Concepto de identidad

La cuestión de la identidad (individual y grupal) es, quizás, tan antigua como la raza humana misma en tanto implica la distinción entre quien articula (implícita y/o explícitamente) su identidad y todo/s aquéllos a quienes identifica como distintos de sí mismo; es decir, uno vs. no-uno.  En relación a esto Aamin Maalouf, en On Identity, apunta, sintetizando este concepto, “The identity a person lays claim to is often based, in reverse, on that of his enemy” (13).  Enemy,” según lo desarrolla Maalouf, se refiere a todo aquél que es no-uno, que pertenece, se identifica y asocia con otro grupo (cultural).  Esto significa que la definición en cuanto a la identidad (individual, grupal, nacional) se materializa a través de la negación.  Es decir, marcando las diferencias entre sí y el otro, lo que a su vez significa reconocer la distancia, implícitamente conociendo que el otro es distinto de sí. 

En The Conquest of America: The Question of the Other, Todorov explica esta dinámica relacional al escribir, citando a Rimbaud, “Je est un autre” (3).  En otras palabras, en cada persona la conciencia de su ser, de sí como distinto de los demás, simultánea y recíprocamente manifiesta dicho concepto en cuanto a aquéllos que son no-uno, a los “otros,” expresando así la interrelación existente entre el concepto de sí y el otro.  Es necesario señalar que un intento de definición (de un grupo/individuo) cualquiera será, de hecho, incompleto, imperfecto puesto que estará circunscripto al contexto al cual dicha definición se refiere.  Su interrelación con otros grupos, su circunstancia, el contexto en el cual existe, su propia existencia hacen que esté abierto y en constante cambio, en diálogo reflexivo consigo mismo y con lo que lo rodea (Gómez Martínez, “Cultura indígena 172).  En realidad, es éste un aspecto central en lo que hace a la cuestión de la identidad y a un intento de definición: es un proceso intrínsecamente humano, significando con esto dinamismo.  De acuerdo con esto es posible afirmar que de la misma manera que no es posible “perder la cultura,” tampoco es posible “perder la identidad” o verla amenazada de manera alguna, siendo parte íntima del ser.  Al mismo tiempo, precisamente por nuestro carácter dinámico, nuestra identidad se reconoce en su permanente transformación que puede, en circunstancias límite, experimentar también transformaciones radicales.  En cualquier caso, como individuos o como pueblos, seguimos siendo los sujetos de la transformación de nuestra identidad.

En el continente americano, la reflexión en cuanto a la identidad de los habitantes individualmente y como grupo político-cultural, se inició poco después de la independencia de España.  Se preguntaban —como aún lo hace un pequeño sector en la actualidad— “¿quiénes somos?”  Se planteaba de esta manera una introspección generalizada por parte de una élite (económica, social, cultural, institucional) que pretendía establecer claras y definitivas diferencias entre el espíritu europeo y peninsular, considerado autoritario y decadente, y el iberoamericano.  En un principio se definía en yuxtaposición con otros sistemas (sociales, políticos, culturales, ideológicos), los mismos que rechazaba: el europeo y el estadounidense, líderes económicos.  La definición del iberoamericano, de los nuevos pueblos, del “auténtico” chileno, o peruano, o boliviano ...  radicaba en una comparación y negación.  Bolívar lo expresa en la “Carta de Jamaica,” al distanciarse de los otros grupos de su contexto, ya que “no somos ni indios ni europeos, sino una especie media [ . . . ] siendo nosotros americanos por nacimiento y nuestros derechos los de Europa . . . ”  Significativamente el “auténtico americano” se refiere únicamente a la minoría dominante antes mencionada; quienes detentaban el poder.  Es decir, los blancos.

La cuestión de la identidad de los “auténticos iberoamericanos” implicaba no sólo su relación con el continente europeo, o los Estados Unidos, potencia económica en formación, sino también entre los diversos sectores de la población.  Se intentaba definir lo propio, individualizar y dar cabida al elemento nacional, destacando sus virtudes, liberándose simbólicamente así del yugo que Europa y la antigua dominación española significaban.  Esta atención a sí mismos, a los problemas de cada país como nación, hace emerger la situación de una gran porción de la población sistemáticamente marginada y oprimida: el sector indígena.

La cita de Bolívar contribuye a sentar las bases del contexto en el cual la narrativa indigenista tendrá algunas de sus raíces.  Asimismo, dialoga con la tesis de Maalouf, en cuanto a la identificación a través de la negación.  La propuesta que articula el discurso mestizo se plantea en términos de no-oprimido y no-opresor, por lo que está libre de ambas posturas, y por tanto, puede reflexionar sobre ellas dentro de su contexto.  Su posición intermedia le confiere derechos incuestionables.  No es un advenedizo, un extranjero, sino que su origen, americano, es lo que le confiere voz y lo que constituye su motor (ético).  A la vez, tiene voz, dada su herencia europea.  De esta manera se redefine el centro (ideológico, político, cultural, social, económico) para las entonces nuevas repúblicas americanas.  El mestizo deja de pertenecer al margen, para apropiarse del centro —al que ha redefinido—, buscando de esta manera ser protagonista del devenir nacional.

Bibliografía

  • Bolívar, Simón. “Carta de Jamaica. Contestación de un Americano Meridional a un caballero de esta isla” Proyecto Ensayo Hispánico. Online. 21 de septiembre de 1998. http://www.ensayistas.org/antologia/XIXA/bolivar/

  • Gómez-Martínez, José Luis. “La cultura indígena como realidad intercultural” Más allá de la pos-modernidad. El discurso antrópico y su praxis en la cultura iberoamericana. Madrid: Mileto, 1999. 159-202.

  • Maalouf, Amin. On Identity. Translated from the French by Barbara Bray.  London: The Havill Press, 2000.

  • Todorov, Tzvetan. The Conquest of America: The Question of the Other. Richard Howard, trans. Norman: U of Oklahoma P, 1999.

 

© Marina Herbst,
El concepto de identidad iberoamericana como elemento posibilitador del discurso indigenista. 2003.