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La ninfa ha
despertado.
Desnuda, no me teme.
Cansada está de tanto andar en sueños.
La hierba la sostiene como a cáliz tendido.
Vierte la fuente un agua confiada
en donde beben los que duran.
Ciervos rondan, perdices sobrevuelan.
Digo en voz baja
mi deseo
y ella: “No. Volverás a mí
cuando aprendas los gestos y palabras
de los dioses.
Vuelve
cuando hayas aprendido a contemplarme.
Ver es humano y contemplar, divino”.
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Lucas Cranach el Viejo, La ninfa de la fuente,
Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid
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