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| María Zambrano y
Alfonso Reyes —Correspondencia— |
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México D.F. a 4 de septiembre de 1954
Sra. Doña María Zambrano Querida, admirada, y muy recordada amiga María: Su carta, sus cartas —la privada y la pública sobre Goethe— me causan profunda emoción, me hacen pensar mucho y las recibo con vivísimo agradecimiento que no encuentra fácil expresión. Como usted, con perfecta probidad y nitidez mental, se objeta sola y pone tan cabalmente los puntos sobre las íes, nada me queda decir, en efecto. Callo y medito... Pero, en el fondo, amiga querida, ¿no cree usted que este diálogo está más allá de las palabras, más allá de la inteligencia, y se agarra en subsuelos de la sensibilidad y el temperamento donde las palabras pierden su oficio? Que sea feliz y que su viaje a Roma le dé esa libertad y confianza en la alegría que yo —pobre pagano retardado— tanto he admirado en Goethe. Téngame en su recuerdo como de un suave cordón de seda, y siéntame siempre a su lado. Cordialmente suyo,
Alfonso Reyes |
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