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Introducción a la obra dramática y su
representación
En el estudio
introductorio a los géneros literarios,
distinguíamos cuatro objetivos fundamentales en el acto de
comunicación, que son también el origen de los géneros literarios:
personal (poesía lírica),
mimético (narrativa),
persuasivo (ensayo),
y dramático (teatro). Pero mientras en los tres primeros
géneros literarios el acto de comunicación se establece a través de
la palabra escrita, la obra dramática (obra de teatro) se escribe
fundamentalmente con el objetivo de que sea representada. Las
palabras drama y teatro, que tienen un origen griego,
hacen referencia al acto de representación: drama
significa acción, actuar; teatro significa contemplar,
espectáculo. Todavía hoy día llamamos teatro al lugar donde
se representan las obras dramáticas u obras de teatro. En estas dos
palabras, teatro y drama, se encuentra también la
esencia del concepto híbrido del género, pues implican: lectura y
representación, autor y director, lector y público, actor y
personaje. Aunque en los cursos de literatura la obra de teatro se
nos presenta como un texto que leemos, debemos recordar que se
escribe para ser representada y que una lectura crítica debe tratar
de visualizar dicha representación. Con este objetivo incluimos una
“Guía para una lectura crítica de la obra de teatro” y, como
ejemplo, una propuesta de análisis de una obra en un acto de
Roberto Arlt,
La isla desierta.
1. ¿En qué sentido
hablamos del “concepto híbrido” de la obra de teatro?
Mientras la poesía, la
narrativa y el ensayo se construyen a través de palabras, en la obra
teatral la palabra es únicamente una parte de la totalidad; es decir,
es sólo una de las dimensiones de la representación. En los otros
géneros literarios se trata de la palabra escrita; en la obra de
teatro se trata de la palabra representada (la palabra interpretada
a través de cualidades fónicas precisas, acompañadas de gestos,
silencios, movimientos, etc.). Quizás podemos comprender mejor el
contexto híbrido de la obra teatral si la consideramos un punto
intermedio entre la pantomima, una representación donde se
omite la palabra, y la narrativa, la palabra sin la
representación. Los tres textos nos cuentan una historia: la
narrativa tiene la palabra sin la representación explícita; la
pantomima es representación sin la palabra; la obra de teatro
ocupa una posición intermedia, pues es la palabra representada. Los
tres esquemas que incluimos en este estudio introductorio explican de
modo gráfico este carácter híbrido de la obra dramática: el
primero es una representación esquemática del carácter híbrido de la obra de teatro; el segundo se centra en el texto escrito; y el
tercero en la representación.

2. Si la obra de teatro
se caracteriza por la palabra representada ¿Quién es el destinatario?
La naturaleza híbrida,
palabra representada, de la obra de teatro posibilita también
dos destinatarios claramente diferenciados: el lector y los
espectadores.
Como texto escrito, difundido en libros, la obra de teatro tiene
siempre como destinatario a posibles lectores. Hay también obras de
teatro que nunca llegaron a ser representadas. El lector común
tiende a leer la obra de teatro como una expresión de la narrativa;
en este caso las direcciones de escena representan una forma
peculiar del narrador, y la lectura se manifiesta como experiencia
individual. El director de una obra de teatro es primero un lector
del texto.
Como palabra representada, o sea, como espectáculo, el destinatario
deja de ser individual. La obra representada necesita del
complemento de un público que reacciona ante lo que ve y oye, a la
vez que forma un lazo de unión entre los espectadores y
actores-personajes.
3. ¿Por qué la división
entre texto primario y texto secundario, si nosotros leemos las
direcciones de escena como la voz del narrador?
Sí, eso sucede cuando
leemos la obra de teatro. La clasificación entre texto primario y
secundario no se refiere al contenido ni a la obra leída, sino a la
realidad de la obra representada: el texto primario son las palabras
habladas; el texto secundario no se pronuncia, son direcciones de
escena que guían al director y a los actores en la
representación de los personajes y de las palabras habladas.
4. ¿En qué consiste el
texto primario?
El texto primario
son las palabras representadas en el escenario y que según su
función podemos clasificar de distintos modos (haga clic en cada uno
de los siguientes términos para obtener un desarrollo más amplio con
numerosos ejemplos):
- Diálogo entre los
personajes: Suele ser la parte
más significativa del texto primario.
- Acción referida:
cuando uno de los personajes nos narra algo que sucede fuera del
escenario o en el pasado. Es el momento cuando la obra de teatro
se aproxima más a la narrativa.
- Acotaciones
habladas: denominamos así a las
direcciones de escena que están integradas en el diálogo entre
los personajes.
- Monólogo:
lo denominamos también soliloquio, para representar esos
momentos cuando uno de los personajes está hablando solo; se
trata de los pensamientos de un personaje dichos en voz alta.
- Apartes:
una de las convenciones del teatro, mediante la cual uno de los
personajes puede hablar a otro personaje o al público, y se
asume que los demás personajes en escena no pudieron oír las
palabras.

5. ¿A qué denominamos
texto secundario y cómo podemos reconocerlo?
Como señalamos
anteriormente, el texto secundario es la porción del texto
escrito que no se pronuncia durante la representación y que sirve de
guía para la construcción del espacio escénico y para la
representación. Estos textos se denominan Acotaciones o
direcciones de escena y normalmente están escritos en letra
cursiva y entre paréntesis (italics). Hay obras de teatro que
no poseen acotaciones o que tienen muy pocas. [poner títulos de
obras incluidas en el curso]
6. Antes se explicó la
“acción referida” como una narración ¿cómo diferenciamos la obra
teatral de los demás géneros literarios?
Recordemos que la
clasificación de los textos literarios en géneros es sólo un modo de
aproximarnos a la obra literaria. En el caso particular de la obra
de teatro, la única diferencia es la intención implícita de que se
escribe para ser representada. Fuera de esta diferencia que se
manifiesta en la forma y en el destino final, la obra de teatro es
una dramatización de la palabra, independiente del género literario
con que pueda ser asociada. Por esta misma razón, las
consideraciones en cuanto a los recursos retóricos estudiados en los
demás géneros, se aplican igualmente a la obra de teatro. En el
pasado, durante el siglo XVI y XVII, en el momento en que triunfaba
la comedia española, las obras de teatro se escribían en verso. El
romance, la redondilla, el soneto y la
octava real constituían formas de versificación que
representaban convenciones precisas de la obra de teatro. La
reflexión del ensayo y la motivación al diálogo han estado presentes
en el teatro en todos los tiempos: desde el carácter filosófico de
la obra de Calderón en el siglo XVII, a la reflexión del teatro del
oprimido de Augusto Boal en nuestros días. Pero entre todos los
géneros literarios, la narrativa es el género más próximo a
la obra dramática. La obra de teatro comunica también una
historia, aunque sea representada (con frecuencia tiene
igualmente partes narradas). Y, como historia, posee, igual que la
narrativa, un desarrollo, un clímax, puntos
decisivos, desenlace, etc. Como la narrativa, la obra de
teatro desarrolla también su historia con el artificio de un
discurso, donde a la trama se unen los múltiples recursos
de la representación (luces, vestuario, tono de voz, silencios,
etc.), para dar lugar a una interpretación explícita.
7. ¿Qué quiere decir
una interpretación explícita?
La representación de una
obra de teatro es ya una interpretación del texto escrito y como tal
contiene elementos que no están o pueden no estar en el texto
escrito (tanto en el texto primario como en el texto secundario). No
nos referimos ahora a las modificaciones en el texto que pueda
introducir el director, sino a elementos implícitos en el texto
escrito, como el vestuario, el maquillaje, los sonidos, las luces,
el tono de la voz, etc. Todos estos elementos, como ya señalamos,
pueden estar implícitos en el texto escrito, pero dependen de la
imaginación de cada lector. La obra representada nos presenta la
“imaginación” de un lector en particular: el director de la obra
teatral. En este sentido la obra representada es ya una
interpretación de la obra escrita. Las palabras habladas pueden ser
las mismas, pero los personajes se mueven en el escenario y, junto a
las palabras, se comunican con los espectadores a través de sus
gestos, movimientos, tono de voz, silencios y el diálogo sin
palabras con que las personas interaccionan entre sí. Por esta misma
razón, una obra de teatro puede tener múltiples posibles puestas en
escena: múltiples interpretaciones de un mismo texto.

8. Si toda
representación es ya una interpretación, ¿cómo se caracteriza la
relación entre el dramaturgo y el director?
El dramaturgo es el autor
de la obra, es el creador del texto. Como señalamos antes, el
dramaturgo crea su texto para ser representado; es decir, desde el
comienzo el texto posee dos dimensiones precisas: La dimensión
literaria y la dimensión espectacular. Con la expresión
dimensión literaria nos referimos principalmente al texto
primario. La dimensión espectacular es el texto (primario
y secundario) más el espacio escénico. El director, que es
primero un lector, al poner en escena una obra de teatro, va a
interpretar el texto y las direcciones que proporciona el dramaturgo,
pero las direcciones de escena y el texto mismo limitan su
participación a una interpretación.
9. Comprendo la
diferencia entre dimensión literaria y dimensión espectacular, pero
¿de qué modo interviene el texto en la representación, más allá de
proporcionar las palabras para el diálogo?
Muchos de los elementos de
la representación se encuentran ya presentes en el texto primario.
Lo mismo que en poesía hablamos de sílabas y estrofas como unidades
estructurales del poema, en la obra de teatro la unidad más simple
es la escena, luego la obra se estructura en actos.
Las escenas cambian cuando los personajes entran o salen del
escenario (el escenario es el lugar donde se
representa la obra). La escena, en este sentido, además de la
unidad estructural de la representación, es también la unidad
que establece el ritmo en el que ha de proceder la representación.
Así, incluso las obras de teatro que no incluyen explícitas
direcciones de escena, determinan el ritmo de la obra
representada según el modo como agrupan el diálogo en
escenas.
10. El director sigue e
interpreta las direcciones del dramaturgo ¿cómo construye luego la
representación?
En efecto, el dramaturgo
proporciona la estructura de la obra en escenas y la división
en actos. También contiene referencia al espacio referido
a través de la acción referida que los personajes intercalan
en su diálogo. La función del director es estructurar todos esos
elementos a través de actantes (actantes pueden ser
los personajes, la utilería, los sonidos, las luces,
vestuario, coreografía, etc., incluso el público: todo aquello que
interviene en la representación de la obra). No obstante,
para los efectos de esta introducción vamos a distinguir entre los
actores y los actantes. Los actores son las
personas que bajo la dirección del director y la guía del dramaturgo
(a través de las acotaciones), van a representar la palabra
escrita (los elementos verbales), interpretada con elementos
mímicos, para crear los personajes que van a representar la
historia. Vamos a reservar el término de actante para
aquellos elementos (objetos, sonidos, luces, etc.) que pueden
adquirir durante la representación la categoría de personaje
(bajo el término actante exponemos numerosos ejemplos de los
textos incluidos en este curso).
11. ¿En qué sentido
puede ser el público un actante?
Mientras la obra leída
suele ser un acto individual, la obra representada es siempre un
acto colectivo. El público que presencia una representación
participa con frecuencia en el desarrollo de la obra a través de sus
reacciones colectivas: risa, silencio, exclamaciones de sorpresa, de
miedo, etc. Sobre todo en el siglo XX, el teatro experimental
incluía en el texto secundario indicaciones para provocar o
interactuar con el público. Con este propósito se experimenta
también con la forma y el emplazamiento del escenario.
12. Las consideraciones
expuestas hasta aquí parecen también coincidir con las
representaciones cinematográficas ¿existen diferencias entre ambos
modos de representación?
Es cierto que en ambos
casos se trata de la palabra representada, pero el arte
cinematográfico merece un capítulo aparte que sale fuera de los
objetivos de este curso de introducción a la literatura centrado en
la palabra escrita. No obstante, sí que conviene mencionar dos
diferencias básicas entre ambas representaciones. Una tiene que ver
con la técnica y la otra con el uso que se hace de dicha técnica.
Con la primera aludimos a la eliminación de los límites que impone
un escenario físico: todo espacio referido puede ser
representado en la obra de cine. La segunda diferencia se refiere a
la substitución de nuestro campo visual por el campo visual de la
cámara. Examinemos esta relación en tres niveles de interpretación:
a) el texto escrito; b) la representación en una sala de teatro; y
c) la representación cinematográfica.
A) El texto escrito impone un mínimo de obstáculos a nuestra
interpretación sobre la apariencia de los personajes, como se mueven,
como se viste, como reaccionan, etc. El lector posee un máximo de
libertad al interpretar la obra escrita.
B) En la obra de teatro el director interpreta el texto, pero
nosotros, como público, tenemos libertad individual de concentrarnos
en partes del escenario, en uno u otro personaje, en su movimiento o
en sus expresiones faciales.
C) En la obra cinematográfica el punto de vista de la cámara decide
qué es importante, así, por ejemplo, se enfoca en la expresión de
una cara, pero nos impide ver todo lo demás que podía estar
sucediendo en la escena.
(Gómez-Martínez)
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