Laura Febres
 

 

Pedro Henríquez Ureña
Crítico de América

INTRODUCCIÓN

El 29 de junio de 1884 nace Pedro Henríquez Ureña en Santo Domingo, República Dominicana. Uno de los teóricos más importantes del proceso de integración de la América Hispánica y uno de los críticos más importantes de la cultura de América. Era hijo de Francisco Henríquez y Carvajal, futuro Presidente de la República en ese país para 1916 y de una madre, la poetisa, Salomé Ureña quien será fundadora del primer plantel para maestras de Santo Domingo. Su niñez y adolescencia han sido descritas por un testigo presencial de los hechos, su hermano Max, en el libro Hermano y maestro. Esto hará exclamar a Pedro Henríquez Ureña más tarde:

“Yo debo a Santo Domingo la sustancia de lo que soy; claro que aquellos eran otros tiempos, tan sorprendentes para quien compara con países extranjeros, que no creo que allá se den cuenta. Para quien compara, digo, y descubre que en países extranjeros se sabrá cuantitativamente más, pero no cualitativamente mejor. Pero todavía se puede hacer mucho.” (Obras completas, Tomo IX, 342)

En estos primeros años vivieron los hermanos bajo el influjo del Modernismo hispanoamericano porque sus padres y en especial su tío Federico Henríquez y Carvajal mantienen correspondencia con los más selectos representantes de ese movimiento. Max escribirá más tarde su conocida obra Breve historia del Modernismo. Esta tendencia puede ser observada también en la primera obra de Pedro Henríquez Ureña, Ensayos críticos, escrita en Cuba entre 1904 y 1906. Allí resaltan características del Modernismo que acompañan a nuestro autor durante su vida: el sentirse ciudadano del mundo, su americanismo, que fue fomentado por una de las figuras que más admiró Henríquez Ureña durante toda su vida, José Enrique Rodó; su independencia de la organización eclesiástica y su objetividad frente al hecho político que no le permitió caer en la polémica tan usada por nuestros escritores románticos.

Este joven parte para México donde vivirá de 1906 a 1913. Época expresada fundamentalmente en Horas de estudio. En estos años sobre todo de 1907 a 1910 acentuará su interés por la crítica filosófica cuando observa en América junto con José Enrique Rodó, un interés por la seriedad del pensamiento. Hace aquí su crítica al positivismo, una de las primeras que se hace en Hispanoamérica, en sus artículos titulados: “El positivismo de Comte” y “El positivismo independiente”. Intervino activamente en las reuniones del Ateneo de México, grupo que participó en la lucha intelectual de lo que sería el amanecer de la Revolución Mexicana. En su artículo “La obra de José Enrique Rodó” hace la descripción del filósofo maestro, figura que generalmente llevará sobre sus hombros la responsabilidad del devenir filosófico en lengua española.

El orden del universo que Henríquez Ureña plantea no está basado en la creencia de la existencia de la verdad dentro de él sino en un profundo escepticismo relacionado con el idealismo de Kant a quien lee mucho en esta época. Esto le hace exclamar: “Acaso como pensaba Lessing, la investigación de la verdad valga más que la verdad misma”.

En el año de 1911 se inicia en la docencia universitaria y estudia el espíritu nacional. Y en 1913 sale de México después de que presenta su tesis de grado sobre “La Universidad”. En 1914, en Cuba, define lo que según él debe ser un buen crítico: un erudito, flexible que sepa situarse en cualquier punto de vista. Pero sobre todo tiene que conocer el espíritu de la época y del país que está tratando. El crítico siempre será tributario de los valores de la sociedad a la cual pertenece así tenga que luchar contra ellos. Consigue su flexibilidad, a veces sin proponérselo.

Entre 1915 y 1916 destaca Henríquez Ureña como periodista cuando vive en las ciudades de Washington y New York. En este último año ingresa en la Universidad de Minnesota donde permanecerá enseñando hasta 1921. Allí presenta su tesis doctoral sobre La versificación irregular en la poesía castellana en la cual demuestra que el verso libre no es una innovación modernista sino que tiene hondas raíces en la poesía castellana anterior. En estos años visita España dos veces, y se vincula por medio de su amigo Alfonso Reyes al Centro de Estudios Históricos de Madrid, dirigido por Ramón Menéndez Pidal. Los artículos iniciales de Henríquez Ureña sobre lingüística americana (“La lengua de Santo Domingo” realizado en 1919 y “Observaciones sobre el español de América” elaborado en 1921) son publicados después de sus visitas a ese Centro. De estas visitas a España nace también su libro En la orilla. Mi España.

Después de cuatro años de intentos de concientización a través de su crítica, charlas y conferencias dictadas en el Club de Español y en el Club de Relaciones Internacionales de la Universidad de Minnesota, ya que desde 1916, cuando su padre era Presidente de Santo Domingo, esta nación había sido invadida por los Estados Unidos, se da cuenta de que lo que él llamaba “la voz de la justicia” no ha sido oída y escribe una conferencia final en inglés sobre “La política interventora de Estados Unidos en todo el Caribe”.

Parte, entonces, para México donde su americanismo adquirirá un nuevo vigor. Por estos años José Vasconcelos emprende una labor hispanoamericanista desde la Secretaría de Educación de la que Pedro Heríquez Ureña formó parte activa entre 1921 y 1924. Influido por este ambiente de entusiasmo hacia la cultura, que se vivió en el México de aquellos años escribe su famoso artículo “La utopía de América” que tiene su correlato para las mentes infantiles en los Cuentos de la nana Lupe.

Contrae Matrimonio con Isabel Lombardo Toledano en 1923, hermana del famoso líder sindical comunista Vicente Lombardo Toledano y de ese matrimonio nace su primera hija Natacha en 1924.

También se realiza en México el I Congreso de Estudiantes, en el cual los jóvenes socialistas argentinos, que habían participado en la Reforma Universitaria de Córdoba, impresionaron mucho a nuestro autor. Como empieza a tener problemas con su amigo José Vasconcelos, y México empieza convertírsele en un país inhóspito, decide partir para Argentina en 1924 donde nace su segunda hija Sonia en 1926.

A partir de “El descontento y la promesa”, trabajo escrito en La Plata para su libro Seis ensayos en busca de nuestra expresión, la reflexión sobre la expresión va a ocupar un sitio fundamental. Nada mejor que continuar con el estudio de la literatura para explicar la expresión americana, para intentar alcanzar una lengua que clarificara el objeto fundamental de su investigación, el continente americano.

América es para Henríquez Ureña algo parecido a un texto que debe ser explicado y nada mejor para la interpretación de ese texto que el estudio de la totalidad de su lengua. El lenguaje es el sistema por excelencia, ya que a través de él registramos y organizamos nuestras percepciones del mundo exterior. Por eso las diferencias del español americano, no sólo nos llevaran a un estudio fonético de la región sino al conocimiento del área geográfica que cada zona dialectal describe.

Se dedica Henríquez Ureña con más ahínco a la investigación lingüística, cuando en 1930 se muda de La Plata a Buenos Aires, para ejercer el cargo de Secretario en el Instituto de Filología que dirige Amado Alonso. Para él, los trabajo lingüísticos realizados en su gran mayoría en esta etapa de su vida, van a ser una forma de analizar de una manera científica el poder de la palabra americana, su riqueza y su evolución en el tiempo. El lenguaje era para Henríquez Ureña uno de los principales instrumentos que daría lugar a una transformación social en la América del porvenir.

A la necesidad de integración social y económica formulada de manera clara en Ensayos críticos y reiterada ya casi al final de su vida en Las corrientes literarias en la América Hispánica, respondía Henríquez Ureña con la preocupación de crear una solución genuinamente americana. El ejido era para nuestro autor una forma, aunque no francamente socialista de solucionar el problema del indio americano. Ante nuestros múltiples escollos sociales, él nos aconseja buscar siempre soluciones cónsonas con nuestra historia como el ejido, que pertenecía a nuestro pasado y por lo tanto podía ser retomado e implementado en la realidad de América.

La investigación de nuestro espacio y de nuestro tiempo nos permitiría llegar a respuestas sociales parecidas al ejido que fueran acordes a nuestros problemas. Por eso encontramos muy pocas “recetas” en la obra de Pedro Henríquez Ureña porque sabía que nuestros requerimientos sociales no podían ser solucionados con patrones importados. Los modelos extranjeros tenían que ser transformados necesariamente por el trabajo americano para poder lograr la utopía que él pretendía.

A partir de su segunda residencia en México, el pensamiento de Henríquez Ureña se orienta hacia el socialismo. Estudió los planteamientos de los socialistas utópicos desde su juventud, el marxismo y la mayoría de los socialismos europeos de su época. La crítica social de Henríquez Ureña tuvo como objetivo lograr la integración de la América Hispánica, en el espacio, en el tiempo y en una concreción específica como es la circunstancia social y económica americana.

En estos planos señaló los problemas fundamentales y algunas orientaciones a seguir para poder resolverlos; casi todos los problemas señalados por nuestro autor se encuentran sin solución definitiva, por lo que la obra de Henríquez Ureña sigue teniendo vigencia, más aún, es un testimonio valioso para los que diariamente observamos el proceso de integración.

¿Pero por medio de qué vías ha luchado históricamente América para hacer realidad su integración? Por medio de sus propios hombres como Martí, Hostos, Varona, Sanín Cano, Genaro Estrada a los que dedica artículos en este período de su vida. Sus dos últimas obras Las corrientes literarias en la América Hispánica (escrita en inglés para la cátedra Charles Eliot Norton de la Universidad de Harvard) y La historia de la cultura en la América Hispánica (publicada póstumamente) tienen como tema fundamental el desenvolvimiento de la conciencia estética americana en el tiempo. La distribución del espacio textual en ambas convierte la descripción histórica en un todo que no solamente vive por los hechos allí expuestos sino por su presentación y organización.

La relación entre cultura e historia está vista no como una cultura americana que tiene rasgos fijos e inmutables sino que sólo se construye ésta dentro del desenvolvimiento histórico. Sólo dentro de él podremos construir nuestra definición de americanos.

Laura Febres
Universidad Metropolitana
Caracas, Venezuela

© Laura Febres. Pedro Henríquez Ureña, crítico de América. Edición digital autorizada para el Proyecto Ensayo Hispánico. Se trata de una versión modificada del libro del mismo título publicado en Caracas: Ediciones la Casa de Bello, 1989 y de la obra Transformación y firmeza. Estudio sobre Pedro Henríquez Ureña, presentada en 1984 en la OEA con motivo del centenario del nacimiento de Henríquez Ureña. Esta versión digital se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines deberá obtener los permisos correspondientes. Edición para Internet preparada por José Luis Gómez-Martínez. Actualizado: febrero de 2003.

 

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