Félix de Azara

 

Descripción general del Paraguay

Prólogo

La noche que llegué a Buenos Aires del Río Grande de San Pedro, donde el señor virrey me envió para tratar con los portugueses algunos puntos relativos a la demarcación de límites entre ambas coronas, se me entregó el nombramiento de primer comisario y jefe de la tercera división que debe demarcar los linderos desde la confluencia de los ríos Igurey y Paraná hasta el del Paraguay, según el último tratado de paz. Al mismo tiempo se me mandó que en posta pasase al Paraguay, y que aprontase lo necesario a efectuar dicha obra para que cuando llegasen mi división y la cuarta, que venían embarcadas, no hubiese detención en su salida, ni los portugueses pudiesen quejarse con nuestra demora. Dio motivo a esta prisa el creer Su Excelencia que los portugueses, que debían concurrir conmigo, me estaban esperando en el río Ygatimy.

Llegué a la Asunción, capital del Paraguay, donde supe que no había tales portugueses esperando ni noticia de ellos, por cuyo motivo no quise aprontar cosa alguna ni hacer el menor costo, porque además yo sospechaba, con bastante fundamento, que dichos portugueses tardarían en llegar y que por consecuencia mi demora en el Paraguay sería dilatada. No se me había dado instrucción para este caso, y me vi precisado a meditar sobre la elección de algún objeto que ocupase mi detención con utilidad. Desde luego vi que lo que convenía a mi profesión y circunstancias era acopiar elementos para hacer una buena carta o mapa, sin omitir lo que pudiera ilustrar la geografía física, la historia natural de las aves y cuadrúpedos, y finalmente lo que pudiera conducir al perfecto conocimiento del país y sus habitantes.

No se me ocultaba que mi idea era buena pero para verificarla hallaba muchas dificultades, porque, además de que el conocimiento de mí mismo me hacía ver que no podía hacer cosa buena en materias de historia natural, consideraba que no se me abonarían los costos, que tendría que viajar a caballo y deprisa por países de pocos o ningunos auxilios con instrumentos astronómicos delicados, pertenecientes a Su Majestad, destinados únicamente a lo que es demarcación de límites, y cuya falta y descalabro no tiene aquí reemplazo ni compostura. Por otro lado, me persuadí que, aunque el señor Virrey desease ver efectuadas mis ideas, no me permitiría la separación de la división de mi mando porque podrían llegar los portugueses en mi ausencia, y que a lo sumo me daría permiso para comisionar a mis subalternos, cuya capacidad me era desconocida, y creo yo que jamás se hacen las cosas bien sino por el que las concibe.

Todas estas dificultades, y otras no menos embarazosas, se vencieron resolviendo costear todos los gastos y llevar aquellos instrumentos que no se consideraban precisos para la demarcación; y para que el señor Virrey no llevase a mal mis dilatadas ausencias, callé mis designios y dividí mi obra en trozos de modo que los correos me hallasen en la capital, donde se miraban mis salidas como paseos de diversión.

Así, insensiblemente, acopié las noticias que pude, y son suficientes para dar alguna idea de este país, aunque poco apreciable para los que sólo buscan las de metales que no hay aquí. Para dar alguna forma a mis apuntamientos escribiré primero mis derrotas particulares, y después todo lo que es general al país y habitantes. Las apuntaciones de aves y cuadrúpedos irán aparte, porque son tantos que componen una obra separada y no pequeña.

Careciendo de libros, no he podido escribir cosa que valga de lo pasado y me he ceñido al estado natural. Sin embargo, no he omitido el origen y transmigraciones de los pueblos que intenté averiguar en los papeles del Archivo de la capital, que, aunque está en el mayor desorden, con todo pude utilizar algo hasta que se llegaron a conocer mis ideas y se desbarataron con frívolos pretextos, quitando la llave del Archivo a don José Antonio Zabala, sujeto honrado y capaz, que voluntariamente entendía, y sin estipendio, en coordinar dichos papeles, y al mismo tiempo me daba las noticias que yo apetecía.

Con esto se cortaron las noticias que podían servir a aclarar la historia antigua del país, en cuyo obsequio he señalado con exactitud la situación de algunos pueblos destruidos o abandonados, pero todavía faltan bastantes cuyas ruinas e historia no he podido investigar.

Para entender mis viajes basta saber que los rumbos son corregidos y demarcados con una buena agujita de pínulas que marcaba los medios grados. Las leguas y millas son del país o de cinco mil varas por legua, y no son medidas sino computadas por el andar del caballo y del reloj, de forma que sólo sirven para dar idea de la longitud de los caminos. El que quiera reducirlas a leguas contadas sobre el círculo máximo, o, como suelen decir, por el aire, podía deducirlas del cálculo que ofrecen las longitudes y latitudes, o de la carta o mapa adjunto, cuya formación no se funda en otras leguas o distancias, sino en observaciones astronómicas y buenas demarcaciones, calculadas con prolijidad y con el cuidado de despreciar las que pudieran influir yerro considerable en caso que ellas lo tuviesen pequeño.

He observado con instrumentos marítimos de reflexión, buscando el horizonte en una vasija de agua, que son preferibles a todos los instrumentos y modos de observar en tierra, porque, sobre la comodidad en el transporte, tiene la ventaja de que cualquier error en la observación sólo influye su mitad en el resultado. Mr. Magallanes dice en su libro que cuando se practiquen observaciones del modo que yo lo he hecho, que se aumente o disminuya la altura del contacto de los limbos con un diámetro del astro. No merece la pena que yo me detenga con hacer ver su error tan manifiesto, y sólo sirve esta advertencia para que se sepa que he corregido las alturas con un semidiámetro, como se debe, y que he evitado su equivocación.

He elegido por primer meridiano el que pasa por la ciudad de la Asunción, capital del país, el cual con facilidad puede reducirse a cualquier otro sabiendo que por muchas observaciones he deducido que cae 54º 40' 0" al oeste de Greenwich. En cada pueblo y punto notable se expresa su longitud y latitud, aunque una u otra, o ambas, dependan de datos posteriores. He sido tan prolijo en los cálculos de esto, y persuadido que ningún punto sustancial tiene una milla de error, y como mis observaciones y cálculos abrazan todos los cerros y alturas notables, con sólo dos demarcaciones, o una y una distancia, o con dos distancias, podrá situarse en la carta cualquiera pueblo nuevo o punto que se quiera, sin necesidad de recurrir a la astronomía; y del mismo modo se sabrá siempre la situación del pueblo que desapareciese.

Por lo tocante a los ríos, he aquí cómo los he puesto en mi carta. El río Paraguay, y parte de sus vertientes que no he cortado, se ha dirigido por el mapa que de él hicieron los demarcadores de los límites del año de 1754. Lo mismo he practicado con el río Paraná desde el pueblo de Corpus para el norte, y para el sur lo he dirigido hasta Corrientes por la derrota que de mi orden hicieron don Pedro Cerviño y don Ignacio Pazos, aquél ingeniero y éste piloto de mi división. De Corrientes para el sur he puesto el Paraná por la navegación que de él hizo don Juan Francisco Aguirre, teniente de navío y comandante de la cuarta división de demarcadores. Él mismo me ha facilitado el plano del río Paraguay desde su unión con el de Paraná hasta la Asunción. De aquí para el norte se ha situado por el mapa de dichos señores demarcadores del citado año, menos el Xexury que ha sido dirigido por la derrota de dicho ingeniero Cerviño, quien, juntamente con el teniente de navío don Martín Boneo, hizo la carta del río Tebicuary por mi mandato. Los demás ríos, de menos nota, se han puesto por los cortes que se le han dado en los viajes y por las mejores noticias que he podido adquirir, y no es fuera de caso advertir aquí que anteriormente hice otra carta en la que no están bien situados los ríos Uruguay y Paraná de Corpus para el norte, porque me valí entonces de las observaciones de longitudes hechas por dichos señores demarcadores, las cuales he despreciado en la carta presente, ateniéndome con exactitud a su derrota, porque he sabido después que llegaron a mi mano erradas; cosa que antes me pareció imposible porque eran cinco conformes. Así, mi carta anterior a esta fecha debe despreciarse y atenerse con toda seguridad a la presente, porque además de ser conforme, en cuanto a dichos ríos, a la derrota de dichos señores, tiene la confirmación de seis observaciones de longitudes hechas el año pasado en la boca del Yguazú, las cuales ajustan pasmosamente con la derrota de dichos señores.

He conservado los nombres guaraní, escribiéndolos como ellos lo hacen, cuya pronunciación es la siguiente: toda y pronunciada guturalmente suena casi como yg. Toda vocal o semi-vocal con el acento O como y se pronuncia narigalmente, y toda by, py, my suenan buyg, puyg, muyg; y esto basta para mis ideas.
 

[Félix de Azara (1742-1821). Descripción e historia del Paraguay y del Río de la Plata. Obra póstuma de Felix de Azara [anterior a 1809] ... La publica su sobrino y heredero el señor don Agustín de Azara, marqués de Nibbiano ... bajo la direccion de don Basilio Sebastián Castellanos de Losada .... Madrid: Impr. de Sanchiz, 1847.
  

© José Luis Gómez-Martínez
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