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Imagen
Aunque el término
imagen lo asociamos comúnmente con algo que percibimos a través
de la vista, en literatura y especialmente en poesía se refiere a
una palabra o serie de palabras que expresan una experiencia
sensorial. Por ejemplo, las imágenes visual y auditiva en los
siguientes versos de Espronceda:
La luna en
el mar rïela, [brilla]
en la lona gime el viento,
Especialmente poderosas
son las imágenes
sinestésicas:
Los áureos
sonidos (Rubén Darío)
Aquel
mismo aroma duro y agudo
(Luis Cernuda)
En un nivel más profundo
también entendemos por imagen la reproducción mental, sensorial o
perceptiva, que evoca una palabra o una frase. Nancy Morejón hace
uso de una imagen olfativa cuando nos dice:
Todavía huelo
la espuma del mar que me hicieron atravesar.
Pero la poeta busca
comunicar al lector una experiencia mucho más compleja que la simple
imagen olfativa entendida literalmente. Con el "olor" de la espuma
del mar, Morejón desea que el lector empiece a sentir la travesía
transatlántica del esclavo. Es decir, la imagen literaria
transciende el significado literal al introducir también un sentido
analógico,
simbólico,
metafórico. Antonio Machado recurre de modo similar a dos
imágenes poderosas en los últimos versos de su poema
"Saeta":
¡No puedo
cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!
Más allá del sentido
literal, descriptivo, de las imágenes del "Jesús del madero" y del
que "anduvo por el mar", se encuentra el significado de dichas
imágenes en la totalidad del poema y la sugerencia de Machado de
substituir una teología basada en el pecado, en el castigo, en la
resignación, por una teología basada en la esperanza. Es decir,
aunque el identificar las distintas imágenes en un texto puede ser
un ejercicio de interés, en los mejores poemas las imágenes se
encuentran en función de la totalidad del poema. Se amplía así el
sentido de la imagen al campo psicológico, más subjetivo, en el que
la imagen que se inicia con el autor y se articula en el texto, se
realiza (adquiere significado personal) en el lector, de acuerdo a
su estado anímico y experiencia vital.
La "Rima XXIV" de Bécquer
es un buen ejemplo de la unidad de las imágenes con el poema. Cada
una de las cuatro primeras estrofas se articula en torno a una
imagen y se enlazan entre sí mediante el uso de la anáfora, para
culminar en el último verso del poema.
Rima XXIV
Dos rojas
lenguas de fuego
que, a un mismo tronco enlazadas,
se aproximan, y al besarse
forman una sola llama;
Dos notas
que del laúd
a un tiempo la mano arranca,
y en el espacio se encuentran
y armonïosas se abrazan;
Dos olas
que vienen juntas
a morir sobre una playa,
y que al romper se coronan
con un penacho de plata;
Dos
jirones de vapor
que del lago se levantan,
y al juntarse allá en el cielo,
forman una nube blanca;
Dos ideas
que al par brotan,
dos besos que a un tiempo estallan,
dos ecos que se confunden…
eso son nuestras dos almas.
(Gustavo Adolfo Bécquer)
(Gómez-Martínez) |