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| Miguel Catalán González |
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| EL HOMBRE Y SU OBRA
Por Luis Veres Miguel Catalán González nace en la ciudad de Valencia el 29 de enero de 1958. Cursó los estudios de bachillerato en el Instituto Luis Vives. Según propias declaraciones, las dos primeras voces que reclaman en los años bachilleres su atención tanto a la filosofía como a la expresión escrita son las de Friedrich Nietzsche y Thomas Mann, quienes le llevarían, desde experiencias distintas, a la obra de Arthur Schopenhauer. Catalán se matriculó en la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universidad de Valencia en 1980. Se definió así por la filosofía, pero sin dejar de lado el aspecto expresivo de la escritura que después le llevaría a publicar varias novelas y libros de relatos con los que ha obtenido diversos galardones y conocido traducciones a otras lenguas. El tránsito de la tradición intelectual germánica a la anglosajona se produjo en sus años universitarios, hacia 1983, con la lectura de La transformación de la filosofía del autor pragmatista norteamericano John Dewey. Un año después, en 1984, obtuvo la licenciatura en Filosofía Pura. En 1991 Catalán accedió al grado de doctor bajo la dirección del catedrático José Montoya con una tesis titulada John Dewey y la superación del dualismo. Ante un tribunal formado por Jesús Ballesteros, Jesús Conill, Adela Cortina, Esperanza Guisán y Jorge Pérez de Tudela, la tesis resultante obtuvo la calificación de apto cum laude. Una versión reducida de aquella tesis fue publicada más tarde, en 1994, por la editorial P.P.U. de Barcelona con el título de Pensamiento y acción. En las páginas de esta obra inaugural, y en especial en su toma de posición frente al pragmatista norteamericano, Catalán muestra ya rasgos del naturalismo ético que después será una constante de su trabajo. Tales rasgos se muestran tanto en el magisterio que autores como Ortega, Freud, Nietzsche, Mill o el propio Dewey han ejercido en el desarrollo de sus escritos, como en los artículos y libros inmediatamente posteriores a su doctorado. Entre los primeros cabe destacar "Consecuencias éticas del naturalismo deweyano" (Diálogo filosófico, XXIII (1992), pp. 183‑189) o "Cómo acabar con el fin último", Daímon, VI (1993), pp. 89-95); entre los segundos, Proceso a la guerra (Valencia: Alfons el Magnànim, 1997). En la misma dirección cercana al pensamiento práctico anglosajón pronto se adscribió a la Sociedad Iberoamericana de Estudios Utilitaristas, en cuyo órgano de expresión, Télos, viene colaborando desde entonces con regularidad, y en cuyos congresos y encuentros internacionales ha participado tanto en su aspecto organizativo como a través de comunicaciones y ponencias. Catalán ejerció su labor docente en diversos Institutos desde 1986, año en que aprobó las oposiciones, como Profesor Agregado de Filosofía y Ética de Enseñanza Media. En 1998 paso de la enseñanza media a la superior al incorporarse como Profesor Titular de Ética y Deontología Profesional a la Universidad Cardenal Herrera-CEU de Valencia. Fue ya en la época de profesor universitario cuando comenzaron a aparecer sus libros más personales, como El sol de medianoche (2001), el cual incorpora una colección de noventa y nueve paradojas prácticas, aforismos más o menos breves dotados de una contundente concisión, como ha señalado José Montoya, las cuales muestran en su conjunto la sutil complejidad de la conducta humana, o El manuscrit cremat, un libro editado en 2000 en Barcelona que incorpora en sí mismo la paradoja de los límites de la comunicación. Ya en el primer título se destacan tres de las características de la escritura ensayística de Catalán, como son la penetración, la elegancia y el sentido del humor, tal como destaca el filósofo Fernando Rodríguez Genovés en la revista El Catoblepas:
Con El sol de medianoche, Miguel Catalán consiguió en efecto aunar el artificio literario a la esencia de las contradicciones prácticas que rigen el mundo: la convivencia bajo el mismo techo del amor y el odio, los sueños incumplidos que se convierte en pesadillas, la separación definitiva o la muerte temprana como único expediente para seguir admirando a los héroes y maestros. El primer libro, sin embargo, en que Catalán muestra de forma organizada su característico interés por las dimensiones filosóficas del error, la ignorancia, el autoengaño y la mentira es, sin duda, su Diccionario de falsas creencias (Barcelona: Ronsel, 2002), una compilación de las falsas atribuciones (el autor las denomina ideas de oído) vigentes en nuestra sociedad sobre los temas más variados: desde los apócrifos cuernos en los cascos vikingos a los efectos de la menstruación sobre el hilo de oro y desde los efectos de la luna sobre la conducta humana a las causas ocultas de la alopecia. La lectura del libro, como señala Alfonso Marco en las páginas de la revista para el fomento de la razón y la ciencia El Escéptico, provoca estados de ánimos cambiantes, de la indignación a la risa pasando por el estupor y la incredulidad. En su extenso e ilustrativo prólogo cuyo valor hermenéutico fue ya elogiado por Francisco Candel en las páginas del diario Avui (10-7-2001, p. 17), Catalán nos da un atisbo de su teoría sobre la naturaleza del prejuicio, el error y la ilusión:
Como antes señalábamos, desde 1999, aproximadamente, una vez se incorpora a la docencia superior, el principal ámbito de análisis y meditación filosóficos de Catalán se cierra en torno a un ambicioso proyecto de investigación titulado “Seudología”, del que el Diccionario de falsas todavía no forma parte en sentido estricto. Con el rótulo general de Seudología Catalán hace referencia a todas las realidades teóricas y prácticas vinculadas al engaño y la mentira; una vasta red de usos y sistemas donde se entrecruzan los resultados de diversas ciencias humanas. Este tratado en marcha de Seudología nombra un amplio proyecto filosófico que trata de desentrañar de forma sistemática los distintos mecanismos interactivos de disimulo y simulación que impregnan la presencia humana. El primer volumen del tratado apareció en 2004 con el título de El Prestigio de la lejanía (Barcelona: Ronsel). Esta obra se ocupaba del problema del autoengaño; es decir, de la ilusión más o menos interesada en deformar la realidad por intereses que quedan ocultos o semiocultos al propio sujeto. El tema del volumen lo constituye la relación oblicua del sujeto consigo mismo. Un artículo de 1995 que ya llevaba el mismo título, "El prestigio de la lejanía", El Basilisco, XVIII, pp. 53-57, puede considerarse el primer texto que denota el interés de Catalán por la seudología. En cuanto al libro propiamente dicho, el original de El prestigio de la lejanía obtuvo el Premio Internacional de Ensayo Juan Gil-Albert, de la Ciudad de Valencia, en 1998. Tras diversas vicisitudes editoriales, el libro apareció en el mercado en 2004, a cargo de la editorial Ronsel (Barcelona). El prestigio de la lejanía. Ilusión, autoengaño y utopía, título completo del volumen inaugural de Seudología emprende un detallado análisis de la ilusión y el autoengaño como procesos psíquicos específicos de la especie humana. Desde una perspectiva intelectual en parte psicoanalítica y en parte pragmatista, Catalán abordaba los distintos modos en que el hombre tiende a caer, casi de forma fatal, en las falsedades fabricadas por su propio pensamiento, en especial cuando se enfrenta a una realidad hostil o, simplemente, indiferente. Surgen de este modo la falsa autobiografía, la idealización de los países lejanos, pero también el embellecimiento del pasado y la anticipación optimista de los sucesos futuros. Yendo más allá, promueve la creación de utopías, aquellos lugares demasiado hermosos para ser verdad donde la frustración del sujeto se apacigua y termina por extinguirse, siempre de forma imaginaria a través de la escritura de compensación, para dar lugar a una “isla del pensamiento”. Los espacios literarios también responden, en El prestigio de la lejanía, a esa necesidad de mentiras necesarias para sobrevivir en medio del dolor que implica la vida. América, el buen salvaje y el mito del habitante originario del Nuevo Mundo, cuestiones que se fabrican en el S. XVI con Bartolomé de las Casas y que perduran hasta la actualidad con puntales intermedios en Russeau, Voltaire o los poetas románticos del S. XIX, entroncan en esta perspectiva de creación de utopías que no apuntan sino a la necesidad de apartar la vista de la realidad cotidiana. El prestigio de la lejanía recorre estos temas con un estilo que aúna elegancia y erudición, y para ello recurre con frecuencia a la tradición literaria y filosófica, sobre las cuales manifiesta un amplio dominio. El libro representa un aldabonazo sobre la conciencia de una sociedad donde la realidad aparente se constituye en el principal centro de atención de la mayoría. Saludado en su día por José Luis Villacañas como “un ensayo necesario” para la reconciliación de los intelectuales con la realidad (El Mundo, suplemento Valencia, 22-II-1999, p. 2), El prestigio de la lejanía fue votado como uno de los mejores ensayos publicados en España durante el año 2004 por el crítico de El Cultural del diario El mundo Jaime Siles. El segundo volumen de Seudología apareció al año siguiente, en 2005, con el título de Antropología de la mentira. Este libro, que emprende un análisis génerico del engaño desde un punto de vista antropológico, obtuvo como inédito el Premio Alfons el Magnànim de la Diputación de Valencia en la modalidad de ensayo correspondiente al año 2001, y fue publicado en 2005 por el editor Mario Muchnick (El Taller de Mario Muchnik, Madrid). Una vez publicado, el libro obtuvo un segundo premio, el de la Crítica Valenciana, en el apartado de ensayo correspondiente al año 2004. Antropología de la mentira pone en juego desde el principio un buen número de ideas atingentes a la relación del hombre con el engaño. En su brillante comienzo, el universal repudio de la mentira (en las religiones y en los sistemas morales, pero también en las autodescripciones del actor social) no viene a ser sino la confirmación en negativo de la universalidad del engaño. Desde ese punto de vista, los conocidos “yo nunca miento” o “lo que más odio es la mentira” no vienen a ser sino un medio para reforzar el crédito de nuestras afirmaciones, pues dicho repudio es sólo aparente: todos los humanos mentimos hasta el punto paradójico de que cuando alguien dice la verdad suele pasar por mentiroso. Según Catalán, para el hombre de carne y hueso la mentira funciona como un verdadero supuesto comunicativo, tal como demuestran las coletillas “a decir verdad” o “con la mano en el corazón” entre muchas otras, y esto en base a la importancia que el engaño ha tenido, en sus vínculos con la imaginación, la memoria o la capacidad estratégica, en el desarrollo evolutivo de la especie: “No sólo las habilidades para el disimulo, el camuflaje o el simulacro fueron practicadas por nuestros ancestros homínidos, tanto con intención defensiva como agresiva, sino que favorecieron el desarrollo de la inteligencia, el lenguaje y la libertad de acción hasta hacer del hombre el complejo y contradictorio ser que hoy conocemos”. La esfera del engaño, siendo amplísima en la interacción humana, no es sin embargo privativa de nuestra especie, contra lo habitualmente creído. Desde el nivel más bajo de los mimetismos no intencionales hasta el análisis de esos verdaderos “reyes del fingimiento” que son los chimpancés, capaces no sólo de engañar por interés o mera diversión, sino hasta de contraengañar a sus congéneres, Catalán da un amplio repaso a los dominios del engaño animal. Por nuestra parte, a los tres años de edad los humanos ya desviamos la atención a fin de evitar el castigo de nuestros progenitores. A partir de la conciencia del efecto de nuestros actos de habla sobre los demás, es decir, a partir de la conciencia de la potencialidad perlocucionaria de nuestro lenguaje, el hombre se ve obligado a mentir y a moderar sus aseveraciones, pues su significado depende de la interpretación del interlocutor: “Cada vez que abrimos la boca, nos arriesgamos a un posible rechazo de nuestro mensaje y/o de nosotros mismos. Debido a esa razón, (...) prestamos mucha atención a la imagen que estamos transmitiendo, y nos protegemos de atribuciones indeseables negando, acumulando actos, razones… para aminorar el efecto y la impresión que pueden provocar nuestros mensajes. Elegimos nuestras respuestas en términos de conducta sabiendo que no pasarán desapercibidas y que serán interpretadas”. Antropología de la mentira transita los campos de conocimiento de la antropología filosófica y cultural, así como la psicología evolutiva, recurriendo con frecuencia a la tradición literaria y filosófica, pero también al análisis del mito; de especial interés en este sentido es la exploración, desde el punto de vista del ocultamiento, de los mitos antropogónicos del Jardín del Edén y de la rebelión de Prometeo. El libro, algo menos extenso que El prestigio de la lejanía y con un lenguaje quizá más accesible al lector común, deja la puerta abierta en su último capítulo al tema del secreto íntimo, el cual ocupará, según avanza el propio autor al final del mismo, el tercer volumen de su tratado. Ese tercer volumen de Seudología se ocupa, bajo el título de Anatomía del secreto, del engaño y la mentira en el ámbito de las relaciones personales, y, en concreto, bajo las categorías de intimidad, secreto y el desvelamiento. El autor ha anunciado la publicación en los próximos años de posteriores volúmenes que irán completando de forma orgánica el proyecto del engaño. Aunque no se conocen todavía títulos ni contenidos exhaustivos de esos próximas entregas, sí han aparecido ya diversos adelantos en forma de artículos y estudios, de los cuales podríamos destacar “La mentira en El Quijote”, (República de las letras, Suplemento especial número 9 (diciembre de 2005), pp. 174-191), estudio que analiza en detalle la obra de Cervantes desde un punto de vista seudológico. En un segundo plano en orden de extensión, también han aparecido tres artículos cuyo contenido pertenece al futuro volumen sobre la mentira política: “Genealogía de la noble mentira” Amnis. Revue de Civilisation Contemporaine de l’Université de Bretagne Occidentale, 2004, vol. IV, pp.257-273), “Prensa, verdad y terrorismo: la lección política del 14-M”, publicado en El Argonauta español, II (2005), ISSN 1765-2901 y “Alegato de las ciento treinta y cinco mentiras”, República de las letras, LXXXI (2003), pp. 101-106. A ellos hay que sumar una contribución sobre el utilitarismo y la mentira “Utilitarianism and moral valuation of lying” aparecido en Philosophical Inquiry: An International Quarterly, XXVI (2004, 3) 33-40 y dos artículos sobre el futuro volumen dedicado a la publicidad y las relaciones públicas “Verdad, ficción y publicidad”, en Comunicación y Estudios Universitarios, XI (2001-2), pp. 143-150 y “Camuflaje publicitario en la espesura de las ondas. Una guía de las infracciones del principio de identificación en la radio española”, en Comunicación y Estudios Universitarios, V (1995), pp. 153-164. El conjunto del tratado seudológico, pues, con estos avances y los libros ya redactados, se dibuja como una teoría consistente sobre la realidad humana partiendo del eje de relaciones entre verdad y mentira, que cruzan de forma multidisplinar las ciencias y los saberes contemporáneos. Una segunda línea de investigación y docencia, aparte de la Seudología, la constituye la ética de los medios audiovisuales, la publicidad y la empresa en general, que imparte en las licenciaturas de la Universidad Cardenal Herrera-CEU desde 1986, así como en los másters de ética empresarial en la Escuela Superior de Marketing y Comercio de Valencia desde el curso 2001-2. Sus estudios respecto a la ética publicitaria “Verdad, ficción y publicidad” (Comunicación y Estudios Universitarios, XI (2001-2), pp. 143-150) o “Las cinco principales acusaciones contra la publicidad como institución del sistema de mercado” (publicado en la revista portuguesa Cadernos de Estudos Mediáticos, IV (2006), ediçao especial, pp. 350-363), han sido incorporados, junto a otros artículos sobre la ética de las actividades comerciales, profesionales o políticas (véase “Genealogía de la noble mentira”, en Amnis. Revue de Civilisation Contemporaine de l’Université de Bretagne Occidentale, 2004, vol. IV, pp. 257-273), a su conferencia “El espectador y el consumidor ante los medios de comunicación”, pronunciada en diversas instituciones. Al margen de su labor como pensador y escritor, Catalán ha traducido textos tanto filosóficos como literarios. Así, conviene destacar su traducción del inglés de “Literary Ethics”, de Ralph Waldo Emerson (“Ética literaria”, Caracteres literarios, II (1999), pp. 83-99. Más adelante, en 2003, tradujo del francés Sur la lecture de Marcel Proust, y del inglés Sesame and Lilies de John Ruskin. Ambas versiones se encuentran en el volumen John Ruskin /Marcel Proust, Sésamo y lirios / Sobre la lectura, publicado por la Universidad de Valencia en 2003. El interés teórico de Catalán por el hecho y la tarea de la traducción se ha reflejado en su estudio “Alquimia y paradoja de la traducción” (Debats, XCII (Primavera de 2006), pp. 71-4). También ha publicado entrevistas con filósofos como Richard Rorty, Thomas Mc Carthy o Javier Muguerza y escritores como Vladimir Tolstoi, Jean Chalon o Francisco Brines en diversas revistas especializadas. De entre todas sus traducciones, destaca por varias razones de la Proust y Ruskin, pues con ella aparece por primera vez traducido al castellano un grueso corpus de notas al pie que Marcel Proust añadió a los textos de Ruskin. La compilación representa el capítulo final de una aventura de profunda idolatría que mantuvo Marcel Proust con la obra del esteta y crítico social inglés John Ruskin (1819-1900). Como se reconoce en la introducción, la obra de Ruskin fue definitiva en la configuración de la personalidad literaria de Proust: su gusto por la pintura prerrafaelista, su fascinación por la arquitectura medieval o su admirada mirada hacia el universo veneciano aparecen en Ruskin y luego se constituirán en elementos esenciales de la narrativa proustiana. Proust también tomó de Ruskin su capacidad para describir los paisajes y elementos naturales con esa exactitud obsesiva que es uno de los rasgos más sobresalientes de la serie A la búsqueda del tiempo perdido. Y, finalmente, la figura de Ruskin sirvió a Proust para tomar como ideal moral el propio trabajo fundamentado en un ideal del arte y la literatura considerados como un fin vital en sí mismo. Mucho más distante queda Marcel Proust de las ideas más destacables del utilitarismo de John Ruskin: como los programas sociales para mejorar la situación de los más desfavorecidos o su propuesta de creación de una gran red de bibliotecas públicas, cuestión presente en “Sésamo y lirios”. Verdaderamente estos asuntos le traían indiferente. Pero el volumen destaca sobre todo por el interés intrínseco de los textos. El prólogo de Proust “Sobre la lectura” es una breve filosofía de la lectura y también una introducción al pensamiento finisecular de Ruskin que, finalmente, resulta leída de la misma manera que Por el amor de Swam o Sodoma y Gomorra, ya que Proust juega, en esta detallada descripción del proceso de lectura, con los mismos procedimientos y artificios que en su producción novelística: el juego con el tiempo o la minuciosidad descriptiva, los saltos temporales y la atmósfera finisecular. En este sentido, destaca el profundo amor al arte que salpica todas sus páginas y su consideración de que la lectura es un trabajo que continúa la labor del escritor, una vez finalizada la obra, cuestión de radiante actualidad, en lo referente a la recepción de los textos literarios, y que ya ha creado escuela. Sin embargo, Proust también nos advierte sobre los peligros del ejercicio lector, porque, si bien su práctica nos adentra en territorios en donde nunca hubiéramos penetrado por nosotros mismos, su obsesiva presencia en nuestras vidas puede llegar a suplir a nuestro propio espíritu y a nuestra propia vida. Por su parte, la primera conferencia de Ruskin, “Sésamo: de los tesoros de los reyes” nos advierte ya de la necesidad de una selección rigurosa ante la lectura que supone una renuncia de todos los placeres vulgares: “¿Pero habéis medido y previsto esta corta vida y sus posibilidades? ¿Sois conscientes de que si leéis esto, no podréis leer aquello? ¿Que lo que perdéis hoy no podéis ganarlo mañana? ¿Iréis a cotillear con vuestra doncella o vuestro mozo de cuadra, cuando podríais estar conversando con reyes y reinas?” Del mismo modo, la concepción sobre la lectura de Ruskin se fundamenta en la idea de la cultura como una institución perteneciente a la elite intelectual, institución que debe extenderse pragmáticamente al resto de la sociedad. Esos reyes y reinas, finalmente, deberán estar al alcance de toda la población mediante diversas tareas del estado, como la educación del gusto o la creación de bibliotecas. A su vez, Ruskin defiende la lectura de aquellos libros que suponen una contraposición a las ideas más arraigadas en nuestro pensamiento, puesto que de dicha actividad surgirá la reflexión y el replanteamiento del problema desde una nueva óptica. Por ello, Ruskin, en ambas conferencias, supone un revulsivo contra ideas asentadas o los hechos consumados: de ahí que ataque el analfabetismo infantil, la incultura de las mujeres de su época, la adulación literaria, la imitación y la puesta en escena, idea muy actual, de un circo que engloba toda la actividad alrededor de la literatura. El verdadero artista debe quedar al margen de todo ello. Quizás sea aquí donde resida la verdadera importancia de los textos de Ruskin, en esa tentativa, que se adelanta a su época, de aglutinar una atrevida propuesta moral con un programa social junto al desdén aparente por la maquinaria industrial de la institución artística en una época en donde el mercado y una decadente cultura de masas lo invadido todo. Para concluir con alguna referencia a la labor investigadora de Miguel Catalán, ha obtenido en 2005 el Premio Ángel Herrera de investigación a la mejor labor investigadora en el área de Humanidades llevada a cabo por profesores de las universidades auspiciadas por la Fundación San Pablo durante 2002-2004. El premio fue fallado en Madrid el 13 de enero de 2005 y entregado el día 25 del mismo mes y año. Catalán ha realizado recientes estancias docentes e investigadoras en el Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad de Wroclaw (Polonia) en 2004 y de la Hochschule de la Universidad Técnica de Sankt-Pölten (Austria) en 2006. Ha sido invitado para este año 2007 a realizar una estancia similar en la Universidad Fernando Pessoa de Oporto (Portugal). Ha sido miembro del consejo de Redacción de diversas revistas especializadas, como Debats, Creatio, Res Publica o Caracteres literarios y Miembro del Consejo Asesor de Publicaciones de la Biblioteca Valenciana desde el 8 de diciembre de 2003. Por último, su actividad como conferenciante tanto de temas vinculados a sus libros más filosóficos sobre la verdad y mentira como los relativos a los medios de comunicación y la publicidad le han llevado a diversos foros nacionales e internacionales.
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