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| Yamandú Acosta |
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"La cuestión del sujeto en el pensamiento de Arturo Ardao" En un artículo publicado en 1989 (1), Horacio Cerutti Guldberg presenta sumariamente los temas que se encuentran en curso de elaboración en la filosofía latinoamericana en perspectiva de liberación. Ellos son: la cuestión popular, la cuestión del sujeto, la cuestión de la utopía, la cuestión de la democracia, la cuestión de la historia, la cuestión del sentido, la cuestión historiográfica y la cuestión de la filosofía. Respecto del tema del sujeto, escribe: "esta cuestión está muy relacionada con la anterior (la cuestión popular) y pone sobre la mesa de reflexión la necesidad de concebir nítidamente las relaciones entre los sujetos de las prácticas de transformación, a lo largo de la historia, con los sujetos de los testimonios discursivos. Se debate la imposibilidad de incorporar en nuestra reflexión propuestas pre y postestructuralistas sobre la muerte del sujeto, las cuales corresponden a otros contextos y tradiciones teóricas (Ardao, 1979; Roig, 1981)" (2). En esta forma queda presentado el problema, su relación especialmente significativa con otro de los temas que están siendo objeto de análisis, su vigencia en "otros contextos y tradiciones teóricas" y la pertinencia de la incorporación de las propuestas aportadas desde allí para "nuestra reflexión", así como también el protagonismo de Ardao (3) y Arturo Andrés Roig (4) en el planteamiento y elucidación del problema apuntado. A nuestro juicio el panorama temático esbozado constituye una gestalt conceptual con lo que ello implica de determinación de sus elementos por el todo, sin impedir el reflujo dialéctico de determinación del todo desde los elementos que lo constituyen. En esta configuración de problemas y de sus expresiones conceptuales, consideramos que la cuestión del sujeto constituye su última instancia, razón por la cual las elaboraciones de la misma habrán de afectar de modo determinante las cuestiones conexas y, en consecuencia, nuestro mapa filosófico latinoamericano con pretensión de idoneidad en el análisis, explicación y articulación práctico-constructiva en nuestros procesos de emancipación. Afirmar al sujeto como última instancia de una configuración conceptual, no habilita a trasladar mecánicamente la tesis a la configuración de la realidad. Ello implicaría recaer en un subjetivismo absoluto bajo la forma de la absolutización del sujeto, lo que no resulta teóricamente plausible. Dicho sumariamente, la última instancia epistemológica no implica una correspondencia necesaria en una hipotética última instancia ontológica. Independientemente de ello, el tratamiento teórico de la cuestión del sujeto puede, ontológicamente hablando, coadyuvar a la promoción de las condiciones desagregantes y negadoras de su rearticulación o a la de las que de modo exponencial potencian el proceso de su producción. El proceso de desagregación sobredetermina las tendencias entrópicas de lo real en su sentido de degradación; solamente el reflujo de articulación constructiva en la línea de producción del sujeto, marca la posibilidad del desarrollo de tendencias antientrópicas, "necesarias" como alternativas de construcción (o construcción de alternativas) frente al desarrollo de un mundo cuya racionalidad instrumental implica la irracionalidad del socavamiento de los fundamentos que lo hacen posible, aproximándose con aceleración creciente a una crisis de acabamiento. No se resuelve adecuadamente la cuestión del sujeto, cuando se pasa de la tesis de su afirmación de modo sustantivo y sustancial, a la tesis de su negación radical por la declaración de su muerte. Mirado el problema desde nuestro propio contexto, desde nuestra "circunstancia" latinoamericana como diría Ardao en comunión con le pensamiento de Ortega y Gasset, la tesis de la muerte del sujeto se presenta llena de profundos equívocos. El más significativo es el que se expresa en la consideración según la cual no puede haber muerto quien no ha estado vivo. El sujeto de la historia que Marx a diferencia de Hegel, no pensó en términos sustanciales y sustantivos al transformar la tesis hegeliana de la identidad sujeto-totalidad en la tesis materialista de la unidad sujeto-totalidad, aparecía configurado tanto por la objetividad de las determinaciones como por la subjetividad de sus representaciones, articuladas unas y otras en el marco de la totalidad concreta de cuyo análisis y explicación se ocupó. La descontextualización, absolutización y desplazamiento de ese sujeto al marco de
una diferente totalidad concreta significó el desconocimiento de la unidad
sujeto-totalidad determinante de la transfiguración deformante del análisis
materialista. En lugar de un adecuado análisis, posibilitante de una correcta
explicación de los procesos de nuestra realidad y sus tendencias objetivas, se asistió
en forma dominante a la construcción de una imagen ideológica refractante que impidiendo
comprender la realidad se constituyó en una barrera para su eventual transformación. |
| En el extremo opuesto, el estructuralismo, el posmodernismo y el
neoliberalismo han decretado la muerte del sujeto, ya sea por su subordinación y
anulación en las estructuras, su atomización nihilizante en la individualidad de los
individuos o su identificación con los automatismos del mercado con lo que éste se ha
conformado como el sujeto omnipotente que "decide" de aquí en más nuestro
futuro. En América Latina pensada con la categoría de totalidad concreta, no ha existido un sujeto sustancial y sustantivo de emancipación ni asistimos hoy a su defunción y entierro. En realidad, hemos asistido en todo el proceso de la génesis de América Latina, que debe ser pensado a nivel macro en función de la tensión dialéctica de la unidad sujeto-totalidad concreta, al que continúa siendo el conflictivo proceso de su producción. En esta forma la tesis de la muerte del sujeto que impresiona en primera instancia como la inevitable y definitiva resignación respecto de toda esperanza y toda utopía, se constituye para los latinoamericanos en la tesis de la afirmación del sujeto por cuanto se ha formulado bajo la forma de negación de la negación. Efectivamente, si el sujeto cuya partida de defunción se extiende, no es un sujeto real, sino un falso ídolo cuya afirmación significó la invisibilización de los sujetos reales en proceso de producción, bajo la pretensión de ser el sujeto no ha sido otra cosa que su efectiva negación. Al negarse la negación del sujeto asistimos a su afirmación al haberse operado en forma ultraintencional el mecanismo de visibilización de lo invisible (5). Conocedores de los peligros del "facilismo" dialéctico que surge de reducir la realidad del sujeto a la sola negación de la negación, es posible redimensionar el argumento y fortalecerlo señalando que el nuevo sujeto no era algo dado que fuera visibilizado al eliminar el viejo y falso sujeto. El efecto refractante del falso sujeto sustancial venía operando fundamentalmente sobre los sujetos verdaderos generando opacidad en su propia visualización y en consecuencia, en el proceso de su construcción. Si los sujetos específicos no eran visibles para sí mismos, aunque objetivamente estuvieran determinados, subjetivamente no estaban constituidos y las determinaciones objetivas son necesarias aunque no suficientes en lo que hace a la constitución de los sujetos. Para que esa constitución tenga finalmente lugar es imprescindible la reoperación de lo subjetivo sobre la objetividad de las determinaciones que marcan el límite de sus posibilidades para que lo posible se torne real. Al tornarse visibles para sí mismos los sujetos específicos se ponen también en condiciones de determinar conceptual y prácticamente sus relaciones con los otros sujetos específicos según líneas de complementación o de oposición en función de intereses comunes o incompatibles y de esta forma ir generando las condiciones de organización para su móvil articulación constructiva como sujeto histórico de emancipación latinoamericana (6). Proyectos de investigación como los realizados y pautados por Arturo Ardao se orientan en el sentido de esa articulación constructiva. Asumirlos, desarrollarlos y profundizarlos constituye una tarea indeclinable para el pensamiento de emancipación en América Latina. La cuestión del sujeto en el pensamiento de Ardao, se encuentra focalizada fundamentalmente en textos que pueden considerarse menores en cuanto a su extensión, pero que son seguramente mayores por su pertinencia filosófica en el espacio latinoamericano que apuntan a configurar. Ellos son: Sentido de la historia de la filosofía de América (1950), Sobre el concepto de la historia de las ideas (1956) y Filosofía americana y filosofía de lo americano (1963), reunidos en el volumen Filosofía de lengua española (7); Función actual de la filosofía en América Latina (1975), Historia de las ideas filosóficas en América Latina (1977) y El latinoamericanismo filosófico de ayer a hoy (1981), reunidos por Ardao en el el libro La inteligencia latinoamericana (8). Es adecuado destacar que los textos indicados, aunque dispersos en el tiempo y en el espacio inicial de su resonancia, tienen en común el hecho de constituir piezas de reflexión filosófica articuladas con la vasta y rigurosa obra de historia de las ideas desarrollada por el autor, se inscriben sin ninguna artificialidad en la triple articulación historia de las ideas-filosofía latinoamericana-pensamiento de emancipación (9) a la que han contribuido de modo fundamental, al tiempo que ponen de manifiesto una fuerte vocación de diálogo en el cultivo del encuentro filosófico que opera entre nosotros como una de las posibles vías de superación del desencuentro tradicionalmente dominante en la filosofía latinoamericana, que se ha puesto una y otra vez de manifiesto en la reiteración de la infecunda conducta de "partir desde cero" (10). En los planteamientos efectuados por Ardao el problema del sujeto aparece categorialmente determinado en su especificidad de sujeto latinoamericano del filosofar. Esa determinación involucra una serie de tesis que la sustentan y le confieren sentido, tanto en lo que hace a sus relaciones con los sujetos de las prácticas de transformación como a su potenciación exponencial en la configuración de la orientación emancipadora de tales prácticas. Las tesis de referencia tienen relación con la concepción de la cultura, el carácter rector de las ideas filosóficas, la mediación de las ideas educativas y políticas, la distinción entre ideas-conceptos e ideas-juicios, los sentidos básicos de la filosofía, la autonomía técnica como expresión de subordinación, la autonomía espiritual como expresión de emancipación, la articulación estructura-función y la dicotomía dominación-emancipación en las direcciones vertical y horizontal del espacio cultural latinoamericano. En lo que hace referencia al concepto de cultura en Ardao, el mismo se corresponde con su práctica de la historia de las ideas como vía de configuración de su filosofía de la cultura, más específicamente de nuestra identidad cultural latinoamericana. El ingreso a las peculiaridades de nuestra totalidad cultural desde la historia de las ideas filosóficas, parece implicar un fuerte acento en el nivel simbólico de la vida cultural sin perjuicio de la referencia al papel de los procesos del nivel material, cuyo significado no quiere desconocerse en ninguna forma:
La posición de Ardao respecto a los factores determinantes en la vida de una cultura no apuesta a ninguna última instancia, independientemente de lo cual centra el interés de sus análisis en las ideas cuyos movimientos de acción y reacción en relación a los distintos elementos y niveles de la totalidad cultural, implican inevitablemente la mediación de un sujeto que articulado con las ideas-conceptos y las circunstancias reales sea articulante de las ideas-juicios, única posibilidad para las ideas de proyectarse en la determinación de una práctica histórica y de ser determinadas y resignificadas por los sentidos de esa práctica concreta. El concepto de cultura en el que se evita la falsa oposición factores materiales-factores espirituales, pero se enfatiza la significación de estos últimos, se polariza en este sentido al consignarse el carácter rector de las ideas filosóficas:
Esta condición de las ideas filosóficas determina su "natural" rectoría no solamente sobre los demás niveles de ideas, sino sobre la configuración misma de la identidad cultural latinoamericana:
Se imponen aquí algunas observaciones. Persiste el acento en la consideración de los aspectos espirituales y dentro de los mismos, los intelectuales como los más definitorios de una configuración cultural. Dentro de los aspectos intelectuales el factor filosófico se presenta como jerárquicamente superior por configurarse en cuanto determinación de la inteligencia hacia la totalidad cultural-espiritual como rector,y en la línea de determinación de la totalidad cultural-espiritual hacia sus síntesis intelectuales como expresión privilegiada de su unidad. Doble significación de la filosofía: un papel de determinación y un papel de expresión. Aceptable quizás esa doble significación si nos mantenemos dentro de los límites de lo que podríamos consignar como una espiritualidad ilustrada (la de los sectores cultos en el sentido subjetivo del término cultura), se torna a nuestro juicio inaceptable cuando rebasamos aquella frontera y nos encontramos con pluralidades culturales que así quedarían señaladas como ajenas a la unidad espiritual de la cultura americana. Si tomamos además en consideración la tesis formulada por Ardao en 1950 que afirma que la unidad de los procesos filosóficos nacionales en América,
tendríamos que concluir sobre la profunda inautenticidad de la llamada cultura americana seguramente hasta los años 50 en función de la dependencia eurocéntrica de la inteligencia filosófica que determina y expresa la unidad espiritual alienada de la misma, al tiempo de suponer que el desarrollo de los circuitos de comunicación filosófica interamericanos, de los que el movimiento de la historia de las ideas integrado por Ardao ha sido unos de sus principales promotores, puede haber sido en la segunda mitad del siglo un factor de superación de aquella situación. Aún en esta nueva situación cuya efectividad habría que estimar, subsiste la interrogante acerca de las fronteras reales de una espiritualidad cultural que se identifica en una expresión filosófica, la que al mismo tiempo es factor fundamental en su determinación, lindante seguramente con otra espiritualidad cultural que no tiene en la filosofía ni su determinación ni su expresión. La tesis que considera a la espiritualidad cultural de cuño filosófico, al ser afirmada como "la" unidad espiritual de la cultura latinoamericana, opera como barrera epistemológica respecto de la visibilización de la espiritualidad cultural parafilosófica, obturando el proceso de la configuración de su identidad como proceso de identificación posible y configurando la consolidación de un proceso de aculturación al interior mismo de la cultura latinoamericana, al postular e imponer la unidad en donde seguramente existe la pluralidad. Por otra parte, si esta unidad espiritual de la cultura latinoamericana de expresión y determinación filosófica, más que un postulado es un dato de la realidad, dado el sentido de su proyección desde "arriba" hacia "abajo", resulta ser la unidad propia de su hegemonía cultural que la determina como cultura dominante y en relación con la espiritualidad marginal, cultura de dominación. En alguna forma, la respuesta a la pregunta por la función de determinación y expresión de las ideas filosóficas más allá de la frontera de la espiritualidad ilustrada, la efectúa Ardao en la consideración de que esa doble funcionalidad se cumple a través de las ideas y prácticas educativas y políticas:
Escribe Ardao en otro lugar:
Es decir, los grupos humanos que en América Latina encuentran la unidad espiritual de su cultura en una espiritualidad parafilosófica (en la que la ideas filosóficas no han intervenido ni como factor de determinación ni como vehículo de expresión), se ven afectados en esa unidad de sentido que es su propia identidad cultural por la proyección metafilosófica de las ideas filosóficas en cuanto elementos de hegemonía cultural que fundan categorialmente a las prácticas educativas y políticas que operan como los vehículos de esa hegemonía con el efecto de la configuración de los espacios correspondientes de acuerdo al sentido de la misma. Esta línea de preocupaciones teórico-prácticas adquiere mayor sustento en tanto consideramos que las ideas filosóficas operan a través de las mediaciones educativas y políticas desde las "generaciones intelectuales" que han ejercido "naturales funciones directivas en los dominios de la política y la cultura". En esta perspectiva resulta prácticamente inevitable que el sentido de las formas educativas y políticas así configuradas, responda a los intereses de quienes ejercen "naturales funciones directivas", descontado el hecho de que la "naturalidad" de esa función directriz procede de la configuración filosófica de la inteligencia de las élites dirigentes (17). No obstante la connotación de dominación que parece estar adscripta al nivel jerárquicamente superior de la "inteligencia históricamente constituida" y a los sujetos que con ella gobiernan la realidad a través de las mediaciones políticas y educativas, la misma puede ser problematizada al considerar dos acepciones de filosofía :
Trasmisión del saber filosófico como misión del profesor de filosofía, creación de saber filosófico como misión del filósofo. Deslindados analíticamente los dos sentidos, se plantea la dificultad de concebirlos y practicarlos dentro de esos límites teóricos: en que medida sea posible trasmitir el saber filosófico sin filosofar y, en consecuencia crear saber filosófico; en que medida sea posible crear filosofía sino desde la base del saber filosófico de la tradición acumulada. El acento puesto en el saber filosófico y su trasmisión, descontada la cuota de creatividad filosófica que dicha tarea implica, determina seguramente para América Latina una inteligencia filosófica particularmente dependiente, pues frente a ese saber constituido desde y hacia otras determinaciones culturales, a lo más que ha podido llegar ha sido a su adopción y adaptación críticas. El énfasis llevado sobre el pensar filosófico en lo que la filosofía tiene de "compromiso consigo misma, en cuanto entidad social comunitaria", sin descuidar la articulación con la tradición filosófica acumulada, implica una fundamental interlocución con el entorno cultural en la que la misma se produce, ganándose en autenticidad, identidad y autonomía frente al peso fundamentalmente exógeno tanto de la tradición filosófica como de los "a priori" académicos que pautan el proceso de su trasmisión. En definitiva, una filosofía académica que sigue las orientaciones marcadas por los centros extracontinentales de producción filosófica académica y un filosofar metaacadémico que encuentra su sentido en su articulación con los niveles extrafilosóficos de la cultura viva en la que emerge y con la que se compromete aun sin proponérselo. Aquella filosofía logra su mayor posibilidad al alcanzar una autonomía técnica que acredita su creatividad como filosofar. Este otro filosofar redimensiona el sentido de su autonomía técnica sobre el nivel de discernimiento y gobierno intelectual de su autonomía espiritual. Paradójicamente, la autonomía técnica por sí sola significa para la filosofía académica latinoamericana el reforzamiento de su dependencia y de los lazos culturales de dominación, mientras que la autonomía espiritual significa para la autonomía técnica del filosofar extra-académico y con ella para nuestra cultura en su conjunto, una clara expresión de emancipación:
Nada puede llevar a pensar que el marco de estructuras de dominación y dependencia que América Latina presenta como matriciales de su realidad histórico-social, tanto en su interioridad como en la exterioridad de sus relaciones, pueda por sí mismo ser capaz de generar alternativas en el sentido fuerte de la expresión a su propia tendencialidad estructural. Nada determina tampoco que la filosofía se oriente (y oriente) funcionalmente hablando con un sentido de emancipación, cuando estructuralmente hablando la matriz estructural de determinación de su funcionalidad la llevaría a aceitar y reforzar el sentido de la dominación. La única posibilidad para la filosofía de no verse sometida a la tendencialidad estructuralmente determinada en América Latina es a través de la constitución de un sujeto del filosofar que al no limitarse a una autonomía técnica, sino cambiarle su sentido sobre la base de una autonomía espiritual, habrá quedado definido en la acepción más rigurosa de la expresión, como sujeto latinoamericano del filosofar. Esta posibilidad abierta para la filosofía, en cuanto ella sea la cúpula intelectual de toda cultura, significará para la cultura latinoamericana, la clave fundamental para su desenajenación y su emancipación posibles. En la perspectiva planteada por Ardao, la función de la filosofía no puede ser separada de la función del filósofo. La responsabilidad social de la actividad filosófica corresponde a quien la desempeña. En el pensamiento de Ardao esa responsabilidad es mayúscula en función del papel que se le adscribe a la filosofía en la totalidad cultural. A nuestro juicio, ser consecuentes con esa responsabilidad para desarrollar un filosofar técnica y espiritualmente emancipado que se articule con efectivo sentido de emancipación de nuestra sociedad y nuestra cultura, requiere repensar el lugar de la filosofía y de los filósofos en nuestro específico espacio cultural a los efectos de no estar reproduciendo dominación cuando creemos estar produciendo emancipación, o no pensar estar produciendo emancipación humana radical cuando nos encontramos en el terreno de una valiosa aunque limitada "emancipación mental". Repensar el lugar de los sujetos latinoamericanos del filosofar y de su filosofía tal vez implique completar con otros acentos el concepto de cultura, de forma tal que sin descuidar los propiamente simbólicos, se verifiquen sus articulaciones concretas con los materiales. En esta forma "las relaciones entre los sujetos de las prácticas de transformación.... con los sujetos de los testimonios discursivos" al pensarse más problemáticamente tal vez puedan concebirse con mayor nitidez y realizarse con inequívoco sentido de emancipación en el proceso de articulación constructiva del Sujeto Histórico de Emancipación. Montevideo, octubre de 1992 Notas
(Fuente: Universidad de la República, Facultad de Humanidades y Ciencias de la
Educación, Ensayos en Homenaje al Doctor Arturo Ardao, Montevideo, 1995. pp.
15-48. Versión digital de María Angélica Petit, Coordinadora de la Revista Ideas.) |
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