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El acto de comunicación
El acto de comunicación a
través del texto escrito ha iniciado en las últimas décadas una
transformación radical. Tradicionalmente se privilegió
al autor
y la lectura de un texto era un intento por descubrir lo que el
autor(a) quiso decir. Se consideraba el texto escrito como fuente de
autoridad. El símbolo más poderoso en la cultura occidental es el
texto de la Biblia.
A mediados del siglo XX se
empezó a cuestionar la posibilidad de un mensaje unívoco y
universal. El texto —todo texto— aparece ahora como un producto de
sus múltiples contextos y como algo mutable en el tiempo y por lo
tanto con significados independientes de su autor(a). Es decir, se
pasa a una etapa en la que se privilegia
el texto como centro
del acto de comunicación y como productor de significado.
Para finales del siglo XX,
la inestabilidad de los signos y la multiplicidad de los posibles
significados de un mismo texto parecían anular el acto mismo de
comunicación. Se había destacado correctamente que el autor(a)
dependía de un
proceso de codificación en un contexto
socio-cultural, y también que el significado de un texto no era
inalterable, sino algo dinámico en su contextualización a través del
tiempo y del espacio. Pero en este proceso se había olvidado al
lector: el punto final de la comunicación. El diálogo se inicia, es
cierto, con el autor y la comunicación se hace a través de un texto,
pero esa comunicación sólo tiene lugar cuando el texto es leído e
interpretado por un lector. Se inicia así una nueva etapa, la
actual, en la que se enfatiza el diálogo mismo y con ello se
privilegia
al lector en el acto de comunicación.
Podemos representar estas tres
etapas de un modo gráfico —valor
direccional de las flechas—
de la siguiente manera:
1.
Se privilegia al autor:
emisor → mensaje
→ receptor
[Se habla de un emisor, de un mensaje y de un receptor para
indicar lo inmutable del mensaje que se transmite: el mensaje
del "emisor" se reproduce exactamente en el "receptor".]
2.
Se privilegia el texto:
emisor ← mensaje
→ receptor
[Se prueba la inestabilidad del "mensaje", pero el concepto
de un "mensaje" sigue siendo la razón de la búsqueda, aun cuando
se pruebe su mutabilidad y por lo tanto se destruya la
pretensión de un valor universal y unívoco.]
3.
Se privilegia al lector:
autor ↔ texto
↔ lector
[Se reconoce que las tres etapas son necesarias y de mutua
influencia, pero también que la comunicación humana se
diferencia de la comunicación mecánica: no se trata de un
emisor, un mensaje y un receptor como, por ejemplo, en el caso
del teléfono en el que el emisor pronuncia una palabra que luego
se codifica digitalmente, para reproducirse exactamente en el
teléfono receptor. En la comunicación humana debemos regresar de
nuevo a los conceptos de un autor(a), de un texto y de un
lector(a), cada uno de ellos inmerso en un proceso dinámico de
contextualización.]
Hagamos uso de un ejemplo
que lleve a la práctica las tres etapas anteriores. Vamos a
aplicarlas a un suceso histórico: la llegada de Cristóbal Colón a
América en 1492:
1.
El mensaje desde la
perspectiva del autor: La
primera etapa, que se conoce como la modernidad, se
proyecta en imposición logocentrista: la verdad como algo
transferible, como algo atemporal y universal. Por ello se habla
de la llegada de Colón a América como “descubrimiento”:
Cristóbal Colón descubre América en 1492. Es decir, el centro
europeo como portador de un significado con valor universal.
2.
El mensaje independiente
del autor: La segunda etapa es
un periodo de transición que se conoce como la posmodernidad.
El texto se analiza en sí mismo en sus múltiples posibles
significados, sin un referente que permita la comunicación. Así,
entre los muchos discursos posibles ante la llegada de Colón, se
habla de "la conquista de América", de "la destrucción de
América", del "descubrimiento de América", o se opta por usar el
término más neutro de “el encuentro con América”. Cada uno de
estos códigos (interpretaciones) surge independiente e
indiferente de los demás.
3.
El mensaje se
contextualiza en el lector: La
tercera etapa, que coincide con nuestro momento actual, ve la
realidad como algo dinámico y busca el diálogo.
El texto en este caso, la llegada de Colón a
América en 1492, se leerá como descubrimiento desde una
perspectiva europea; como conquista desde la perspectiva de la
Colonia; como saqueo y destrucción desde la perspectiva de los
pueblos precolombinos. Es decir, la codificación e
interpretación de este texto incluye todas esas perspectivas
como complementarias, pues el concepto de “descubrimiento”,
legítimo desde la perspectiva española, no se comprenderá en su
amplio significado si no se considera que fue también
“conquista” y “destrucción”.
El autor contextualiza el
acto de comunicación en un texto; es decir, en un sistema de signos
que corresponde a un contexto socio-cultural. Ambos, autor y
contexto social, se encuentran en una relación de mutua influencia.
Y si bien siguen procesos semejantes, nunca llegan enteramente a
coincidir. El producto de este intento de comunicación es un texto
(sistema dinámico de signos). La comunicación, sin embargo, sólo se
efectúa en el lector (incluso en la lectura que el propio autor
pueda hacer de su obra).
Visto de este modo el acto
de comunicación, podemos afirmar que el texto en sí no significa. El
significado reside en el lector y en la apropiación que éste haga
del texto. De ahí el cambio de paradigma; la perspectiva se traslada
ahora al lector. No se trata de un texto con múltiples significados,
sino de un lector (o múltiples lectores) que se apropian del texto
desde múltiples contextos y con diversos objetivos.
(Gómez-Martínez) |