Simón
Bolívar
"Simón Bolívar:
de la utopía a la decepción"
Juan José Canavessi
CONCLUSIÓN
El recorrido diacrónico por el
pensamiento de Bolívar nos ha permitido analizar el proceso de emancipación
americana y organización de las nuevas naciones desde su particular
perspectiva. Sus discursos, manifiestos, escritos y correspondencia han sido
la ventana desde la cual hemos obtenido una nueva mirada para conocer e
interpretar la historia americana entre 1810 y 1830.
Este recorrido, a su vez, nos
ha permitido situar sus ideas en relación con el contexto del cual surgieron
y sobre el que actuaron. La trama fáctica nos ha posibilitado establecer el
sentido y alcance de su pensamiento, sin caer en sistematizaciones
abstractas y universales.
Se ha confirmado el eje
inicial que condujo el recorrido. El pensamiento revolucionario de Bolívar
presentaba ciertos rasgos utópicos que fueron desapareciendo hasta llegar a
una profunda desilusión final. Bolívar establece una continuidad con las
utopías europeas respecto del Nuevo Mundo. Lleva a plenitud la
representación paradisíaca de la geografía y la bondad natural de los
americanos, formulando el horizonte utópico de una sociedad de libertad y
grandeza. Se sitúa en un espacio intermedio, entre los realistas y los
liberales ultrarreformistas. Reconoce la necesidad de cambio, pero de un
cambio controlado, limitado y progresivo. Ese horizonte utópico es el que lo
mueve y genera apoyos para la lucha por la independencia, pero se comienza a
desdibujar al llegar la hora de la construcción política de las naciones
emancipadas.
El caos que percibe en las sociedades americanas no sólo lo lleva a la
desilusión, sino que lo hace formular una suerte de pensamiento regresivo,
en el que cuestiona el proceso revolucionario comparando los resultados no
sólo con los frutos que la utopía prometía, sino con la realidad colonial
previa a la independencia. ¿A qué atribuir ese recorrido que lo llevó de la
ilusión al desengaño?
Desde la experiencia personal
de Bolívar, el itinerario seguido por su pensamiento se explica por el
cambio de etapa en el que ingresó América una vez vencidos los españoles y
consolidada la independencia. Obtenida la libertad, el personaje del
"libertador" ya no tenía cabida. La misión que lo había encumbrado había
concluido y su poder sólo podía engendrar temor y reticencia. Desde 1826
intenta, sin éxito, encontrar un nuevo lugar en la construcción de la
sociedad. Su camino hacia el exilio es un símbolo del cambio de los tiempos.
Esa experiencia de Bolívar se
corresponde con el proceso histórico general. Hay un cambio de etapa que
hace que las fuerzas centrífugas se impongan frente a las que concentraban
el poder. América ha destruido el poder colonial que mantenía la unidad, la
organización política y el control social. En un primer momento, lo que
logró aglutinar las sociedades fue el enemigo en común. Pero obtenida la
libertad, sin la fuerza aglutinante del poder colonial y sin el enemigo en
común al cual vencer, la sociedad se fragmentó y enfrentó regional, social e
ideológicamente. Se produjo el escenario de lo que Bolívar consideraba una
anarquía devoradora, el mal que tanto temió. Ese desenlace invita a pensar
que el proyecto de Bolívar era el de una sustitución del poder colonial por
parte de los sectores criollos prominentes, y un reposicionamiento político
y económico de América en el marco internacional. Su pensamiento propiciaba
un reformismo moderado, controlado y progresivo que se vio superado por los
hechos. Por eso siempre se mantuvo firme en los rasgos principales de su
pensamiento, en gran parte edificado en orden a contener una revolución
social y política de profundas transformaciones, lo cual era visto por él
como el gran peligro de la anarquía.
Se movió entre la continuidad y la ruptura propias de todo proceso de
cambio. Sus esfuerzos se dirigieron a establecer una ruptura con el dominio
colonial pero conservando el esqueleto fundamental de las estructuras
geográficas, sociales y políticas. Temía que la revolución derivase, en lo
social, hacia una “pardocracia” semejante a la resultante en Haití. A su
vez, quería evitar que las autonomías regionales atomizaran la estructura
política heredada de la colonia, y combatía con firmeza para que cada aldea
no se convirtiese en una nación.
Algo constante en Bolívar ha
sido sostener que el punto de partida de todo proyecto político debía ser la
observación de la realidad histórica, social, geográfica, demográfica,
cultural, económica: no se pueden importar sistemas creados para otras
necesidades o nacidos a partir de contextos diversos, de ahí que insistió en
que se debía construir a partir de las propias características,
posibilidades y circunstancias. Mantuvo la desconfianza hacia la
participación del pueblo, y la canalizó de manera restringida, por
considerar que se hallaba en un estado de ignorancia y de infancia cívica a
causa de la prolongada dominación colonial. Quienes debían conducir la
sociedad eran los sectores ilustrados, ya que eran los depositarios de la
luz de la razón necesaria para dar la respuesta más adecuada a los deseos
del pueblo. Sin embargo, también se enfrentó a los más radicalizados,
reiterando que lo más perfecto en sí no era lo más apropiado. A fin de ir
alcanzando grados mayores de libertad y perfección política, el propio
estado debería ocuparse de la transformación progresiva y ordenada de la
sociedad. A pesar de su reclamo en orden a partir de la realidad americana
sin importar modelos foráneos, Bolívar no escapó al europeísmo tanto en el
diagnóstico como en las fórmulas que propuso para América.
Sostuvo que la crisis en que cayeron las naciones americanas luego de la
victoria definitiva contra los realistas se debió, fundamentalmente, a que
no se implementaron sus ideas, de manera que su propia frustración
fortaleció sus convicciones políticas.
Su utopía resultó tan
irrealizable y aérea como él pensaba que eran los proyectos de sus
adversarios del grupo revolucionario. Si bien su proyecto podría encuadrarse
como el de un cambio moderado, lo que realmente resultó "utópico" fue pensar
que se podía ser moderado, revolucionario y conservador a la vez:
pretendió derribar el sistema colonial manteniendo la continuidad del poder
político y el control de las estructuras sociales sobre nuevas bases
ideológicas. Pero una vez sacudido el yugo colonial, se desataron las
fuerzas sociales y escaparon al control de los propios revolucionarios.
El camino que va de la utopía
a la decepción de Bolívar corresponde al itinerario seguido por el proceso
revolucionario, en sus distintas fases. La instancia crítica respecto del
poder colonial se vio coronada por el éxito de la emancipación. Pero la
instancia proyectiva, que Bolívar estableció en disputa con otros proyectos
alternativos contra los que se enfrentó, quedó sin resolución hasta mucho
después de su muerte. Se había logrado destruir, pero aún no se había podido
construir. Bolívar se frustró porque identificó la lucha por la realización
de su horizonte utópico, situado en el plano de los valores, con la
instauración de un proyecto político que, en definitiva, no era más que un
instrumento. Sus ideas políticas y constitucionales tuvieron una existencia
efímera en un escenario de enfrentamientos.
Los valores de su horizonte utópico, por el contrario, lo trascenderán.
Su desilusión lo llevó a
formular una suerte de contra-utopía, en la cual el pasado colonial se
transforma en instancia crítica del presente revolucionario: "antes se
estaba mejor". El desengaño de Bolívar no es un caso aislado. La
participación de la primera generación revolucionaria luego que los
realistas fueron vencidos, plantea que ciertos sectores criollos muy
comprometidos en la lucha por la independencia tenían más para perder que
para ganar con la ruptura abrupta del orden colonial.
A lo largo del trabajo hemos
hecho referencia a las distintas mentalidades operantes en todo este
proceso. A pesar de que no nos hemos detenido especialmente en su análisis,
partiendo de las ideas analizadas en medio de los acontecimientos se puede
afirmar que, tanto en Bolívar como en muchos de sus contemporáneos, se
manifiesta una mentalidad ilustrada, que se realiza según una modalidad
utópica por la cual los mecanismos de crítica y proyección configuran el
marco de interpretación del proceso que los tiene como protagonistas.
Contenidos y formas no son quirúrgicamente separables. Los contenidos y
formas de percepción propios de esa mentalidad ilustrada son especialmente
afines a los mecanismos del discurso utópico, dado que la idea de progreso
necesariamente se construye a partir de la crítica y la proyección.
Debido a esa mentalidad
ilustrada, Bolívar se ubicó en una posición europeísta e iluminista:
percibía a América desde “afuera” y desde “arriba”. De ahí que los proyectos
políticos de Bolívar fueran una adaptación de modelos europeos (desde
“afuera”) y tuviesen un marcado tono paternalista (desde “arriba”). Por eso,
tanto Bolívar como la mayoría del sector dirigente revolucionario, tuvieron
una consideración bastante negativa de la sociedad a la que intentaban hacer
llegar hasta un horizonte de plenitud. De ahí que pugnaron por transformar
los rasgos de una mentalidad general, a la que denostaban como herencia de
la vida colonial. Para Bolívar, esos hábitos enquistados incapacitaban a las
sociedades americanas para participar de los beneficios de la libertad y la
vida moderna. Por eso, los ilustrados debían ocuparse de guiar los deseos
generales, que creían interpretar.
Para Bolívar, la verdadera
emancipación consistía en un cambio de mentalidad que iba más allá de la
mera independencia política. Pero su proyecto llevaba dentro una
contradicción profunda: su prédica de un cambio profundo pletórico de
libertad, estaba limitada en los hechos por su temor a la anarquía y el
desborde, lo que se manifestó en su obsesión por establecer controles
sociales y políticos centralizados. Esta contradicción entre la ruptura y la
continuidad del modelo colonial, muestra que, en el propio Bolívar,
coexistían rasgos de una mentalidad ilustrada, utópica y “moderna”, junto a
configuraciones propias de la mentalidad colonial: por eso luchó a favor de
la independencia, la ruptura y la libertad, a la vez que intentaba conservar
lo más posible las estructuras sociopolíticas heredadas de la colonia. En
esa contradicción radicó el fracaso de su utopía.
La decepción profunda de
Bolívar manifiesta la modificación del mecanismo de su pensamiento, ya que
al perder la esperanza de realización efectiva de la dimensión proyectiva de
su utopía, exacerbó la función crítica, la que se descargó sobre la sociedad
post-revolucionaria. La dimensión de futuro se nubló en su mente, en parte
porque su propio futuro pareció eclipsarse tanto por motivos políticos como
por razones de salud, y la alternativa dejó de ser proyectiva y
anticipadora, para pasar a ser regresiva: el mundo colonial se transformó en
una suerte de edad dorada contemplada con nostalgia.
Notas
Siguiendo a Mannheim, se podría hablar incluso de una “mentalidad”
utópica. Las utopías, en cuanto ideas, hacen referencia al contenido
y las formas de las mismas. La mentalidad utópica, por su parte,
alude a los sujetos de las ideas y al modo en que esas ideas son
interiorizadas y vividas. Se puede hablar de mentalidad utópica
cuando esas ideas configuran, en una persona o en un grupo, un marco
o estructura de pensamiento que comporta, como forma habitual de
percepción, una manera de mirar la realidad que responde al carácter
crítico y proyectivo de la utopía, y cuando esas ideas profundamente
instaladas actúan como motor de actitudes y son, aún de manera no
consciente, raíz de comportamientos, ver MANNHEIM (1987).
© José Luis Gómez-Martínez
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