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Gullermo Francovich |
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Guillermo
Francovich Guillermo Francovich nace en Sucre, Bolivia, el 25 de enero de 1901. Hizo sus estudios primarios y secundarios en el Colegio del Sagrado Corazón, institución docente que dirigían los padres jesuítas. Ingresó después en la Universidad de San Francisco Xavier de Sucre, donde estudia con Ignacio Prudencio Bustillo. En 1920 recibe el título de abogado, pero Guillermo Francovich no llegó a ejercer esa profesión; su vocación era la docencia. En 1922 fue designado profesor de Filosofía Jurídica de la misma universidad de la que había egresado dos años antes. En 1929 ingresa en el servicio diplomático boliviano, y de 1930 a 1944 desempeñó numerosos cargos diplomáticos en Lima, ante la Liga de las Naciones, en Río de Janeiro y en Paraguay. De regreso en Bolivia se incorpora de nuevo a las tareas docentes, y en 1944 es designado Rector de la Universidad de San Francisco Xavier. Desempeña este cargo hasta 1952, fecha en la que recibe el nombramiento de Director del Centro Regional de la UNESCO en el Hemisferio Occidental con sede en La Habana. Desde 1962 hasta su muerte en 1990 reside en Río de Janeiro. Ensayista, dramaturgo e historiador del pensamiento iberoamericano, la obra de Guillermo Francovich destaca sobre todo por surgir en íntimo diálogo con las circunstancias de su época y por haberse mantenido en constante evolución desde sus primeros escritos en la década de los años veinte hasta la década de los ochenta (Los mitos profundos de Bolivia, 1980). En 1957 escribió un ensayo, "Esquema de una fe filosófica", donde describe su desarrollo intelectual. En Supay -publicado en 1935 pero escrito antes de 1932- se muestra el fin de una época, cuyos valores parecen desintegrarse sin que hubieran sido todavía substituidos por otros que dieran propósito a la vida: "Encuentro que nosotros mismos, la generación que encarnamos, vive una existencia trágica ... Desorientados dentro de un mundo que ... se abre hacia el porvenir con aspiraciones que no sabemos definir" (p. 42). Supay nos presenta con éxito la tendencia hacia el escapismo que dominaba en la juventud culta de finales de la década de los veinte. También muestra la congoja íntima de una generación en busca de su destino: "Yo y muchos como yo, necesitamos de algo más que juegos elegantes del pensamiento, de inútiles espejismos intelectuales ajenos a la realidad trágica de la vida" (pp. 61-62). En Los ídolos de Bacon (1938) Francovich reconoce la necesidad de destruir los "ídolos" que los europeos nos imponen: "Es evidente la gran facilidad con que los sudamericanos rendimos culto a los 'ídolos' europeos que, conquistando a los hombres desde dentro, perpetúan imperialismos intelectuales que, casi siempre, implican imperialismos económicos o políticos ... El día en que los latinoamericanos podamos comprender lo que hay de meramente europeo y circunstancial en las ideas que Europa impone al mundo, el pensamiento humano se elevará a un nivel más puro y más universal que el que actualmente posee" (p. 21). Inicia de este modo una nueva etapa en el análisis de lo boliviano; su punto de partida se basa en que "las ideas no pueden ser comprendidas y apreciadas en su plenitud si se las aísla del ambiente en que surgen" (p.79). Una vez establecido este postulado, Francovich proyecta nuevas conclusiones que, de acuerdo con la realidad social de su tiempo, significan un nuevo modo de ver y definir lo boliviano. Se había comenzado a ser fiel a la realidad circundante y se estaban descubriendo nuevas dimensiones de creación que mostraban las posibilidades artísticas de un pueblo. Para comienzos de la década de los cuarenta se ha efectuado ya una total mudanza en el modo cómo los intelectuales se juzgan a sí mismos y cómo perciben el futuro de sus países. Surge ahora un fuerte nacionalismo político y cultural acompañado de nueva fe en el futuro iberoamericano. Este optimismo se encuentra presente en las páginas del Pachamama. Diálogo sobre el porvenir de la cultura en Bolivia (1942). Aparte de su labor filosófico-histórica, pionera en el movimiento de recuperación del pasado boliviano, Guillermo Francovich escribió en 1945 un estudio, Tito Yupanqui, escultor indio, y en él consigue expresar con nitidez la trascendencia y profundidad de su labor teórica. Se resuelve por utilizar un ejemplo plástico capaz de permitir una visualización de los conceptos abstractos que él había venido elaborando. Un ejemplo que, además, como lo había sido la pintura mural para el mexicano, apelaba por igual al intelecto y a la sensibilidad de los bolivianos. Analiza la personalidad y obra de Tito Yupanqui, escultor de la Virgen de Copacabana, y concluye: "Tito Yupanqui tiene que ser considerado el precursor si no el creador del arte nacional. Nacido en esta tierra, habiendo formado su personalidad artística en las ciudades altiplánicas, llegó a producir una obra en que el modelo europeo encarnaba el espíritu indio ... [y lo consiguió porque] quería llevar a sus creaciones las palpitaciones de su corazón y por lo mismo sentía la necesidad de que la virgen que soñaba tuviera algo de las mujeres que él conocía y entre las cuales se encontraba, de piel trigueña y ojos almendrados, que hablaban a su alma y a su sensibilidad. Y quiso ser fiel a ésta" (p. 15). El mestizaje en lo boliviano es, pues, según Francovich, algo mucho más profundo que el colorido folklórico; es algo natural que procede de su intimidad y cuyo origen se remonta a la amalgama de culturas que tiene lugar desde los comienzos del virreinato. Su producción literaria de la década de los sesenta y setenta no es nada más que un preludio de su obra fundamental, de su libro más maduro: Los mitos profundos de Bolivia (1980). En esta obra expone Francovich en qué consiste ese proceso subconsciente en el funcionar de la morada vital de un pueblo. Con este motivo desarrolla su teoría de los mitos. Para él, los mitos "son la expresión de actitudes vitales, de sentimientos y de experiencias que se manifiestan como convicciones cuya certeza es tal que pasan a ser tenidas como sagradas, como evidentes por sí mismas, situándose en un plano que las aleja de cualquier intento de crítica racionalizada" (pp. 7-8). Los mitos representan, por lo tanto, una categoría especial en el discurso axiológico de cualquier pueblo; se refieren siempre a vivencias dotadas de un fuerte fondo subjetivo, pero cuyos "contenidos están al alcance de cualquier persona ... [y] despiertan resonancias en el alma colectiva" (p. 11). A pesar de la fuerte presencia del elemento subjetivo en los mitos, "su aceptación y su influencia son tan grandes que adquieren el aspecto de las evidencias," por lo que llegan a "confundirse con las verdades de la ciencia" (p. 155). De ahí, concluye Francovich, "los mitos son generalmente invulnerables a la crítica. No suelen ser destruidos por la razón. Pierden su vigencia cuando desaparecen las circunstancias que les dieron nacimiento, cuando hay una mudanza de la sensibilidad a la que corresponden. Y son tanto más resistentes cuanto más profundas son las experiencias que los sustentan. Los mitos tienen vida propia. Corresponden a una sensibilidad vital. No se los destruye desde fuera. Mueren por dentro" (p. 162). Guillermo Francovich nos proporciona de este modo un método de aproximación al discurso histórico de un pueblo. El primer paso será el de establecer los mitos que rigen en cada época, para investigar después las causas que motivaron su aparición y, finalmente, trazar el proceso que siguieron para convertirse en mitos y luego desaparecer bajo la acción de nuevas ideas. Estos mitos, a su vez, serán otras tantas claves de interpretación y el substrato que dará lugar al punto de vista con que un pueblo juzgará su realidad circundante. [Para un estudio más extenso de Francovich en el contexto iberoamericano, véase la entrada que se incluye en el Repertorio. Allí se encontrarán también bibliografías de su obra y sobre su obra. En el Proyecto Ensayo Hispánico se encuentra también el texto completo de algunas de sus obras.] |