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Fábula
La palabra fábula
es multifacética. En el lenguaje coloquial es frecuente la expresión
“es una fábula” para indicar que es mentira. En el contexto de esta
de introducción a la literatura usamos el término fábula con
dos sentidos precisos: 1. fábula como una dimensión del
relato; 2. un tipo de narración en prosa o en verso.
Fábula (relato)
Para evitar confusiones,
en esta introducción a la literatura no hacemos uso del término
fábula o lo usamos como sinónimo de “historia”. La crítica
literaria distingue dos dimensiones en el relato: a) la
secuencia cronológica de los sucesos en su relación de causa efecto,
que denomina fábula; y b) la trama, o el orden con que
el autor narra los acontecimientos. Es decir, la fábula es la
historia sin las distorsiones temporales y la trama es cómo
el autor dispones los sucesos modificando el orden cronológico de
los mismos, que puede anticipar, posponer o incluir relatos
intercalados o el uso del flash-back.
Fábula (narración)
Denominamos fábula
a una composición, en prosa o en verso, generalmente breve y en
torno a un asunto muy simplificado, cuyos protagonistas son animales
o seres inanimados con características humanas. La fábula se
propone una enseñanza mediante temas moralizantes o satíricos.
Tradicionalmente las fábulas terminaban con unos versos o
líneas donde se exponía la moraleja. El siguiente poema de Tomás de
Iriarte (1750-1791), "Los dos conejos",
ejemplifica bien las características de la fábula tradicional:
es breve, los protagonistas son animales, desarrolla una historia
muy simplificada, satiriza un tipo de comportamiento, al final
expresa de modo explícito la enseñanza que aporta el poema
(para un estudio más amplio véase
"Teoría de la fábula").
Los
dos conejos
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Por entre
unas matas,
seguido de perros,
no diré corría,
volaba un conejo.
De su
madriguera
salió un compañero
y le dijo: “Tente,
amigo, ¿qué es esto?”.
“¿Qué ha de
ser?”, responde;
“sin aliento llego...;
dos pícaros galgos
me vienen siguiendo”.
“Sí”, replica
el otro,
“por allí los veo,
pero no son galgos”.
“¿Pues qué son?” “Podencos”. |
“¿Qué?
¿Podencos dices?
Sí, como mi abuelo.
Galgos y muy galgos;
bien vistos los tengo”.
“Son
podencos, vaya,
que no entiendes de eso”.
“Son galgos, te digo”.
“Digo que podencos”.
En esta
disputa
llegando los perros,
pillan descuidados
a mis dos conejos.
Los que por
cuestiones
de poco momento
dejan lo que importa,
llévense este ejemplo. |
(Gómez-Martínez) |