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Duque de Rivas
(1791-1865)
Ángel
de Saavedra y Ramírez de Baquedano, nació en Córdoba, España, en
1791, en el seno de una familia ilustre de la aristocracia española
(los duques de Rivas). Recibió desde muy joven una educación
esmerada a cargo de preceptores franceses y los privilegios de su
clase: Caballero de la Orden de Malta,
capitán de caballería en el regimiento del Infante, el hábito de
Santiago... A la muerte de su padre, cuando contaba once años,
continuó sus estudios en el Seminario de Nobles (1802-1806). La
invasión de Napoleón en 1808 desgarró la vida española y Ángel de
Saavedra peleó contra los franceses en la Guerra de la Independencia
para conseguir la restauración del rey de España Fernando VII, pero
ante las arbitrariedades de éste monarca en 1920 se unió a la
oposición liberal. Su participación en pro de los valores
constitucionales motivó que en 1823 tuviera que salir desterrado; se
exilió primero a Inglaterra, luego a Malta y finalmente en París. A
la muerte de Fernando VII (1833) regresó a España y al poco tiempo,
al morir su hermano, heredó el título de Duque de Rivas, con el que
ha pasado a la historia de las letras españolas. Se mantuvo activo
en la vida política española hasta su muerte en 1865.
A pesar de su activa
participación política, el Duque de Rivas ha pasado a la historia
por su producción literaria. Desde niño se sintió atraído por la
literatura y el dibujo (pintura). Muchas de sus obras, especialmente
los romances pero también sus obras de teatro, se estructuran a
través de una sucesión de planos de gran calidad pictórica en los
que resaltan efectos de luz y riqueza de colores.
Se inició desde muy joven en la
poesía (en 1814 publicó en Sevilla su primer libro de poemas), y
destacó pronto como dramaturgo (su tragedia Aliatar, 1816, se
representó con éxito en Sevilla); sin embargo, su prestigio en la
literatura española se debe a ser identificado como el iniciador del
romanticismo español con dos obras fundamentales de gran repercusión
en su momento: El Moro Expósito (1834), un extenso poema
épico o con más precisión una leyenda novelesca, donde une a su
peculiar estilo las características de lo que se conocería como el
romanticismo español; y la pieza de teatro Don Álvaro o la
fuerza del sino (representada en 1835), obra en cinco actos,
escrita en prosa y verso y que supone una ruptura radical con la
tradición de la
Ilustración que le precede y que caracterizaba también sus obras
teatrales anteriores. Con Don Álvaro o la fuerza del sino se
inicia el teatro romántico español.
En 1841 publicó el Duque de
Rivas sus Romances históricos, exaltación de un patriotismo
romántico a través de 17
romances basados en episodios históricos desde la Edad Media a
principios del siglo XIX. Los Romances históricos constituyen
su obra más conseguida y que sigue manteniendo su actualidad. En la
antología de este curso de apreciación literaria incluimos el
romance
"Un castellano leal", que ejemplifica su arte poético y su
fuerza narrativa.
Para apreciar el valor
literario de los Romances históricos necesitamos leerlos
teniendo en cuenta los recursos retóricos que asociamos con la
poesía
y con la
narrativa. Por esta misma razón hemos incluido el romance "Un
castellano leal" en la sección de poesía y en la sección de
narrativa.
(Gómez-Martínez)
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