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El ensayo como forma de pensar

La estructura del ensayo es orgánica; es decir, las ideas surgen unas de las otras, por lo que se opone a la sistematización del tratado. El ensayista transcribe el pensamiento según fluye en su mente. Cuando decimos que el ensayo es una forma de pensar, queremos decir que está escrito como diálogo íntimo del ensayista consigo mismo.

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La condición peculiar del ensayo reside en una armoniosa simbiosis de la idea con la voluntad de estilo: las ideas expresadas de forma artística. La transcripción del pensamiento según fluye a la mente del ensayista, se opone a la sistematización del tratado. Pero el buen ensayo nos absorbe de tal modo en el proceso generativo de las ideas, que el "desorden" en que puedan surgir las ideas es imperceptible al lector. El ensayo "Mi religión" de Unamuno refleja bien el arte de escribir un ensayo.

La aparente espontaneidad con la que parece expresarse el ensayista se refiere, es verdad, a la etapa decisiva en el proceso de escribir un ensayo, pero no es la única. Esta espontaneidad sigue a una profunda y quizás larga meditación; y es seguida por una reexaminación de lo ya escrito, donde se pule el estilo y se precisan las ideas. El ensayista se siente reaccionar ante una situación y transcribe la reacción misma con la espontaneidad con que es sentida; pero tal reacción, a su vez, es producto de una previa meditación. De hecho la espontaneidad no reside en la esencia de lo que se dice, sino en el método y camino seguido.

De lo dicho anteriormente se deduce que el proceso de escribir un ensayo está dividido en tres etapas: una preliminar en la que se medita sobre el tema a tratar; otra, la más fundamental, en la que se escribe el ensayo; y una tercera en la que se corrige y perfecciona lo ya escrito. Mientras estas tres etapas son, en su orden general, comunes a los otros géneros literarios, las relaciones entre ellas poseen un carácter peculiar en el ensayo. La primera, la meditación, es tan independiente del ensayo mismo, que si bien es el primer paso para la creación de éste, se encuentra, no obstante, completamente desligada del proceso mismo de creación. Es decir, no toda meditación va a estar seguida de un ensayo, y el ensayista nunca se pone a meditar como camino a seguir para escribir un ensayo.

El ensayista no sólo se vale en el desarrollo del ensayo de un proceso de asociaciones, sino que cuenta también con la capacidad del lector para establecer otras nuevas en un intento de proyección en infinitas direcciones y a diversos planos de profundidad. Naturalmente, esto motiva que un ensayo pueda comenzar en cualquier momento; y del mismo modo que no existe un principio definido, también puede terminarse en cualquier página. Los temas se introducen y se abandonan según las conveniencias del momento. Y el lector interesado en lo escrito, continúa él mismo aquellas proyecciones interrumpidas por el autor, sin pensar por un momento en ir a buscar en otras páginas una posible continuación. La realidad es que un ensayo no se puede continuar. Podemos, si así lo deseamos, escribir otro ensayo sobre el mismo tema, e incluso que sea complementario del anterior, pero al haber variado las circunstancias que dieron lugar al primero, el enfoque del nuevo ensayo será también distinto. El propósito de un buen ensayo es únicamente mostrar un camino.

 

[Fuente: José Luis Gómez-Martínez. Teoría del ensayo. México: UNAM, 1992. La versión que incluimos aquí está resumida y la hemos modificado para ajustarla mejor a los objetivos de esta Introducción a la literatura. Para un desarrollo más extenso de este tema véase "El ensayo como forma de pensar"]

(Gómez-Martínez)

Proyecto Ensayo Hispánico