Géneros en literatura

 

 

Género: "En literatura y bellas artes, variedades que se distinguen en las creaciones respectivas según el fin a que obedecen, la índole del asunto, el modo de tratarlo, etc., así como en atención a caracteres especiales configurados por la tradición literaria o artística" (DRAE).

Hemos iniciado estas reflexiones con la definición de la Real Academia para desde el comienzo afirmar que cuando hablamos de géneros literarios, hacemos referencia a una preceptiva o, con otros términos, a la retórica, a la poética que contribuye a la codificación de un texto. Los géneros literarios se van configurando a través de una tradición literaria y, al igual que las costumbres o los idiomas, se mantienen en constante transformación. Con el término tradición nos referimos a un proceso histórico compartido. Es decir, se trata de un lenguaje común compartido tanto por los autores como por los lectores. Cuando un poeta escribe un soneto, se ajusta, al articular su pensamiento, sentimientos, sensaciones, a unas reglas, que son, en mayor o menor grado, compartidas por los posibles lectores. Cuando un lector decide leer una novela, o una poesía, o una obra dramática, o un ensayo, lo hace con la expectativa de un tipo peculiar de texto.

La clasificación por géneros se remonta en la tradición literaria occidental a las reflexiones de Aristóteles y a la agrupación clásica de los textos en épica, lírica y dramática. Esta clasificación, a la que posteriormente se añadió la narrativa y el ensayo, se mantuvo hasta tiempos muy recientes como fundamental en literatura. Su apogeo coincide con el auge del discurso de la modernidad y privilegia claramente al autor. La problematización de la modernidad que mantiene el discurso de la posmodernidad va a privilegiar el texto y con ello coloca en duda el valor de los géneros literarios. La revalorización de la estructura de la comunicación que aporta el discurso antrópico, supone una nueva aproximación al texto literario, a través de una hermenéutica que privilegia ahora al lector, y reintegra el concepto de "género" al lugar que le corresponde como parte esencial en el proceso de codificación (creación) de un texto.

Cuando hablamos, pues, de géneros literarios, hablamos de procesos de codificación que comparten autor y lectores a través de una tradición cultural. Su función es muy semejante a la del idioma. O sea, del mismo modo que antes de comprar un libro decido en qué idioma deseo leerlo, también decido si deseo leer una novela o un libro de poesías. En ambos casos, mi decisión está basada en un código compartido, mi deseo de leer en español y de que el texto cree el mundo ficticio de una novela, por ejemplo.

Si asumimos la problematización posmoderna, a través del proceso liberador que implica el discurso antrópico, las clasificaciones por géneros adquieren igualmente un renovado valor. Podemos estar de acuerdo con la crítica posmoderna de que el texto no nos permite recuperar al autor, y al mismo tiempo reconocer que los procesos de codificación implícitos en el texto sólo cobran realidad en el lector. Es decir, el texto es real sólo en cuanto lo es en un lector. Con ello el lector pasa a ocupar un primer puesto, al cual se subordinan tanto el autor como el texto. Recuperamos así también el valor de los códigos implícitos en el concepto de género, pero no lo hacemos en el sentido de prescribir reglas de uso, sino en el proceso dialógico de describir códigos compartidos en el texto y en el lector.

Los géneros, como ya señalamos, han seguido un desarrollo histórico. Su perceptiva, por lo mismo, está jalonada no tanto por las obras que se ajustaron a procesos de codificación ya establecidos en un momento dado, sino precisamente por aquellas obras que manteniendo la esencia del género, rompieron con las reglas que coartaban su proceso creador.

Véase también: Los géneros y el lector,

 

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