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| Arturo Andrés Roig |
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| Ética del poder y
moralidad de la protesta: La moral latinoamericana de la emergencia* |
"RECIÉN COMENZAMOS" "...queriendo y ver y viendo debajo del barro." Una vez más podemos afirmar que padecemos una crisis de identidad. Y una vez más tenemos la convicción de que estamos pasando, tal vez, una de las peores que hayamos vivido en nuestra historia. Lógicamente que podría decirse que lo que estamos afirmando tiene mucho de subjetivo, pero lo grave se encuentra en que los hechos nos confirman en nuestras apreciaciones y temores. No vemos, además, pruebas de que la crisis que vivimos que ya lleva varias décadas, aún cuando la percibamos acentuada en nuestros días sea de aquellas en las que una enfermedad sigue su curso favorablemente. No se trata, por cierto, de una identidad que teníamos lograda ya y que la hemos ido perdiendo, sino de algo mucho más hondo, por lo mismo que la identidad no es una esencia, sino algo que vamos construyendo según sean los tiempos. Lo que habríamos perdido sería la capacidad de ir cada día dándole forma como respuesta, justamente, a esos nuevos tiempos. Durante la segunda mitad del siglo XIX nos llegó lo que entonces llamaban "el mal
del siglo". Un pesimismo hondo del que dieron ejemplo tantos románticos. Terminamos
ahora este siglo XX con algo semejante, un estado de ánimo generalizado, al que algunos
han denominado "desencanto". Algo así como si grandes promesas se hubieran
desvanecido y estuviéramos viviendo en una intemperie. ¿Vamos a dejar llevarnos por
aquel desencanto y vamos a resignarnos a vivir en los resquicios que dejaría eso que
llaman "globalización"? ¿Nos plegaremos al discurso resignado, conformista y,
en muchos casos, oportunista y hasta cínico de aquellos que han bajado los brazos porque
en este mundo "fragmentado" vivir el desencanto es saludable? ¿Conviene que
nuestras voces sean débiles y apagadas para evitar que una razón acusada de avasalladora
nos vuelva a engañar con sus sueños? ¿Daremos oídos a todas esas ideologías que nos
vienen anunciando muertes, en un fin de milenio apocalíptico en el que a los seres
humanos no les habría quedado otra cosa que esperar el milagro definitivo de las leyes
del mercado? |
| Frente a todo eso, ¿qué debemos hacer? Pues embarquémonos en un nuevo
proyecto de identidad social, nacional y latinoamericano y no dejemos que nos la
fabriquen. No olvidemos que nos sobran materiales y experiencias para esa construcción.
Vivamos la dureza de estos tiempos como una experiencia más por la que pasan aquellos
ideales que después de la Segunda Guerra Mundial quedaron definidos como derechos
humanos. Ellos fueron una de las más importantes respuestas dadas a esta crisis.
Profundicémoslos, pues, asegurémoslos. Proyectemos nuevas formas de convivencia humana y
de estructuras sociales, adecuadas a esos derechos. Reconstruyamos la historia
capitalizándola como haber propio, de modo inteligente y, a la vez, serio y creador. Y
tengamos presente, sobre todo, que la historia está hecha no sólo de necesidad, sino
también de contingencia, y veamos de qué modo podríamos poner a nuestro favor tanto la
una como la otra. Llevemos adelante esa experiencia poniendo el oído atento a las otras
voces y, con ellas, desde nuevos esfuerzos comunitarios, no desdeñemos iniciar, una vez
más, un camino que la humanidad ha recorrido ya otras veces en la larga tarea de
construir sus propios ideales regulativos. Constituyámonos en sectores críticos hasta
alcanzar el perfil propio, dinámico y combativo de una sociedad civil independiente, base
de la Nación y del Estado. Profundicemos el poder de opinión y defendamos sus canales,
exigiendo que la prensa sea libre y sea respetada como tal. Luchemos por una democracia en
la que se reinstale la justicia social, para que los derechos humanos no sean palabras
vanas; en la que no tengan cabida los corruptos a los que tanto les interesa la democracia
como la tiranía. Rescatemos, adecuados a los tiempos, los ideales de una humanidad
digna, abierta al diálogo y a la comprensión, pero celosa de su autonomía e
independencia frente a los poderes mundiales y las nuevas formas de imperialismo. Recién
comenzamos, nada se habrá perdido si sabemos mirar debajo del barro. |
| *[Primera edición de Ética del poder y
moralidad de la protesta. La moral latinoamericana de la emergencia,
autorizada por Arturo Andrés Roig para el Proyecto Ensayo Hispánico. El libro está
fechado en Mendoza (Argentina) en 1998. Edición preparada por José Luis
Gómez-Martínez] |
| © José Luis Gómez-Martínez Nota: Esta versión electrónica se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan. |