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El ensayo y las citas

El carácter de reflexión del ensayo ante la propia herencia cultural, motiva que sean frecuentes las referencias a las fuentes que establecen los temas de actualidad. Pero estas referencias —citas textuales en algunos casos— se encuentran en función del ensayo; es decir, sirven únicamente como perspectivas en el desarrollo de un pensamiento. Su objetivo no es el de corroborar un dato o confirmar una afirmación. Por esta razón no se busca la precisión en la cita, que es algo esencial en el artículo especializado o erudito.

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En otra sección quedó ya indicado que el público presente en la mente del ensayista es el representado por "la generalidad de los cultos". No se pretende con esto decir que el ensayo no se dirija también al especialista. Claro que sí. Precisamente lo ensayístico, al no aspirar exclusivamente a la comunicación de datos, no encuentra límites en los conocimientos del lector. Por otra parte puede prescindir de las notas eruditas. El verdadero ensayista, por ejemplo, sólo en ocasiones muy especiales hará uso de notas al pie de la página; y esto nos lleva al meollo de nuestro tema: las citas, numerosas en los ensayos, tienen valor por sí mismas en relación con lo que el ensayista nos está comunicando; importa destacar que alguien creó una idea, representada en la cita, pero el "quién", y el "dónde" carecen en realidad de valor. No son las citas importantes por quién las dijo, sino por su propia eficacia. Y el hecho de señalarlas como citas es sólo con el propósito de indicar que no son de propia cosecha, sino que forman parte del fondo cultural que se trata de revisar.

La imprecisión en las citas de los ensayos se relaciona comúnmente con la exactitud en la transcripción de las mismas; pero son también frecuentes las imprecisiones en el autor, e incluso en el autor y texto de una misma cita. Desde los comienzos de la tradición ensayística, los escritores de ensayos podrían haber dicho de sus citas empleadas, lo indicado por Maeztu: "de cuya letra me he olvidado, pero cuyo fondo se me ha grabado indeleblemente en la memoria". La inexactitud, por otra parte, no quita eficacia al contenido de la cita. Al contrario, la refuerza al darle el peso de algo espontáneo y sentido profundamente. Nada más oportuno al propósito que las siguientes palabras de Santa Teresa: "El mismo Señor dice: Ninguno subirá a mi Padre sino por mí (no sé si dice así, creo que sí), y quien me ve a mí, ve a mi padre". Y es que el ensayista no cita con el propósito del científico.

Analicemos, en su contenido, las siguientes palabras de Pérez de Ayala: "Después de publicar don Miguel de Unamuno no sé cuál de sus novelas, alguien, no sé quién, le dijo: 'eso no es una novela'. Y Unamuno replicó: 'Pues llámela usted nivola'" (IV: 909). Pertenecen estas palabras a su ensayo "la novela y la nivola", en el que trata de probar que lo bien escrito, lo que tiene personalidad no necesita ser clasificado, pues sea cual sea la etiqueta que se le ajuste, no por ello aumentará o disminuirá en su valor. En este ensayo, Pérez de Ayala consigue dar a una cita particular un valor universal, precisamente omitiendo el autor del juicio y la obra de Unamuno a la que se refería. Pérez de Ayala no pretende demostrar si tal o cual obra de Unamuno es o no novela ni si el crítico que intentaba negarle la categoría de novela llevaba o no razón. El se propone tan sólo reflexionar sobre la eficacia de las clasificaciones y sugerir que la obra de arte tiene valor por sí misma.

La técnica de la cita ha evolucionado desde los comienzos de la tradición ensayística hasta nuestros días. Antonio de Guevara (siglo XVI), sin respeto al concepto de la verdad, no sólo imaginaba fuentes ficticias y creaba escritores y filósofos, sino que atribuía a éstos y a los conocidos de la antigüedad, ideas de su propio ingenio. Es decir, subordinaba, hasta el extremo, la cita al contenido, y su función era sólo la de convencer al lector con el apoyo de una aparente erudición. Con Montaigne (siglo XVII) las citas dejan de ser ficticias, pero siguen siendo un soporte erudito. En Unamuno y Ortega y Gasset (siglo XX) la cita se encuentra ya incorporada en el texto como parte integrante de la reflexión, sin que ello motive alteración alguna en el ritmo de la prosa.

 

[Fuente: José Luis Gómez-Martínez. Teoría del ensayo. México: UNAM, 1992. La versión que incluimos aquí está resumida y la hemos modificado para ajustarla mejor a los objetivos de esta Introducción a la literatura. Para un desarrollo más extenso de este tema véase "Imprecisión de las citas en el ensayo "]

(Gómez-Martínez)

Proyecto Ensayo Hispánico