Poema y diálogo:
la presencia de Antonio
Machado en el pensamiento de J. D. García Bacca
Cristina de la Cruz
Quisiera comenzar
diciendo que, a diferencia de todas las personas que nos han
acompañado en este Congreso, no soy una especialista en el
pensamiento de García Bacca. No obstante, este encuentro ha
supuesto para mi una oportunidad excelente para hallar un hilo
conductor a ideas deshilvanadas que tenía sobre su pensamiento,
ideas que se fueron conformando fruto de lecturas furtivas,
siempre a propósito de otra cuestión, que nada, o casi nada,
tenían que ver con el propio García Bacca.
Creo, por lo tanto,
obligado ofrecer una justificación que aclare el motivo que me
impulsó a aceptar la invitación de Carlos Beorlegui a participar
en este Congreso sobre García Bacca en su centenario.
Para ello, me van a permitir que dé un pequeño rodeo. Seré breve
en la justificación, y además, espero que ésta me sirva para
contextualizar el tema de mi intervención.
Hace tiempo me dedique
al estudio del pensamiento de María Zambrano. En ella recalé,
fundamentalmente, por una cuestión de género: no exclusivamente
por su condición de mujer, sino por lo que yo entiendo como una
sintonía de ritmos tanto en la palabra, como en la mirada, es
decir, en la forma de aproximarse a la realidad con el fin de
comprenderla. También había un componente en María Zambrano que
me predisponía especialmente a acercarme a su obra y
pensamiento. Me refiero a su condición de exiliada. María
Zambrano irrumpió con fuerza en el panorama intelectual español
de principios de los años 30. Al igual que otros intelectuales,
se vio obligada a abandonar España en 1939, adonde no regresó
hasta 1984. La experiencia del exilio, largo y traumático, marcó
profundamente su pensamiento. Incluso puede decirse que esta
experiencia, el exilio, se presenta como una de las categorías
metafísicas fundamentales que caracteriza la evolución del
pensamiento zambraniano a partir de los años 50, perdida ya la
esperanza del regreso a la patria.
El desenvolvimiento de
su razón poética transcurre, a partir de entonces, por lo que
algunos han venido a llamar los linderos de la filosofía.
Con un carácter eminentemente místico, el pensamiento filosófico
de Zambrano se transforma en pensamiento religioso, en donde la
piedad, otro de sus conceptos más fundamentales (ese saber
tratar con lo otro, con lo diferente), se convierte en el
asidero de una religión del espíritu que Zambrano fue
configurando en ese proceso de reconversión místico-poética de
su pensamiento.
Si he reparado en
Zambrano es porque, en su momento, fue su vida y obra la que me
facilitó el único punto de engarce que yo puedo encontrar para
con el de García Bacca. Y el enganche, si me permiten la
expresión, se produce por una doble vía:
En primer lugar, he de
decir que si bien aquella inicial perspectiva de género no
terminó cuajando, al menos no con Zambrano, sí que permaneció y
permanece el interés por el estudio de esa razón de los
vencidos, en acertada expresión de Reyes Mate, que va
conformando una inquietud intelectual de profundo compromiso.
Creo que con este congreso que nos reúne hoy aquí contribuimos
no sólo a dar a conocer el pensamiento de García Bacca, sino
también a reivindicar la memoria del exilio, de todos los
exilios, todas las exclusiones y las marginaciones, que nos han
asolado a lo largo del siglo XX. Es un hecho que el exilio
español, aunque un acontecimiento histórico real, es ya
inexistente. Sin embargo, no se puede olvidar. Hay que tratar de
rescatar esa memoria rota que forma parte de nuestro
legado más inmediato, puesto que su olvido, en cierta manera,
nos convierte a todos en huérfanos. Así pues, de aquel
compromiso que se fue fraguando a medida que iba conociendo el
pensamiento de Zambrano, surge el primer engarce que encontraba
para con García Bacca y que justifica mi presencia aquí. Es
sencillamente su propia condición de filósofo exiliado y la
responsabilidad de dar a conocer el legado de su pensamiento, el
mayor empuje que, en su momento, me animó a aceptar el
ofrecimiento de Carlos Beorlegui.
El segundo engarce que
me proporciona Zambrano viene de la mano de sus nociones de
piedad y razón poética. Estos conceptos zambranianos surgen al
calor de la metafísica poética de Antonio Machado. Antonio
Machado es para María Zambrano, ante todo, un inspirador.
En otros lugares, he dedicado algunas páginas a analizar esta
relación, en la que no me detendré ahora. Sin embargo, sí me
gustaría destacar en este momento que aquel estudio concluía
subrayando la presencia notable del poeta en la obra y el
pensamiento de otros pensadores. Especialmente, en aquellos
pertenecientes a la generación del exilio. Y, por supuesto,
también muy especialmente, en el pensamiento de García Bacca. Un
repaso rápido a su extensa obra, enseguida evidencia que García
Bacca tampoco escapó al encanto machadiano. Y,
consecuentemente, yo tampoco ante el ofrecimiento que aquellas
páginas ponían ante mí. Precisamente, lo que aquí quisiera
presentar son las reflexiones y los apuntes que durante estos
últimos meses he ido desarrollando, según letra y espíritu de
García Bacca, acerca de la sintonía de éste con la
metafísica del poeta.
El título de esta exposición es
Poema y diálogo: la presencia de Antonio Machado en el
pensamiento de García Bacca. Me he servido para la
presentación del mismo título que Gadamer utilizó en un ensayo
sobre los poetas alemanes más significativos del siglo XX.
Mi pretensión, en cualquier caso, es mucho más modesta. Si tomo
prestado de Gadamer su título no es porque pretenda emular al
filósofo alemán. Digamos, sin más, que en estas palabras,
poema y diálogo, se resume el modo en cómo se me ha ido
presentando la especial y muy personal relación que García Bacca
fue entretejiendo en sus textos con Antonio Machado. García
Bacca supo ver en el poema machadiano una medida adecuada
para las afirmaciones filosóficas, y por ello, siempre en
diálogo con el poeta -hasta incluso llegar a confundir sus
voces- esa recurrencia pertinente a su poesía y prosa a lo largo
de su pensamiento.
Efectivamente, las referencias
explícitas a Machado en la obra de García Bacca son muy
numerosas. En ella, podemos encontrar continuas referencias a
pensamientos, poemas y sentires del poeta, que le sirven al
autor para ir entretejiendo un discurso donde la palabra y el
estilo adquieren una profunda, original y muy personal
significación. En conversación con Carlos Gurméndez y José
Bergamín,
García Bacca señalaba en 1977 que, él fundamentalmente, ha
tenido dos maestros: Ortega y Gasset y Machado. Una declaración
que sorprende, si tenemos en cuenta que, posteriormente, en su
Autobiografía intelectual
no se refiere a ninguno de los dos a lo largo de un itinerario
donde se pueden seguir las huellas que fueron consolidando su
pensamiento.
El raciovitalismo orteguiano está
presente de forma insoslayable en una etapa muy concreta de su
pensamiento- como Carlos Beorlegui describe en su trabajo-,
y existen momentos, a mediados de los años 50, por ejemplo, en
que García Bacca sitúa al pensador español entre los más
significativos de la filosofía occidental. Sin embargo, las
referencias a Ortega desaparecen posteriormente y aún a pesar de
esa declaración en la que se refiere a él como maestro, no
admite la influencia de Ortega en su pensamiento –como la que
tuvieron, entre otros, Kant, Hegel, Marx, Whitehead y Sartre-
por no tratarse la suya, en palabras de García Bacca, de una
obra rigurosamente filosófica.
Cabría pensar que Antonio Machado
corre igual suerte que Ortega en el parecer de García Bacca. Sin
embargo, no es así: al poeta le sitúa en aquellas declaraciones
de 1977 a la cabeza de la filosofía española. Decía entonces que
a partir de Machado, a quien había tardado años en descubrir,
se puede construir una filosofía española. Y a pregunta de
Gurméndez en esa misma entrevista sobre la posibilidad de una
poesía metafísica, García Bacca contesta:
“Veo que le gustan las
mezcolanzas ilegítimas, pero las estimo necesarias, sobre
todo para España, que no ha desarrollado un pensamiento
filosófico. El pensamiento griego comenzó con poetas, como
Parménides y Heráclito. Nuestra filosofía española también
debe comenzar a reflexionar a partir de los poetas, cuya
riqueza filosófica es inagotable”.
Quisiera hacer referencia ahora a
otra entrevista de García Bacca con Soler Serrano, recogida en
la revista Anthropos en el número monográfico que le dedicó en
1982. De allí entresaco una larga nota que transcribo
íntegramente.
En un momento de la
conversación, García Bacca propone que
humildemente,
regresen filósofos, teólogos, matemáticos y físicos a leer a
Fray Luís de León, el Arcipreste de Hita, el Cantar del Mío
Cid, etc..., la gran literatura española en prosa y verso
con la conciencia de que eso ha de hacer que reformemos
nuestro lenguaje, para que se haga uniformidad de ambiente
en todos esos órdenes, desde el pueblo hasta las supremas
autoridades, como dichosa y ejemplarmente sucedió en España,
en la Edad de Oro. Esa ha sido mi impresión (...) eso es una
impresión y una obligación mía, que me surgió como
obligación de conciencia cuando yo tenía casi sesenta años.
Refiriéndose a sus
obras, García Bacca escoge entre todos en primer lugar
Invitación a filosofar según espíritu y letra de Antonio Machado,
porque, a su juicio, "ese corresponde a toda la filosofía, e
inclusive la matemática y la física moderna, dichas en
castellano aprovechándome de diamantes literarios y filosóficos
que son frases o versos de Antonio Machado". Y prosigue más
adelante:
De esos
–refiriéndose a los presocráticos- viene la filosofía.
Ellos eran justamente el lenguaje popular, vivían con el
pueblo, los entendía el pueblo. Y los grandes filósofos
primeros –Platón, Aristóteles y Sócrates- empleaban
constantemente las palabras de entonces del pueblo, y les
entendían, y se reunían a filosofar en todas partes: (...) o
sea, vivían la vida del pueblo. Posteriormente nos entra una
especie de aristocratismo falso a los filósofos, en virtud
del cual nos hacemos como casta aparte, o bien comienzan a
hacernos casta aparte. Y unos, por suerte –atribuyásemosla a
la providencia, o al azar, o a la buenaventura, o a la
historia-, conseguimos libertarnos más o menos. Pero si uno
se liberta, se liberta plenamente cuando vuelve a la raíz o
al manantial, que es el agua auténticamente libre (...), y
ahí termina el manantial. Todo lo que viene a continuación,
todos estos veinticinco siglos, es prácticamente agua
encaminada ya hacia una cierta finalidad.
Como en España –por
suerte nuestra en conjunto- la filosofía no ha llegado a una
especie de lenguaje esotérico, podemos muy bien volver, no a
Sócrates o a Platón, (...) sino a la Época de Oro: a releer a
Fray Juan de la Cruz, Fray Luis de León, Fray Luis de Granada,
Malón de Chaide, Lope de Vega, etc.
García Bacca apunta a
Machado y su Juan de Mairena porque piensa que ahí está
acumulada toda la sabiduría de la literatura española. Dice,
continuando con la cita:
la faena mía me
la simplificó maravillosamente Antonio Machado. Yo a él lo
adoró. (...) Tiene Machado cosas que son verdaderos
diamantes. Así como es menester que un diamante en estado
natural emigre a Ámsterdam o a otra parte en que lo
arreglen, yo no he tenido más virtud que la de ser un
joyero. De ciertas frases he descubierto que eran verdaderos
diamantes. Yo no he hecho más que ponerle un marco a todo
eso, para que vean cómo de ciertos versos o ciertas
sentencias, que son manantial de filosofía, surge o mana una
teoría del conocimiento en unión todavía con su manantial, o
una teoría de la democracia en su unión con el manantial, o
de lógica... Para todo eso, Antonio Machado me lo simplificó
maravillosamente. Así que yo soy un aprovechado. Lo digo un
poquito fuerte: soy un vampiro de los poetas.
García Bacca nos
revela en primera persona la influencia de Machado en su
pensamiento. Es significativo, no obstante, la poca atención que
han prestado los estudiosos de García Bacca al estudio explícito
de la presencia de la metafísica poética machadiana en la obra
del filósofo. En los estudios que he podido consultar, se
refieren a la obra más significativa al respecto, la ya
mencionada Invitación a filosofar según espíritu y letra de
Antonio Machado, como una más de las obras en las que García
Bacca expone de forma precisa y sintética su propio pensamiento,
y no, como cabría pensar, según lo que el mismo autor nos dice,
el correspondiente a Antonio Machado.
Izuzquiza,
por ejemplo, la engloba entre las obras donde parece
expresarse el núcleo más importante del pensamiento de García
Bacca. Allí donde se expresa la síntesis de lo más
valioso del pensamiento de nuestro autor. Beorlegui,
por su parte, la encuadra entre los escritos más importantes de
madurez, relativos a su etapa sustancialmente marxiana, a
finales de los años 60. Ni Izuzquiza ni Beorlegui se detienen a
analizar críticamente los posibles puntos de encuentro entre
poeta y filósofo. Postura que contrasta, sin embargo, con la de
Carlos Gurméndez quién señala que, en contra de la sospecha que
acabamos de apuntar,
García Bacca no se sirve de
la poesía de Machado, como pretexto para exponer su
filosofía. Por el contrario, explica la verdadera filosofía
implícita en la obra del gran poeta, y organiza su
pensamiento en un sistema de coordenadas marxistas, en una
visión completa del mundo, recogiendo las reflexiones
dispersas de Machado en un conjunto armónico de belleza
incomparable.
Si nos atenemos a esta
última consideración y a las declaraciones de García Bacca,
cabría cifrar la presencia de Antonio Machado en su obra como un
recurso más del filósofo obstinado con abrir nuevos caminos y
tender puentes a la palabra. Cabría quizás elogiar la pretensión
amable y honesta que se recoge en estos ejercicios, a los que
tan proclive era García Bacca. En ellos, él mismo, autor, se nos
presenta, eludiendo la escritura en primera persona, a
distancia, desde una perspectiva no frontal, a partir de la cual
va presentando la poética de Antonio Machado, diamante
aislado, en un conjunto lógicamente organizado, donde
él, García Bacca, no hace sino ponerle un marco.
Sin embargo, queda
abierto el interrogante de por qué esta obra sigue siendo
considerada como una de las más capitales de García Bacca. Por
eso, cabe preguntarse ¿qué es lo que realmente encontró García
Bacca en Machado? ¿Cuál fue su pretensión? El único recurso que
queda para clarificar esta cuestión, es recurrir a los propios
textos, a los de Machado y García Bacca, para realizar un
estudio riguroso, crítico y analítico que permita contextualizar
y profundizar la influencia machadiana en el proyecto filosófico
de García Bacca. Lógicamente, no es este el momento de llevar a
cabo dicho desarrollo. Me voy a limitar a esbozar únicamente
algunas consideraciones previas que podrían servir de hilos
conductores para esa posible investigación. Así pues, lo que voy
a llamar puntos de encuentro y desencuentros surgen al hilo de
un itinerario bosquejado a partir de tres trabajos de García
Bacca en los que, de forma expresa, dedica una especial atención
a Antonio Machado.
El primero de ellos es un artículo
publicado en noviembre de 1975 en Cuadernos para el Diálogo.
Con motivo del centenario del poeta, esta revista dedicó un
número extraordinario, en cuya edición, a cargo de Tuñón de Lara
y Aurora Albornoz, colaboraron los más importantes estudiosos de
la obra de Machado. García Bacca contribuyó entonces con un
importante ensayo titulado Antonio Machado ¿poeta o filósofo?
El segundo texto que he tenido en
cuenta es la traducción de García Bacca de
Hörderlin o la esencia de la poesía,
especialmente al prólogo y los comentarios finales, en donde de
forma expresa se refiere el autor, muy significativamente, a
Machado.
El tercero, finalmente es
Invitación a pensar según
espíritu y letra de Antonio Machado,
un librito en donde el autor –según sus propias palabras- busca
imitar a Antonio Machado, siguiendo como se indica en el título,
no sólo la letra, sino, sobre todo y especialmente, el espíritu
del poeta.
Sin duda, los
estudiosos y especialistas de la obra y el pensamiento de García
Bacca, ya se habrán dado cuenta que en este itinerario no se
sigue un orden rigurosamente cronológico. Efectivamente, como ya
he señalado, la contribución de García Bacca en Cuadernos para
el Diálogo corresponde a 1975.
Con respecto a la
segunda referencia, cabe señalar que la primera edición de la
traducción del ensayo de Heidegger data del año 1944 y apareció
en México, en la editorial Séneca. La segunda edición de este
libro se realizó en Venezuela en el año 1968.
Finalmente,
Invitación a pensar según espíritu y letra de Antonio Machado
fue recogido en libro y editado por primera vez en Venezuela en
el año 1967, aunque parece, tal y como Javier Muguerza se
encargaba de recordar en su intervención, fue publicado por
entregas periódicas en la Revista Venezolana de Filosofía, y
posteriormente publicadas, como ya he señalado, en libro. Por
tanto, es fácil darse cuenta que la ruta no es muy ortodoxa. Sin
embargo, tampoco es desacertada porque, como indica Izuzquiza,
la verdadera presentación de la
filosofía de García Bacca no puede ser nunca un estudio
ordenado sobre su pensamiento, sino una realización de las
sugerencias que se muestran en él. Es la única respuesta
válida a una filosofía, que se concibe, esencialmente, como
un reto.
Puntos de encuentro
Voy a señalar
solamente algunos aspectos que considero debieran tenerse en
cuenta a la hora de abordar un análisis crítico sobre la
presencia de la poética machadiana en la obra de García Bacca en
los textos a los que me he referido anteriormente. Probablemente
existan más, pero lo que aquí señalo son lo suficientemente
significativos para abordar una primera aproximación a los
textos de García Bacca. En ellos, el filósofo se refiere a la
poética machadiana de forma expresa, y también en ellos podemos
encontrar esos puntos de encuentro que sirven igualmente para
identificar la aproximación de García Bacca a Machado como una
fuente de inspiración para su pensamiento o, por el contrario,
para establecer una clara línea divisoria entre uno y otro. Esos
aspectos a los que me refiero son los siguientes:
-
El primero sería
la influencia en García Bacca del humanismo socialista y la
“mística” de lo popular de Antonio Machado, y que el poeta
denomina comunitarismo cordial.
-
El segundo podría
ser la crítica al racionalismo que ambos comparten,
aprisionado en un callejón sin salida”, y que necesita ser
superado encontrando una “puerta de salida”.
-
El tercero y
último, quizás el reconocimiento en la obra de García Bacca
de la poesía, la metáfora, como una vía de conocimiento.
Pienso que García Bacca cuando
reclama la palabra del poeta como necesaria para un pueblo, la
palabra poética y su capacidad de transformación, se hace eco de
la idea machadiana de sentimentalidad colectiva, un sentimiento
de profunda responsabilidad que en el caso de Machado pone en
evidencia fundamentalmente su compromiso histórico-político.
Escribir para el pueblo -dice Machado- es escribir para
el hombre de nuestra raza, de nuestra tierra, de nuestra habla,
tres cosas inagotables que no acabamos nunca de conocer.
En estas palabras de Machado existe
una clara reivindicación de un sentimentalismo comunitario, una
vivencia comunitaria, que reclama una cultura popular, militante
y comprometida. Sin duda, los conflictos de la guerra civil,
permitieron canalizar esta posición espiritual que en sus
últimos años Machado reclamaba en su poesía y también en su
prosa. Será, como señala Abellán,
un poeta que se busca a sí
mismo a través de una superación del individualismo
romántico, mediante una poesía social y localista,
folklórica, en la cual el "compromiso" con la comunidad
adquiere cada vez más los caracteres de una creciente
solidaridad con su pueblo. Es pues, social, porque el poeta
se siente comprometido con su sociedad, y es popular, porque
el poeta canta para el pueblo y aspira a ser la voz del
pueblo.
Sin embargo, este
humanismo socialista de Machado tiene una doble raigambre, y es
precisamente en este aspecto en el que los caminos de uno y
otro, Machado y García Bacca, se separan. La lectura e
interpretación que García Bacca realiza de Machado la hace desde
las coordenadas marxistas y, sin embargo, la poética machadiana
muestra una razón comprehensiva e integral de doble raíz: es,
por un lado, caritativa, es decir, amorosa y cristiana, y por
otra, racional, socrática. El socialismo de Machado, no fue ateo
ni marxista, sino de signo profundamente cristiano.
Desde esta razón
cordial es desde donde hay que entender también la propuesta de
Antonio Machado como alternativa a la razón occidental y como
medio para superar el solipsismo y el subjetivismo del siglo XIX:
una razón caritativa que es considerada como una síntesis entre
el platonismo y el cristianismo.
García Bacca acertó al
referirse al poeta, no tanto como un filósofo, sino como un
pensador. Este estuvo siempre yendo de lo uno a lo otro, de la
poesía a la filosofía. Como señala Cerezo Galán,
no se trata de un poeta que más tarde se contagia y malogra por
la filosofía. Tampoco de un filósofo, al estilo clásico, que por
así decirlo, vertiera en forma poética sus reflexiones y
meditaciones. Ni la poesía ha entrado en crisis por obra de la
filosofía, ni ésta a su vez utiliza la poesía como un
instrumento extrínseco de expresión. Machado no abandona lo uno
por lo otro, sino que va de lo uno a lo otro constantemente,
porque en este ir y venir, como se ha señalado, se cifra la
condición humana, puesta entre estos dos altos montes.
Machado es, en uno, poeta y filósofo de la poesía: es
Hörderlin y Heidegger, nos dice García Bacca.
El punto central de su
metafísica tiene como punto de partida la esencial contradicción
entre lo que él mismo denominará lógica racional y lógica
poética. Lógica o fe racional que más tarde nombrará
homogeneidad del pensar en clara contraposición con la
lógica o fe poética que también llamará heterogeneidad del
ser, un concepto que en Machado tiene una doble concepción:
en lo que respecta a su idea de ser como algo cambiante. Y
también, en ese impulso o tensión hacia la otredad, hacia los
demás.
La dialéctica entre uno y otro será el gran tema de la
metafísica machadiana, de la que poco o nada explícitamente nos
dice García Bacca, y que poco o nada tiene que ver con su
pensamiento de finales de los años 60: un humanismo que –como
indica Beorlegui- va dejando atrás el marxismo, y, más
comprometido, se acerca a la problemática del hombre y el mundo
actual, dominada por un clima cultural científico-técnico.
Finalmente, y para concluir, me
referiré al tercer punto señalado: el reconocimiento de la
poesía, la metáfora como vía de conocimiento. García Bacca
encuentra en el conjunto de la obra machadiana una dirección que
nos permite abrir una nueva perspectiva, novedosa y original, de
interpretación de la realidad. Pero hay que señalar que Antonio
Machado se sirve de dos formas de expresión de la palabra que
distingue claramente. El poema, expresión de lo inefable, y la
prosa, explicitación de la metafísica que subyace a la poesía:
dos formas distintas de aprehensión de la realidad y de
expresión del ser.
García Bacca no respeta, si así cabe decirlo, esta frontera tan
nítida en el discurso machadiano. Por el contrario, entreteje,
ordena y expone su pensamiento filosófico, a partir de palabras,
poemas y conceptos del poeta que termina por disolver
radicalmente en el discurso propio.
La filosofía de García
Bacca es una filosofía muy personal, humanista y liberadora
-como señalaba Carmen Bohórquez- audaz, un pensamiento sin miedo
a la verdad ni al error -en palabras de Carlos Beorlegui-.
Aunque eso si, -permítanme recordar también las palabras de
Aranguren- un tanto
macarrónico en el estilo.
Quizás yo destacaría su resolución y compromiso en la
reivindicación del castellano como lenguaje y ámbito de
problemas filosóficos. Quizás para hacer valer el lenguaje
propio como un modo vital de hacer y plantear la filosofía, se
sirvió de la poesía y la prosa de Antonio Machado. Para ello,
quizás también, hubiese sido suficiente con señalar, sin
desdibujarlo, al poeta lírico, aquel que fue capaz de crear
una nueva forma de lógica integral de aprehender las “realidades
vivas” en su continuo y perpetuo cambio y expresarlas en un
poema que transmite un mensaje “silencioso” y sentido.
Cristina de la Cruz
Universidad de Deusto
[Fuente: Carlos Beorlegui, Cristina de la
Cruz y Roberto Aretxaga, Editores. El pensamiento de Juan
David García Bacca, una filosofía para nuestro tiempo (Actas
del Congreso Internacional de Filosofía: Centenario del
nacimiento de Juan David García Bacca). Bilbao: Universidad de
Deusto, 2002.]
© José Luis Gómez-Martínez
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