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Eugenio María de Hostos
(1839-1903)
Eugenio María de Hostos y Bonilla nace en
Mayagüez, Puerto Rico el 11 de enero de 1839 y muere en Santo
Domingo, República Dominicana, el 11 de agosto de 1903. Desde muy
joven, a los 12 años, sus padres lo enviaron a España a estudiar.
Reside en España, excepto por dos viajes breves a Puerto Rico, de
1851 a 1868, donde recibe una esmerada educación, primero en Bilbao
(estudios de secundaria) y luego en Madrid, en el ambiente liberal
del Ateneo. Desilusionado con la actitud española ante las colonias,
abandona España para dedicar el resto de su vida a la causa por la
independencia de las Antillas.
Aun cuando Eugenio María de Hostos se inició en
el campo de las letras como novelista y escribió igualmente cuentos
y poesía, su prestigio como pensador y escritor se debe
primordialmente a su extensa obra ensayística. Es una obra de
combate y de acción. Para Hostos, el ensayista es el "guardián de la
civilización" (Moral social, 1888). Como artista, persigue en
sus ensayos la expresión de la belleza, pero concibe igualmente que
"sólo es bello lo que es bueno." Sus ensayos están escritos en prosa
ágil, con frecuencia en el tono de intimidad de la página
autobiográfica, pero se trata siempre de un estilo pulido, incluso
en las páginas más personales de su diario. Su estilo se aproxima
más a la renovación modernista que a la prosa retórica de su época;
es directo y claro en el desarrollo de sus ideas, pero éstas se
expresan en proyección reflexiva, pues pretenden, precisamente,
incitar a la reflexión, adelantar una toma de conciencia que libere
al ser humano y a través de él avanzar el progreso de la humanidad.
Hostos es ante todo un moralista.
Puertorriqueño de nacimiento, educado en España, Hostos es
un ciudadano de América: residió y ejerció su magisterio en Estados
Unidos, Colombia, Perú, Chile, Argentina, Brasil, Venezuela y Santo
Domingo. Los ensayos que se recogen en las obras completas provienen
de 113 revistas publicadas en los diversos países de América y en
España, de las cuales el mismo Hostos fundó siete. Las dos revistas
que fundó en Santo Domingo, Las tres Antillas (1875) y Los
Antillanos (1875), tuvieron una repercusión tan notoria con su
pensamiento independentista, que el gobierno español presionó para
que la República Dominicana las prohibiera.
Su preocupación política y social es parte de
su visión de un humanismo integral, que demanda igualmente un
compromiso personal: "Ningún hombre más fuerte que el hombre que
cumple con su deber". En América, su lucha por la independencia
política de las Antillas (Cuba y Puerto Rico), se formula como un
imperativo del progreso humano. América se le presenta como símbolo
del futuro, donde "tres razas madres, la autóctona, la conquistadora
y la africana," están en marcha de conseguir "la fusión de las razas
en una misma civilización" ; nos habla así de una federación
antillana, de una federación de pueblos latinoamericanos, como paso
previo a "la unión de todas las naciones". Por ello, políticamente,
ve la independencia en la federación, y lucha por la abolición de la
esclavitud como paso previo a la recuperación de la dignidad humana.
Pero Hostos no ha pasado a la posterioridad por
sus actividades políticas, ni por sus polémicas. Fue ante todo un
pedagogo que luchó por un entendimiento cultural, por una educación
llamada a recuperar la dignidad humana del individuo, tan postergada
en su época en los países latinoamericanos. En esta preocupación fue
polifacético; pero hay dos dimensiones, que por su actualidad
todavía a comienzos del siglo XXI, ejemplifican lo avanzado de su
pensamiento: su lucha contra la discriminación racial y contra la
postergación de la mujer. En ambos casos considera que su superación
podía conseguirse a través de una reforma educativa dirigida a la
liberación del ser humano integral.
En la sección de antología hemos incluido su
ensayo
“Las doctrinas y los hombres”. Este ensayo de
Hostos ejemplifica su estilo y, además, sus reflexiones son todavía
pertinentes en nuestro contexto actual.
(Gómez-Martínez)
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