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Analogía

Denominamos analogía a las relaciones de semejanza entre cosas distintas. Pero en la actualidad, el término analogía es polifacético y adquiere significados que son peculiares de los distintos campos del saber en los que se usa: en filosofía se estudia como un método; En pedagogía se presenta como una aplicación didáctica; en lingüística es un proceso creador del idioma, etc. Para los efectos de esta introducción a la literatura lo vamos a interpretar como un recurso retórico, como una forma de establecer relaciones y de inferir significado.

La analogía, sea metafórica o no, conecta diferentes campos semánticos para relacionar experiencias distintas y proyectar así un nuevo nivel de significado. Veamos el siguiente ejemplo del ensayo “Error IV” de Zabaleta, que trata sobre el acto de conversar en los banquetes:

“Vigor tiene de espada la lengua. No siempre la espada ofende. Buena es cuando defiende. No es mala cuando adorna. La lengua cuando ofende es perversa, cuando defiende es precisa y cuando deleita es gala.”

En este ejemplo, Zabaleta establece una relación analógica entre un órgano de nuestra boca, “la lengua”, y un arma, “la espada”. En el lenguaje popular se dice que una persona “tiene mucha lengua”, para decir que esa persona “habla mucho” (la “lengua”, como metonimia del acto de hablar). La analogía establece tres relaciones que se corresponden: la “espada” como arma defensiva, como arma ofensiva y como adorno, que concuerdan con “la palabra” que defiende, la palabra que ofende y la palabra que entretiene.

Al establecer la relación analógica entre dos cosas, se resaltan las semejanzas o cualidades a la vez que se ignoran las diferencias; es decir, en literatura la analogía no implica similitud, sino punto de apoyo para proyectar un nivel superior de significación. En el siguiente ejemplo del ensayo “La pereza” de Bécquer, se establece una analogía, dentro de la cultura cristiana, entre el destino de una rueda y el del ser humano después de ser expulsado del Paraíso Terrenal (el ser humano como una rueda de la máquina de la creación):

“¡Dichosa edad, y dichosos tiempos aquellos en que el hombre no conocía el tiempo, porque no conocía la muerte, e inmóvil y tranquilo gozaba de la voluptuosidad de la pereza en toda la plenitud de sus facultades! Caímos del trono en que Dios nos había sentado [fuimos expulsados de Paraíso Terrenal]; ya no somos los señores de la creación, sino una parte de ella, una rueda de la gran máquina, más o menos importante, pero rueda al fin, y condenada por lo tanto a voltear y a engranarnos con otras, gimiendo y rechinando, y queriéndonos resistir contra nuestro inexorable destino.”

Otro ejemplo, también de “La pereza” de Bécquer, en el que se establecen dos analogías; la primera entre nuestra vida y un puente (el concepto de transición); la segunda entre la actividad humana y la actividad de seres microscópicos. En ambos casos se desea resaltar lo efímero de nuestra vida en la tierra; en el primero como un puente que une dos eternidades, la de antes de nacer y la de después de morir; la segunda analogía, basada en la primera, juzga la trascendencia de nuestras acciones al compararlas con las de seres microscópicos cuya vida dura apenas unos minutos:

“Vamos de una eternidad de reposo pasado a otra eternidad futura por un puente, que no otra cosa es la vida: ¡A qué agitarnos en él con la ilusión de que hacemos algo agitándonos!
Yo he visto con el microscopio una gota de agua, y en ella esos insectos apenas perceptibles, cuya existencia es tan breve que en una hora viven cinco o seis generaciones, y he dicho al mirarlos moverse: —¿Si creerá ese bichejo que hace alguna cosa? Para afanarnos en el mundo, sería menester que nos pusiesen una montera que nos tapara el cielo, de modo que la comparación con su inmensidad no hiciera tan sensible nuestra pequeñez.”

Podemos concluir estas notas sobre la analogía con una cita del ensayo “Analogía e ironía” del ensayista y poeta Octavio Paz:

“La analogía es la ciencia de las correspondencias. Sólo que es una ciencia que no vive sino gracias a las diferencias: precisamente porque esto no es aquello, es posible tender un puente entre esto y aquello. El puente es la palabra como o la palabra es: esto es como aquello, esto es aquello. El puente no suprime la distancia: es una mediación; tampoco anula las diferencias: establece una relación entre términos distintos.”

 

(Gómez-Martínez)

Proyecto Ensayo Hispánico