La reforma universitaria
  

 

"LA REFORMA UNIVERSITARIA"

Locutor: Daremos comienzo a la Jornada Internacional sobre Reforma Universitaria, Democracia e Integración; a los 82 años del grito de Córdoba, a los 90 años del primer Congreso de Estudiantes Americanos organizado por la FUBA (Federación Universitaria de Buenos Aires) y a los 110 años del nacimiento de Deodoro Roca. Además se rendirá homenaje a dos grandes pensadores rioplatenses: Arturo Ardao y Arturo Andrés Roig.

Ocupan el estrado la profesora Hebe Clementi (Catedrática del Centro de Estudios Avanzados de la Universidad de Buenos Aires), el doctor Hugo Biagini (coordinador del Corredor de las Ideas del Cono Sur) y el doctor Horacio Sanguinetti (Rector del Colegio Nacional de Buenos Aires). Nos acompañan autoridades, personalidades de distintos ámbitos (educativos y académicos, docentes, alumnos) e invitados especiales. A todos, muchísimas gracias. En primer término invitamos a hacer uso de la palabra, para la apertura del acto, a la licenciada Hebe Clementi, quien moderará esta mesa.

Clementi: Serán pocas palabras porque ya el Ordenamiento leído en la Apertura da cuenta de los contenidos. Añadiré solamente el condimento de una espiritualidad muy profunda y conmovida que nos recorre, porque todos hemos sido y somos batalladores de las ideas de la Reforma Universitaria, y de entre todos los iniciadores, los textos de Deodoro Roca lo convocan como el creador germinal de esta Reforma. Seguramente es lo que ha llevado al Dr. Horacio Sanguineti a dedicarle un libro para honrar su trayectoria, y regresar a textos e ideas que planteó anteriormente en Los Reformistas. Nadie como Deodoro Roca para invocar el imperio de la inteligencia sobre el de la autoridad consentida y seguramente nos lo dirá mejor el mismo Sanguinetti. En tal sentido la presencia de los doctores Arturo Ardao y Arturo Roig en este homenaje, maestros del pensamiento latinoamericano en quienes hemos abrevado a lo largo de las alternativas que todos hemos experimentado en las últimas décadas y que hemos seguido nutriéndonos de la circulación de ideas que a partir de los años veinte imprimió la Reforma Universitaria, provee de mayor sentido todavía -si cabe- este homenaje que hoy les destinamos. Estamos también impulsando o manteniendo la brecha que implica análogamente el Corredor de las Ideas, propulsado desde hace años entre nosotros por el Dr. Hugo Biagini, y alentado por otras personalidades de diversos países latinoamericanos, como Eduardo Devés, Mauricio Langon y muy especialmente por el profesor de la universidad brasileña UNISINOS, el Dr. Antonio Sidekum, que hoy nos acompaña. Agradecemos asimismo el hecho de que esta jornada tenga lugar en este ámbito ilustre del Salón Dorado de la Casa de la Cultura, con el auspicio de su más alta autoridad.

Locutor: En la Apertura misma de esta Jornada vamos a dar lectura brevemente a algunas adhesiones que se han recibido: en primer término va dirigida a la Señora Sub Secretaria General del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Lic. Liliana Varela, la cual agradece la invitación, y señala que a raíz de compromisos contraídos con antelación no pudo estar presente aquí el Sr. Ministro del Interior de la Nación el Dr. Federico Storani. Otras adhesiones de la Asociación de Hispanismo Filosófico fundada en España por Don José Luis Abellán y otros especialistas. La adhesión de los Directores de la Biblioteca Nacional y de la Biblioteca Central de la Universidad de La Plata, Francisco Delich y Javier Fernández. Otra adhesión de la Diputada Nacional Adriana Puiggrós. Adhesiones de colegas de distintos países de nuestra América como Edgar Montiel (UNESCO-Paraguay), Carmen Bohorquez y Susana Strozzi (Venezuela), León Pomer y Ricardo Vélez Rodriguez (Brasil), Gregorio Recondo, Félix Weinberg, Augusto Pérez Lindo, Dina Picotti, Carlos Casali (Argentina). Además de los múltiples testimonios escritos que les serán entregados a los homenajeados procedentes del Viejo y Nuevo Mundo.

También una expresión de las primeras generaciones reformistas. Vamos a dar lectura del texto mandado por el Dr. Marcos Meeroff, un joven universitario de 91 años de edad, tomando la noción de juventud en el sentido reformista de quienes luchan contra la injusticia. Dice así:

"Muy apreciados compañeros. Así, compañeros nos considerábamos en mis tiempos quienes compartíamos y actuábamos en el movimiento de la Reforma. No podría, por consiguiente, encabezar de otra manera estas líneas que les hago llegar. Me adhiero a la celebración de un aniversario del 15 de junio de 1918, cuando en Córdoba desde la Universidad, se lanzó el documento histórico ‘A los Hombres Libres de América’. Tenía para ese entonces 19 años y bien pronto -año 1924- cuando cursaba el 48 año del Secundario en el tradicional Colegio Montserrat ya estaba ganado por el ideario de Reforma de Roca, Bermann y todo un brillante conjunto de jóvenes anhelosos de abrir las puertas de la universidad a corrientes nuevas. Tuve así la suerte de formar en las filas del reformismo desde mi ingreso a la universidad en el año 1926. Integraba la primera generación de estudiantes formada en el ideario reformista. Nos tocó, en consecuencia, actuar en defensa de la democracia contra el comienzo de las dictaduras militares que padeció por muchas décadas nuestro país. Nuestra primera definición, clara y contundente, la adoptó la Federación Universitaria de Córdoba, cuando fue invitada por una delegación de estudiantes porteños a plegarse a la destitución del Gobierno Nacional, cuyo presidente era Hipólito Yrigoyen. En el documento-respuesta se decía: ‘preferimos la peor de las democracias, a la mejor de las dictaduras’. Se sobrentendía que no existen dictaduras buenas ni siquiera las que Deodoro Roca denominaba "dictablandas". Eso ocurrió en el día desgraciado en que el General Uriburu se paseó tranquilamente con un grupo de cadetes militares para apoderarse de la Casa Rosada. Pasamos así el nefasto período que va desde septiembre del año 1930 hasta fines del '31. La juventud universitaria se enroló en su mayoría en la alianza que sostenía la fórmula De la Torre - Repetto, y posteriormente se enfrentó a Justo, manejando una pseudo democracia que mantenía las restricciones a los derechos ciudadanos instauradas por Uriburu; mientras entregaba las riquezas materiales al Imperio Británico. El factor puntual de la huelga universitaria fue la exoneración de los profesores Bermann y Jorge Orgaz y un grupo de estudiantes por su actuación en política en los atrios universitarios. Logramos su reincorporación pero, mediante fraudes de toda clase y empleo de mafias terroristas, siguieron dueños de la conducción de la universidad. Fuimos, en suma, la primera experiencia argentina de lucha contra las nefastas dictaduras que culminaron con el criminal proceso de 1976. Participé en la conducción de la Federación Universitaria de ese período, honrado por mis compañeros con cargos directivos. Quedé marcado a fuego, como reformista. Desde entonces hasta hoy es mi bandera en la brega por una democracia de profundo contenido social. Tengo el orgullo, que considero legítimo, de no haber claudicado, aún padeciendo por ello riesgos múltiples. Lo digo sin alardes, rindiendo mi emocionado homenaje a los compañeros que dieron su vida en las diversas etapas de la difícil lucha por un mundo de libertad, democracia y paz que sigue siendo el anhelo del sufrido pueblo argentino."

Lleva la firma del Dr. Marcos Meeroff que, reitero, tiene 91 años de edad.

Por último, nos ha llegado un Fax redactado por varios dirigentes estudiantiles que actuaron en la Federación Universitaria Argentina y del Litoral, con el siguiente texto: “Los abajos firmantes (Dres. José Culotta, Mario Villanueva y Omar Lazarte), militantes del movimiento reformista en las décadas del 30 y del 40, queremos hacer llegar nuestra felicitación por el importante evento realizado. Jornadas como esa son significativas en el sentido de que el espíritu de la Reforma sigue vigente. Esto entraña un diálogo universitario y social de alto nivel que debe sin duda contribuir al esclarecimiento de los diversos conflictos que enfrenta el país y a lograr propuestas consensuadas con otros sectores de la sociedad...”

A continuación, se realizarán las exposiciones de los doctores Hugo Biagini sobre el Congreso de Estudiantes Americanos de 1910 y de Horacio Sanguinetti sobre Deodoro Roca.

Biagini: Uno de los temas que nos convoca es la recordación del Primer Congreso de Estudiantes Americanos, el único internacional realmente que organizó la Federación Universitaria de Buenos Aires, por eso estamos festejando su nonagésimo aniversario.

Se trata de un ciclo de congresos anteriores a la Reforma, cuando el movimiento estudiantil estaba en una etapa muy incipiente de organización... Son una serie de encuentros en general bastante marginales a la tradición reformista, precisamente porque poseen una cantidad de elementos contradictorios desde un pensamiento humanista y progresivo, pero no se pueden echar por la borda, sobre todo en esta época que necesitamos tanto de las alianzas multisectoriales, de las corrientes ideológicas plurales. El Congreso de 1910 tiene un antecedente ilustrísimo: el encuentro estudiantil de Montevideo en 1908, donde se lanzan proclamas americanistas integradoras y se plantea el principio de rebelión como algo ínsito en la vida orgánica misma. Se aduce allí la necesidad de crear una liga de estudiantes, en medio de un idealismo sorprendente, casi mesiánico, donde la juventud empieza a cobrar una fuerza conductora esencial. Desde esa base, a los dos años siguientes, durante los imponentes festejos del centenario de la Revolución de Mayo, se efectúa en la Ciudad de Buenos Aires nuestro evento en cuestión. Conjuntamente se hicieron también otra serie de Congresos sobre la mujer, sobre el niño, uno científico, otro panamericano, etc. En el caso concreto del Congreso de Estudiantes fueron invitados todos los Estados del Continente, aunque sólo concurrieron a sus deliberaciones junto con el país anfitrión, exponentes del Brasil, Uruguay, Paraguay, Chile, Perú, El Salvador y Estados Unidos. Venezuela se hizo representar por dos estudiantes locales. Se empieza a forjar la idea de unidad americana no sólo declarativamente sino en los hechos, la idea de una universidad Americana o Latinoamericana, que se va a concretar casi medio siglo más tarde con la creación de la UDUAL, de la cual el propio Ardao fue parte constitutiva.

Estamos hablando de un Congreso que tiene en total más de 1300 páginas en dos tomos; mientras los diarios locales decían que no se podía esperar nada de un Congreso de Estudiantes fuera de algunas cuestiones retóricas, proclamativas y demás. Sin embargo había elementos que se anticipaban mucho a lo que iban a ser resoluciones de las Naciones Unidas, de los derechos humanos, etc. El primer tema a debatir correspondió al lanzamiento de la Liga de Estudiantes Americanos y se optó por establecer una oficina internacional ad hoc en Montevideo, toda vez que quedaran satisfechos algunos requisitos previos como articular Federaciones de estudiantes en el orden nacional.

Otro tema que dio mucho que hablar: el civismo y la formación del carácter, en una época en que recién se está accediendo a postulados de mayor grado de democratización, precisamente por las repercusiones del sufragio universal, (también anticipada por los jóvenes universitarios). Se estimó que la ausencia de una vigorosa conciencia nacional fomentaba la indiferencia de los jóvenes, quienes a su vez tenían que hacerse cargo también de la formación política de sus propios padres. En oposición a la fiebre mercantil, se exhorta a los estudiantes a que tomaran parte activa en la lucha civil, hasta que el sufragio dejase de ser una mentira convencional en América Latina, a cuya juventud le tocaba desempeñar una tarea aún más gigantesca: provocar una reacción continental en el orden moral llamada a influir decididamente en el destino del nuevo mundo. Se enfatizó también la idea de que mientras el siglo XIX (fíjense que linda expresión) había hecho aflorar la libertad como su máximo valor, en el XX se produciría el triunfo de la asociación frente al principio universal del antagonismo individual, el que vuelve a regir ahora (precisamente, la lucha por la vida y el triunfo, supuestamente, de los mejores). Así se propugna el establecimiento de la mutualidad estudiantil en América (empecemos nosotros mismos por mejorar nuestra propia situación y también colaborar con los demás). Se mencionó el ejemplo del Perú, donde funcionaba una Asociación Pro Indígena en la cual se unían los alumnos y los graduados. Consiguientemente se llegó a sostener la existencia de intereses superiores a los del ámbito universitario y al de la misma clase social recomendándose la creación de círculos de estudios comunitarios. Un motivo muy puntual fue el de la huelga como instrumento mediador. Según este enfoque la juventud universitaria desbordante de ideas y de espiritualidad poseía una delicada responsabilidad social y siempre había encarado tareas reconstructivas durante los períodos críticos en la historia de los pueblos.

Otras opiniones han terciado a favor del paro general universitario cuya legitimidad, en cuanto medio de resistencia, se consideró tan sagrada como la que se verificaba en las luchas proletarias. Volvió a hacerse presente aquí la demanda por la extensión universitaria que ya se había planteado en Montevideo (con el tema de la participación estudiantil) junto al ejemplo teórico-práctico de las escuelas para obreros en las provincias chilenas. Otro caso relevante fue el de la Universidad Obrera de La Plata, fundada por un grupo de estudiantes en 1909, logrando reunir un público numeroso con temas como la jornada de 8 horas o el trabajo femenino e infantil. Se llegó a calcular alrededor de ochocientos obreros que pudieron participar de esa experiencia de universidad popular, sobre todo con grandes figuras como Palacios, Juan B. Justo, y algún extranjero como Altamira. Se subrayó la importancia del intercambio académico: el siglo XX iba a ser el siglo de la universidad, reflejando el poder de la ciencia y del pensamiento. Asimismo se advirtió que debía cesar toda discriminación contra la mujer, que ella se abrirá paso dentro la universidad y que en el citado Instituto platense se había recibido por ese entonces la primera abogada argentina y otro tanto había ocurrido en Montevideo.

Entre otras postulaciones, se reclamó el establecimiento de cátedras de literatura e historia americanas, no por una cuestión puramente erudita sino para facilitar el contacto mutuo entre los pueblos, para no desconocerse tanto entre sí mismos. La famosa cátedra de literatura argentina de Ricardo Rojas es efectivamente posterior, con lo cual en el Congreso se anticipaba todo el tiempo, utopizando, como dice Arturo Roig, adelantándose a los acontecimientos, preconfigurando otra realidad. Cabe transcribir por su poder ilustrativo el sentido general que uno de los trabajos presentados le asignó a estos congresos de estudiantes americanos: “llenar una verdadera necesidad internacional (...) evitar en el futuro la situación de aislamiento en que han vivido durante un siglo las Repúblicas Sudamericanas, con incalculable prejuicio para su progreso". En efecto, acá se está replanteando, también anticipadamente, nuestros 100 años de soledad tras el ciclo independentista y cómo a través de estos movimientos se podía pensar en volver a realizar el sueño bolivariano y tantas otras cosas que todavía seguimos teniendo como asignatura pendiente. Muchísimas gracias.

Sanguinetti: Estimados amigos todos, ilustres Arturos que hoy nos acompañan y no son los únicos ilustres que nos acompañan, tenemos gente de Latinoamérica, de alto mérito, tenemos gente del interior de alto mérito y tenemos además muchas figuras representativas del, como se dice hoy en día, "del quehacer pedagógico” de la propia Ciudad de Buenos Aires. Me voy a dirigir a todos ustedes, pero particularmente a los jóvenes que me da una gran alegría que estén aquí presentes; para de algún modo procurar llegar a ellos, que tienen la obligación moral de conocer la historia intelectual del país, para no recaer en viejos errores, no repetir cosas que ya se discutieron tantas veces y tener la conciencia clara de que venimos de alguna parte, que no es que el mundo haya nacido con nosotros, sino que todos tenemos raíces profundas, que tenemos que alimentarlas y respetarlas sin perjuicio de hacer crecer el árbol que es lo que interesa. Y me voy a referir entonces básicamente a otro prócer, me voy a referir a Deodoro Roca, un hombre olvidado en la cultura argentina, quizás algo recordado todavía en Córdoba que es su tierra natal, tierra donde vivió prácticamente toda su vida, pues nació y murió en la misma habitación de la misma casona vieja, que, por supuesto hoy ha sido demolida, como corresponde (con ese afán siempre conservacionista de nuestros valores estéticos y morales que tenemos los argentinos, y que esperemos que la generación de ustedes revea de algún modo, queridos estudiantes).

Deodoro Roca. Decía Ezequiel Martínez Estrada, que era el más grande escritor argentino del siglo. Personalmente creo lo mismo, seguramente era el más grande escritor político argentino del siglo, pero a nivel general, puede reconocer algunos pares, podemos decir un Lugones, un Borges, el propio Martínez Estrada, o alguno más; pero ninguno es más que él, y esto que puede parecer un poco sorprendente se aclara perfectamente si uno se limita a leer la literatura que dejó Deodoro Roca, dispersa, fragmentaria, pues no escribió ningún libro, era un vago constitucional en ese sentido, o si se quiere un socrático que se encendía en el diálogo (donde era formidable), en la polémica donde también era extraordinario, porque tenía todas las condiciones del humanista y del hombre completo, empezando porque era muy apuesto físicamente (gran estatura, voz de barítono, muy sonora y un carisma social absolutamente descomunal). Ortega dijo reiteradas veces, y está documentado por Manuel Gálvez, que él y Alberto Rougés fueron los dos argentinos más eminentes que él conoció. Pero hoy nadie sabe quién es Deodoro Roca, sobre él han gravitado dos culpas severas: una de haber sido un disidente, otra, ser un hombre del interior, y esta ciudad vampiro, que succiona la sangre de todo el país, y que maneja todo, no le ha perdonado, ninguna de las dos cosas.

Deodoro Roca aparece directamente como el verbo de la Reforma Universitaria, este movimiento que estalló en 1918 en Córdoba, en un momento en que nuestras universidades eran pocas y elementales todavía. Teníamos sólo tres universidades Nacionales: Buenos Aires que era positivista, La Plata que era científica, y Córdoba que era troglodítica y preconciliar y absolutamente clerical en términos tales que, por ejemplo para jurar, por obtener el diploma profesional, había que jurar sobre los Santos evangelios. El doctor Guillermo Ahumada manifestó que era budista (cosa que no era por supuesto) y que quería jurar sobre una estatuilla de Buda inspirado en el principio de la libertad de culto que está en la Constitución (estamos hablando de 1916), y estuvo 3 años sin retirar el título, hasta que se produjo la Reforma, y entonces se eliminó esta cláusula extraordinaria. El día de la universidad, era el día de la Virgen, y además, esto que, con todo el respeto que merece la fe, la religión bien entendida, estaba realmente mal manejada en Córdoba. Por ejemplo las Bibliotecas eran absolutamente incompletas. La Biblioteca Mayor, al menos en 1918, no tenía ningún libro, no digamos de Marx y de Engels, que ya eran un demonio, ningún libro de Darwin siquiera; entonces, este solo dato, les puede dar a ustedes una idea de cómo era la Universidad de Córdoba; y otro dato más, totalmente anecdótico que fija sus características: en la bolilla 16 de Filosofía del Derecho se estudiaban "los deberes para con los esclavos".

Frente a esto, la juventud cordobesa no pudo sino alzarse; y se alzó. Como dice Aristóteles, las grandes revoluciones se dan por un episodio menor, pero tienen todo un trasfondo, y el trasfondo era justamente éste; episodio menor, fue cualquiera, una ordenanza que suprimía al internado al Hospital de Clínicas, alguna cosa más, pero cuando se quiso ver, esto había desatado una batalla formidable. En esta batalla, se triunfó finalmente con el apoyo de Yrigoyen, e implicó la redacción de nuevos estatutos, la aceptación de muchos principios reformistas; Deodoro tuvo una importantísima trascendencia. Los estudiantes, en ese momento, con muy alto sentido de su responsabilidad, no se limitaron a demoler lo que estaba mal, sino que hicieron un gran esfuerzo intelectual, creativo y dijeron, en un Congreso (el Primer Congreso Nacional de Estudiantes de año ‘18), qué era lo que querían. Muchos de esos principios, están hoy incorporados a nuestro modo de vida normal, de ahí salen el gobierno tripartito con participación de estudiantes que pretendía evitar la formación de camarillas en las universidades; la autonomía universitaria que preserva la universidad de las influencias políticas de turno en la Nación; el Concurso (antes se designaba a los profesores, como dijo un ilustre reformista, por “leva hereditaria”, llegándose a dar el caso de algún joven que contraía nupcias y de regalo se le daba una Cátedra, estos eran sus méritos, (para contraer nupcias hay que tener coraje, pero no alcanzaba con tener una aptitud académica aprobada). Realmente había una cerrazón intelectual indiscutible, esto no es leyenda, esto realmente es así. Y los reformistas propusieron simplemente el concurso para designar a los profesores, y propusieron la cátedra paralela, y propusieron la extensión universitaria para que la universidad le vaya devolviendo a la sociedad que la sostiene, parte de lo que ella preserva, guarda y transmite; y le dieron además, todavía como resumiendo todo este ideario, la idea del servicio social que tiene la universidad; la universidad hasta ese momento discutía más o menos el sexo de los ángeles. Cuando Cárcano presentó su tesis sobre “la filiación de los hijos extramatrimoniales” tratando de quitar a los hijos extramatrimoniales de ese estado espantoso en el que se encontraban prácticamente desplazados y de parias, fue un enorme escándalo en Córdoba. Y cuando Alfredo Palacios hizo su tesis sobre “la fatiga” (la fatiga en el trabajo), también se la rechazaron en la Universidad de Buenos Aires y cuando se lo designó Profesor a Palacios (por una de esas casualidades, la universidad de pronto tenía un rapto, como dice el Manifiesto Liminar, “abre las puertas a algún espíritu importante, y después trata de cerrárselas de inmediato, se arrepiente”); cuando lo nombraron profesor, varios profesores de la Facultad de Derecho renunciaron porque no podía coexistir con el demonio y consideraban que eso era el principio de la crisis. Ahí es donde aparece la figura de Deodoro Roca, como un formidable líder estudiantil, al lado de otros muy importantes nombres que hay que reflotar porque son la inspiración adecuada, la inspiración verdadera, la inspiración acertada de lo que debe hacerse; hemos ido cada vez más lejos de ellos, y realmente así nos ha ido, podría mencionar a Deodoro Roca, a Saúl Taborda, a Biagosch, a Gregorio Bermann, a Barros, a las grandes figuras de la Reforma cordobesa que nunca ocuparon cargos públicos. El país les dio las espaldas, los descartó, cualquier país civilizado hubiera tenido en esta gente un venero inagotable, extraordinario de funcionarios, de ministros, legisladores, no fueron nada de eso, estuvieron siempre vegetando en una situación a contrapelo, crítica y nunca pudieron realmente dar su medida por esta razón, fueron descalificados, fueron perseguidos, tuvieron prisiones, cesantías en sus cátedras, y fueron ciertamente discriminados. La extraordinaria generación reformista, y no puedo olvidar a Julio V. González, ni a Carlos Sánchez Viamonte, en Buenos Aires, en La Plata, en Santa Fe, muy grandes figuras que todos tuvieron esta misma condición moral, una cosa que hoy es indispensable, y además tenían un altísimo nivel intelectual, eran hombres de estudio, de capacidad. Además tenían un nivel ético que era apabullante, vivían con el tema de la moral pública y privada, en principio, aunque hay algunos aspectos de la moral tradicional que ellos no cumplieron ciertamente, eran buenos gozadores de la vida, pero nunca fueron corruptos, y nunca toleraron la menor corrupción, ni siquiera ideológica en nadie, vivían con la renuncia en el bolsillo ”¡¿Cómo, qué se creen estos, que me han hecho una indicación, (a lo mejor que el programa estudiara incorporar un tema nuevo)?! Qué se creen que me van a venir a decirme a mí, que soy el profesor"...y saltaba la renuncia encima de la mesa. Y si alguno cometía la menor defección, lo dejaban con la mano estirada, no lo saludaban, lo agraviaban en público y en privado; era gente de un sentido ético, yo diría casi excesivo, como decía Robespierre, “insoportable como los principios”; era gente así, vivía siempre en esta actitud y en la actitud que hoy haría falta en este país, porque el primero de los males, antes que el económico, es el mal que hay que corregir rápidamente de la corrupción que levanta permanentemente, como la Hidra de Lerna, cada vez que le cortan una cabeza le nacen siete.

Deodoro, se recibió de abogado, fue realmente el promotor de la Reforma, junto con algunos otros pares, pocos, pero ellos eran los ideólogos del momento y escribió el famoso Manifiesto liminar que contiene expresiones que han pasado totalmente a la historia, expresadas, además, con una elegancia formal incomparable. “Las universidades han sido hasta hoy el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes (observen cada ítem), la hospitalización segura de los inválidos y lo que es peor aún el sitio donde todas las formas de insensibilizar y de tiranizar encontraron la cátedra que las dictara...los dolores de hoy son las libertades que faltan”, y tantas otras cosas más que están en este manifiesto que es histórico y que todos ustedes tienen que conocer y leer, queridos amigos jóvenes.

Durante los años ‘20 el país y la República radical, vivió una bonanza discreta y entonces Deodoro se dedicó al ejercicio de su profesión, al diálogo, en su sótano (tenía un sótano ilustre donde iban todas las personalidades que visitaban en Córdoba), todos los políticos cordobeses, los hombres de algún valor, Waldo Frank, Keyserling, Ortega, en fin, la lista es interminable, todos iban a para al sótano y en ese sótano se tejían y entretejían muchas utopías y muchas realidades de la política y de la inteligencia). En 1930 estalla el golpe del señor Uriburu, y el país entra en un cono de sombras del cual las consecuencias han sido catastróficas, cada vez más severas, hasta el Proceso y del cual suponemos que estamos empezando a salir. Deodoro y sus pares, que hasta ese momento se habían mantenido alejados de la política, entraron en los partidos políticos. Deodoro era un francotirador, no aceptó, no toleró, no soportó la disciplina partidaria, ni siquiera del socialismo; y se fue detonantemente, invitando a Repetto a afiliarse al partido conservador; pues él actuó siempre fuera de los partidos políticos, pero hizo una vida pública, extraordinaria. A partir de ese momento él se convierte en un gran faro de la conciencia americana. No era un hombre del interior, era un hombre de América, era un hombre reconocido en cualquier país latinoamericano, y era un hombre de una proyección intelectual y moral absolutamente descomunal, hoy no sé con quién lo podría comparar en nuestro país, me temo que es incomparable.

Hizo algún intento político, fue candidato a Intendente Municipal de Córdoba por la Alianza, y fue vencido por el fraude; hizo algunas publicaciones de gran importancia que hoy están perdidas: su periódico Flecha eran flechas lanzadas contra la estupidez y la ignorancia; y sacó también una revista, Las Comunas, sobre los temas de la ciudad que tanto le apasionaban, la ciudades en el sentido urbano, y las ciudades en el sentido político, la polis, esto siempre lo llenaba de preocupación y de pasión.

Su literatura, entonces, alcanza realmente la fama, tiene algunos escritos que son inolvidables, combatiendo siempre la estupidez, los lugares comunes. El escrito que tiene sobre el General Paz, es absolutamente inolvidable, su artículos sobre “¿Dónde están los asesinos de árboles?” en defensa del árbol urbano, dice: “queremos sus cabezas”, “queremos la cabeza de los asesinos de árboles, pero no para martirizarlos o torturarlos, sino para ver qué tienen adentro, porque lo que deben tener es leña”, y cosas por el estilo, y creaba nuevas palabras: “los vacunócratas”, “las tierras hispanocalientes”; era realmente un escritor formidable. Sostuvo además innumerables polémicas, la más portentosa, con Leopoldo Lugones (que también era cordobés y que se había hecho fascista y Deodoro no lo toleró, reconoció un “acto primo” y yo lo agredí), lo agredió literariamente enviándole una carta abierta terrible, donde le increpaba estos alardes y estos requiebros ladinos a la espada; Lugones contestó débilmente y Deodoro lo crucificó cuando terminó la polémica con un knock out, Lugones había aludido a que era defensa propia y Deodoro afirma: “está boxeando, pero está boxeando con su sombra y con su mala sombra”. “¿Qué le pasa señor Lugones?” le dice, “¿no ve que la inteligencia se nubla cuando los talones se juntan?” (había que tener coraje para decir esas cosas en este momento, el momento en que esto podía significar la prisión, la deportación o cualquier exceso de este orden); pero Deodoro tenía un prestigio tal que inspiraba temor en Córdoba a sus adversarios. Cuentan algunos fascistas, hoy muy ancianos, que en alguna oportunidad estos grupos lo persiguieron, le hicieron unos disparos al aire y Deodoro y algún amigo más se dieron vuelta y los corrieron a ellos; tenía hasta un coraje físico descomunal, y desde luego un prestigio intelectual tal que cuando él intervenía en defensa de cientos de causas de obreros o estudiantes presos, bastaba que llegara a la Comisaría par que los comisarios pusieran en libertad al preso porque no querían líos con Deodoro Roca.

Deodoro Roca, intervino en un asunto muy sonado, el caso “Martita Stutz” que fue una niña que desapareció y nunca fue encontrada; la sociedad cordobesa, la justicia incapaz, la policía provincial muy torpe, a diferencia de la Federal que tenía razón en el planteo pero no fue escuchada, politizaron el caso y se imputó al Gobernador radical Sabattini tener alguna implicancia en este secuestro horroroso; y Deodoro tomó la defensa del desdichado procesado que era un pobre de espíritu, diríamos, que se contradijo, dijo estupideces, pero que era inocente. Toda la sociedad argentina lo marcó, sin embargo, como el culpable y Deodoro levantó la bandera e hizo una defensa extraordinaria.

Deodoro murió muy joven, tenía apenas 52 años, que, queridos niños, es una edad muy joven, aunque ustedes la vean ahora como muy lejana, y además tenía una juventud espiritual inmensa, él lo dijo: “yo me mantengo joven, una juventud, si queréis, prolongada, pero sin afeites”, hoy que la belleza se mantiene con los afeites, con las siliconas y con todo lo demás, él planteó ese tema, la naturalidad de la juventud se puede sostener en un hombre de más de 90 años, la puede sostener la Señora de Bordones, quien le mando saludos, que tiene más de 90 años y que acaba de sacar un libro en Córdoba sobre la Reforma Universitaria, que ha enviado a través de Sergio Díaz, aquí presente. A todos un saludo especial.

Deodoro se enfermó de cáncer y la piadosa oligarquía católica cordobesa, se lo hacía saber por llamados anónimos, cartas anónimas, que le comunicaban los avances de su enfermedad, demostrando, como él dijo “es el testimonio de que persisten odios que me han costado tanto ganar”. Dijo sobrecogedoramente ante la muerte, una muerte joven, él pertenecía a la oligarquía cordobesa por su origen, era tataranieto de un señor Roca, al cual Castelli lo hizo cabalgar en un muro vuelto para atrás en el año 1810 porque estaba en el grupo antirrevolucionario y no lo fusilaron de casualidad, y estaba vinculado con todos ellos, y estaba casado con la hija del Rector de la universidad que en la Reforma echó y Deodoro comía en la casa y se sentaba a la derecha de la dueña de casa, porque era el marido de la hija mayor, y así establecía el protocolo, pero la señora no le dirigía la palabra, llamaba al servidor y le decía: “por favor, pregúntele al Doctor Roca, (que estaba sentado al lado), si quiere un poco más de puchero”; esos eran los tratos que había en la Sociedad no hace tanto tiempo; es bueno tenerlo en cuenta en qué medida esta gente tuvo que romper con estructuras, romper con privilegios que les hubieran permitido vivir cómodamente, en qué medida se lanzaron por un imperativo moral a una tarea absolutamente descomunal y un poco a luchar contra los molinos de viento.

Deodoro Roca escribió una breve página que se suele titular “autobiografía”, poco antes de morir; y que termina diciendo: “no he actuado en la vida pública de mi país desde la angostura de programas y partidos políticos, pero he hecho al margen de ellos y desinteresadamente una intensa y riesgosa vida pública. La haré hasta que muera porque me interesa hasta la pasión el destino de la patria y sobre todo el destino del hombre”. Yo quiero cerrar esta evocación de Deodoro invitándolos a ustedes a que traten de leerlo, que traten de buscarlo, hay cinco libros que se han publicado, de los que él no publicó, sus discípulos, sus seguidores, hemos reunido cinco, seis, ahora, con el de Kohan, seis libros formados por sus cartas, sus escritos, sus artículos periodísticos, sus defensas iniciales, todo lo que se ha podido reunir de él que tiene un valor literario extraordinario, y ya que hablamos de valor literario voy a cerrar recordando en la medida que pueda, la magnífica elegía que le dedicó uno de sus grandes amigos, Rafael Alberti, el grandísimo poeta español que acaba de morir también pasado los noventa años. Se titula: “Elegía a una vida clara y hermosa”, escrita remontando el Paraná en la primavera de 1942. Deodoro, se cumplen 110 años de su nacimiento el 3 de julio, y ése es un pretexto más para recordarlo. El poema dice algo así como:

Yo sé a quien preguntarle, a quién decirle
cantos, cosas, razones de su vida;
por qué altura de álamo medirlo;
por qué piedra indagarle
la densidad del agua conducida
remansada en su río;
por qué tanto llorarle sin llorarle,
por qué decirle nuestro y por qué mío.
Yo sé cómo llenar ese vacío
que deja un árbol ya desarbolado,
una roca tocada de inclemencia,
una hundida creciente,
la luz de un resplandor arrebatado.
Sueñe el bosque su verde transparencia,
su voz el mar, la cumbre alta su frente,
la llama el corazón de su pasado,

como se pierde un barco iluminado
entre dos tristes selvas litorales;
se extermina de pronto una arboleda,
un hombre verdadero;
así sus claras ondas fraternales,
lo que descuajó el hacha y que nos queda:
libre, un claro sendero,
difícil y advertido de señales.
Mudos los largos llantos funerales. 
Alta estrella, más no para loores.
Alto río, más no para la escoria. 
Árbol alto, mas para bien movido,
¡arded, bullid, sonad, laboradores!
La vida clara, hermosa la memoria,
hermoso su sentido,
claro su ejemplo y claros sus deudores.

 Clementi: Deodoro Roca tenía muy presente lo que pasaba en el mundo y siempre con un punto de vista tan lógico, tan trascendente, viendo el pro y el contra, y las opciones que él tomó son las que tomaríamos o las que hoy tomamos los historiadores sensibles. Hay una comparación entre Chaplin y Hitler, que es desopilante, en el sentido chaplinesco de Hitler, pero al otro lo llama el espantapájaros sonriente, o algo así, lleno de poesía. La verdad es que era un gran escritor. No hay ninguna mención al radicalismo y es como patético desde hoy pero también es refrendador de un estilo de libertad que él había logrado instalar en la universidad y que se vivía en torno a los círculos que se iban ampliando... En el fondo, la década de 1920 es un período muy complejo en nuestra reflexión social e intelectual y que Roca registra de forma magistral. Estoy muy irrigada por la lectura del libro antológico de Kohan. Y le hago una pregunta a Biagini, si nadie se la hace ¿Cómo encontró todo este material que, francamente, yo desconocía y atribuía más al sector socialista, a Palacios?

Biagini: No fue justamente lo que llaman la perla del historiador, el clásico ejemplo de cuando no se alcanza a tener demasiadas luces como para ensayar alguna hipótesis de trabajo, entonces se trata de buscar el documento perdido y con eso hacerse supuestamente célebre. Ha sido más que nada una motivación personal de querer asir este gran protagonismo juvenil y universitario que, como decía Horacio Sanguinetti, parecería hoy desleído. Con ayuda directa de muchos alumnos, me propuse revisar periódicos viejos, meterme en los archivos, impulsado por ese afán de mantener algún ideal encendido, de no quedarse cruzado de brazos diciendo que el mundo ha sido siempre igual, sobre todo en esta época del sobredeterminismo globalizante. Mostrar que las cosas fueron distintas y pueden llegar a ser diferentes, que hay algo como la voluntad, que ahora también está en decadencia como concepto. Una tradición que fue dejada de lado por bohemia, como fantasía idealista extrema. Un pensamiento que hoy en día tenemos acaso que recuperar.

Clementi: Yo diría que con Deodoro no hay riesgos de olvidos. Pero a la vez tiene la esperanza del diálogo superador. La verdad es que sólo el período de los gobiernos radicales respetó a la universidad, y no mandó un solo soldado para reprimir el accionar estudiantil. Por otra parte pienso en Ricardo Rojas, escribiendo su Historia de la Literatura Argentina, con sus alumnos investigadores, que es un recorrido ineludible para entender tantas cosas de nuestro origen, que no pudo hacerse sino dentro de ese medio propicio. Pero en la medida que el diálogo fue cercenándose también el accionar y las ideas fueron perdiendo esa confianza en la resolución de los objetivos.

Sergio Díaz: No tuve la suerte de vivir esa época, pero por todo lo que he escuchado ahora y por lo que escuché hace 25 años, en los 80 años del nacimiento del padre del doctor Sanguinetti, y por otras cosas que he leído, entiendo que este movimiento universitario no fue pura y exclusivamente para cambiar a la universidad sino que fue también ampliado para cambiar estructuras sociales que se mantenían desde el siglo XIX. Llegar a un punto de equilibrio, con las situaciones injustas que la sociedad provocaba; entre una elite y una clase media que estaba naciendo y que iba a ser el pulmón y la fuerza de la nueva Argentina. Eso es lo que yo entiendo.

Sanguinetti: Yo quiero recordar, a propósito de lo que se nos dice, una famosa frase de Deodoro Roca, otra de sus famosas frases: “el puro Universitario es una monstruosidad”, es decir, el universitario tiene que estar implicado en la sociedad y no hay Reforma Universitaria, dice él, sin un correlato social. Dos cosas más: primero Deodoro y el radicalismo, él fue quien recibió y despidió al interventor de la universidad de Córdoba (Salinas), era por supuesto el ministro de Yrigoyen, en una actitud de mucha gratitud hacia el gobierno en ese momento, que Lugones le imputó. Después, en las postrimerías del ‘29 y principios del ‘30, él estaba fuertemente en contra de Yrigoyen, le parecía que Yrigoyen realmente no acertaba a gobernar. Sobre el ’35-’36, empieza a postular el frente popular, se enoja porque el radicalismo se mantiene en una postura propia y no admite el frente pero apoya, como Sergio Díaz nos podría explicar claramente, apoya vivamente a la fórmula Sabattini - del Castillo, los grandes gobernantes de Córdoba en los fines de esta década; dice de Sabattini ”vozarrón saludable que viene de la Plebe”.

Clementi: Horacio Sanguinetti se ha dedicado a renovar la visión de Deodoro Roca a través de una documentación más precisa. Pidámosle que explique esta misión pasional que lo lleva a estar implicado con Deodoro.

Sanguinetti: Muy brevemente, pero desde que apareció su libro El difícil tiempo nuevo, donde es impresionante el análisis que hace de la política americana y argentina, de los temas culturales, yo quedé fascinado con ese libro que aparece en al año ’56. Después, siempre “rinforzado” sobre los mismos temas, he seguido una investigación con discontinuidades sobre la obra de Deodoro que está dispersa, inconexa, que se ha perdido, pero siempre admirando mucho, desde luego su figura intelectual y moral y no he experimentado cambios en este sentido, pero sí he manejado cada vez más información.

Clementi: El libro de Deodoro Roca, El difícil tiempo nuevo, salió muy poco después del libro de Ezequiel Martínez Estrada, que se preguntaba que estaba pasándole a los argentinos, a la caída de Perón en el ’55. Y son dos libros claves para interpretar y comprender lo que nos pasó hasta ese entonces, y después. Me parece que ambos están agotados, o quizás hubo sobre ambos un olvido deliberado. No es casual que fuera la Editorial Lautaro la editora. Sucede además que la dueña de esa editorial, Sara Maglione de Jorge, solía veranear en Córdoba y allí estuvo Deodoro Roca no pocas veces, quizás junto a Pablo Neruda, o Gregorio Araoz Alfaro, o Enrique Amorim, todos amigos comunes, y cantidad de otros españoles refugiados de la dictadura del General Franco.

Fabiana Mastrángelo: Quería preguntar cómo profundizó Deodoro Roca, el tema de la universidad continental que está tan unido al tema de la Reforma, y que otros pensadores chilenos, anteriores a él, como Bilbao, estuvieron trabajando. Y, por otro lado, si ese espíritu ético que usted mencionó y profundizó, se dio en todos los momentos de la Reforma, específicamente en lo que se llamó el ciclo de oro de la universidad, el resurgir de la universidad, entre el ‘58 y el ‘66 aproximadamente. Y, además, ¿no había una adecuación del espíritu reformista de la época, un poco quizás lo que decía Biagini? Esas eran mis inquietudes. (Yo trabajo en la Universidad de Cuyo en Mendoza.)

Sanguinetti: Deodoro en realidad, se apartó de la universidad desde 1922 o una cosa así. Renunció a sus cátedras, no toleraba ningún tipo de disciplina, ni siquiera disciplina intelectual forzosa, era consejero, renunció al consejo y no se ocupó específicamente del tema de la universidad latinoamericana en sí; se ocupó de Latinoamérica, se ocupó con una famosa encuesta que hizo en Flecha sobre los 20 años de la Reforma en el ’38, en donde convocó a todos los principales reformistas de América a colaborar y donde muchísimos contestaron y estaban todos estos temas, y el tema de la dimensión latinoamericana, que él tenía muy presente, además, él permanentemente recibía a los exiliados: Haya de la Torre, los exiliados bolivianos, chilenos, peruanos, etc., que lo visitaban y le mantuvieron una fidelidad y un respeto muy grande. Todavía recuerdo que el vicepresidente de Brasil, allí por el año cincuenta, llamado café Filho llegó a Córdoba y lo primero que hizo fue ir a la tumba de Deodoro Roca; o sea que él era una figura de dimensión americana.

En cuanto al aspecto ético, hay que reconocer que la Reforma tuvo sus caídas, hay momentos en que no todos los reformistas tuvieron la capacidad moral que tuvieron estas grandes figuras; de modo que habría una serie de episodios que correspondería depurar, además mucha gente, (es otro tema, claro), traicionó también a la vejez, o a la madurez, de los ideales de Reforma. El propio Lugones que había sido reformista en el ‘18 , se burla de Deodoro, y ahí se inicia la polémica, cuando dice “un hombre serio, un hombre en serio debe tener esta actitud: cuando tiene 20 años romper vidrios, cuando tiene 30 poner vidrios y cuando tiene 40 en adelante fabricar vidrios”. Pero yo debo recordar con profunda emoción, la universidad donde yo me formé. Yo tuve la gran fortuna de hacer la mayor parte de mi vida universitaria dentro de la universidad autónoma y democrática que rigió el país entre el ‘55 y el ‘66, desde la caída del peronismo, y los bastones largos y el golpe troglodítico de Onganía. Y esa fue una universidad excepcional, quizás la más grande que haya tenido el país nunca, la más excepcional y esto no era sólo en la Universidad de Buenos Aires. En todos lados se reprodujo este fenómeno y era una universidad que tenía un enorme grado de autonomía; casi de independencia. La ley universitaria decía que si había colisiones en una norma legal y una norma del Estatuto de la universidad, prevalecía la norma del Estatuto de la universidad; era absolutamente tajante, y eso llevó a hacer grandes cosas; y disponía además, de fondos, siempre protestábamos y pedíamos más fondos, pero teníamos una verdadera fortuna y cuando hubo los planes de austeridad en el gobierno de Frondizi, las universidades fueron exceptuadas, como han sido ahora con el recorte, pero en ese momento las condiciones permitían hacer grandes cosas, había realmente con qué hacerla y ninguna universidad que no tenga un mínimo necesario, puede hacer cosas importantes. La tercera cuestión se la dejo a Hugo Biagini.

Biagini: Si la Reforma Universitaria ha trascendido, en buena medida, ello proviene de una imagen muy original sobre la casa de estudios. Frente a las dos grandes tradiciones: academicista alemana (o cientificista) y la profesionalista bonapartista, los reformistas hacen una síntesis superadora al plantear también la función social de la universidad y su autonomía, en cuanto a no depender de las academias ni del Estado sino de sus propios componentes, lo cual representó una gran avanzada. El otro sentido apunta a no desligarse del medio circundante; una cuestión que recién hoy se establece como objetivo oficial de la universidad en organismos internacionales como la UNESCO, que fija junto a las funciones institucionales clásicas -búsqueda y transmisión del conocimiento- la crítica social y el compromiso ético. Refutamos así todas esas propuestas que ahora pretenden instaurar una nueva Reforma Universitaria porque la primera ya caducó, apuntando a evitar la politización de las universidades y disminuir la representación estudiantil. Estos designios tecnocráticos muy lejos están de haber superado el modelo original, que recién aparece en Europa reimplantado después de la Segunda Guerra Mundial cuando salen los estudiantes también a reclamar las transformaciones dentro de las casas de estudios, y también defienden al plano comunitario.

Lo que decía la amiga de Mendoza con respecto a los cambios de la Reforma, también es muy significativo y justamente es lo que le da validez, la posibilidad de adaptarse a las distintas épocas y a veces posturas, cuando hay elementos más aquietados desde el punto de vista de lo que representa la institucionalización de un país; poder mirar más hacia adentro, ocuparse de los problemas propios, de la actividad académica. En este aspecto es muy interesante ver las distintas fluctuaciones doctrinarias que ha habido dentro de la reforma, lo que la hace tan valedera por otra parte. Don Arturo Roig ha trabajado muy bien sobre las distintas acepciones que ha tenido el movimiento reformista. No vamos a hacer una exaltación dogmática. El reformismo no es acrítico, evidentemente ha habido notorias desviaciones pero que no han hecho mella a los principios o a las consideraciones principales que han sido dadas por estos grandes hombres y que siguen vigentes. De ahí el afán nuestro por revalorizar todas estas tradiciones, hacer ver a la juventud cómo se puede estudiar, trabajar y luchar; y que no sólo hay que rezar por parte de los curas, no sólo hay que estudiar por parte de los alumnos, no sólo trabajar por parte de los obreros, sino que hay muchas otras cosas que hacer como personas, como hombres.

Clementi: Yo no sé si hay alguna otra pregunta...

Otra intervención: Yo quería hacer una pregunta; ayer apareció en el diario La Nación, un artículo, una nota que dice “los centros de estudiantes tendrán reconocimiento legal. De aprobarse la iniciativa, obligaría a un control externo en el manejo de fondos”. Como aparece en la nota, es como si los centros estudiantiles necesitarían ahora el apoyo de alguna Fundación para poder sostenerse, mantenerse o realizar una tarea. Esta es la pregunta que yo hago, no sé cuál es el estado de esto en este momento, pero la nota apareció.

Clementi: No sé si es una respuesta que corresponde a esta reunión, pero en todo caso el doctor Sanguinetti es el más indicado para responder.

Sanguinetti: Muy rápidamente, los centros de estudiantes funcionan un poco de hecho, que es históricamente así, han funcionado en la clandestinidad durante décadas. No conozco bien el proyecto, ahora funcionan ostensiblemente, no en la clandestinidad, pero muchos, de hecho con un estatuto, son sociedades de hecho, algunas otras no, tienen personería; habría que conocer este proyecto, yo vi también la noticia, pero tampoco los diarios dan una visión exhaustiva; pero no debe apuntar a eso, a que tenga una fundación que los sostenga, sino a que se ordenen desde el punto de vista jurídico, lo cual me parece que no es adecuado. El centro de estudiantes, si quiere lo hace, si no quiere no lo hace, funciona como una sociedad de hecho, como pueden funcionar las agrupaciones dentro de la universidad, me parecería que sería un formalismo esterilizador.

Nueva intervención: Soy alumna del Liceo 1. Mi pregunta a ustedes que estudiaron la vida de este señor Roca, ¿qué creen que el pensaría del estado, de la situación en que se halla la educación hoy en la Argentina; qué pensaría él?

Clementi: Muy buena pregunta.

Sanguinetti: Es hacer un poco ciencia ficción, yo digo lo siguiente, en realidad la Reforma universitaria no es “un rayo en un día de sol”, tiene sus antecedentes y viene directamente de Mayo, de Alberdi, de Echeverría, y viene de Sarmiento, que es el gran propulsor de la educación popular, y quizás si esta gente estuviera, a lo mejor podríamos preguntarnos ¿estaríamos como estamos?. Yo extraño a veces la presencia, por ejemplo, de Alfredo Palacios en la vida cívica argentina.

Clementi: Cuando yo entré a la universidad ya estaba la religión del peronismo. Después sobrevino lo del laico libre y era un pandemonio; sin embargo se renovaron los libros, las colecciones de revistas, la gente fue al exterior, y la universidad creció de una forma impensable. Por eso nuestra vida, nuestra trayectoria, es muy contradictoria, no hay respuestas únicas. ¿Quién más quería hablar?. ¿Hay alguna dirigente estudiantil o algo así, que pueda dar una voz, si quiere?

Fernando: Soy estudiante del profesorado Joaquín V. González. Ya que ustedes hablaron de lo que hay que rescatar de los ideales de la Reforma desde un punto de vista continentalista de la educación y de la sociedad en sí; y del mismo Deodoro Roca como personaje ético-moral; y de un frente de la unidad estudiantil; quisiera preguntarles si hoy podría haber un grupo de jóvenes o de estudiantes (secundarios, universitarios) que pudieran lograr esto sin transformarse en una élite, como ocurre casi siempre.

Biagini: Si hay algo que de alguna manera puede tomarse de la actualidad, de las expresiones finiseculares, de la posmodernidad, es la idea de no creer en un sujeto único protagónico que se desenvuelve a través del tiempo, que lleva adelante las de ganar junto a otros que siempre pierden. En ese aspecto ha habido una buena lección de la historia: no hay un único agente social ni histórico y justamente la juventud ha cargado mucho con eso. Es un siglo entero, el XX, en que la juventud ha tenido que hacer misiones morales no sé cuántas veces, y quizás lo que hoy en día se clasifica de narcisismo a veces es un actitud de mayor cautela, una mayor posibilidad de elegir, quizás libremente, si adhiere a algún partido político, si ingresa a un movimiento civil, social, etc. Hoy en día la cosa parece más atemperada en principio. No creo en un hegemonismo absoluto; igual que en el plano mundial, comparativamente, la juventud sigue cumpliendo un papel bastante de vanguardia, tanto en la defensa de la educación como en distintos terrenos, desde las luchas contra las dictaduras y todo lo que significa el compromiso en general. Estamos hablando de la juventud y de otros sectores que fueron considerados pasivos, salvajes, imitativos y sin una función creadora: la mujer, el niño, el anciano, el demente, el homosexual y todo aquél que queda afuera del prototipo del adulto blanco europeo, pudiente e ilustrado.

María Angélica Petit: Con respecto al proyecto de organización de las asociaciones estudiantiles mejoradas por alguna legislación que imprima un acuerdo económico. Yo, para mi país, Uruguay, no vería con buenos ojos una propuesta similar, me parece que la independencia total que tiene que tener el movimiento estudiantil podría quedar coartada. ¿Qué se piensa aquí en Argentina sobre las universidades privadas? En el Uruguay tienen una historia que básicamente se asienta a partir de la intervención durante la dictadura de la Universidad de la República. En ese momento con justicia y con provecho empezó el desarrollo de una institución no universitaria que es lo que se llama el C.L.E.H (Centro Latinoamericano de Economía Humana). Una persona destacadísima en esa instancia fue el arquitecto Juan Pablo Terra; en ese momento tuvo sentido y en realidad no era una universidad, era un centro; pero después cuando se recuperó la universidad y dejó de estar avasallada e intervenida, en el año ’85, se sucedieron en forma un poco grotesca universidades privadas que se han ido aceptando como una imposición de hecho. Debería incluso hasta mencionar una universidad privada reciente que se ha titulado Universidad de Montevideo; el doctor Ardao ha escrito sobre ello y, evocando su texto, se está llevando adelante un pleito judicial, porque la Universidad de Montevideo fue Universidad de la República. Entonces, hasta ese equívoco se plantea. ¿Qué pasa acá con las universidades privadas?, en Chile, cuando yo estuve hace unos años había 66 y me quedé asombrada.

Sanguinetti: Esta es una realidad compleja, efectivamente es un hecho imparable, cuando éramos jóvenes estudiantes combatimos, con todas nuestras fuerzas la creación de universidades privadas, creíamos que esta era una obligación privativa del Estado. Finalmente se establecieron con ciertas salvedades que todavía podían implicar algún control del Estado y la expresa disposición de los que no podían recibir fondos del Estado. Como era previsible ambas cláusulas han ido cayendo y la realidad es muy variada. Hay universidades buenas, hay universidades espantosas, en favor de ellas debo decir, que en mi experiencia personal durante el proceso, cuando nos echaron, un montón de gente de la universidad pública, cosa que fue el pasaje en cualquier momento en estos países “hispanos calientes” como diría Deodoro, las universidades privadas, en mi caso la de Belgrano, tuvo, se dio la oportunidad de reafirmar en la educación, y de resistir las presiones que inclusive hubo por parte de los militares, para que todo aquel que había quedado extrañado de las universidades públicas también lo fuera de las privadas. Esto yo no puedo dejar de reconocerlo porque ellos resistieron esas presiones, y pienso que si yo, en mi caso particular, no hubiera mantenido algún contacto con la docencia, que lo hice a través de esa universidad, probablemente cuando se restableciera la democracia se hubiera vuelto totalmente a nuevo en ese momento; entonces, por tradición intelectual yo las veo con mucha desconfianza. Sin embargo, tampoco subsiste el anticlericalismo del siglo XIX, hay muchas cosas que se han ido adaptando y lo que hay que hacer, ya que están, es controlarlas, que no se reproduzcan tanto. Asimismo, durante el gobierno anterior se han creado infinidad de universidades nacionales que, en realidad, constituyen un exceso.

Biagini: La oposición ya no sería entre público y privado, una especie de parteaguas, evidentemente la enseñanza pública no deja de ser un valor fundamental en sí mismo que hay que defender y preservar al máximo, porque cada vez está más amenazada, como el espacio público en general, por el llamado neoconservadorismo, la privatización y desregulación del Estado. Hay algo más profundo quizás, diferenciando dos tipos de universidades, una reproductora que trata de evitar los cambios de todo tipo, entre las cuales, habría, a su vez, dos subtipos o categorías: la universidad mordaza, militarizada, que hemos conocido y sufrido de cerca, prohibitiva total, que es la antiuniversidad; por otro lado, dentro del modelo reproductor del sistema: la universidad empresarial, a la que generalmente se asocia con la privada, pero hay privadas y privadas...A veces en universidades privadas han enseñado los intelectuales más críticos y hay países en que la universidad pública es más costosa que la privada. Entonces está el modelo reproductor y está el otro modelo, idealista, en el cual también hay dos variantes de universidad: una de carácter revolucionario, de la barricada, de la trinchera; y por otro lado la universidad, que está más cerca de la tradición reformista, que es una universidad propositiva, que no esta de espaldas a los problemas sociales. Podemos preguntarnos si aún la universidad argentina pública mantiene esta tradición de denuncia y orientación, si sugiere soluciones alternativas.

Clementi: Estoy muy de acuerdo con las dos respuestas. La verdad es que las universidades privadas alojaron a los universitarios que debieron irse, recuerdo que yo di Historia de la Historiografía Argentina en la Universidad de Belgrano cuando salí en el ’66 de la Universidad de Buenos Aires. Nadie quería dar esa materia, ni siquiera en la Universidad de Belgrano, porque era confesar una posición y era quizás un riesgo. Uno ve la forma en que estudian nuestros chicos ciencias sociales y es una fábrica de reacción, porque realmente es lamentable el descuido, la falta de medios y la abundancia de gente que quiere estudiar...Los años ’20 fueron cruciales y sin embargo la universidad dio su palabra y todavía hoy está plena de sentido, y es una cuestión ética también, del profesional, del estudiante, del profesor, del ciudadano...

Fue bastante fructífero el cruce de opiniones y podemos dar por levantada esta primera parte del acto de hoy.

 

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Hugo E. Biagini, Compilador. Arturo Ardao y Arturo Andrés Roig. Filósofos de la autenticidad. Jornada en homenaje a Arturo Andrés Roig y Arturo Ardao, patrocinada por el Corredor de las Ideas y celebrada en Buenos Aires, el 15 de junio de 2000. Edición digital de José Luis Gómez-Martínez y autorizada para Proyecto Ensayo Hispánico, Marzo 2001.
© José Luis Gómez-Martínez
Nota: Esta versión electrónica se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan.

 

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