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Gustavo Adolfo Bécquer

(1836 - 1870)

Gustavo Adolfo Bécquer nació en Sevilla en 1836; era hijo de José María Domínguez y Joaquina Bastida, pero tanto su padre como Gustavo Adolfo prefirieron usar el apellido Bécquer de sus antepasados. En 1841 murió su padre y poco después, en 1846, su madre, por lo que Bécquer pasó a vivir con su tío Juan de Vargas. Cursó estudios en el Instituto de Segunda Enseñanza de Sevilla, al mismo tiempo que se iniciaba como pintor en el estudio de su tío Joaquín, en el que también trabajaba su hermano Valeriano. Decidido a ser escritor y conquistar la fama, Bécquer se traslado, joven todavía, a Madrid en 1854. Vivió los primeros años en la pobreza y sin conseguir el éxito que añoraba. Su hermano Valeriano, que había adquirido cierto prestigio como pintor y que se instala también en Madrid, lo acoge en su casa (Valeriano pintó el retrato que incluimos en esta página). A partir de 1860 colaboró en diversos periódicos y participó activamente en la vida intelectual de Madrid. De 1865 a 1869 desempeñó igualmente una posición administrativa de fiscal (censor) de novelas. Murió en Madrid en 1870.

Como editor, Gustavo Adolfo Bécquer concibió numerosos proyectos que buscaban recuperar el pasado artístico español, como la inconclusa Historia de los templos de España, pero todos ellos quedaron truncados y algunos nunca se llegaron a iniciar. Sus contemporáneos lo conocieron primordialmente por su labor en los periódicos y por la calidad de su prosa en publicaciones como las Cartas desde mi celda que aparecieron periódicamente en 1864. De especial interés para nosotros son dos colecciones de textos en prosa: veintidós Leyendas y cuatro “Cartas literarias a una mujer”. Las “Cartas literarias” desarrollan su concepto del arte. Las leyendas, muy populares, son quizás la expresión más perfecta de la prosa del siglo XIX.

En 1871, muerto ya Bécquer, aparece la primera edición de sus obras, que incluyen también 79 rimas (poemas breves). A partir de esta primera edición, la obra de Bécquer se difunde rápidamente por España e Iberoamérica. Después, ya en el siglo XX, los poetas jóvenes descubren en las “Rimas” de Bécquer una aproximación a la “poesía pura” que ellos anhelan y en 1936, con motivo de la celebración del centenario de su nacimiento, la crítica comenzó a considerar a Bécquer uno de los mejores poetas del siglo XIX. En la sección de antología hemos incluido las Rimas IV, LIII,  XXIV, el ensayo "La pereza" y la leyenda "El Monte de las Ánimas".

Muchos de los temas que trata Bécquer en su obra lo emparentan con los románticos, especialmente en las Leyendas. Pero en su articulación busca expresar la emoción ante lo inefable. Bécquer es un artista de la palabra, consciente de la distancia de lo sentido y las palabras que necesitamos usar para comunicarlo. En 1868, en un texto preparado para introducir sus Rimas y Leyendas, nos dice: “Entre el mundo de la idea y el de la forma existe un abismo que sólo puede salvar la palabra, y la palabra, tímida y perezosa, se niega a secundar el esfuerzo”. Para Bécquer, poesía es el éxtasis ante el mundo y sus criaturas, ante el misterio de la vida y de la muerte, y el poeta es el artesano que trata de comunicarlo con palabras; por eso nos dirá en la “Rima IV”:

Podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía.

(Gómez-Martínez)

Proyecto Ensayo Hispánico