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Vicente Fatone

(1903-1962)

Vicente Fatone fue quizás un estudioso argentino que encarnó la in-dependencia a la que estaba entregado. Tanto la obra publicada como una buena parte de sus textos todavía inéditos giran alrededor del arte y las religiones, la filosofía y la mística. Séptimo hijo de inmigrantes italianos sin escolaridad, llegados a Argentina a fines del siglo XIX, Fatone nació en Buenos Aires en 1903. Fue saludado públicamente como poeta a los dieciséis años; a los dieciocho, entusiasmado por las matemáticas, inició la carrera de ingeniería que dejó al año por la de filosofía. En 1926, obtuvo la licenciatura por la Universidad de Buenos Aires. En 1928, contrajo matrimonio y publicó su primer libro, Misticismo épico. En 1930, fue expulsado de la universidad por su antipositivismo, así como sería dejado cesante de todas sus cátedras (y encarcelado durante cuarenta días) por no adherirse al régimen peronista. En 1936, ganó una beca para estudiar en la India y la frontera con el Tíbet durante un año. De regreso, desempleado, pasó hambre.

Toda su vida, Fatone se vio obligado a desempeñar oficios dispares (por ejemplo, verdulero, cómico itinerante, creativo publicitario o actor de radioteatro). Empero, una radiante sensibilidad lo mostró como profesor, conferencista y catedrático en diversas instituciones y en cuatro universidades nacionales. Aun habiendo rechazado varios cargos públicos, aceptó ser delegado argentino ante la UNESCO (1956), Rector Normalizador de la Universidad Nacional del Sur (1956-57) y embajador de la República en la India (1957-1960). Pocos meses antes de morir (en diciembre de 1962), la Universidad Nacional del Sur le otorgó el doctorado honoris causa.

Alguna vez Italo Calvino habló de una poética del escribir breve; si hubiera leído a Fatone, habría comprobado el minimalismo del saber. Se trate del Budismo nihilista (1941), de “Arquitectura y danza” (1931), de Filosofía y poesía (1954) o de El existecialismo y la libertad creadora (1949), la inteligencia del texto sólo brota cuando el lector encuentra el punto de fundición de los mundos asentados más acá del Atlántico y más allá del Mediterráneo. Eso explica, en parte, el olvido de una obra incitante, cuya prosa es una rara epifanía en castellano. Su método fue modesto: tocar la espalda de las palabras, territorio sutil donde brota la sinestesia intelectual. Alcanzada la meta, se ocupó de pulir cinco ideas: lógica, meontología*, praxis lúdica, nada e independencia absoluta. Mana así el pétreo humor del filósofo taoísta; especialmente, cuando se sabe que entre sus libros el que más apreció Fatone fue Cómo divertir a chicos y grandes (1951), y que la muerte no le dejó concluir un texto mayor: Teoría de la mística.**

Entre sus obras, hemos seleccionado un breve ensayo, "Yo siempre tengo razón" (1939), que ejemplifica varias de las características del ensayo como género literario.

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*Fatone define el término de “meontología” como “el interés que la filosofía oriental pone en lo inexistente” (“El extremismo de la filosofía oriental”).

**Un estudio más amplio sobre Vicente Fatone, así como una selección más representativa de sus ensayos, se encuentra en Proyecto Ensayo Hispánico

 (Ricardo Laudato)

Proyecto Ensayo Hispánico