Simón
Bolívar
"Simón Bolívar:
de la utopía a la decepción"
Juan José Canavessi
I.
INSTANCIA CRÍTICA Y PROYECTIVA DE LA UTOPÍA
1) Independencia, constitución y caída de la
primera república
La primera república
venezolana había nacido a partir de los acontecimientos del 19 de abril de
1810, cuando el cabildo abierto de Caracas nombró una junta de gobierno y
convocó a un congreso, a fin de resolver la situación planteada por los
acontecimientos europeos con el acuerdo de los representantes del resto de
los cabildos de la capitanía. De la misma manera que en la metrópoli, los
americanos respondían así a la dominación francesa de España. La junta se
había establecido para gobernar en nombre del monarca cautivo.
Los acontecimientos europeos
repercutieron de una forma muy particular en América. Las reformas
borbónicas habían acentuado el poder de la metrópoli y habían originado una
serie de revueltas en América a lo largo de la segunda mitad del siglo
XVIII, aunque no todas del mismo tenor. Las ideas modernizadoras de los
gabinetes españoles se nutrieron de las ideas ilustradas, que en España
tuvieron características propias, lo mismo que en América.
Pero las medidas que se llevaron a cabo para el adelantamiento económico de
la península, implicaban el sometimiento colonial de los reinos de Indias,
lo que provocó todo tipo de reacciones.
Esta modificación de status político y económico, no se estableció
explícitamente, sino que se manifestó a través de las medidas que la
metrópoli tomó respecto de América. Lo que cambió fundamentalmente fue la
manera en que América era vista por España. Si en la política de los
Austrias los reinos de Indias eran iguales en jerarquía a los demás reinos
de la corona, con los Borbones América empezó a ser considerada como una
posesión al servicio de la metrópoli y subalterna de los otros reinos. La
asignación de un lugar distinto implicó un cambio en la identidad americana
por parte de la corona y la metrópoli, lo que tuvo como correlato una
modificación en la manera en que los americanos se veían a sí mismos. Esto
fue creando paulatinamente una identidad americana que se comenzó a definir
en oposición a España.
En este proceso, las ideas de
la Ilustración colaboraron en otorgar un nuevo marco de pensamiento, aunque
no fueron las causas primarias de los posteriores procesos revolucionarios,
sino una herramienta con la cual los americanos formalizaron su pensamiento.
Por otra parte, las
revoluciones de Norteamérica y Francia influyeron en muchos, que siendo una
minoría, creían llegado el tiempo de emancipar a América de la corona
española. Para ese grupo, las ideas de la Ilustración eran más que una
invitación a la reforma. El espíritu de las Luces los animaba y los hacía
ver la llegada de un nuevo tiempo. Entre ellos estaban Miranda y Bolívar.
Este último, se había
propuesto luchar por la independencia americana ya desde muy joven, y había
rubricado ese compromiso con un juramento hecho en Roma en 1805, en
presencia de su maestro Simón Rodríguez:
¡Juro delante de usted;
juro por Dios de mis padres; juro por ellos; y juro por mi honor, y
juro por la patria, que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi
alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad
del poder español! (3).
El congreso que había
convocado la junta de Caracas se reunió en marzo de 1811 y, en su seno,
pronto se manifestaron las distintas posturas: los que querían aprovechar la
coyuntura internacional para separarse definitivamente de España, y quienes
preferían aguardar el desarrollo de los acontecimientos.
La presencia de Miranda, que
había regresado de Inglaterra en diciembre de 1810, pesó para que los
sectores más activos de la burguesía comercial y la aristocracia
terrateniente –enfrentados con la metrópoli desde la implementación de las
reformas borbónicas– se impusiese y lograse la declaración de la
independencia el 5 de julio de 1811. En diciembre del mismo año se promulgó
la constitución, liberal y federal, inspirada en la de los Estados Unidos.
Tanto Miranda como Bolívar estaban en desacuerdo con la forma política
elegida.
Preferían un Estado más centralizado. La constitución estableció, además, la
igualdad jurídica de todos, sin diferencia de razas, aunque no se declaró la
libertad de los esclavos –simplemente, se prohibió su trata–. Asimismo, como
condiciones para votar, se establecieron como requisitos la ocupación y la
propiedad, lo cual aseguraba el dominio de la elite criolla. La constitución
suprimió los fueros militar y eclesiástico; y aunque no se aceptó la
tolerancia religiosa, sí se la discutió extensamente.
Pronto surgió la
contrarrevolución. Valencia, Coro y Maracaibo se opusieron a Caracas. La
llegada de una reducida expedición española desde Puerto Rico, al mando del
capitán naval Monteverde, en marzo de 1812, fue ganando adeptos a su paso.
El 26 de marzo, un terremoto destruyó Caracas y las zonas que se encontraban
bajo el control de los republicanos. Para el pueblo, fue una manifestación
de la voluntad divina, contraria a la revolución. De ahí en más, los hechos
se precipitaron. Bolívar tuvo que abandonar la sublevada fortaleza de Puerto
Cabello y Miranda –jefe supremo de la república, con poderes dictatoriales
concedidos por el Congreso frente a la emergencia– capituló el 25 de julio.
2) Crítica
a las utopías revolucionarias
Bolívar logró escapar de
Caracas hacia Curazao y de ahí se dirigió a Nueva Granada, buscando apoyo
para la reconquista. El primer escrito importante que refleja su pensamiento
político es el llamado "manifiesto de Cartagena", dirigido a los ciudadanos
de Nueva Granada el 15 de diciembre de 1812:
Permitidme que animado
de un celo patriótico me atreva a dirigirme a vosotros, para
indicaros ligeramente las causas que condujeron a Venezuela a su
destrucción, lisonjeándome que las terribles y ejemplares lecciones
que ha dado aquella extinguida república, persuadan a la América a
mejorar de conducta (4).
Bolívar plantea la necesidad
de analizar la experiencia, a fin de corregir errores y evitar nuevos
tropiezos. En esta proclama ya se manifiesta la preferencia de Bolívar por
regímenes fuertes, investidos de una gran autoridad. La experiencia le
demostró que la debilidad política no debía repetirse:
El más consecuente
error que cometió Venezuela, al presentarse en el teatro político,
fue, sin contradicción, la fatal adopción que hizo del sistema
tolerante; sistema improbado como débil e ineficaz, desde entonces,
por todo el mundo sensato, y tenazmente sostenido hasta los últimos
tiempos con una ceguera sin ejemplo (...) La doctrina que apoyaba
esta conducta tenía su origen en las máximas filantrópicas de
algunos escritores que defienden la no residencia de facultad en
nadie para privar de la vida a un hombre, aun en caso de haber
delinquido éste en el delito de lesa patria (4-5).
A su vez, el manifiesto pone
en evidencia un aspecto básico del pensamiento de Bolívar: la necesidad de
partir de la propia realidad y no de verdades filosóficas. Todo orden
político debe edificarse sobre los cimientos de la sociedad a la que intenta
organizar, teniendo en cuenta las circunstancias históricas concretas, las
necesidades del tiempo, los recursos disponibles:
Es preciso que el
gobierno se identifique, por decirlo así, al carácter de las
circunstancias, de los tiempos y de los hombres que lo rodean (6).
El pragmatismo de Bolívar se
manifiesta en oposición a un idealismo utópico que no tiene los pies en la
tierra. De acuerdo a su interpretación de los hechos, gran parte del fracaso
se debió al intento de instaurar un régimen perfecto que desconocía el suelo
que pisaba:
Los códigos que
consultaban nuestros magistrados no eran los que podían enseñarles
la ciencia práctica del gobierno, sino los que han formado ciertos
buenos visionarios que, imaginando repúblicas aéreas, han procurado
alcanzar la perfección política presuponiendo la perfectibilidad del
linaje humano. Por manera que tuvimos filósofos por jefes,
filantropía por legislación, dialéctica por táctica y sofistas por
soldados. Con semejante subversión de principios y de cosas, el
orden social se resintió extremadamente conmovido, y desde luego
corrió el Estado a pasos agigantados a una disolución universal, que
bien pronto se vio realizada (4).
El intento por alcanzar la
perfección política ha sido un gran desacierto. Los visionarios, los
filósofos, son los que inspiran "repúblicas aéreas", famosa expresión
bolivariana que pasaría a la posteridad como signo de su defensa del
realismo político y su desconfianza por la aplicación de ideas de
laboratorio o surgidas en otras experiencias históricas.
Con estos
antipolíticos e inexactos raciocinios, fascinaban a los simples pero
no convencían a los prudentes que conocían bien la inmensa
diferencia que hay entre los pueblos, los tiempos, y las costumbres
de aquellas repúblicas y las nuestras (5).
Las repúblicas a que se
refiere son las que habitualmente eran tomadas como ejemplo en esa época:
Grecia, Roma, Venecia, Génova, Suiza, Holanda y los Estados Unidos. Su
discurso desliza una afirmación de la superioridad de los ilustrados,
calificados de prudentes, respecto del conjunto del pueblo, ingenuo,
ignorante e incauto.
Bolívar tenía, como muchos en
su época, una confianza enorme en el poder de la razón. Por encima de la
herencia, los argumentos de autoridad, y en franca revisión de la tradición,
se reinterpreta la realidad a partir de las luces del conocimiento. El
enemigo a combatir es la ignorancia, raíz de los males sociales. Esta
creencia profundamente arraigada configura una suerte de mentalidad
ilustrada, propia de un sector de la población. Se trata de un modo de
percepción propio del iluminismo, que conlleva una jerarquización social
básica novedosa respecto de la vigente en el orden colonial: la autoridad
debe ser ejercida por quienes tienen la luz de la razón y no por la voluntad
del monarca. Por eso, Bolívar asigna una misión relevante a los ilustrados,
lo cual los encumbra por encima del común del pueblo. A pesar de admitir la
soberanía popular originaria, la misma sigue relegada, ya que la ignorancia
incapacita a las masas para ser artífices de su propio destino. Esta
mentalidad ilustrada se manifestará a lo largo de toda la vida de Bolívar, y
teñirá sus ideas políticas emparentándolas con las del despotismo ilustrado.
Con el tiempo, el pueblo podrá
aprender lo necesario para estar en condiciones de participar. Por el
momento, no es recomendable que se intente una participación democrática
para la cual los pueblos no se encuentran preparados:
Las elecciones
populares hechas por los rústicos del campo y por los intrigantes
moradores de las ciudades, añaden un obstáculo más a la práctica de
la federación entre nosotros, porque los unos son tan ignorantes que
hacen sus votaciones maquinalmente, y los otros tan ambiciosos, que
todo lo convierten en facción, por lo que jamás se vio en Venezuela
una votación libre y acertada, lo que ponía el gobierno en manos de
hombres ya desafectos a la causa, ya ineptos, ya inmorales. El
espíritu de partido decidía en todo, y por consiguiente nos
desorganizó más de lo que las circunstancias hicieron (7).
Lo fundamental era mantener el
control y evitar la dispersión. Bolívar refuerza el argumento, ya que
explica las razones del fracaso de la primera república venezolana para
aleccionar con la experiencia del fracaso a la "patria boba", denominación
historiográfica del primer ensayo republicano nacido en Bogotá, Cartagena y
otras ciudades, y caracterizado por la atomización
Pero lo que debilitó
más el gobierno de Venezuela fue la forma federal que adoptó,
siguiendo las máximas exageradas de los derechos del hombre, que
autorizándolo para que se rija a sí mismo, rompe los pactos sociales
y constituye a las naciones en anarquía. Tal era el verdadero estado
de la confederación (6)
El federalismo adoptado por
los Estados Unidos había calado profundamente en sectores de la sociedad
americana.
¿Qué país del mundo
por morigerado y republicano que sea, podrá, en medio de las
facciones intestinas y de una guerra exterior, regirse por un
gobierno tan complicado y débil como el federal?(6).
Si bien reconoce las bondades
teóricas del régimen federal de gobierno, no lo ve apto para la América
española. Además de considerar que no se adapta a la mentalidad, la
estructura geográfica y el proceso histórico de las antiguas colonias
españolas –bien diverso, por cierto de la de los americanos ingleses–, le
resulta lógico que, en medio de una guerra, se fortalezca la unidad antes
que el desarrollo de las autonomías locales:
Yo soy de sentir que
mientras no centralicemos nuestros gobiernos americanos, los
enemigos obtendrán las más completas ventajas; seremos
indefectiblemente envueltos en los horrores de las disensiones
civiles (7).
Se debe partir de la propia
realidad, sin ceder a la tentación de recorrer el camino de otros pueblos.
Para ello, hay que conocer y analizar las características de la propia
sociedad. Bolívar presta atención a los aspectos culturales, la
idiosincrasia y las mentalidades, que pueden llegar a ser determinantes para
la marcha de los acontecimientos, tal como ocurrió con la falta de apoyo a
la primera república:
El terremoto de 26 de
marzo trastornó, ciertamente, tanto lo físico como lo moral, y puede
llamarse propiamente la causa inmediata de la ruina de Venezuela
(7). Más adelante dirá: un terremoto que más que sus estragos, lo hicieron
espantoso la ignorancia y la superstición (19).
Finalizando su proclama,
Bolívar ordena su interpretación del fracaso venezolano. Todas las causas
que enumera son atribuibles a los propios patriotas. El partido no lo han
ganado Monteverde y sus ejércitos, sino que lo han perdido los propios
revolucionarios:
Nuestra división, y no
las armas españolas, nos tornó a la esclavitud (...) De lo referido
se deduce que entre las causas que han producido la caída de
Venezuela, debe colocarse en primer lugar la naturaleza de su
constitución, que repito, era tan contraria a sus intereses, como
favorable a los de sus contrarios. En segundo, el espíritu de
misantropía que se apoderó de nuestros gobernantes. Tercero: la
oposición al establecimiento de un cuerpo militar que salvase la
república y repeliese los choques que le daban los españoles.
Cuarto: el terremoto acompañado del fanatismo que logró sacar de
este fenómeno los más importantes resultados, y últimamente las
facciones internas que en realidad fueron el mortal veneno que
hicieron descender la patria al sepulcro (7).
La primera república cayó por
su propia incapacidad. Le faltó realismo, firmeza, unidad. Sus conductores
no supieron organizarla de acuerdo a la identidad de los pueblos y las
circunstancias. En este manifiesto, ya están presentes los principales
elementos que estructuran el pensamiento político de Bolívar: la necesidad
de partir de la propia experiencia –que lo enfrenta a sectores urbanos
radicalizados, peligrosos por su reformismo teórico, utópico y mimético–; el
temor a la anarquía –que lo lleva a rechazar el federalismo y a postular la
necesidad de un gobierno fuerte y centralizado–; la valoración negativa de
la participación del conjunto del pueblo –por su ignorancia e ingenuidad, y
al que habrá que transformar paulatinamente para hacerlo capaz de la vida
republicana y libre–.
Esta proclama manifiesta la
instancia crítica de su pensamiento utópico. No la dirige fundamentalmente
sobre la sociedad colonial, sino sobre la primera república. Su crítica
apunta a los proyectos que considera irrealizables, por lo cual serían
“utopías” según el sentido vulgar, es decir, aspiraciones y formulación de
ideales desconectados de una posible realización.
La experiencia vivida, y el
análisis que hiciera de esa experiencia, fueron determinantes para el
desarrollo de sus ideas fundamentales, que se mantuvieron básicamente
idénticas durante su vida.
3) La
formulación de un horizonte utópico
La oposición de Bolívar a
recetas "aéreas" lo lleva a reflexionar a partir del desarrollo histórico de
la revolución que protagoniza. Las ideas adquiridas en su período de
formación,
son sometidas a un análisis riguroso al que lo obliga el fracaso del
movimiento emancipador. En septiembre de 1815, exiliado en Kingston, escribe
dos cartas que son fundamentales para seguir la evolución de su pensamiento.
¿Qué había ocurrido entre el
manifiesto de 1812 y estos textos de 1815?
Bolívar había logrado
reconquistar Caracas en 1813, gracias a su "campaña admirable", que incluyó
su declaración de la "guerra a muerte".
Sin embargo, su apoyo era endeble. Los llaneros, acaudillados por Boves,
estaban comprometidos en una guerra contra los "mantuanos", elite
aristocrática criolla que lideraba el movimiento revolucionario. Los
llaneros eran movidos por odios y reinvindicaciones sociales que los
dirigentes de los republicanos estaban lejos de pensar en satisfacer.
Monteverde supo encauzar ese apoyo indirecto a la causa realista, y se
desató una guerra social en la cual los republicanos fueron vencidos. El
"año terrible" de 1814, fue un verdadero baño de sangre por parte de uno y
otro bando.
Simultáneamente, Fernando VII
retornaba a su trono restableciendo el absolutismo. Si bien la derrota de
Napoleón podía favorecer la revolución creando la esperanza de un eventual
apoyo británico, el envío de un gran ejército español a someter los reinos
americanos había dado por tierra con muchas esperanzas. Morillo desembarcó
al frente de una gran expedición, y controló toda la región, enviando
refuerzos al virrey de Lima. Así se sofocaron también los movimientos
revolucionarios de Quito, Alto Perú y Chile. Sólo en el Río de la Plata
permanecía en pie el movimiento iniciado en 1810.
Bajo Morillo, y ya muerto Boves, los llaneros y los pardos fueron igualmente
sometidos, razón por la cual se sumarían a los republicanos en la lucha
contra los realistas.
Bolívar se exilió en Jamaica.
Allí maduraron sus ideas, justamente cuando la victoria revolucionaria
parecía más lejana e improbable.
Si el "manifiesto de
Cartagena" analiza críticamente las causas del fracaso revolucionario, su
carta al redactor de la "Gaceta de Jamaica" describe la sociedad americana a
fin de establecer un punto de partida ajustado a la realidad para la
continuidad de la lucha emancipadora, y la denominada "carta de Jamaica"
esboza propuestas para la construcción de una América llena de promesas.
Ambos textos tienen algo
fundamental en común: son dirigidos a interlocutores británicos. Esto es
capital para interpretarlos correctamente. Durante 1815, los mayores
esfuerzos de Bolívar se concentran en obtener la ayuda de Inglaterra para
reiniciar la lucha. Esa es la intención que subyace en ambas cartas.
¿Cómo avanzar en la etapa de
construcción de una nueva América? Fiel a su mecanismo, Bolívar saca a
relucir su pretensión de realismo. Se debe edificar sobre la propia
identidad y con las herramientas que provee la experiencia histórica. Sobre
esos elementos debe actuar la luz del pensamiento. Sin embargo, si bien
concibe intelectualmente la necesidad de un punto de partida realista, no
escapa a las limitaciones propias de su generación: la interpretación de esa
realidad está construida –en gran medida–, desde una mirada europea. Por
eso, tanto él como sus adversarios políticos intentan la aplicación de ideas
surgidas en el viejo continente, a las que consideran como prístinas
manifestaciones de la luz de la razón. A pesar de que decían tener en cuenta
que esas ideas habían surgido de y para otras experiencias históricas,
pensaban que, con algunas adaptaciones, serían provechosas para las nuevas
naciones americanas. En el fondo, actuaron como si creyeran que ese cuerpo
de ideas tenía valor universal.
Su descripción de la sociedad
americana, punto de partida que desarrolla en la carta al editor de "la
Gaceta de Jamaica", establece una continuidad con las visiones utópicas
europeas respecto de América, desarrolladas a partir del descubrimiento.
Sobre esa base, el ideal a
edificar –que expone en la "carta de Jamaica"–, no es otro que el de la
civilización política que propician las ideas y la experiencia política
europea y norteamericana, establecidas como realidades ejemplares.
a.
Continuidad con las utopías modernas
En la carta al editor de la
"Gaceta de Jamaica", Bolívar examina la experiencia histórica, las
mentalidades de las diversas castas, la geografía y las costumbres de la
América española respondiendo a la inquietud de sus interlocutores:
Los más de los
políticos europeos y americanos que han previsto la independencia
del Nuevo Mundo, han presentido que la mayor dificultad para
obtenerla, consiste en la diferencia de castas que componen la
población de este inmenso país. Yo me aventuro a examinar esta
cuestión (77).
Dirigiéndose a europeos,
presenta la realidad americana tomando como base la utopía europea respecto
del Nuevo Mundo:
El americano del sur
vive a sus anchas en su país nativo; satisface sus necesidades y
pasiones a poca costa; montes de oro y de plata le proporcionan
riquezas fáciles con que obtiene los objetos de la Europa. Campos
fértiles, llanuras pobladas de animales, lagos y ríos caudalosos con
ricas pesquerías lo alimentan superabundentemente, el clima no le
exige vestidos y apenas habitaciones; en fin, puede existir aislado,
subsistir de sí mismo, y mantenerse independiente de los demás.
Ninguna otra situación del mundo es semejante a ésta, toda la tierra
está agotada por los hombres, la América sola, apenas está encentada
(77-78).
Bolívar elabora una semblanza
de la población americana, intentando aventar los temores de quienes ven la
independencia como una empresa imposible, ya que daría origen una sociedad
plagada de enfrentamientos. En esta presentación, se puede reconocer en
Bolívar la pervivencia de rasgos coloniales por su manera de considerar a
las diversas castas.
Afirma que existe una muy
buena relación entre el indio y los sucesores de los españoles, por la cual
el indio considera al blanco como superior y éste ejerce una dominación
benevolente, que no resulta peligrosamente explosiva:
El colono español no
oprime a su doméstico con trabajos excesivos, lo trata como a un
compañero; lo educa en los principios de moral y de humanidad que
prescribe la religión de aquella benevolencia que inspira una
comunicación familiar. El no está aguijoneado por los estímulos de
la avaricia, ni por los de la necesidad que produce la ferocidad de
carácter y la rigidez de principios, tan contrarios a la humanidad
(77).
Esta presentación casi
bucólica se contrapone con otras que Bolívar hiciera en otras ocasiones.
Aquí está empeñado en mostrar que no existe peligro de rebelión. Bolívar no
lo afirma sólo por la fuerza y la inercia del control ejercido por los
blancos, sino basándose en los deseos de los mismos indígenas:
El indio es de un
carácter tan apacible que solo desea el reposo y la soledad, no
aspira ni aun a acaudillar su tribu, mucho menos a dominar las
extrañas (...) Esta parte de la población americana es una especie
de barrera para contener a los otros partidos; ella no pretende la
autoridad, porque ni la ambiciona, ni se cree con aptitud para
ejercerla, contentándose con su paz, su tierra y su familia. El
indio es el amigo de todos, porque las leyes no lo habían
desigualado, y porque, para sostener todas las mismas dignidades de
fortuna y de honor que conceden los gobiernos, no han menester de
requerir a otros medios que a los servicios y al saber; aspiraciones
que ellos odian más que lo que pueden desear las gracias (78).
Estas afirmaciones parecen
–antes que una descripción neutra de la realidad–, una presentación
encaminada a despejar temores en los británicos, que dudaban en apoyar una
empresa que podía derivar en una completa guerra de colores, dada la
heterogeneidad americana:
Así pues, parece que
debemos contar con la dulzura de mucho más de la mitad de la
población, puesto que los indios y los blancos componen los tres
quintos de la población total, y si añadimos los mestizos que
participan de la sangre de ambos, el aumento se hace más sensible y
el temor de los colores se disminuye, por consecuencia (78).
Pero hay otro grupo importante
en América, los esclavos negros. ¿Existe el peligro de que América se
transforme en un nuevo Haití? Tal parece ser el interrogante que Bolívar se
apresura a despejar:
El esclavo en la
América española vegeta abandonado en las haciendas, gozando por
decirlo así, de su inacción, de la hacienda de su señor y de una
gran parte de los bienes de la libertad, y como la religión le ha
persuadido que es un deber sagrado servir, ha nacido y existido en
esta dependencia doméstica, se considera en su estado natural, como
un miembro de la familia de su amo, a quien ama y respeta (78).
Si los siervos y los llaneros
de Boves se unieron a los realistas, se debió a que fueron sublevados por
éstos y obligados a ello por la fuerza. La situación bajo Morillo demuestra
que todos los colores están con la causa de la independencia:
Se ha visto que los
mismos soldados libertos y esclavos que tanto contribuyeron, aunque
por la fuerza, al triunfo de los realistas, se han vuelto al partido
de los independientes, que no habían ofrecido la libertad absoluta,
como lo hicieron las guerrillas españolas. Los actuales defensores
de la independencia son los mismos partidarios de Boves, unidos ya
con los blancos criollos, que jamás han abandonado la causa (79).
Bolívar, en 1815, tan cercano
del “año terrible” que ensangrentó su país en una lucha social que lo obligó
a huir, afirma que la sociedad está anudada por lazos fraternos y de
singular concordia:
Estamos autorizados,
pues, a creer, que todos los hijos de la América española, de
cualquier color o condición que sean, se profesan un afecto
fraternal recíproco, que ninguna maquinación es capaz de alterar.
Nos dirán que las guerras civiles prueban lo contrario. No, señor,
las contiendas domésticas de la América nunca se han originado de la
diferencia de castas; ellas han nacido de las divergencias de las
opiniones políticas, y de la ambición particular de algunos hombres
(...) Todavía no se oído un grito de proscripción contra ningún
color, estado o condición (...) Hasta el presente se admira la más
perfecta armonía entre los que han nacido en este suelo (79).
La conclusión resulta
coherente, y manifiesta la verdadera intención del escrito:
Lo que es, en mi
opinión, realmente temible es la indiferencia con que la Europa ha
mirado hasta hoy la lucha de la justicia contra la opresión, por
temor de aumentar la anarquía (79).
¿Cómo interpretar esta
descripción? ¿Se trata sólo de un discurso "for export" armado para
comprometer a los ingleses a favor de la causa? Si bien el contexto autoriza
esta afirmación, no implica necesariamente que Bolívar no creyera en el
contenido de lo que decía, aunque voluntariamente omitiese admitir la
problemática social que había ensangrentado su país, para no acrecentar la
desconfianza de los europeos.
Su interpretación del caos y
los enfrentamientos originados a partir de la revolución no se apoyaba en la
heterogeneidad de la población americana, sino sobre las fallas en la
construcción de la nueva estructura política, que debió contemplar esta
realidad. Admitía la heterogeneidad, pero estaba seguro de poder anular su
poder disolvente encaminándola hacia una causa común, como finalmente logró
hacerlo después.
Fue la debilidad de las repúblicas, con sus proyectos importados de otras
realidades, la que causó un vacío de poder que lanzaron la sociedad a la
anarquía, lo cual fue muy bien aprovechado por Monteverde para enfrentar a
los pardos y los llaneros contra los revolucionarios americanos.
Bolívar realmente adhería al
discurso europeo secular que depositaba en América la esperanza de un mundo
nuevo y creía que América contaba con todo para realizar las promesas de que
era depositaria. Bolívar afirmaba que, derribado el poder colonial de una
España atrasada que impedía su plena realización, se podrían implementar las
estructuras políticas que América requería de acuerdo a sus peculiares
características. Para eso, pedía la ayuda de los ingleses.
b.
Proyección de nuevos horizontes
El fin de la dominación española
La denominada "carta de
Jamaica" fue escrita por Bolívar en septiembre de 1815, en respuesta a la
que le enviara un inglés, pidiéndole un diagnóstico de la situación
americana y su pronóstico respecto del movimiento de independencia. Si en la
carta al editor de la "Gaceta de Jamaica" abordaba la realidad americana
desde una descripción de la composición de su población y de las
mentalidades de sus diversos “colores”, en la "carta de Jamaica" elegirá un
abordaje preferentemente histórico.
Para ello, Bolívar se remonta
a la vida colonial. ¿Cómo describe Bolívar el estado de los reinos españoles
del Nuevo Mundo anterior a 1810? Aquí desplegará nuevamente la instancia
crítica de su pensamiento, esta vez, dirigida hacia la dominación colonial:
Barbaridades que la
presente edad ha rechazado como fabulosas, porque parecen superiores
a la perversidad humana, y jamás creídas por los críticos modernos,
si, constantes y repetidos documentos, no testificasen estas
infaustas verdades (63).
Menciona a Las Casas y su
relación sobre la destrucción de las Indias, y otros documentos de la propia
metrópoli, en la que constan las atrocidades cometidas, que son las que
finalmente llevaron a la lucha por la independencia. Los acontecimientos que
comenzaron en 1810 han provocado una auténtica ruptura:
El lazo que la unía a
la España está cortado: la opinión era toda su fuerza; por ella se
estrechaban mutuamente las partes de aquella inmensa monarquía; lo
que antes las enlazaba, ya las divide; más grande es el odio que nos
ha inspirado la Península, que el mar que nos separa de ella (64).
Para Bolívar, la fuerza de las
cadenas opresoras estaba en la mentalidad colonial de los americanos antes
que en el poder de ejércitos y funcionarios. Lo que mantenía a los
americanos dominados era la dependencia interior, la sujeción a redes de
intereses, de actitudes y de objetivos que no respondían a sus propias
necesidades sino que beneficiaban a la metrópoli:
El hábito a la
obediencia; un comercio de intereses, de luces, de religión; una
recíproca benevolencia; una tierna solicitud por la cuna y la gloria
de nuestros padres; en fin, todo lo que formaba parte de nuestra
esperanza, nos venía de España. De ahí partía un espíritu de
adhesión que parecía eterno, no obstante que la conducta de nuestros
dominadores relajaba esta simpatía, o por mejor decir, este apego
forzado por el imperio de la dominación (64).
Esos lazos ya se venían
debilitando desde la época borbónica. Lo que ha cambiado sustancialmente es
la manera de ver de los americanos, y eso es lo más determinante. Bolívar da
gran importancia al mundo de las representaciones: los americanos eran
dependientes, en gran medida, porque así se veían. El peso de la tradición,
la pasividad y la inercia secular mantuvieron en la oscuridad de la caverna
a los americanos. Pero semejante situación ha caído por el poder de las
luces, antes que por la victoria de los ejércitos republicanos:
El velo se ha rasgado,
ya hemos visto la luz, y se nos quiere volver a las tinieblas; se
han roto las cadenas; ya hemos sido libres (64).
La libertad proviene de un
cambio de mentalidad; gracias a la iluminación se termina con la pasividad,
la obediencia, la sujeción. Es significativo el poder que Bolívar atribuye a
la “ilustración”: la fuerza de la razón desmantela una estructura de
dominación de siglos, porque la sujeción estaba construida a partir de un
sistema de ideas sólidamente arraigado gracias a la tradición, y
profundamente oculto, gracias a la oscuridad de la ignorancia.
Aquí se ve a Bolívar en la
instancia crítica de su pensamiento, esta vez, dirigida hacia la sociedad
colonial.
La herencia
colonial
Algo viejo ha muerto, algo
nuevo está naciendo. La situación americana hacia 1815 es la propia del
final de una etapa y la aparición de un nuevo comienzo:
Yo considero el estado
actual de la América, como cuando desplomado el imperio romano, cada
desmembración formó un sistema político conforme a sus intereses y
situación o siguiendo la ambición particular de algunos jefes,
familias o corporaciones (67)
Son momentos de gran
incertidumbre. El pronóstico es reservado:
Todavía es más difícil
presentir la suerte futura del Nuevo Mundo, establecer principios
sobre su política, y casi profetizar la naturaleza del gobierno que
llegará a adoptar. Toda idea relativa al porvenir me parece
aventurada (67)
[25].
La atomización es el mal del
momento. En el esfuerzo por construir una nueva realidad política, la
anarquía se ha adueñado del país:
En Caracas el espíritu de
partido tomó su origen en las sociedades, asambleas y elecciones populares,
y esos partidos nos tornaron a la esclavitud (71).
¿Por qué se produjeron la
fragmentación y el caos?
Para Bolívar, dado que la
fuerza de la dominación pasaba fundamentalmente por lo ideológico y lo
cultural, aún no se ha podido madurar un nueva estructura mental que sirva
de sostén para las naciones independientes:
¿Seremos nosotros capaces de
mantener en su verdadero equilibrio la difícil carga de una república? ¿Se
puede concebir que un pueblo recientemente desencadenado se lance a la
esfera de la libertad, sin que, como a Icaro, se le deshagan las alas y
recaiga en el abismo? (...) no hay raciocinio verosímil que nos halague con
esta esperanza (71).
Además de la persistencia de
la mentalidad colonial que dificulta la valoración equilibrada de la
libertad, la opresión padecida es la causa de la falta de experiencia en los
asuntos de gobierno. En la "carta de Jamaica" introduce este argumento, que
responsabiliza de los fracasos revolucionarios a la herencia colonial:
La América no estaba preparada
para desprenderse de la metrópoli, como súbitamente sucedió, por el efecto
de las ilegítimas cesiones de Bayona, y por la inicua guerra que la regencia
nos declaró, sin derecho alguno para ello. Los americanos han subido de
repente y sin los conocimientos previos, y, lo que es más sensible, sin la
práctica de los negocios públicos, a representar en la escena del mundo las
eminentes dignidades de legisladores, magistrados, administradores del
erario, diplomáticos, generales, y cuantas autoridades supremas y
subalternas forman la jerarquía de un Estado organizado con regularidad
(69).
Los problemas por los que
atraviesa la revolución al momento que Bolívar escribe, se deben justamente
a la oscuridad vivida durante el período colonial, del cual surgen las
dificultades actuales que los revolucionarios tienen para conducir el
movimiento emancipador. La impericia para autogobernarse, lejos de
cuestionar la validez de la revolución, es un argumento más para
justificarla:
La posición de los moradores
del hemisferio americano ha sido, por siglos puramente pasiva; su existencia
política era nula. Nosotros estábamos en un grado todavía más abajo que la
servidumbre, y por lo mismo con más dificultad para elevarnos al goce de la
libertad (68).
Los americanos no participaban
de los puestos de gobierno y administración, a diferencia de lo ocurrido en
otros imperios, en los que la potencia dominante incluía en el gobierno de
las colonias a gente de los propios pueblos sometidos. Esa práctica hubiese
sido un eficaz aprendizaje en el manejo de la cosa pública y una experiencia
de la que los americanos actualmente carecen, razón por la cual la
revolución trastabilla entre problemas:
Se nos vejaba con una conducta
que, además de privarnos de los derechos que nos correspondían, nos dejaba
en una especia de infancia permanente con respecto a las transacciones
públicas. Si hubiésemos siquiera manejado nuestros asuntos domésticos en
nuestra administración interior, conoceríamos el curso de los negocios
públicos y su mecanismo, y gozaríamos también de la consideración personal
que impone a los ojos del pueblo cierto respeto maquinal que es tan
importante conservar en las revoluciones (...) Estábamos, como acabo de
exponer, abstraídos, y digámoslo así ausentes del universo en cuanto es
relativo a la ciencia del gobierno y administración del estado. Jamás éramos
virreyes ni gobernadores, sino por causas muy extraordinarias, arzobispos y
obispos pocas veces; diplomáticos, nunca; militares, sólo en calidad de
subalternos; nobles, sin privilegios reales; no éramos, en fin, ni
magistrados ni financistas, y casi ni aún comerciantes, todo en
contravención directa de nuestras instituciones (68)
De esta manera, Bolívar
explica las dificultades de los independientes recargando las tintas sobre
la herencia colonial. Esa inexperiencia y falta de cultura política fueron
las causas de la instauración de "repúblicas aéreas", sistemas políticos
inadecuados, copiados de la experiencia de otros pueblos, que desordenaron
la sociedad y la sumieron en la fragmentación y la violencia:
En tanto que nuestros
compatriotas no adquieran los talentos y las virtudes políticas que
distinguen a nuestros hermanos del norte, los sistemas enteramente
populares, lejos de sernos favorables, temo mucho que vengan a ser la ruina
(71).
Bolívar insiste en resaltar la
ineficacia de la utilización de modelos importados que nacieron de otras
necesidades y culturas:
Los acontecimientos de la
Tierra Firme nos han probado que las instituciones perfectamente
representativas, no son adecuadas a nuestro carácter, costumbres y luces
actuales (...) Así como Venezuela ha sido la república americana que más se
ha adelantado, en sus instituciones políticas, también ha sido el más claro
ejemplo de la ineficacia de la forma democrática y federal para nuestras
nacientes estados (71).
Este punto es de particular
importancia, ya que de esta constatación, nacerán las ideas bolivarianas
acerca de la organización de los nuevos estados. Ya en el "manifiesto de
Cartagena" de 1812, había explicado las razones del fracaso de la primera
república venezolana diciendo que la sociedad no estaba preparada para un
régimen liberal, democrático y federal. Bolívar insistirá en la necesidad e
elaborar regímenes políticos que tomen como punto de partida la identidad
cultural y la experiencia histórica americana, para lo cual se extiende en
analizar la realidad desde los elementos que componen su población –carta al
editor de la "Gaceta"–, y desde su recorrido histórico –"carta de Jamaica"–.
La crítica bolivariana es
doble: hacia los proyectos aéreos de la primera república y hacia el sistema
colonial. Su pensamiento proyectivo se apoyará en ese doble término “a quo”
del cual se debe salir.
Idea grandiosa, horizonte
utópico
Sobre ese punto de partida,
Bolívar expresa una convicción que adquiere rasgos utópicos, especialmente
si se tiene en cuenta que lo hace en el peor momento de la revolución:
Yo deseo más que otro alguno
ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión
y riquezas que por su libertad y gloria (71).
Esta afirmación expresa una
continuidad y un avance respecto del pensamiento utópico europeo sobre el
Nuevo Mundo.
La continuidad está en poner a
América como sujeto de un futuro promisorio y grandilocuente por su
geografía, su inmensidad y sus recursos. El avance, en que la grandeza no se
sitúa exclusivamente en ese carácter paradisíaco o en la bondad natural y
semisalvaje de su población. La utopía moderna respecto del Nuevo Mundo está
reformulada por el ideal socio-político. Ahí radica la fuerza utópica del
pensamiento bolivariano: postula la posibilidad de una nueva América, sobre
la base de la utopía natural propia de la modernidad, pero como fruto de una
construcción política. De ahí que el carácter utópico de su pensamiento se
presenta con rasgos realistas, en los que la tensión entre lo presente y lo
futuro está ordenada por la voluntad y se previene de integrar elementos o
metas fantásticas. A través de sus ideas políticas, expone los medios más
adecuados para obtener esa "libertad y gloria" que hagan de América "la más
grande nación del mundo". Su pensamiento se caracteriza por la dialéctica
entre "posible-imposible" en torno a la idea de perfección:
Aunque aspiro a la perfección
del gobierno de mi patria, no puedo persuadirme que el Nuevo Mundo sea por
el momento regido por una gran república; como es imposible, no me atrevo a
desearlo, y menos deseo una monarquía universal de América, porque este
proyecto, sin ser útil, es también imposible (71).
La idea de perfección se
vincula al principio de realidad: lo más perfecto no es lo más pleno “en
sí”, sino lo más adecuado al ser y las circunstancias. Esto plantea la
necesidad de ordenar el camino hacia la perfección posible. Por tanto,
Bolívar plantea soluciones políticas transitorias que conduzcan
progresivamente esa realidad para hacerla capaz de aspirar a grados mayores
de perfección. En tal sentido, la preferencia de Bolívar por regímenes
fuertes, debe leerse en el contexto de una América acostumbrada a la tiranía
e incapaz de vivir ordenadamente sino bajo gobiernos poderosos:
Los estados americanos han
menester de los cuidados de gobiernos paternales que curen las llagas y las
heridas del despotismo y la guerra (71).
Gobiernos paternales: la
expresión supone que la situación americana es de infancia política. Ante
esta situación, ¿sugiere Bolívar una monarquía? Era lo que proponían muchos
en ese momento. Hacía falta encontrar una fuente de legitimidad para el
nuevo poder político, reordenando el continente de acuerdo a los
acontecimientos europeos. En tal caso: ¿cuál sería la “nueva metrópoli”?
Podría ser México, por su importancia, o Panamá, por su estratégica
ubicación. Pero no lo ve viable, porque le resulta imposible que América
sea regida por un solo gobierno. El espíritu de partido agita los estados y
dificulta futuros acuerdos. Todos acusarían de tiranía a cualquier metrópoli
que quisiera establecerse por sobre el resto. Los celos llevarían a comparar
cualquier gobierno general con los mismos españoles. Esta ya invalida la
opción monárquica desde un principio, lo mismo que la creación de una
república única.
Para su análisis, se vale de
la autoridad de los autores europeos, que ensayaban posibles soluciones para
ordenar el nuevo escenario americano:
M. de Pradt
ha dividido sabiamente a la América en quince a diez y siete estados
independientes entre sí, gobernados por otros tantos monarcas. Estoy de
acuerdo en cuanto a lo primero, que la América comporta la creación de diez
y siete naciones; en cuanto a lo segundo, aunque es más fácil conseguirlo,
es menos útil, y así no soy de la opinión de las monarquías americanas (72).
En cuanto a lo primero,
Bolívar coincide en que América derivará en muchos estados. La experiencia
le enseñó que la creación de grandes unidades políticas no era viable, no
sólo por razones de gobernabilidad, en un continente inmenso e incomunicado
por su propia geografía y falta de infraestructura, sino por la experiencia
histórica, que había fortalecido las identidades locales.
En cuanto a lo segundo,
respecto de su preferencia por el régimen republicano por sobre el
monárquico, esgrime argumentos que extrae de la historia:
[en la monarquía]
la política de un rey (...) se
dirige al aumento de sus posesiones, riquezas y facultades; con razón,
porque su autoridad crece con estas adquisiciones, tanto con respecto a sus
vecinos, como a sus propios vasallos (72).
Esto haría inconveniente la
creación de varios reinos en América, porque estarían en perpetuo
enfrentamiento. En cambio, las repúblicas pequeñas no buscarían su propia
expansión, sino una vida pacífica y próspera, ya que
el interés bien entendido de
una república se circunscribe en la esfera de su conservación, prosperidad y
gloria (72).
Deben ser pequeñas, porque
cuando las repúblicas se engrandecen se encaminan al imperio, como muestra
los ejemplos de Roma y la república francesa. Por eso, concluye:
Por estas razones pienso que
los americanos ansiosos de paz, ciencias, artes, comercio y agricultura,
preferirían las repúblicas a los reinos, y me parece que estos deseos se
conforman con las miras de la Europa (72).
Una vez dicho que lo que se
avizora es el establecimiento de pequeñas repúblicas, pasa a analizar el
carácter de esas organizaciones políticas. El federalismo tiene enormes
ventajas teóricas, pero asimismo imposibilidades prácticas. El sistema
federal será uno de los grandes enemigos políticos de Bolívar. Lo combatió
por muchas razones: por la necesidad de unidad ante los españoles, por la
desconfianza que tenía a la representación popular, por el temor de que los
pueblos se atomizasen y por sus propias ambiciones personales.
No convengo en el sistema
federal entre los populares y representativos, por ser demasiado perfecto y
exigir virtudes y talentos políticos muy superiores a los nuestros; por
igual razón rehuso la monarquía mixta de aristocracia y democracia, que
tanta fortuna y esplendor ha procurado a la Inglaterra (72).
Es notorio el cuidado que
Bolívar pone en evitar la tentación de pretender la perfección. En eso se
manifiesta su crítica a las posturas utópicas a las que atribuyó la caída de
primera república, tal como lo expresó en el manifiesto de Cartagena. Sobre
esa experiencia y análisis crítico, su pensamiento proyectivo intenta poner
como punto de partida la situación real, y como punto de llegada, la
progresiva adquisición de la "perfección posible" antes que lo "demasiado
perfecto". Para delinear el camino establece dos peligros a evitar: la
tiranía y la anarquía. Estos extremos son una constante en las ideas
políticas de Bolívar, y constituyen un criterio para la evaluación de los
regímenes y la marcha de los mismos:
No siéndonos posible lograr
entre las repúblicas y monarquías lo más perfecto y acabado, evitemos caer
en anarquías demagógicas, o en tiranías monócratas. Busquemos un medio entre
estos extremos opuestos, que nos conduciría a los mismos escollos, a la
infelicidad y al deshonor (72).
Sin duda, para 1815 Bolívar
temía más la anarquía que la tiranía. El derrumbe de los movimientos
revolucionarios y la atomización política eran el fruto de políticas débiles
e idealistas. Bolívar realiza un pronóstico basado en sus observaciones, lo
cual no necesariamente expresa sus ideas o preferencias:
De todo lo expuesto, podemos
deducir estas consecuencias: las provincias americanas se hallan lidiando
por emanciparse; al fin obtendrán el suceso; algunas se constituirán de un
modo regular en repúblicas federales y centrales; se fundarán monarquías
casi inevitablemente en las grandes secciones, y algunas serán tan infelices
que devorarán sus elementos ya en la actual, ya en las futuras revoluciones,
que en una gran monarquía no será fácil consolidar, una gran república
imposible (74).
Pero, además del pronóstico
que realiza en respuesta al pedido del destinatario de la carta, Bolívar
formula el horizonte utópico que desea para América. Lo expresa en un estilo
desiderativo que lo diferencia de su discurso político habitual, siempre
expresado en un registro realista:
Es una idea grandiosa
pretender formar de todo el Mundo Nuevo una sola nación con un solo vínculo
que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una
lengua, unas costumbres y una religión, debería, por consiguiente, tener un
solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de formarse;
mas no es posible, porque climas remotos, situaciones diversas, intereses
opuestos, caracteres desemejantes, dividen a la América. ¡Qué bello sería
que el istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los
griegos! Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto
congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios a tratar
de discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra, con las
naciones de las otras tres partes del mundo (74)[32].
Allí está su aspiración. La
fuerza de este ideal utópico influirá poderosamente sobre su acción. A pesar
de formularlo como algo que está fuera de su alcance, –"es una idea
grandiosa", "pero no es posible", "qué bello sería", "ojalá que algún día
tengamos la fortuna"–, creía poderosamente en la posibilidad de su
realización, ya que será el eje de su acción política: emancipar a los
pueblos de España, organizarlos en repúblicas gobernadas por poderes fuertes
y centralizados, confederarlas progresivamente, tender hacia una gran
confederación con Panamá como sede de un congreso permanente, construir así
una gran unidad americana y asistir a la realización plena del destino de
grandeza del Nuevo Mundo.
Siempre crítico de los
proyectos “aéreos”, Bolívar pretende legitimar el suyo como surgido de la
observación de la realidad, fruto de la experiencia, adaptado a las
circunstancias y de concreción lenta y progresiva. Si bien su proyecto se
presenta como un gran cambio, presenta fuertes rasgos de continuidad con el
sistema colonial, ya que se establece sobre la conservación de la unidad en
el ámbito del mismo espacio geográfico y no presenta mayores
transformaciones en el campo de lo social.
Dado que la carta va dirigida
a un británico, su intención de obtener ayuda queda de manifiesto. Expresa
claramente que la realización de sus esperanzas se encuentra ligada a la
cooperación de los británicos:
Luego que seamos fuertes, bajo
los auspicios de una nación liberal que nos preste su protección, se nos
verá de acuerdo cultivar las virtudes y los talentos que conducen a la
gloria; entonces seguiremos la marcha majestuosa hacia las grandes
prosperidades a que está destinada la América meridional; entonces las
ciencias y las artes que nacieron en oriente y han ilustrado la Europa
volarán a Colombia libre, que las convidará con su asilo (76).
Para la concreción del
proyecto, es de vital importancia contar el apoyo de Gran Bretaña. No se
trata sólo de recibir apoyo diplomático, económico o bélico. El auspicio de
una nación liberal hará posible que los americanos reformen su mentalidad y
adquieran los hábitos que los capaciten para la prosperidad.
América tiene un destino:
¿cuál? Recibir en su seno los frutos de la sabiduría y el progreso de la
humanidad y realizar el ideal del mundo nuevo. Hay un carácter marcadamente
pasivo del rol de América en su propia realización histórica: su grandeza y
progreso vendrá necesariamente de Europa. Por eso, el proyecto bolivariano
es la plenitud de las aspiraciones europeas, la expansión y concreción de
las ideas modernas para el Nuevo Mundo.
Notas
“Hubo una
síntesis, una fórmula española del pensamiento de la Ilustración. En
ella entraba en muy pequeña escala la especulación política y no
alcanzaban mayor significación las reflexiones religiosas ni aun las
filosóficas, por lo que tenían de vecinas con aquellas. El acento,
en cambio, fue puesto sobre las cuestiones económicas y sobre
ciertos campos de costumbres y de creencias”
(ROMERO, 1986:34). "Las ideas de la Ilustración habían penetrado,
ciertamente, en ese mundo colonial, pero por vías diversas y en
distintos contextos. Para muchos hispanoamericanos, las ideas de los
pensadores franceses llegaron a través de divulgaciones españoles,
para los cuales ciertos aspectos de ese pensamiento estaban vedados
o fueron cuidadosamente omitidos. Ni los temas que tenían
implicancia religiosa ni los que se relacionaban con el sistema
político vigente en España pudieron ser tratados (...) tanto en
materia religiosa como política, los iluministas españoles
introdujeron una clara corrección a los alcances del pensamiento
francés" (ROMERO, 1986:59-60).
“El nuevo americanismo tuvo un poder más fuerte que la
Ilustración. Las ideas de los philosophes franceses, su crítica a
las instituciones sociales, políticas y religiosas contemporáneas y
su concepto de la libertad humana no eran desconocidos en el mundo
hispánico, aunque no contaban con una aceptación universal, y la
mayoría de la gente continuaba siendo de convicción católica y fiel
a la monarquía absoluta. La versión española de la Ilustración
estaba purgada de contenido ideológico y quedó reducida a un
programa de modernización dentro del orden establecido (...) En
general, sin embargo, la Ilustración inspiró en sus discípulos
criollos, más que una filosofía de la liberación, una actitud
independiente ante las ideas e instituciones recibidas, significó
una preferencia por la razón frente a la autoridad, por el
pensamiento frente a la tradición, por la ciencia frente a la
especulación. Sin duda estas fueron influencias constantes en la
América española, pero por el momento fueron agentes de reforma y no
de destrucción" (LYNCH, 34-35). Interesa sobremanera ubicar cuál
fue la real influencia de las ideas ilustradas en el proceso
revolucionario, ya que eso da un marco hermenéutico para situar el
pensamiento de Bolívar: "En la historiografía tradicional de la
independencia hispanoamericana, predomina la opinión que considera
las juntas de 1810 y los movimientos a que dieron lugar como parte
integral del mismo proceso revolucionario que en el mundo occidental
produjo la revolución angloamericana de 1776 y la Revolución
francesa de 1789. Está muy asumido que las ideas liberalizadoras de
la Ilustración, así como la influencia de los dos ejemplos
mencionados, fueron causas necesarias, si bien no suficientes, de
todo lo que ocurrió (...) Indudablemente son más sólidos los
argumentos que subrayan la rivalidad entre criollos y peninsulares,
o la incidencia de las presiones económicas internas y externas, que
la influencia de la ideología política en los sucesos
latinoamericanos. De todas maneras, las ideas, si no otra cosa,
fueron armas; sobre ello, cabe decir que la elección de las armas
estableció pocos lazos entre la revolución de Hispanoamérica y las
corrientes liberal-democráticas emergentes en la Europa occidental y
los Estados Unidos" (BUSHNELL, 84-85). Sobre la influencia del
pensamiento de Suárez, tan debatida en la historiografía: "Mucho
se ha discutido acerca de la influencia que el suarismo pudo tener
en el despertar del sentimiento emancipador; sin duda ejerció alguna
influencia (...) No tuvo, sin embargo, en conjunto, la pujanza de
las ideas inglesas y francesas, ya consagradas por los movimientos
revolucionarios triunfantes"; (ROMERO, 1986:63). En general, los
autores comparten esta opinión.
"La rápida evolución del movimiento revolucionario en Venezuela
–el primer país de Hispanoamérica que declaró la independencia– fue
un factor, entre otros, que dio lugar al estallido de un gran
conflicto (...) Antes de que se reuniera el congreso (marzo de
1811), la revolución creó otro cuerpo deliberante: la Sociedad
Patriótica de Caracas, donde estaba el ala más activa de la
burguesía comercial y agraria, así como los representantes de otros
grupos sociales, incluidos los pardos. Pronto se convirtió en un
foro para algunos, como el joven Simón Bolívar –uno de los más ricos
plantadores de cacao–, que no confiaban en que España introdujera
cambios en el sistema colonial, incluso en el hipotético caso de que
Napoleón fuese vencido. Cuando el conspirador Miranda regresó de
Inglaterra en diciembre de 1810, este tipo de consideraciones (y la
sociedad Patriótica) ganaron un nuevo portavoz" (BUSHNELL, 86).
“Las rivalidades políticas y de otro tipo entre las provincias
fueron tales que hasta noviembre de 1811 no se pudieron crear las
Provincias Unidas de Nueva Granada. Esta federación fue más débil
que la de Venezuela, es más, no todas las provincias se unieron a
ella. La ausencia más importante fue la de la misma Bogotá que ahora
era el centro del estado de Cundinamarca. A su cabeza, con poderes
dictatoriales, se encontraba el ‘precursor’ Antonio Nariño"
(BUSHNELL, 89). Sin embargo, "aunque Nueva Granada no logró
alcanzar la unidad, sus provincias acabaron por proclamar
abiertamente su independencia, si bien lo hicieron por regiones”;
(BUSHNELL, 90).
A lo ya dicho sobre la influencia del modelo norteamericano en la
primera república venezolana, debe agregarse que para Bushnell, si
bien la constitución norteamericana influyó poderosamente en la
venezolana, no fue ése el principal motivo por el cual los diputados
eligieron el sistema federal. La capitanía existía recién desde
1777, y “Caracas aún no había tenido tiempo para vencer las
fuertes tendencias particularistas de las otras provincias. Además
las diferencias regionales que realmente existían en la estructura
social y económica y en la composición étnica (...) de alguna manera
hacían que el federalismo no fuera intrínsecamente más artificial
que la estructura unitaria” (BUSHNELL, 87).
“Bolívar declaró su ‘guerra a muerte’ contra todos los peninsulares
que no se adhirieran a la revolución (...) Con ello, Bolívar quería
polarizar la situación entre españoles y americanos (...) No está
nada claro hasta qué punto se cumplieron estos propósitos, aparte de
incitar a ambos bandos a las mayores atrocidades, pero expresaban
fielmente el pensamiento de Bolívar sobre el modo de abordar la
guerra en esta nueva fase. Bolívar, cabeza de facto de la
revolución, gracias al brillante éxito de su Campaña Admirable, se
abstuvo de reinstaurar la constitución de 1811. La segunda República
fue una dictadura militar en todos los sentidos”
(BUSHNELL, 91).
Bushnell asevera que “la clase alta criolla, que gracias a la
revolución había adquirido virtualmente el monopolio del poder
político, lo usaba para defender sus intereses” (BUSHNELL, 88);
sin embargo, el mismo autor aclara que eso no debe engañar sobre las
motivaciones de la oposición de los llaneros y los pardos:
”considerar a Boves como el realizador de una sistemática política
de igualdad social e incluso como un reformador agrario parece más
que discutible”; (BUSHNELL, 91).
Sobre la mentalidad utópica en la construcción de la imagen de
América en el siglo XVI, ver GUIANCE (1997). El autor concluye:
"por un lado, vemos que, en algunos de los primeros tratadistas que
analizaron el Nuevo Mundo (se refiere a Tomás López Medel y a
Juan de Cárdenas, ambos del último tercio del siglo XVI), la
mentalidad utópica –heredada, en su mayor parte, de la tradición
medieval– aparece perfectamente articulada con el pensamiento
racional y la realidad local (...) En segundo término, y esto me
parece aún más significativo, debemos subrayar el papel que dicha
mentalidad utópica –y las utopías, en su sentido más general–
cumplieron en la colonización de América. Ellas ayudaron a crear una
imagen 'mítica' del continente, en el que se encarnaba la 'visión de
lo justo' –como diría Buber–, proyectándolo hacia un futuro al que
consideraban promisorio. Esa imagen sirvió, a su vez, como elemento
de propaganda y paradigma de perfección. Así, tales construcciones
ideales supieron articular los anhelos y esperanzas del hombre
moderno ... " (GUIANCE, 177). También puede consultarse ORTEGA
(1973). El autor señala que el pensamiento americanista que se
desarrolla a partir de finales del siglo XVIII se nutre de las
miradas europeas hacia el Nuevo Mundo. Romero coincide, pero señala
que lo que está en la base es la mirada que los americanos tenían de
Europa: “Muchas veces se han recogido testimonios de las imágenes
sucesivas que los europeos se hicieron de Latinoamérica. Nos han
importado la de Oviedo, la de Acosta, la de Azara, la de d’Orbign
para no citar a otros innumerables viajeros europeos cuyos relatos
nos seducen porque nos descubrimos a través de su renovado
descubrimiento. Pero para comprender las formas de comportamiento
latinoamericano, las formas que alcanzó el lento y trabajoso proceso
de conquista de la propia individualidad en cada área
latinoamericana, es igualmente importante, o aún más, precisar las
imágenes sucesivas que Latinoamérica se hizo de Europa” (ROMERO
1986:22). Este enfoque es de particular importancia ya que la
identidad propia siempre se construye en referencia a “otro”.
“Bolívar descartó claramente la posibilidad de establecer un solo
gran estado-nación, ya que como él mismo vio, sería muy difícil de
manejarlo por razones geográficas y a causa además de los
conflictivos intereses o sentimientos regionales de identidad
diferenciada que existían” (BUSHNELL, 116).
© José Luis Gómez-Martínez
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