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Los romances

Podemos comenzar la caracterización del romance señalando que es un poema que consta de un número indefinido de versos de ocho sílabas con rima asonante en los versos pares y versos libres en los impares.

¡Abenámar, Abenámar,
moro de la morería,
el día que tú naciste
grandes señales había!

La palabra romance, en su origen durante la Edad Media, se refería a una composición en lengua vulgar (lengua vernácula), es decir en español, a diferencia del latín que era el idioma culto de los clérigos. A partir del siglo XV se empieza a usar la palabra romance para hacer referencia a poemas populares, de autores anónimos, generalmente cantados o recitados con acompañamiento de un instrumento. En su desarrollo el romance es conciso y enérgico, más bien descriptivo y dialogado que narrado (véase como ejemplos: “Compañero, compañero” y “Abenámar, Abenámar”). Aunque el periodo de mayor popularidad de los romances corresponde a los siglos 15 al 17, los poetas españoles de todos los tiempos han seguido escribiendo romances.

Los romances más antiguos pertenecen en su gran mayoría al siglo XV, son anónimos, de temas épicos o épico-líricos y forman parte del Romancero viejo. Su extensión oscila entre los 45 y 60 versos y poseen un carácter fragmentario, es decir, tienen comienzos repentinos y finales cortados; se caracterizan por la sencillez de los recursos retóricos que usan. La figura retórica empleada con más frecuencia es la repetición, especialmente en el primer verso. También se usa con frecuencia el encabalgamiento y un uso peculiar de los tiempos verbales para establecer estados anímicos o distintos planos de significado.

La repetición aparece con frecuencia en los primeros versos, pero también en el desarrollo del poema:

Moriscos, los mis moriscos
los que ganáis mi soldada.

*   *   *

Dadme nuevas, caballeros
nuevas me querades dar.

*   *   *

si la quieres por mujer,
si la quieres por amiga.
--Ni la quiero por mujer,
ni la quiero por amiga,

El encabalgamiento lo podemos explicar, en parte, por el origen de los romances como composiciones monorrímicas (con la misma rima) de dieciséis versos divididos en dos hemistiquios de ocho versos cada uno. A partir del siglo XV los hemistiquios se publicaron como versos separados de ocho sílabas con rima en los versos pares:

Irme quiero a tornar moro   allende la morería;
cristiano que allá pasare   yo le quitaré la vida.
--No lo hagas, compañero   no lo hagas por tu vida;
de tres hermanas que tengo   darte he yo la más garrida,

A partir del siglo XVI, se pierde la tradición del romance anónimo, pero no la popularidad del romance como composición poética. Los mejores poetas de todos los tiempos han regresado al romance. En el siglo XIX fue especialmente popular entre los escritores románticos (en la antología incluimos un romance del Duque de Rivas, "Un castellano leal"). En el siglo XX destacan los romances de Federico García Lorca (“La casada infiel”).

(Gómez-Martínez)

Proyecto Ensayo Hispánico