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| Rolena Adorno |
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"Contenidos y
contradicciones: Rolena Adorno (1) |
| Las
aseveraciones recientes sobre la autoría de la Nueva corónica y buen gobierno se
perfilan siempre más como un reto a la historia del Perú antiguo, la conceptualización
de sus instituciones culturales y la existencia de la voz andina durante la primera época
colonial. La controversia incluso se ha caracterizado como una contienda entre distintas
versiones nacionales de esta historia. En tales circunstancias, puede ser útil recordar
sobre qué bases la identidad del personaje histórico de Guaman Poma se construye,
yuxtaponiéndolo con lo sabido (y lo aseverado) acerca del jesuita mestizo Blas Valera. * * * Al estudiar la obra firmada por Felipe Guaman Poma de Ayala, de la cual se ha afirmado recientemente que ha sido redactada por el jesuita mestizo Blas Valera, nos enfrentamos con dos problemas: el primero es la falta de conocimiento directo de la obra de Blas Valera (2). El segundo es la lectura superficial y selectiva de la muy abundante obra--la "monstruosa miscelánea", como Porras Barrenechea (1948: 57) la identificó hace más de medio siglo--de Felipe Guaman Poma. Cualesquiera que sean las afirmaciones al respecto, tendremos que hacer, por fin, un balance de los contenidos de la obra completa de la Nueva corónica y buen gobierno en relación a las breves y esquemáticas aseveraciones del recién descubierto manuscrito napolitano (ver, al respecto, Adorno 1998) y sus adjuntos (3). Para los que no conocen, o conocen superficialmente, la Nueva corónica y buen gobierno, hay dos puntos que parecen prestar credibilidad a las afirmaciones de los materiales napolitanos. Una afirmación sería el hecho de que Guaman Poma expresa admiración por su medio hermano que es mestizo y sacerdote (los atributos de Blas Valera, el de los Comentarios reales del Inca Garcilaso y el de los manuscritos napolitanos). La otra sería la condena expresada por Guaman Poma acerca de la campaña de extirpación de idolatrías de Francisco de Avila en Huarochirí (punto que parece dar apertura a la idea de que el autor de la Nueva corónica y buen gobierno defiende las religiones tradicionales andinas). Estos dos puntos--la actitud del autor hacia el padre Martín de Ayala y el padre doctrinante Francisco de Ávila--sólo parecen prestarse a una interpretación que esté de acuerdo con las aseveraciones acerca de Blas Valera en los manuscritos napolitanos (4). Sin embargo, en su totalidad, la crónica de 1615 cuenta otra historia. Por eso, hay que leer la Nueva corónica y buen gobierno página por página y preguntarse: ¿Puede un jesuita mestizo de Chachapoyas de la segunda mitad del siglo XVI ser el autor verdadero de la Nueva corónica y buen gobierno? Adelanto mi conclusión: Si el nuevo Blas Valera que vislumbramos indirectamente en los manuscritos napolitanos es el verdadero y auténtico (y no el de los Comentarios reales) , ni él ni su amanuense, el hermano mestizo Gonzalo Ruiz, puede ser la voz, la mano y la mente que conceptualicen y redacten la "obrecilla" dedicada al rey Felipe III. Estas pertenecen sin duda a ese autor que expresa una óptica consistente y definitivamente contraria a los valores atribuidos al nuevo Blas Valera. En esta oportunidad quiero destacar tres de estos contenidos fundamentales y persistentes de la obra: primero, la condena constante y obsesiva por parte del autor de la crónica de la nueva raza mestiza; segundo, su actitud ortodoxa hacia las enseñanzas y los ministros de la iglesia romana y sus campañas contra los ritos y religiones andinos antiguos y, tercero, su desprecio feroz y total del grupo étnico de los chachapoyas, mitmaqkuna en la zona de Huamanga. Cada una de estas líneas de investigación no queda aislada sino que lleva consigo una conjugación sincrónica de documentos y dibujos externos a ella: cartas, informes, memoriales y expedientes. Se trata, en efecto, de "redes" documentales, literarias y artísticas en las cuales se inserta la obra guamanpomiana y cuyos elementos se verifican y apoyan mutuamente (Adorno 1998: 380-87). Además, sus manifestaciones no son notas superpuestas que se agregan aquí y allá para disfrazar al supuesto autor real, sino que constituyen el meollo de la obra y son el crisol desde el cual ésta surge. I. En los últimos veinte años hemos visto en relación con el autor de la Nueva corónica y buen gobierno la publicación de una serie de documentos que ha tenido varios puntos culminantes (ver, por ejemplo, Stern 1978; Pereyra Chávez 1997). Uno de éstos es la publicación completa de una compilación de documentos y peticiones legales que se ha conocido fragmentariamente desde los años cincuenta en relación con la defensa de los clanes de Guaman y Tingo en los cuales Guaman Poma ha intervenido de un modo tenaz y sostenido (Mañaricúa 1955;Guillén Guillén 1969). La publicación del Expediente Prado Tello en 1991 no sólo reveló las actividades jurídicas de Felipe Guaman Poma y sus familiares y vecinos durante la larga década de 1590 sino que se coordina con otros documentosla Compulsa Ayacucho (la sentencia criminal contra Guaman Poma efectuada en 1600) y la propia Nueva corónica y buen gobiernopara destacar una red de actividades coherentes cuyo punto culminante fue la desilusión de Guaman Poma con el sistema jurídico colonial y la decisión de tomar la pluma para informarle al rey sobre la destrucción de la sociedad en "Las Yndias del Perú" (ver Zorrilla 1977; Prado Tello 1991; Adorno 1993). En el contexto del presente debate, el resultado más importante del escrutinio de las peticiones contenidas en el Expediente es la confirmación de la identidad de su prosa y sus composiciones gráficas y las de la Nueva corónica y buen gobierno. Precisamos: con respecto a la gramática y el léxico, la Nueva corónica y el Expediente son idénticos. Gramaticalmente (Urioste 1980), predominan la falta de correspondencia en número o género entre frases nominales y/o verbales ("an armado casas...no las quiere rremediar") y el uso de frases nominales caracterizadas por ñisqa ("los dichos españoles," "las dichas mis tierras"). El léxico idéntico al de la crónica, el empleo de recursos retóricos como el polisíndeton ("y...y...y") y el lamento típico ("no las quiere rremediar ni ay rremedio") que le sirve como firma ponen en la prosa de los dos escritos el sello de la autenticidad guamanpomiana. Iconográficamente sacamos las mismas conclusiones. De hecho, la evidencia es aún más precisa por tratar de composiciones artísticas cuya marca personal es muy particular. La compilación de documentos legales en cuestión es una copia hecha en el siglo diecisiete, a partir de aproximadamente 1646 (Macera 1991: 27). La parte que se refiere a Guaman Poma consiste en los reclamos hechos por los herederos de Don Domingo Guaman Malqui de Ayala (6) y Don Juan Tingo de las tierras en el valle de Chupas (éstas incluyen Andas, Palca, Pacainoc, Rantavilca, Querapampa, y Chiara Urco). Los dibujos de Guaman Malqui y Juan Tingo aparecen en el documento, al igual que un mapa de la jurisdicción de Huamanga que incluye Chupas (Prado Tello 1991: 157, 163, 167-68). El mapa reune todos los elementos que encontramos en la Nueva corónica y buen gobierno: la representación de caminos e iglesias anticipa lo que encontramos en el capítulo del Buen gobierno dedicado a las "ciudades y villas" del reino indiano, y todos los elementos que componen el dibujo de la ciudad de Guamanga anticipan el empleo de los mismos (y otros más) en el capítulo de la crónica dedicado a las ciudades. El retrato de Don Domingo Guaman Malqui que se reproduce en el expediente es evidentemente una copia del dibujo original hecho por Guaman Poma para acompañar su pleito. Además, este retrato de Don Domingo Guaman Malqui es idéntico al del abuelo de Guaman Poma, Guaman Chaua, en la Nueva corónica (7), con una pequeña variente: El adorno que allí Guaman Chaua lleva en su muñeca se encuentra colocado en sentido contrario al espectador y sus piernas están cubiertas con flecos que cuelgan desde la rodilla (Guaman Poma 1980: 167) (Figuras 1 y 2). Similar a la comparación del mapa del expediente y las ciudades y villas de la crónica, los dibujos en la crónica muestran más refinamiento en cuanto a sus detalles, debido al hecho de ser originales de Guaman Poma y no copias hechas por otro. En su conjunto estas semejanzas nos revelan algo importante: Para mediados de la década de 1590, Felipe Guaman Poma había concebido y realizado algunas de las composiciones artísticas por las cuales lo conocemos en su crónica y estaba empleando la argumentación y modos de expresión que llegarían a caracterizar toda la extensión de su gran obra. Además de estas correspondencias formales entre el Expediente y la crónica, se puede confirmar también la identidad y coherencia de sus contenidos. En efecto, éstas consisten en las demandas de Guaman Poma por justicia que atraviesan toda la Nueva corónica y buen gobierno e incluyen las demandas específicas de que los indios vagamundos invasores de sus tierras vuelvan a sus encomenderos y trabajen en las minas (ver "Pregunta su magestad"). Tanto en el Expediente como en la crónica Guaman Poma insiste en el reconocimiento de sus derechos a las tierras (en particular, a las tierras de Chiara en el valle de Chupas) en contra de sus enemigos litigantes, los chachapoyas. Insiste en que sus derechos han sido reconocidos "desde el tiempo del Inca." Por estos medios el autor de la Nueva corónica y buen gobierno se enlaza formal y temáticamente con el demandante del expediente Prado Tello, siendo los dos Felipe Guaman Poma de Ayala: la misma mano, la misma mente. Gracias al expediente, podemos confirmar que, al contrario de la sentencia contra él anunciada en diciembre de 1600 en que se le calificaba de impostor de nombre de "Lázaro," Guaman Poma pertenecía a los distinguidos clanes Guaman/Tingo y fue reconocido por tal durante toda la década (1590s) de los litigios llevados a cabo en Lima y Huamanga. Guaman Poma menciona sólo de paso su fracaso y lo enmarca relatando su decisión de llevar una vida de pobreza para "ver y entender las injusticias del mundo" que eran (según dijo) desconocidas para él en su condición de noble (Guaman Poma 1980: 916, 917). Guaman Poma (1980: 919) no narra en la crónica el resultado del proceso (la sentencia de doscientos azotes y el destierro de Huamanga y seis leguas a la redonda por dos años [Zorrilla 1977: 63]), pero se detiene para criticar a uno de los funcionarios que rechazó la cédula real que confirmó el título de propiedad de Guaman Poma y sus familiares. Guaman Poma le acusa de haber delegado sus responsabilidades a otro y no haber inspeccionado personalmente las tierras. Guaman Poma (1980: 919) lamenta: "Esto hizo comigo; ¿qué me harán con otros pobres que no sauen? ¡Espantado estoy!". Declara abiertamente su indignación pero oculta por completo la humillación y dolor que había sufrido por la sentencia (8). Aparte de las alusiones ya mencionadas, Guaman Poma se abstiene de aludir en su crónica a su pleito contra los chachapoyas de Huamanga. Sin embargo, intenta socavar su posición privilegiada de protegidos reales y su condición de fuerza político-militar por abogar la prominencia de sus propios antepasados (ver la nota 5). Debido al fracaso de los pleitos de Guaman Poma contra los chachapoyas, no sorprende que ellos aparezcan en la Nueva corónica y buen gobierno bajo una luz negativa. Guaman Poma señala que fueron conquistados por Huayna Capac Inca y que fue una mujer chachapoya, Rava Ocllo, "madre de muchos hijos uastardos", que dio a luz a Atahualpa Inca (Guaman Poma 1980: 113-14, 140, 163-64, 168, 174, 334-35). Acusa a los chachapoyas inmigrantes de Huamanga, como a la gente de la región de Lucanas donde pasó su exilio, de practicar idolatría y de hacer sacrificios de "criaturas y con oro y plata y rropa, comida y uaxillas" (Guaman Poma 1980: 269). Caracteriza a los chachapoyas como "yndios rrebeldes y ladrones, ynbosteros" y que por eso el Inca no "les dio ningún cargo" pero a los chinchaysuyos, sujetos a su abuelo Guaman Chaua, los Incas les dieron "muchos cargos y oficios, beneficios en todo este rreyno" (Guaman Poma 1980: 347). Los acusa de matar en el tiempo de la conquista al legítimo Inca Huascar ("todo se hizo por consumir y acabar al dicho Huascar Ynga con toda su generación para que no ubiese lexítimo Yngas") y de andar "rrobando y salteando y perdidos, hechos yanaconas" [criados de los señores] (Guaman Poma 1980: 397). Insiste repetidamente en que los chachapoyas debieran pagar tributo y servir en las minas, plazas, tambos y caminos, prestando los servicios personales exigidos de los demás indios (Guaman Poma 1980: 857, 871, 994). Esta es una referencia directa a los fueros disfrutados por ellos en Huamanga alrededor de 1600 por haber servido al ejército real en la batalla de Chupas que derrotó al rebelde Diego de Almagro en 1538. Por otro lado, Guaman Poma los responsabiliza a los chachapoyas por contribuir fuertemente a la proliferación de la población mestiza. Describe, por ejemplo, la ciudad de Trujillo como "tierra de muchos mestizos como de la ciudad de Chachapoyas, adonde multiplica muchos mestizos y mestizas y se acaua los yndios en esas probincias y no ay rremedio. Y los yndios se ausentan a estas probincias por no tener mugeres y porque todas las mugeres se ban tras de los españoles. Y ací se acaban [los yndios]" (Guaman Poma 1980: 1026; énfasis mío). En el pasado, Guaman Poma insiste, éstas traicionaron a los Incas legítimos al parir a "muchos hijos uastardos" (Atahualpa Inca inclusive) y, en el presente, ayudan a disminuir la raza andina al ir "tras los españoles" y contribuir al aumento de gente de raza mixta. Rebeldes y embusteros contra los Incas, asesinos de los Incas legítimos al matar a Huascar Inca, idólatras en sus sacrificios, y traidores a la raza andina a través de sus mujeres. La Nueva corónica y buen gobierno ofrece, en suma, una caracterización abarcadora de los chachapoyas que va desde el tiempo de los Incas hasta la actualidad colonial. Esta actitud no sorprende por parte de Guaman Poma, quien fue humillado y vencido por ellos y por su cacique Don Domingo Jauli, "zapatero", como lo apodó el cronista lucano. Sin embargo, no tendría sentido, y sería más insólito aún, absolutamente contradictorio por parte de quien "pertenecía por mitad" a aquel pueblo, como se describe a Blas Valera en el manuscrito napolitano (Laurencich et al. 1996: 406 [c. 8ra]). Sería inverosímil que un hijo del pueblo chachapoyano lo traicionara tan agresivamente sólo para crear un disfraz. La condena rotunda de los chachapoyas a lo largo de la Nueva corónica y buen gobierno es una de las claves que nos permiten rechazar las aseveraciones del manuscrito napolitano y sus adjuntos. Veamos ahora otro ejemplo más de éstas: II. La cita completa del mencionado fragmento del manuscrito napolitano interesa por otra razón, que es la evaluación de la religión andina y la cristiana. El texto codificado del manuscrito napolitano descifrado por la Sra. Clara Miccinelli indica que el Padre Valera no quería que los sacerdotes cristianos usasen falsamente el nombre de Jesús para acusar de idolatría al pueblo andino, porque a éste él también pertenecía por mitad; aseveraba que la religión profesada por los andinos era muy similar a la católica (Laurencich et al. 1996: 406 [c. 8ra]). Destacamos aquí la profesión de identidad con su pueblo chachapoyano por parte del Valera de los manuscritos napolitanos y su defensa de la religión andina como "muy similar a la Católica", rechazando la acusación de idolatría contra ella. El autor de la Nueva corónica y buen gobierno, sin embargo, ve la religión antigua de manera opuesta, presentando una óptica decididamente ortodoxa que incluye la plena defensa de la extirpación de idolatrías y la abogacía de la visita eclesiástica como modo de organizar y vigilar los distintos sectores de la sociedad colonial y de sus comunidades locales. Repito, no se trata de un número limitado de agregados u observaciones de paso sino de una visión profunda y abarcadora que ordena la conceptualización de su obra. Guaman Poma (1) comienza su obra dedicándola a Felipe III y señalando que "la dicha corónica es muy útil y prouechoso y es bueno para emienda de uida para los cristianos y enfieles y para confesarse los dichos yndios y emienda de sus uidas y herronía, ydúlatras y para sauer confesarlos a los dichos indios los dichos sacerdotes". Parafrasea aquí las palabras de Fray Pedro de Oré, de Huamanga, en el prefacio a la obra de su hermano Luis Jerónimo, el Símbolo cathólico indiano de 1598 (Adorno en Guaman Poma 1980: 1126n1). Guaman Poma se inspira claramente en las obras de instrucción religiosa para el pueblo andino como la de Oré y las obras producidas por y después del Tercer Concilio Limense, notablemente el Tercero catecismo y exposición de la doctrina cristiana por sermones (1585), el sermonario bilingüe (quechua y español) dirigido por el padre jesuita José de Acosta (Adorno 1978: 148-56). Siempre apoyándolas, Guaman Poma cita en numerosísimas ocasiones las decisiones de los concilios limenses, dedicadas a la evangelización del pueblo andino (Guaman Poma 1980: 232, 528, 579, 585, 586, 600, 604, 612, 622, 654, 656, 665, 673, 674, 679, 693, 701, 702, 892, 987, 999, 1089). Su propio texto demuestra que conocía íntimamente las ordenanzas promulgadas en el Segundo y el Tercer Concilios tanto como las obras de las personas allí reunidas. Entre los preceptos favorecidos por los concilios y repetidos insistemente por Guaman Poma podemos mencionar el énfasis en la necesidad de aprender a leer y escribir de los feligreses andinos, de vigilar y reformar al clero misionero cristiano, de asegurar la separación de las comunidades andinas de las de los colonizadores, de prohibir que los mestizos y negros vivieran entre los indios y de apartar a los indios hechiceros de los demás, "siendo su maldad y embustes tales que en un día destruyen todo quanto los sacerdotes de Dios han edificado en un año" (Bartra ed. 1982: 80, 153, 154, 168). Vemos estos principios referidos por Guaman Poma en numerosísimas ocasiones. Por eso no nos sorprende que, gracias al examen del manuscrito autógrafo de la Nueva corónica y buen gobierno en la Biblioteca Real de Copenhague (Adorno 1979-80: 17-18, 27nn11-13; Adorno 1980: xxxiii-xlvi; Adorno 1989: 64-70), podemos confirmar que incluso en sus correcciones finales al manuscrito, Guaman Poma se expresaba a favor de la visita eclesiástica para reformar al clero y sobre todo para eliminar las prácticas rituales tradicionales (9). Al leer detenidamente la crónica de Guaman Poma junto a las relaciones de las visitas eclesiásticas, se ve fácilmente su impacto. Sus lecturas de los catecismos y las colecciones de sermones publicados a partir del Tercer Concilio Provincial de Lima, tanto como las obras didáctico-devocionales de Fray Luis de Granada y de otros "dotores de la Iglesia", le fueron importantes en la formulación de sus argumentos (Adorno 1978: 48-56; Adorno 1989: 85-112). Hay, además, una influencia más temprana, más abarcadora y más penetrante: la de la visita eclesiástica. El autor de la Nueva corónica y buen gobierno se jacta de haber trabajado para los visitadores eclesiásticos y civiles, "ciruiendo de lengua y conuersando, preguntando a los españoles pobres y a yndios pobres y a negros pobres". La experiencia y la perspectiva de la visita atraviesan todas las partes de su obra. En primer lugar, se debe observar que la actividad de Guaman Poma como informante de los oficiales eclesiásticos sobre las prácticas nativas rituales creaba en él una actitud hacia esas prácticas que conservó hasta añadir los últimos toques a su manuscrito (10). La organización de gran parte de la Nueva corónica, especialmente los capítulos dedicados a la visita de Topa Inca Yupanqui y a las categorías de edad de la sociedad andina, reproducen el propio formato de la visita. Todos los capítulos que tratan de las prácticas religiosas y rituales de la antigüedad andina son materias recogidas, como él mismo declara, en las visitas de inspección en las cuales acompañaba al visitador Cristóbal de Albornoz, a quien pronto volveremos. El Buen gobierno en su totalidad se presenta como una visita en la cual los colonizadores se agrupan según su ocupación y su raza (desde los mineros españoles hasta los esclavos negros) y los andinos según sus rangos sociales (principales, indios comunes) y cargos administrativos tradicionales y/o coloniales. Y hay más: dentro de cada capítulo, las mismas preocupaciones por el "buen gobierno," es decir, por la cristiandad y el castigo de abusos y de crímenes, reproducen a la perfección la descripción de la relación de visita, hasta presentar los avisos o las recomendaciones que se presentan en ella. Por eso se cumple la promesa anunciada por Guaman Poma en la primera página de su obra, indicando que ésta "es bueno para las dichas rrecidencias y becita generales de los dichos yndios tributarios y de la becita general de la santa madre iglecia". Guaman Poma había servido de intérprete al visitador Cristóbal de Albornoz, quien pasó varios años en las provincias de Lucanas Andamarca y Soras luchando por la destrucción del movimiento de Taki Unquy (11). La coincidencia entre los nombres de las personas mencionadas en los escritos del uno y del otro confirman su colaboración. Los nombres de los testigos de Albornoz en su Información de servicios de 1570, tanto como los de personas andinas castigadas en su "Relación de la visita de extirpación de idolatrías" de 1584, se repiten en la Nueva corónica y buen gobierno de Guaman Poma, y la información que éste ofrece acerca de ellos revela su conocimiento directo de ellos como personalidades históricas (Guaman Poma 1980: 205, 573, 742, 748). Guaman Poma (1980: 276, 676) expresa su admiración por la conducta de Albornoz, llamándolo "llano santo hombre" y brabo jues" y revela su colaboración en las visitas de inspección al confesar la reacción hacia él de los indios visitados: "ací me quiere mal los que hazen esto". Guaman Poma dedica muchos capítulos de la Nueva corónica y muchos comentarios a lo largo del Buen gobierno al esfuerzo de alejar a los naturales de sus creencias antiguas. Las caracteriza consistentemente como "idolatría" e insiste en que los practicantes debían ser castigados "sin misericordia". Así confirma su aceptación de los juicios y castigos de Albornoz como firmes y rigurosos pero justamente aplicados (Guaman Poma 1980: 878). Concluyo que el autor de la Nueva corónica y buen gobierno no critica la institución de la extirpación en sí sino los grandes abusos cometidos bajo su nombre; el caso de Francisco de Ávila es el más notable (ver Duviols1984: 180). Así, aunque critica el comportamiento de los visitadores, no aboga por la abolición de la institución sino que, al contrario, recomienda en una de las últimas notas agregadas a su obra en su revisión sistemática de la misma que se extienda la jurisdicción de los visitadores para incluir la revisión de la conducta de los mismos padres doctrinantes y que éstos, y no sólo los habitantes nativos de las comunidades, se sometieran en adelante al escrutinio de la visita de inspección (Guaman Poma 1980: 691). Podemos imaginar que Guaman Poma tuviera en mente como candidato para tal residencia al padre doctrinante de Huarochiri, Francisco de Ávila. Y aún más: recomienda la expansión del equipo visitador para incluir a un indio ladino que sirva en cada pueblo como oficial permanente de las visitas itinerantes: "Que tengan en cada pueblo un yndio ladino cristiano y, ci pudiere, que sean todos ellos cristianos y ladinos para uedor de los padres y corregidores, comenderos, de los caciques y de los yndios mandoncillos de los dichos pueblos porque no rroben y uellaqueen. Y los yndios, que no ydulatren ni se enborrachen ni se maten y estete [sic] dicho cristiano dé noticia a la justicia de todo lo dicho del seruicio de Dios en este rreyno" (Guaman Poma 1980: 903). La consistencia de la posición del autor de la Nueva corónica y buen gobierno en cuanto a la necesidad de abolir y extirpar las creencias y prácticas tradicionales y de imponer un programa de instrucción ortodoxo y completo para evangelizar a los andinos, junto con su defensa militante de la necesidad de vigilar al pueblo andino y su exposición detallada de todas las prácticas prohibidas que sobreviven en las provincias de Lucanas Andamarca y Soras, no dejan lugar a dudas. El autor de la Nueva corónica y buen gobierno no puede de ningún modo ser alguien que abogara por la preservación de los ritos antiguos de una "religión por el pueblo profesada" como "muy similar a la católica". Es el que, al contrario, proclama: "Que todo hichezero, hombre o muger, sauen y hablan primero con los demonios de ynfierno para sauer lo que ay y pasa en el mundo. ¡Dios guarde y lo tenga en su mano a los cristianos! Jesús, María, sea conmigo. Amén. Esto se escriue para castigar y preguntar por ello a los ydúlatras contra nuestra santa fe católica" (Guaman Poma 1980: 280). Resumiendo, la óptica religiosa que fundamenta la crónica es ortodoxa e inflexible--de ningún modo sincrética o ambigua--y es del mismo que acompañó a Cristóbal de Albornoz en sus visitas de inspección a las tierras de Lucanas que el cronista conoció de nuevo después de su destierro de Huamanga en 1600. III. Pasemos ahora a la tercera clave del asunto, esto es, al tema de la Nueva corónica y buen gobierno que ha sido poco comentado por los lectores pero que es uno de los temas más abarcadores de la obra: La mezcla de las razas en el Perú colonial. Todos los lectores de la obra saben que Guaman Poma se expresa consistentemente en contra de los mestizos. La famosa monografía de Raúl Porras Barrenechea de los años cuarenta fue la primera obra crítica que destacó esta posición. Precisamente por señalar Porras (1948: 47-52) la animadversión de Guaman Poma por los mestizos como evidencia del "racismo" del autor huamanguino--interpretación que cabía bien dentro de la perspectiva hispanista y anti-indigenista de Porras en los debates sobre indigenismo y mestizaje de su época--la actitud del autor de la crónica es un tema cuyo carácter y profundidad no se ha estudiado. Es necesario hacerlo hoy, y sobre todo dentro del contexto de la afirmación de que el autor de la Nueva corónica y buen gobierno sea mestizo, hijo de un español y una mujer chachapoyana. En primer lugar, hay que decir que el tema del mestizaje en la Nueva corónica y buen gobierno no se trata, como asevera el manuscrito napolitano, de ayudar a "narrar los eventos incoherentes inherentes a la vida del hombre-protector", a fin de que se valorase la autenticidad del autor y no se dieran a despertar cualesquiera recuerdos del Blas Valera ya difunto (Laurencich et al 1996: 399 [f4v]). La condena rotunda del mestizaje no es fortuita ni un comentario de paso sino la trama y la urdimbre de la "tela" de la obra, es decir, una de las premisas fundamentales de su conceptualización. Podría señalar al respecto más de 50 pasajes largos y sustanciosos que van desde la Nueva corónica hasta el final del Buen Gobierno. Además, su posición anti-mestiza se destaca en capítulos particularmente específicos ("Pregunta su magestad" y "Conzederaciones") en donde juegan un rol de gran importancia, y figura entre los remedios básicos para salvar al Perú andino de la desintegración y de la destrucción étnicas. Así tenemos que entender el afecto y la admiración expresada por Guaman Poma por su medio hermano, que era sacerdote y mestizo, como excepción y no la norma. El autor de la Nueva corónica y buen gobierno describe a los mestizos como "rrufianes y salteadores, ladrones, mentirosos, ganapanes y borrachos, gente baja" (Guaman Poma 1980: 509, 510, 553, 555): "se emborrachan peor que yndio y se matan unos con otros y son soberbiosos con su tíos y quieren más mal éstos a los yndios y son malos cristianos, enemigos de los yndios" (Guaman Poma 1980: 551). Son enemigos de sus "tíos y tías, madres, ermanos, ermanas carnales y parientes yndios" (Guaman Poma 1980: 553; ver 555, 996) y se creen "más que Yngas" y enseñan a los indios a mentir y hurtar (Guaman Poma 1980: 928). En fin, "todos son ladrones y todos comen a la costa de los pobres yndios" (Guaman Poma 1980: 996). Guaman Poma se opone en particular a los sacerdotes mestizos. En "Pregunta su Magestad" ofrece al rey la recomendación siguiente: "Porque no se cirue Vuestra Magestad de los mestisos cino rruydos y pleytos, mentiras, hurtos, enemigos de sus tíos y mucho más de los mestisos saserdotes: que no sea dotrinante ni criollo en todo el rreyno ni lo concienta Vuestra Magestad. Y ací aumentará los yndios y se seruirá de ellos Vuestra Magestad. Y ací aumentará y grandeserá la corona de Vuestra Magestad y toda Castilla y cristiandad, Roma" (Guaman Poma 1980: 996). En la exposición de su capítulo "Yndios", el autor del Buen Gobierno agrega otro elemento al cuadro del sacerdote mestizo, aparte de la corrupción moral, y éste es el peligro de que los sacerdotes mestizos vuelvan a los ritos de sus parientes y antepasados andinos: "Que los dichos yndios deste rreyno no puedan tener por padre y cura dotrinante a saserdotes mestisos ni criollos por los gran daños y capítulos que rrezultan de ellos y puede rrezultar. Y demás de eso se entran al uzo de sus tíos, antes es parte ellos de ello. Y demás de eso son tan señores apsolutos y soberbiosos contra sus tíos y enobidente a la justicia y a su perlado y de que se mete en gobernar y hazerse justicias y tener hijos y haziendas y sementeras. Y ancí todas las justicias de Su Magestad no le concienta de oy adelante a nenguna dotrina de los pueblos de yndios deste rreyno" (Guaman Poma 1980: 902-03). Así el autor de la Nueva corónica y buen gobierno desenvuelve una campaña contra los mestizos que tiene muchos elementos: primero, el mestizo como explotador de los indios (12); segundo, el sacerdote mestizo como obstáculo a la evangelización de los indios; tercero, como fuerza que destruye la raza india andina. Por parir las indias a mestizos, "en este rreyno se despuebla los yndios"; "y algunos le fuerza a sus mugeres y hijas y le haze cargar cin pagalle. Y ancí no multiplica ni multiplicará, antes se acauarán los yndios deste rreyno" (Guaman Poma 1980: 524, 567; véase también 534, 547, 580). Según la óptica del cronista huamanguino, el problema se vuelve imposible de resolver. Aparte de las violaciones de las mujeres andinas y las reiteradas recomendaciones del autor (Guaman Poma 1980: 1125) de separar por completo los andinos de todos los grupos colonialistas, los mestizos incluso, y de ninguna manera permitir su convivencia (precepto establecido por los concilios limenses, como vimos), hay otra dimensión incontrolable. Ésta es la sumisión voluntaria de la mujer andina a los españoles: "y en ello, las yndias hazen grandes putas y no ay rremedio. Y acina no se quieren casar porque ua tras del padre y del español. Y ací no multiplica yndios en este rreyno, cino mestizos y mestizas y no ay rremedio" (Guaman Poma 1980: 579; énfasis mío; 582). Es por esto que uno de los tres temas anunciados en el diálogo del autor con el rey (el capítulo "Pregunta su magestad") es el que trata de la necesidad de "que multiplique los pobres yndios del dicho rreyno" (Guaman Poma 1980: 974). En la primera serie de intervenciones del coloquio se trata el tema de la baja de la población andina, y el autor lo explica al rey del modo siguiente: "y las dichas yndias cazadas no tienen hijo de sus maridos, cino paren mesticillos y después niegan. . . . Y allí nadie le enquieta y ací gusta más ella de estar amansebado y de parir mestizos. . . . Contar destas cosas y escriuir es nunca acabar" (Guaman Poma 1980: 984; énfasis mío). Concluye el capítulo autobiográfico agregado al manuscrito cosido ("Camina el autor"), y así la obra, con el mismo sentimiento: "Y acimismo vido el dicho autor muy muchas yndias putas cargadas de mestici[l]los y de mulatos, todos con faldelines y butines, escofietas. Aunque son casadas, andan con españoles y negros. Y ancí otros no se quieren casarse con yndio ni quiere salir de la dicha ciudad por no dejar la putiría. . . . Y ancí no multiplican los dichos yndios en este rreyno" (Guaman Poma 1980: 1138). Quiero cerrar este trabajo con este ejemplo porque revela cómo en el capítulo autobiográfico agregado por Guaman Poma a su crónica después de haberla redactado no se trata de "narrar los eventos incoherentes inherentes a la vida del hombre-protector" (Laurencich et al. 1996: 399 [f4v]) sino que, al contrario, existe una perfecta coherencia, una completa consistencia, entre las más de 125 enmiendas que Guaman Poma hace al pie de página, y el cuerpo del texto principal. Así, lo que Porras Barrenechea (1948: 48, 50-52) describiría como un racismo implacable, nosotros podemos verlo, desde el punto de vista de Guaman Poma, como su temor a un "ethnic cleansing" (limpieza étnica) --tanto pecaminosa y voluntaria como violenta e involuntaria--que llevaría a la desaparición de la raza andina. Es este sentimiento, en efecto, el que el autor de la Nueva corónica y buen gobierno expresa literalmente en casi todas las páginas de su obra. Como hemos visto, esta óptica con respecto al mestizaje voluntario e involuntario es sólo una de las claves de la visión integral que la obra presenta. Las otras son la representación detallada y siempre negativa de los chachapoyas, enemigos vitales del autor, y la campaña extirpadora de ritos antiguos sobrevivientes. ¿Podría ser un mestizo el autor de esta obra, un sacerdote mestizo de Chachapoyas además? De ningún modo. No se puede obviar la pasión y la vehemencia de las declaraciones citadas ni mucho menos el programa para la reforma y la salvación del pueblo andino que en su totalidad la Nueva corónica y buen gobierno representa. Es imposible neutralizar o disminuir la enorme energía de las dos grandes fuerzas movilizadoras de la obra: la pasión extirpadora de Guaman Poma ante la persistencia de la "idolatría" y su temor a la disminución y desaparición de la raza andina por la fuerza odiosa y amenazante del mestizaje. La articulación de estos diversos elementos revela la coherencia del conjunto y la imposibilidad de que fuera escrita por quien, en el breve manuscrito anónimo y dudoso de Nápoles, personifica el mestizaje y un sincretismo inconcebible para el autor de la Nueva corónica, es decir, Felipe Guaman Poma de Ayala. Notas
Bibliografía de obras citadas Acosta, José de
Adorno, Rolena
Bartra, Enrique T., S. J., ed.
Duviols, Pierre
Garcilaso de la Vega, el Inca
Guaman Poma de Ayala, Felipe
Guillén Guillén, Edmundo
Hemming, John
Laurencich Minelli, Laura, Clara Miccinelli y Carlo Animato
Macera, Pablo
Mañaricúa, Pedro [Mínimus, pseud.].
Mendoza y Luna, Juan de [el marqués de Montesclaros]
Millones, Luis, ed.
Murra, John V.
Oré, Luis Jerónimo
Pereyra Chávez, Nelson
Porras Barrenechea, Raúl
Prado Tello, Elías y Alfredo Prado Prado, eds.
Salomon, Frank
Stern, Steve J.
Antonio Ricardo, Lima.
Urioste, Jorge L.
Varallanos, José
Zorrilla A., Juan C.
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