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Actualidad del tema tratado

El carácter eminentemente actual de los periódicos nos muestra ejemplos precisos de lo que el concepto actual significa en el contexto de un ensayo. En las primeras páginas de un periódico se describe, por ejemplo, un acto terrorista —dónde, cuándo, los autores, los daños causados—; el mismo periódico puede incluir en la página editorial un ensayo en el que se reflexiona sobre el terrorismo —causas, implicaciones para la sociedad, reflexiones para comprenderlo y para superarlo, sugerencias que motiven nuestra reflexión—. Los dos textos tratan temas de actualidad. El valor del artículo depende de la información que provee; el valor del ensayo depende de las reflexiones que motiva en cada lector. El artículo pierde valor con el paso de los días (incluso con el paso de las horas); el ensayo transciende el tiempo.

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Del carácter esencialmente comunicativo del ensayo, en su intento de establecer un lazo de diálogo íntimo entre el ensayista y el lector, se desprende la necesidad de su contemporaneidad en el tiempo y en el ambiente. Pero el concepto actual no sólo hace referencia a los sucesos del presente, los cuales si no se los somete a una visión en perspectiva y se los eleva a un plano de trascendencia, sólo poseen el caduco valor de la novedad, sino que significa con más propiedad un replanteamiento de los problemas humanos ante los valores que individualizan y diferencian a cada época de las precedentes.

Es decir, lo actual se encuentra en esa actitud, siempre implícita en todo buen ensayo, de cuestionar los valores establecidos. Tal es el sentido del ensayo "Ayacucho", de Hostos. La batalla de Ayacucho (1824) en sí no le interesa al ensayista; lo que le importa es Ayacucho como símbolo, como ruptura de un orden, como pieza angular que sostendrá su reconstrucción de un proceso histórico, cuya proyección explícita es la liberación del estado colonial del Puerto Rico de su tiempo. Ayacucho, como símbolo de la independencia política de la Iberoamérica continental, se convierte así en un jalón más de un proceso todavía inconcluso: "El ideal cristiano no cabía en la unidad católica, y la rompió. El ideal social no cabía en la unidad monárquica, y la rompió. El ideal del progreso no cabía en la unidad territorial, y la rompió".

El ensayista, en su diálogo con el lector o consigo mismo, reflexiona siempre sobre el presente, apoyado en la sólida base del pasado y con el implícito deseo de anticipar el futuro por medio de la comprensión del momento actual. Mas la conexión con el "momento actual" arranca, precisamente, de un cuestionamiento liberador de los valores culturales dominantes.

El ensayista escribe, es verdad, desde y para una época, por lo que los temas y la aproximación a ellos estarán forzosamente subordinados a las circunstancias del presente vivido. En el ensayo de Hostos anteriormente citado, se señalan explícitamente las alternativas: "A los ojos de una historia filosófica, Ayacucho empezó en 1533. A los ojos de la crítica, Ayacucho empezó en 1810. Sólo a los mal abiertos de la narrativa empezó y acabó el 9 de diciembre de 1824". Las reflexiones de un ensayo no tienen que girar necesariamente sobre temas filosóficos o literarios, cualquier aspecto es propicio. Lo literario, como señalamos bajo "voluntad de estilo", se refleja en la dimensión artística de cómo lo dice, y el carácter filosófico se exterioriza al colocar lo actual en perspectiva de la condición humana y buscar así que transcienda el espacio y el tiempo.

 

[Fuente: José Luis Gómez-Martínez. Teoría del ensayo. México: UNAM, 1992. La versión que incluimos aquí está resumida y la hemos modificado para ajustarla mejor a los objetivos de esta Introducción a la literatura. Para un desarrollo más extenso de este tema véase "Actualidad del tema tratado"]

(Gómez-Martínez)

Proyecto Ensayo Hispánico