerato
de tres a dos años, ha dejado a la Historia de España en el lugar de
la Historia de la Filosofía.
En efecto, la Historia de la
Filosofía desplazada al Bachillerato de Humanidades y de Ciencias
Sociales (Geografía e Historia) perdió el sentido filosófico y
educativo que le atribuía el Real Decreto 1179/1992, y quedó sin
funcionalidad propia dentro del sistema. En lo que se refiere al
descenso dramático en el número de alumnos, de haberse implantado el
Real Decreto de Mínimos 1179/92 Logse, y a juzgar por la tendencia de
los últimos años, habrían llegado a examinar Historia de la Filosofía en la PAU algo menos del 15%, cuando en el
COU lo hacían el 100%.
Las reacciones de la institución filosófica, impulsadas en gran medida
por la SEPFI, no se hicieron esperar y fueron estimuladas, si cabe, por
las expectativas suscitadas en torno a la Reforma de las Humanidades
promovida tras el cambio político. El 14 de Marzo de 1997 se entregaba
a la señora Esperanza Aguirre, entonces Ministra de Educación, el
Documento de la Comisión de Filosofía nombrada por el MEC, que defendía
el lugar de la Historia de la Filosofía como materia común en el
segundo año de bachillerato
.
El 21 de noviembre de 1997 la reunión de Decanos de Filosofía de las
Universidades del Estado hizo público un comunicado en el que, tras
subrayar el valor de la Historia de la Filosofía para la formación
humanística de los bachillerares, reivindicó para ella el lugar de
materia común y obligatoria en el 2º de Bachillerato. En el número 46
de la revista Paideia, del año 98, se hacían públicas felicitaciones
y se daba las gracias a todos, en especial a la SEPFI, porque el Sr.
Nasarre, entonces Secretario de Estado para Educación, había concedido
finalmente a la Historia de la
Filosofía el lugar
reivindicado. Sin embargo, el fracaso de la Reforma Aguirre y las nuevas
elecciones del 2000 devolvió la incertidumbre en torno a nuestra
materia.
La actual Ministra de Educación, Sra. Pilar del Castillo, ha comenzado
a hacer efectivo el plan de Reforma de las Humanidades, con la aprobación,
en Consejo de Ministros de 29 de diciembre del año 2000, de un Real
Decreto de enseñanzas mínimas para la LOGSE, que viene a sustituir al
anterior Real Decreto 1179/92. El nuevo decreto prescribe la vuelta de
la Historia de la Filosofía a su lugar como materia común en Segundo
de Bachillerato; por otra parte, y sin renunciar al trabajo con los
textos y a la contextualización histórico cultural, se insiste en la
continuidad que ha de presidir la exposición de esta materia, a la vez
que se fijan los autores clásicos cuyos textos han de ser objeto de
comentario. Sin embargo, estas novedades no e5ntrarán en vigor hasta el
curso 2003-4.
La continuidad académica entre la Filosofía
I de Primero de Bachiller y la Filosofía
II(Historia de la Filosofía) de Segundo de Bachiller, prescrita por
el nuevo decreto, como ya sucedió con la prescrita por el anterior
decreto,
va a chocar con la discontinuidad académica efectiva, resultado de la
última institucionalización de la filosofía en España. La
discontinuidad académica entre la filosofía actual aplicada en las áreas
de Lógica y Filosofía de la Ciencia, de Filosofía moral y de Estética
y teoría de las artes, y la Historia de la Filosofía desarrollada
con relación a las interpretaciones fuertes pretendidas en el área de Filosofía,
se está trasmitiendo a las correspondientes materias en el Bachiller,
porque la práctica real de la ‘Filosofía’ de 1º y los materiales
utilizados en la misma, incluidos los libros publicados por las
editoriales, introducen con frecuencia los enfoques desarrollados en las
nuevas áreas, con frecuencia superpuestos de manera desconcertante con
planteamientos paralelos desde las aplicaciones filosóficas fuertes.
La continuidad expositiva, prescrita a la Historia de la Filosofía por
el nuevo decreto, será otro de los retos que tendrá que afrontar la práctica
real de esta materia en Segundo de Bachiller, sin renunciar al trabajo
con los textos y a la contextualización histórica. Porque ya hemos
visto que la fragmentariedad expositiva y la tendencia doxográfica
forman parte del estado crítico de nuestra historiografía filosófica
en las últimas décadas. Una crisis de concepción general que
contrasta con el incremento de la producción en este campo, en especial
de trabajos monográficos, y con los trabajos en torno a la historiografía
filosófica.
Notas
Izuzquiza, I., Selectividad.
Filosofía, Anaya, Barcelona 2000, p. 8).
Entre los autores de textos de Bachiller encontramos también impulsores
de estas dos tendencias, por un lado partidarios de hacer la filosofía
desde sus textos relevantes, como el grupo de autores de Lecturas de Historia de la Filosofía, y, por otro, defensores
decididos de la historia social de la filosofía, como es el caso de
Jerez Mir, desde un enfoque marxista, en su Filosofía
y Sociedad. Un manual de COU, como el de Cesar Tejedor
Campomanes Historia de la
Filosofía en su marco cultural, publicado por S:M. en 1993 ha
hecho suyas ya las dos tendencias asumidas por la LOGSE).
En sus Materiales para la Historia
de la Filosofía, publicados por Akal el mismo año 95, Julián
Arroyo Pomeda se mostraba contrario a la historia de las ideas y
proponía seguir trabajando en la práctica de la historia de la
filosofía, aunque sin discutir su posición.
Estoy de acuerdo con los que se oponen a convertir la historia de la
filosofía en una historia de las ideas por varias razones. En
primer lugar, porque se basa en una interpretación parcial del Real
Decreto, dominada por la consideración histórico cultural, sin
tomar en consideración que esa normativa habla del trabajo con
textos filosóficos, parte de la función reconstructiva de la
materia y reconoce, en fin, que el sentido inmediato y propio de la
historia de la filosofía es la filosofía misma, en continuidad
académica con la cual cumple su sentido educativo. Reconoce el
inmediato interés o sentido filosófico de la Historia de la
Filosofía, precisamente a través del cual cumple sus funciones
educativas, la primera de las cuales es, por eso mismo, la función
reconstructiva que confronta al alumno con el conocimiento de los
problemas y soluciones presentados por los filósofos en sus textos.
En segundo lugar, la historiografía disponible pone de manifiesto
que el punto del vista del historiador de la filosofía y del
historiador de las ideas son distintos, que no hay compatibilidad
posible entre ambas historias, de manera que o se reduce la historia
de las ideas a la historia de la filosofía, adoptando el punto de
vista filosófico, o se recomponen fragmentos filosóficos en algún
entramado de ideas, adoptando un punto de vista histórico cultural
más o menos gratuito. Esta incompatibilidad hace que tengamos que
optar por una o por otra, y, resultaría absurdo, convertir en
historia de las ideas una materia llamada Historia de la Filosofía.
En fin, la historiografía de la Historia de la Filosofía es rica,
en cantidad y en calidad, y no nos faltan conocimientos de su didáctica;
sin embargo, la Historiografía de la Historia de las ideas, de
manera especial en castellano, es pobre y de calidad limitada,
mientras que su experiencia didáctica es prácticamente nula.
García Moriyón había adelantado ya en 1988 esta propuesta, sin duda
del gusto de los historiadores, que se justifica a sí misma en una
lectura del Real Decreto de Mínimos que subraya las funciones
historiográfica y articuladora del sentido educativo de nuestra
materia, y que omite el sentido propio, inmediato y fundamental de
la historia de la filosofía, que no es otro que el sentido filosófico.
Sin embargo, el mencionado Real Decreto, cuando habla del trabajo
con textos filosóficos, parte de la función reconstructiva de la
materia y reconoce, en fin, que el sentido inmediato y propio de la
historia de la filosofía es la filosofía misma, en continuidad con
la cual cumple su sentido educativo.
Desde el año 96, las editoriales viene publicando para Segundo de
Bachillerato manuales de Historia de la Filosofía, no de las Ideas,
y dispuestos según las tendencias antes apuntadas. Mcgraw Hill
publicó en el 96 una Historia de la Filosofía de Juan José Abad y
Carlos Días, que insistía en exceso en el aspecto pedagógico,
sustituyendo los textos filosóficos de tamaño medio por
mamarrachos didácticos de confección casera. En el año 97 la
Editorial Santillana sacó un magnífico texto de Lledó, Granada,
Villacañas y Manuel Cruz. Anaya publicó en el año 98 la Historia
de la Filosofía de Navarro Cordón y Calvo Martínez, adaptada a
las tendencias Logse, y aligerada de contenido, como parece exigir
el nuevo alumno Logse. También en el año 98, la editorial ECIR
publicó un interesante texto de J. Guanter Castelló y J.A. Benito
Cortínez, por su manera de incorporar el trabajo con los textos en
todas las cuestiones desarrolladas. Felix Duque coordinó un
interesante libro de texto Historia
de la Filosofía y de la Ciencia (Akal, 2000) en el que parecen
aplicarse sus ideas sobre el sentido intertextual. No seguiré
mencionando textos, pero si que hablaré de un considerable esfuerzo
editorial en relación a nuestra materia. Las grandes editoriales se
han visto obligadas a utilizar firmas tras la entrega de las
competencias educativas a las comunidades autónomas.
Por poner un ejemplo, el porcentaje de alumnos que, en Cantabria,
presentaron Historia de la
Filosofía en la PAU, con respecto al total de alumnos Logse, ha
evolucionado como sigue: 11,5% (94-5), 18% (95-6), 19,5% (96-7),
18,8% (97-8), 15,3% (98-99), 14,8% (99-00). Datos semejantes se
registran en las restantes comunidades.
La SEPFI publicaba el VADEMECUM de las disciplinas filosóficas en la
reforma (Paideia, 27 [1994]), en el que Esther Blázquez
Bejarano, tras dibujar de manera precisa la nueva situación de la Historia de la Filosofía, recomendaba la los profesores una
participación activa en todas las dinámicas que dentro de los
Centros concretan el currículo y canalizan la elección de las
optativas por parte de los alumnos.
El Documento de la Comisión de Filosofía, nombrada por el MEC, contenía
las propuestas de nuestros representantes con relación a las
materias filosóficas del sistema educativo. Dicho documento, tras
requerir una educación filosófica con una “Filosofía” común
en 1º con cuatro horas semanales y una “Historia de la Filosofía”
común en 2º y también con cuatro horas semanales, se defiende el
lugar como materia común y obligatoria de ésta, si es preciso a
costa del aquella.
El diseño curricular del Decreto de Mínimos 1179/92, tanto de la
‘Filosofía’ de 1º de Bachiller, como de la ‘Historia de la
Filosofía’ de 2º de Bachiller, responde, a una concepción
sustantiva y unitaria de la filosofía y de su historia, un tanto
vaga, pero ciertamente en sintonía con los historiadores filósofos
y los filósofos historiadores del área de ‘Filosofía’, como
‘reflexión general e integradora de distintos saberes en orden a
ganar una comprensión racional y crítica del mundo y del
hombre’. En ese decreto se insiste en la continuidad académica
entre ambas materias, requerida como una condición necesaria para
que la filosofía cumpla con sus objetivos asignados por la Logse.
El nuevo Real Decreto de mínimos 3474/2000 refuerza aún más la
concepción unitaria y sustantiva de la filosofía y de su historia,
propia de las aplicaciones fuertes del área de ‘Filosofía’:
llama Filosofía I a la Filosofía de 1º y Filosofía II a la Historia de la Filosofía de 2º de Bachiller.

©
Gerardo
Bolado Transición y recepción: La Filosofía Española en el último
tercio del siglo XX. Santander: Sociedad Menéndez Pelayo / Centro
Asociado a la UNED en Cantabria, 2001. Edición digital autorizada para
el Proyecto Ensayo Hispánico. Esta versión digital
se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción
destinada a otros fines deberá obtener los permisos correspondientes.
Edición para Internet preparada por José Luis Gómez-Martínez.
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