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"La mancha de humedad"
(José Enrique Rodó)
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Paseaba
en compañía de un amigo, hace años, frente a la ruinosa pared de
un edificio, cuando señalándome aquél una mancha de humedad que
sombreaba un gran trozo del muro, díjome, mientras me hacia
detener el paso:
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–Mira, qué admirable
cabeza para una bruja del “Macbeth”, ¡si algún artista de esos
que, cumpliendo el precepto de Leonardo, están atentos a estos
caprichos de la casualidad, la viera y supiese hacerla suya! ...
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Miré, y no vi sino la
mancha informe, extendida al azar sobre el blanco sucio del
muro. En vano mi acompañante instaba mi atención: yo sólo una
informe mancha veía. Entonces, acercándose a ella, y siguiendo
con el índice el contorno: –Repara, me indicó, en la frente
estrecha y las greñas hirsutas; mira en esta línea la corva,
innoble nariz; observa el ojo oblicuo, los labios contraídos en
un gesto de odio; ve aquí el flaco pescuezo... Y al compás que
mi acompañante me indicaba, la figura iba ordenándose en mi
percepción, y una fisonomía, entre risible y siniestra, brotaba
de los contornos de la sombra, completados por algunas grietas
del muro.
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Después que logré asir
con la atención la forma representativa en que podían,
efectivamente, concertarse, mediante un poco de buena voluntad,
aquellas líneas confusas, la percepción de esta imagen en la
mancha de humedad fue tan inmediata y clara para mí, que apenas
concebía cómo pude dejar de notarla a la primera indicación de
mi amigo; y cuantas veces, desde entonces, paso frente a aquel
ruinoso muro, ella se destacaba, infaliblemente, a mis ojos, de
manera superior a mi voluntad, la cual en vano se esforzaría por
volverme a la simple percepción de una mancha.
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Esto puede corroborarse
por la observación común. ¿Quién es el que descifrando, por
ejemplo, uno de esos gráficos enigmas, en que se trata de
encontrar una figura que se forma del blanco de las otras, no
habrá notado cuanto supera al esfuerzo de la voluntad, dejar de
discernir la figura secreta, en la visión del conjunto, una vez
que se ha acertado con ella?
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No es otro el modo cómo
una lectura intensa y eficaz te impone para siempre un concepto
del mundo y de la vida. Un libro
enérgico, si coincide con propicia
ocasión, tanto más cuando aún no hay en tu alma una idea neta y
fija del mundo, el cual equivale entonces para ti a la mancha de
humedad donde no ves nada representativo y concreto, es el
acompañante que te enseña a ordenar tu concepción de la realidad
dentro de una imagen precisa. Nada será capaz de sustituir en ti
esta imagen por tu indefinido anterior. Nadie podrá emancipar tu
pensamiento del orden que le fue impuesto con ella, si no es
quien tenga arte para hacer que descifres una nueva y más,
patente figura en la mancha de humedad...
Fuente: José Enrique
Rodó. “La mancha de humedad”. Los últimos motivos de Proteo…
Manuscritos hallados en la mesa de trabajo del maestro. Prólogo de
Dardo Regules. Montevideo: J. M. Serrano, 1932.
Reflexiones
para una lectura de "La mancha de humedad"
Proyecto Ensayo Hispánico
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