Marina Herbst
Verano de 1999

 

Educación en acción

A principios de la década del 60 de nuestro siglo y como respuesta a la situación de opresión en que se encontraban diversos sectores de la sociedad, surgió a nivel mundial un movimiento que articuló tal preocupación. De la misma manera que la opresión se hace evidente en distintas disciplinas humanas, la teología de la liberación tuvo un carácter interdisciplinario, atendiendo no solamente a la lucha ideológica en forma abstracta, sino de manera tangible en las áreas política, cultural, social, económica, religiosa y educativa. En este último campo, la labor de Paulo Freire tuvo un papel fundamental. La pedagogía de la liberación intentaba una concientización de manera tal que cada miembro de la comunidad pudiese "replantearse las palabras de su mundo" y las cuestionase, aceptando y/o rechazando aquello que las agencias ideológicas impusiesen para el contexto. Esto significaría articular la propia voz, tomando conciencia de sí como protagonista en igualdad de condiciones y responsabilidades.

Entre los muchos aspectos que Freire destaca en relación a la liberación está el carácter dinámico que el cuestionamiento contextual debe poseer ya que de otra manera existe la posibilidad de dar continuidad a la anterior situación de opresión. La concientización, liberación y la articulación responsable de la propia voz están estrechamente relacionadas con una problemática iberoamericana de larga data y que Martí ya plantea en "Nuestra América": la identidad iberoamericana. Dicha problemática no pertenecía exclusivamente a un momento histórico o lugar geográfico sino que, tal como dan cuenta otros pensadores iberoamericanos, representa una preocupación generalizada y constante. Martí dialoga con su contexto a la vez que con otros pensadores, anteriores y posteriores. El diálogo que las ideas de Martí, Mora y Freire establecen se hace evidente en relación al papel de cada persona como miembro activo de la sociedad en que interviene. Sin embargo, a pesar de atender a una problemática semejante, surgen una serie de cuestiones que tiene que ver con lo que podemos llamar "universalidad" del planteamiento.

Pedagogía de la liberación

Reflexivamente, [las personas oprimidas] retoman el movimiento de la conciencia que los constituye sujetos, desbordando la estrechez de las situaciones vividas; resumen el impulso dialéctico de la totalización histórica. Hechos presentes como objetos en el mundo de la conciencia dominadora, no se daban cuenta de que también eran presencia que hace presente un mundo que no es de nadie, porque originalmente es de todos. Restituida en su amplitud, la conciencia se abre para la "práctica de la libertad": el proceso de "hominización", desde sus oscuras profundidades, va adquiriendo la traslucidez de un proyecto de humanización. No es crecimiento, es historia: áspero esfuerzo de superación dialéctica de las contradicciones que entretejen el drama existencial de la finitud humana. El Método de Concienciación de Paulo Freire rehace críticamente ese proceso dialéctico de historización. Como todo buen método pedagógico, no pretende ser un método de enseñanza sino de aprendizaje; con él, el hombre no crea su posibilidad de ser libre sino aprende a hacerla efectiva y a ejercerla. La pedagogía acepta la sugerencia de la antropología: se impone pensar y vivir "la educación como práctica de la libertad." Oprimido 15

Concienciación para liberación

Para nosotros [los pedagogos de la liberación], sin embargo, el problema no radica solamente en explicar a las masas sino en dialogar con ellas sobre su acción. De cualquier forma, el deber que Lukács reconoce al partido revolucionario de "explicar a las masas su acción" coincide con la exigencia que planteamos sobre la inserción crítica de las masas en su realidad, a través de la praxis por el hecho de que ninguna realidad se transfoma por sí misma.
La pedagogía del oprimido que, en el fondo, es la pedagogía de los hombres que se empeñan en la lucha por su liberación, tiene sus raíces ahí. Y debe tener, en los propios oprimidos que se saben o empiezan a conocerse críticamente como oprimidos, uno de sus sujetos.
Ninguna pedagogía realmente liberadora puede mantenerse distante de los oprimidos, vale decir, hacer de ellos seres desdichados, objetos de un tratamiento humanitarista, para intentar, a través de ejemplos sacados de entre los opresores, la elaboración de modelos para su "promoción". Los oprimidos han de ser el ejemplo de sí mismos, en la lucha por su redención.
La pedagogía del oprimido, que busca la restauración de la intersubjetividad, aparece como la pedagogía del hombre. Sólo ella, animada por una auténtica generosidad, humanista y no "humanitarista", puede alcanzar ese objetivo. Por el contrario, la pedagogía que, partiendo de los intereses egoístas de los opresores, egoísmo camuflado de falsa generosidad, hace de los oprimidos objeto de su humanitarismo, mantiene y encarna la propia opresión. Es el instrumento de la deshumanización.
Ésta es la razón por la cual, como ya afirmamos con anterioridad, esta pedagogía no puede ser elaborada ni practicada por los opresores.  Oprimido 46-47

Liberación en acción

Lo nuevo de la revolución nace de la sociedad antigua, opresora, que fue superada. De ahí que el acceso al poder, el cual continúa siendo un proceso, sea, como señalamos, sólo un momento decisivo de éste.
Por eso, en una visión dinámica de la revolución, ésta no tiene un antes y un después absolutos, cuyo punto de división está dado por el acceso al poder. Generándose en condiciones objetivas, lo que busca es la superación de la situación opresora, conjuntamente con la instauración de una sociedad de hombres en proceso de permanente liberación.  Oprimido 174