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El lector de ensayos debe ser activo

Entre las características del ensayo destacan dos en su relación con el lector: su carácter dialogal y el deseo explícito de sugerir y motivar al lector a proyectar en sí mismo lo leído. El texto del ensayo debe propiciar que la lectura sea reflexiva a la vez que requiere un lector activo que cuestione y dialogue con el ensayo.

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Hemos señalado ya que una de las funciones primordiales del ensayo es la de sugerir al lector Ello, sin embargo, presupone la existencia de un lector dispuesto a proyectar en su propio mundo interior lo que para él se inicia en el ensayo. Unamuno se expresa al particular en términos precisos: "Mi empeño ha sido, es y será que los que me lean, piensen y mediten en las cosas fundamentales, y no ha sido nunca el de darles pensamientos hechos" (Mi religión). El ensayista, en ocasiones, incluso elimina la posibilidad de una aceptación pasiva de las reflexiones desarrolladas; así Borges, cuando finaliza su ensayo "El sueño de Coleridge" con las siguientes palabras: "Ya escrito lo anterior, entreveo o creo entrever otra explicación". Del mismo modo que una obra de teatro es algo incompleto hasta que no ha sido representada y su verdadero valor no lo tiene para el lector, sino para el público que presencia su representación, de manera semejante el ensayo necesita de un lector que lo medite; el lector es así el otro miembro preciso para que tenga lugar el diálogo que se propone el ensayista.

Así interpretado, el valor del ensayo depende en cada momento del lector y de las sugerencias que a éste sea capaz de suscitar. Y un ensayo será tanto mejor cuanto mayor y más variado número de personas reaccionen ante su lectura. El ensayista, por su parte, recuerda con frecuencia al lector su deber de ser un miembro activo en el diálogo que se trata de establecer. Con este propósito Ortega y Gasset señala: "Yo invito al lector preocupado de las cuestiones artísticas a que lea lo que sigue y lo medite algunos minutos"; Unamuno, todavía más cercano a la esencia del ensayo, indica: "Examinar digo, y mejor diría dejar que examine el lector, presentándole indicaciones y puntos de vista para que saque de ellos consecuencias, sean las que fueren". De aquí se desprende que la lectura de ensayos sea una lectura lenta y llena de interrupciones, motivadas por las proyecciones que al lector le sugieren las ideas que se desarrollan en el texto. Por otra parte, y en ello reside su valor social, el lector que reacciona ante un ensayo y cuyas reflexiones le conducen a un nuevo entendimiento, se ve también impulsado a comunicarlo con aquellas personas cuya conversación frecuenta.

 

[Fuente: José Luis Gómez-Martínez. Teoría del ensayo. México: UNAM, 1992. La versión que incluimos aquí está resumida y la hemos modificado para ajustarla mejor a los objetivos de esta Introducción a la literatura. Para un desarrollo más extenso de este tema véase "El lector de ensayos debe ser miembro activo"]

(Gómez-Martínez)

Proyecto Ensayo Hispánico