Diego
Saavedra Fajardo

 

EMPRESA V

Empresa 5

Las letras tienen amargas las raíces, si bien son dulces sus frutos. Nuestra naturaleza las aborrece, y ningún trabajo siente más que el de sus primeros rudimentos. ¡Qué congojas, qué sudores cuestan a la juventud! Y así por esto, como porque ha menester el estudio una continua asistencia, que ofende a la salud, y no se puede hallar en las ocupaciones, cerimonias y divertimientos del palacio, es menester la industria y arte del maestro, procurando que en ellos y en los juegos pueriles vaya tan disfrazada la enseñanza, que la beba el príncipe sin sentir, como se podría hacer para que aprendiese a leer, formándole un juego de veinte y cuatro dados en que estuviesen esculpidas las letras, y ganase el que arrojados pintase una o muchas sílabas o formase entero el vocablo; cuyo cebo de la ganancia y cuyo entretenimiento le daría fácilmente el conocimiento de las letras, pues más hay que aprender en los naipes, y los juegan luego los niños. Aprenda a escribir teniendo grabadas en una lámina sutil las letras; la cual puesta sobre el papel, lleve la mano y la pluma, ejercitándose mucho en habituarse en aquellas letras de quien se forman las demás. Con que se enamorará del trabajo, atribuyendo a su ingenio la industria de la lámina.

El conocimiento de diversas lenguas es muy necesario en el príncipe, porque el oír por intérprete o leer traducciones esta sujeto a engaños o a que la verdad pierda su fuerza y energía, y es gran desconsuelo del vasallo que no le entienda quien ha de consolar su necesidad, deshacer sus agravios y premiar sus servicios. Por esto Josef, habiendo de gobernar a Egipto, donde había gran diversidad de lenguas, que no entendía [Linguam, quam non noverat, audivit (Psalm 80, 6)], hizo estudio para aprendellas todas. Al presente emperador don Fernando acredita y hace amable la perfección con que habla muchas, respondiendo en la suya a cada uno de los negociantes. Estas no se le han de enseñar con preceptos que confundan la memoria, sino teniendo a su lado meninos de diversas naciones, que cada uno le hable en su lengua, con que naturalmente sin cuidado ni trabajo las sabrá en pocos meses.

Para que entienda lo prático de la geografía y cosmografía (sciencias tan importantes, que sin ellas es ciega la razón de estado), estén en los tapices de sus cámaras labrados los mapas generales de las cuatro partes de la tierra y las provincias principales, no con la confusión de todos los lugares, sino con los ríos y montes y con algunas ciudades y puestos notables. Disponiendo también de tal suerte los estanques, que en ellos, como en una carta de marear, reconozca (cuando entrare a pasearse) la situación del mar, imitados en sus costas los puertos, y dentro las islas. En los globos y esferas vea la colocación del uno y otro hemisferio, los movimientos del cielo, los caminos del sol, y las diferencias de los días y de las noches, no con demostraciones scientíficas, sino por vía de narración y entretenimiento. Ejercítese en los usos de la geometría, midiendo con instrumentos las distancias, las alturas y las profundidades. Aprenda la fortificación, fabricando con alguna masa fortalezas y plazas con todas sus entradas encubiertas, fosos, baluartes, medias lunas y tijeras, que después bata con pecezuelas de artillería. Y para que más se le fijen en la memoria aquellas figuras, se formarán de mirtos y otras yerbas en los jardines, como se ven en la presente empresa.

Ensáyese en la sargentería, teniendo vaciadas de metal todas las diferencias de soldados, así de caballería como de infantería que hay en un ejército, con los cuales sobre una mesa forme diversos escuadrones, a imitación de alguna estampa donde estén dibujados; porque no ha de tener el príncipe en la juventud entretenimiento ni juego que no sea una imitación de lo que después ha de obrar de veras [Itaque ludi magna ex parte imitationes esse debent earum rerum, quae serio postea sunt obeundae (Arist., Pol., lib. 7, c. 17)]. Así suavemente cobrará amor a estas artes, y después, ya bien amanecida la luz de la razón, podrá entendellas mejor con la conversación de hombres doctos, que le descubran las causas y efetos dellas [Audiens sapiens, sapientior erit: et intelligens, gubernacula possidebit (Prov, 1 5)], y con ministros ejercitados en la paz y en la guerra; porque sus noticias son más del tiempo presente, satisfacen a las dudas, se aprenden más y cansan menos [Sapientiam omnium antiquorum exquiret sapiens, et narrationem virorum nominatorum conservabit (Eccl, 39, 1 et 2)].

No parezcan a algunos vanos estos ensayos para la buena crianza de los hijos de los reyes, pues muestra la experiencia cuántas cosas aprenden por sí mismos fácilmente los niños, que no pudieran con el cuidado de sus maestros. Ni se juzguen por embarazosos estos medios, pues, si para domar y corregir un caballo se han inventado tantas diferencias de bocados, frenos, cabezones y mucerolas, y se ha escrito tanto sobre ello, ¿cuánto mayor debe ser la atención en formar un príncipe perfeto, que ha de gobernar, no solamente a la plebe ignorante, sino también a los mismos maestros de las sciencias? El arte de reinar no es don de la naturaleza, sino de la especulación y de la experiencia. Sciencia es de las sciencias [Mihi videtur ars artium et scientia scientiarum hominem regere, animal tam varium et multiplex (S. Gregor. Nazian., in Apolog. )]. Con el hombre nació la razón de Estado, y morirá con él sin haberse entendido perfetamente.

No ignoro, serenísimo Señor, que tiene V. A. al lado tan docto y sabio maestro, y tan entendido en todo (felicidad de la monarquía), que llevará a V. A. con mayor primor por estos atajos de las sciencias y de las artes; pero no he podido excusar estos advertimientos, porque, si bien habla con vuestra alteza este libro, también habla con los demás príncipes que son y serán.

Idea de un príncipe político-cristiano representada en cien empresas, 1640.

 

© José Luis Gómez-Martínez
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