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Apóstrofe
El apóstrofe es una
figura retórica que "consiste en cortar de pronto el hilo del
discurso o la narración, ya para dirigir la palabra con vehemencia
en segunda persona a una o varias presentes o ausentes vivas o
muertas, a seres abstractos o a cosas inanimadas, ya para dirigirse
a sí mismo en iguales términos" (Diccionario de la Real Academia).
Juan Ramón Jiménez usa el apóstrofe en la última estrofa del
poema
"Vino, primero, pura":
Y se quitó la túnica, y apareció desnuda toda… ¡Oh pasión de mi vida, poesía desnuda, mía para siempre!
Es decir, el apóstrofe
es una figura retórica que consiste en dirigir la palabra en tono
emocional (los antiguos la llamaban exclamatio) a una persona
o cosa personificada (véase su relación con la
prosopopeya o
personificación). Los siguientes ejemplos provienen de textos que se
incluyen en la antología de esta introducción a la literatura:
Digo en voz baja mi deseo y ella: “No. Volverás a mí cuando aprendas los gestos y palabras de los dioses. Vuelve cuando hayas aprendido a contemplarme. Ver es humano y contemplar, divino”. (Manuel Mantero,
"En lo alto")
Vida, ¿qué puedo yo darle a mi Dios que vive en mí, si no es perderte a ti para mejor a Él gozarle? (Santa Teresa de Jesús,
"Vivo sin vivir en mí")
¡Oh noche que guiaste!; ¡oh noche amable más que el alborada!; ¡oh noche que juntaste Amado con amada, amada en el Amado transformada!
(San Juan de la Cruz,
"Noche
oscura")
—Si tú quisieras, Granada,
contigo me casaría; daréte en arras y dote a Córdoba y a Sevilla. ("Abenamar, Abenamar")
Nota: No debemos confundir
el término apóstrofe (la figura retórica que estudiamos aquí)
con el de apóstrofo que se refiere a un signo ortográfico (')
corriente en el español antiguo y que todavía se usa al transcribir
el leguaje coloquial, por ejemplo: "m'hija", "pa'que vengas"
(Gómez-Martínez) |