Hugo E. Biagini

 

"El Che Guevara y su influencia como paradigma juvenil"

[...] mira a esos jóvenes estudiantes con cara de polizones, recorrer palmo a palmo la tierra americana,
en barco mercante, en lancha, a pie, en tren en marcha huyendo.
Míralos realizar todos los oficios del hombre,
transportadores de mercancías, hombreadores de bolsas, fregadores de platos,
disfrazados de aventureros, de deportistas, de mendigos,
mira al mayor de fotógrafo ambulante en México,
fijando en la placa implacable los rostros más humildes, los anónimos rostros de su pueblo,
mira al menudo negociante que en realidad estaba reconociendo la tierra y los hombres por los que iba a morir

Fina García Marruz

Se intenta responder aquí a una tarea acuciante: establecer las motivaciones que han llevado a la juventud mundial a experimentar una atracción singularísima hacia la figura de Ernesto Guevara. Con tal motivo, se encaran los presumibles rasgos caracterológicos y las filiaciones ideológicas que pueden emanar de una personalidad tan polifacética como la del Che para producir una incidencia semejante. Asimismo, se analiza la repercusión que tuvo en su momento el asesinato del Comandante Guevara y la especial resonancia que provocó el hallazgo de sus restos en la actualidad. También se rastrea la visión que el propio Guevara tuvo sobre los jóvenes en sí mismos y sobre sus propios años formativos. Por último, se brinda un balance crítico-interpretativo de su significación general.

Si bien el presente enfoque se halla más bien centrado en la juventud universitaria o con un alto grado de politización, no puede desestimarse un sentido sumamente representativo para la tradición latinoamericana: entender el concepto de juventud no sólo en términos etarios sino en su multisignificación: como espíritu combativo y esforzado, como rebeldía contra la injusticia y a favor de los excluidos.
 

I. Genio y figura

Es hora de preguntarse frontalmente por la fascinación que experimentan los jóvenes de distintas latitudes y condiciones hacia Ernesto Guevara. ¿Qué pautas ideológicas y cuáles rasgos distintivos deben tomarse en cuenta para una personalidad tan compleja como la suya? ¿Podrá obedecer dicho influjo a una extraña alquimia que, con los heterogéneos seres ideales disparados por la escuela y los medios, terminó componiendo un arquetipo peculiar que llegó a trastocar el broncíneo firmamento de la historia oficial?

Si repasamos los personajes y los símiles con que, por distintas razones, fue parangonada la silueta del Che, sobresale —seguramente a su pesar— una gruesa aureola de procerato. Así se lo apoda el Ulises o el Clausewitz del Tercer Mundo y el Cid Campeador de los condenados de la tierra. Desde el tronco indígena, sería el continuador de Cuauhtémoc y Túpac Amaru; un nuevo Viracocha que transforma las piedras en guerreros y los guerreros en piedra. También se lo ha identificado con una larga legión de notables: desde Francisco de Asís, Bartolomé de las Casas, Hidalgo, Morelos, Bolívar, Sucre, Garibaldi, Zapata, Sandino y Albert Schweitzer, hasta semicompatriotas suyos como los cubanos Martí y Maceo o argentinos como San Martín, Gardel y Fangio juntos. Entre ellos se encuentran quienes, al estilo del Che, reúnen la excelencia adicional de haber perecido en combate y a temprana edad. Tampoco faltó la divinización de ese caballero Bayardo, de ese Martín Fierro caribeño, de ese Quijote de alegre estampa —ufanado en sentir bajo sus talones el costillar de Rocinante que lo impulsaba hacia otros desafíos—, cuando a su muerte fue tenido como un Cristo laico o, Marechal dixit parafraseando al gravitante Dios aristotélico, como un motor inmóvil que organizaría el ritmo de las futuras batallas.

Existen diversos rasgos del Che que permiten mancomunar conciencias juveniles: desde su independencia personal o su conducta íntegra y austera hasta su disposición para el sacrificio y los renunciamientos. Por otra parte, el rechazo al formalismo, a la figuración y a las prerrogativas, junto con la vocación de servicio, la versatilidad laboral y deportiva, la sostenida contracción al estudio pluridisciplinario, van completando la tabla axiológica. Su descomunal capacidad para el trabajo ha sido testimoniada hasta por los adversarios de la revolución cubana como Heberto Padilla. Un precoz lema sintetizador, el "piernas fuertes y estómago de faquir" (carta a su madre, Guatemala 28-7-54). ¿No es acaso el hombre universal, de mentalidad y mirada penetrantes, de acción decidida, que aguardaban tantos millones de desposeídos y que veneraron los campesinos durante su campaña libertadora en la gran Antilla: "viene a quitarnos de encima las desgracias, el hambre, el churre y la miseria".

Otro apartado para el heroísmo ejemplar, para los "cuatro pares de cojones" con los cuales se dotaba a ese "estratega del carajo" que, con su asma abismal a cuestas, produjo hazañas y proezas sin alarde, retando al peligro desde la primera línea de fuego, en regiones ignotas, contra fuerzas militares desbordantes, restañando las heridas de los prisioneros y exigiendo un estricto fair play para con ellos: "La vida de ese hombre no tiene precio. Les aseguro que su pensamiento estaba en el espacio antes de que los rusos y los yanquis pusieran el pie en la Luna" (apreciaciones del Che ante el soldado enemigo según relato de Benigno Alarcón sobre la expedición boliviana).

Entre las filiaciones políticas más cautivantes para el sector generacional en cuestión se halla la profesión de fe latinoamericana y antiimperialista, frente al gran enemigo del género humano y al gendarme mundial de la represión, tal como calificó Guevara a los Estados Unidos en su mensaje a la Tricontinental y en su resonante intervención ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, cuando, con similar expresión a la utilizada por los reformistas cordobeses en su manifiesto inaugural, sostuvo que iba a llamar a las cosas por su nombre. Paralelamente, emerge su desprecio a la burocracia —gubernativa, partidaria, sindical— por distanciarse de la gente; su oposición a los dogmas, a la persecución ideológica y al quietismo de izquierda. Por último, su marxismo crítico y su internacionalismo obrero; su prédica y sus conceptos sobre el revolucionario en tanto tipo antropológico superior, sobre la necesidad de transformar tanto a la sociedad como al individuo y sobre el reflejo visceral de indignación que deben producir las injusticias. Segunda autosíntesis: "luminosa [luciente] fe en el futuro socialista" (carta a su tía Beatriz, diciembre 1953, desde "los dominios de la United Fruit" en Costa Rica).

Parte de ese ideario fue mamado por Ernesto Guevara desde su nacimiento, producido en vísperas del décimo aniversario de la Reforma Universitaria. Sus primeros años transcurrieron en una atmósfera familiar impregnada por antimilitarismo, el repudio al clericalismo y a las distintas variantes del fascismo vernáculo o exógeno. En ese ambiente confluían, predominantemente, la intransigencia radical, el socialismo democrático y el propio movimiento reformista. Ernesto encabeza un grupo de la Federación de Estudiantes Secundarios (FES), enfrentada con organizaciones filo-nazis como la Alianza Libertadora Nacionalista y a similares actitudes como las que sostenía el peronismo cuando predicaba: "Matar un estudiante es hacer obra patriótica". También se lo verá movilizarse en favor de un joven alumno, Mario Bravo, secuestrado por la policía peronista y, desde el exterior, defenderá a los universitarios guatemaltecos que Perón mantuvo encarcelados bajo penosas condiciones. Entre tantas versiones, se ha recogido una sobre la evaluación que habrían hecho ciertos profesores del Guevara adolescente:

Aprovecha hasta la más mínima ocasión para atacar a la Iglesia católica; tiene ideas marxistas y es en clase el cabecilla de los izquierdistas. Es un alumno excepcional. Parece un adulto, se comporta como si fuera mayor de lo que es. Una personalidad relevante pero caprichosa, indisciplinada. Se propone metas que están muy por encima de sus posibilidades (A.V., Querido Che)

Otra apreciación le adjudica el haber acelerado su carrera de medicina, rindiendo muchos exámenes en un tiempo record, para evitar el estudio obligatorio de la asignatura Educación Justicialista que Perón impondría en 1953 como requisito para recibirse.

Un fuerte predicamento concitó en él la causa de los republicanos españoles, con quienes estuvo conectado íntimamente desde pequeño, a través de un tío que combate en el frente leal y de diversos refugiados que se instalan en Córdoba. Más tarde, un oficial del exilio ibérico le imparte entrenamiento militar en México junto a los jóvenes castristas con quienes luego se embarca para derrocar la dictadura de Fulgencio Batista. Ya en tierra cubana, integra sus huestes de Sierra Maestra otro veterano de la Guerra Civil y, siendo Ministro de Industrias del gobierno revolucionario, rinde homenaje al valeroso general republicano Enrique Líster, mientras evoca la feroz contienda librada en España contra los sectores progresistas que se enfrentaron inermes "contra la barbarie fascista" y recibe lecciones de economía de Anastasio Mansilla, hijo de exiliados hispanos a la URSS. . A su muerte, María Teresa León, en nombre de esa misma España peregrina -la de los harapos pero la frente en alto- emplearía un tono bien elocuente: "Yo traigo la pena […] de todos los exiliados de España, y el dolor de los que se quedaron allá con la mirada vuelta hacia la libertad, el dolor de la juventud española que no dobla las rodillas y que había visto en el Che Guevara a un héroe del rabioso tiempo presente de nuestra América Latina […] Murió en su ley, próximo a la América más pobre, más abandonada, despojada de todo, menos de su esperanza" —tras haberse caracterizado él mismo como ibero-americano para su ingreso a Bolivia.

Quizás de todo ello —y de su amistad con expulsados de autocracias latinoamericanas que aplastaron a varias generaciones bajo el aval del Tío Sam— logre explicarse la postura de Guevara y el eco despertado entre la juventud. De ahí su rechazo a los caudillos populistas y a la politiquería de los "partiditos" que nunca terminan por cortar amarras ni colmar las expectativas de la población; de ahí su negativa a hacer los cambios indispensables con residuos malolientes —las armas melladas del capital— y su opción por la terapia intensiva, cuya viabilidad podía acreditarse mediante la experiencia cubana en ascenso, que implanta la primera revolución socialista en un continente donde la instauración de tal sistema se juzgaba como una empresa quimérica, sobre todo ante las mismas puertas del coloso norteño, con lo cual se dio pie a la convicción de que podía convertirse la Cordillera de los Andes en la Sierra Maestra del hemisferio. De ahí también su repudio al gatopardismo y su escepticismo frente a la alternativa transformadora de las burguesías criollas en América latina, de las medias tintas del aprismo, de la salida a la boliviana de Paz Estenssoro o hasta del importante fenómeno encabezado por Arévalo y Arbens en Guatemala, de la Revolución Mexicana, del Chile de Ibáñez y del mismo "engendro peroneano", ante las vacilaciones evidenciadas por tales modalidades políticas para respaldarse francamente en el apoyo popular y para neutralizar los embates imperialistas.

En el último caso, se planteó una alianza circunstancial con el peronismo en tanto fenómeno de masas, ya que el mismo Perón en un tiempo propició desde el llano la vía insurrecta, adhirió tácticamente al castrismo —para pedirle ayuda financiera— y conceptuó al Che como un hombre extraordinario —para aprovecharse de su gran arraigo epocal. Al fin de cuentas, Perón rechaza la invitación de instalarse en Cuba para dirigir desde allí su propio movimiento, opta por ser un niño entre mimado y terrible del franquismo, repudia las formaciones juveniles que antes había alentado y que terminan inmolándose en su nombre, e inspira una organización parapolicial de ultraderecha que eliminaría a sus mismos partidarios: la Triple A. Todo ello tras haber presentado Perón a su primer gobierno como un bastión anticomunista y haberse ligado con funestos personajes como el propio Batista, quien a su caída fue alojado por Trujillo en la residencia donde el dictador dominicano había hospedado poco antes al mismo caudillo justicialista.

II. Juvenilismo y revolución

En otro plano, rememoremos la travesía iniciática de Guevara por nuestro continente, antes y después de graduarse como médico, con la ocasional compañía de su amigo Alberto Granado, quien había sido un miembro muy activo de la Federación Universitaria cordobesa, mientras que el mismo Che integró una agrupación análoga durante su pasaje por el colegio secundario. Además de emprender éste el camino trashumante de la bohemia, se sensibilizó frente al padecimiento de nuestros pueblos y adquirió una acendrada conciencia americanista. Tuvo varios encuentros sugestivos: en la Universidad de San Marcos, donde percibió un fermento revolucionario; en Ecuador, con alumnos platenses; con dirigentes estudiantiles en Panamá que habían asistido a un congreso gremial en Río de Janeiro; con jóvenes pertenecientes a distintas corrientes partidarias en una pensión de Venezuela. Con activistas en Colombia que ocupan la universidad y lo protegen de la policía brava de Laureano Gómez, mientras se desencadena el bogotazo y Fidel Castro concurre allí a un evento estudiantil -a cuyo movimiento 26 de Julio finalmente se integrará en suelo mexicano para intervenir en la epopeya de Sierra Maestra. Simultáneamente, se destaca su amistad en Guatemala con exiliados de diversos países —entre ellos cubanos partícipes del Asalto al Moncada y que le ponen el afectuoso sobrenombre del Che—, así como su intervención en la Alianza de la Juventud Democrática y su militancia en las brigadas juveniles que defendieron al aludido gobierno de Arbens.

Por otra parte, se encuentra no sólo la notoria impronta juvenil que ostentaron los líderes del ejército rebelde en Cuba sino también el talante adolescente de quienes combatieron en la escuadra del Comandante Guevara, integrada en sus inicios por una masa virtual de analfabetos, a los cuales el propio Che les enseñó la lecto-escritura y les inculcó el amor por la historia y las letras. Dicha columna sería luego reforzada por la entusiasta incorporación de estudiantes universitarios. Así como las primeras camadas reformistas del ‘18 se sintieron prolongadores de la gesta emancipadora, los guerrilleros del Che también han sido presentados como herederos de las luchas por la Independencia. Un hijo de ese patriarca de la Reforma que fue Deodoro Roca —en cuyo sótano se reunía la vanguardia intelectual cordobesa y a la cual llegó a asistir el propio Guevara— fue compañero de colegio de éste último y solía visitarlo en Cuba. Se cuenta que cuando el Che hablaba sobre la Argentina, una de sus principales inquietudes se dirigía hacia el devenir del movimiento universitario.

Cabe recordar aquí que en Cuba el enfrentamiento con España durante el siglo pasado y a renglón seguido con los Estados Unidos estuvo protagonizado por muchos estudiantes y egresados universitarios. El pensamiento martiano y el marxismo se entremezclan en la década de 1920 con la aparición del movimiento reformista y con la labor de Julio Antonio Mella, fundador de las Universidades Populares, de la Liga Antiimperialista de las Américas y del Partido Comunista. El propio Mella organiza el Primer Congreso Nacional de Estudiantes (1923), en el cual los universitarios cubanos se pronuncian contra el neocolonialismo y las oligarquías nativas. Las actas del encuentro quedaron encabezadas con un apotegma —"Todo tiempo futuro tiene que ser mejor"— teñido de reminiscencias a lo José Ingenieros, quien había sido honrado durante su visita a La Habana en 1915 y ejercería una gran influencia entre los intelectuales isleños. Para aquel entonces se crea la Confederación de Estudiantes Cubanos, cuya declaración de propósitos anunciaba que estaba dispuesta a "luchar por los mismos principios que, enunciados por la juventud cordobesa en 1918, llevaron a renovar las universidades argentinas por el único medio posible, por el sagrado medio de la agitación revolucionaria, y después de iluminar el continente indo-americano, prendieron en este país, donde llevaron a la lucha a una juventud sana y consciente".

Más tarde, Fidel Castro, dirigente en la Escuela de Derecho y en el Comité Pro Democracia Dominicana, participa en la expedición contra Trujillo hacia 1947. Un año después, Fidel propicia en La Habana el Congreso de Estudiantes Latinoamericanos que se expide contra el hegemonismo yanqui y las tiranías continentales, liderando el primer alzamiento contra Batista en 1953 junto a quienes como él mismo integraron la llamada Generación del Centenario. Su ideario prendería entre los jóvenes universitarios cubanos, quienes, comandados por el presidente de su Federación y máximo conductor del Directorio Revolucionario, José Antonio Echeverría, constituyen la fuerza social orgánica que opone una resistencia inmediata a la dictadura, hasta lanzarse a la lucha armada junto a la clase obrera y decretar un paro universitario indefinido que sólo se levanta tras el éxito de la revolución (1957-1959).

La Revolución Cubana, el suceso más importante que aparece en la escena latinoamericana después de la II Guerra Mundial, estimula las expectativas socialistas y repercute sobre todo el movimiento estudiantil, incrementando el activismo y la militancia partidaria de los universitarios.

Sabido es que el Che representó la posibilidad de plasmar un mundo mejor, el sueño de toda una generación —Rudi Dutshke, adalid del mayo francés, llamaría a su hijo Hosea Che— y de la cubana en particular —juramentada en ser como el primero—; a la postre, el rebelde por antonomasia que tanto rabió por la justicia, encarnando con ello una de la tendencias básicas más reiteradas de la juventud: el deseo de reformar la sociedad.

Ahora bien, ¿qué visión tenía el propio Guevara de los jóvenes en sí mismos? Vienen aquí sus metáforas de la juventud como arcilla fundamental y antorcha encendida que, guiada por el sentido del deber social, la repulsa a los atropellos y a las disputas fronterizas, construirá el hombre nuevo del siglo XXI. Más allá de consignas y paternalismos, la preceptiva revolucionaria exige del joven que, sin considerarse el único centro del universo socialista, sea responsablemente creador y lleve la delantera en todo; que sobrepase los eslogans superficiales, la visión capitalista del trabajo como una carga espantosa y hasta el mismo marxismo escolástico; que pueda cumplir con el trabajo voluntario que el mismo Che introdujo en Cuba y contribuir tanto a la alfabetización del país como a cortar caña, recoger café o apilar ladrillos; que tenga la aptitud para identificarse en carne propia con los problemas de la humanidad, que sienta que cuando se veja a alguien se está afectando la dignidad de todos y que se emocione cuando en cualquier rincón del mundo se alce una nueva bandera de libertad; que sepa que los condicionamientos objetivos no subsumen enteramente a los valores morales ni al papel de la voluntad. "Tenía una visión humanista de la sociedad —asegura Urbano Tamayo—, no sólo pensaba en liberar a los pueblos oprimidos, sino que soñaba con una sociedad más solidaria, no esclava de las ganancias".

Deberá sobrepasarse el enfoque limitado de la autonomía universitaria propuesta por la tradición reformista. Aunque el Che festeja la gran batalla sostenida por los levantamientos del dieciocho en la provincia de su infancia como una conquista noble y necesaria frente a los gobiernos conservadores, impugna las distorsiones producidas en ese movimiento por diferentes sujetos: los reaccionarios, los supersabios que traicionan a su ciencia y a su pueblo, los personajes hipócritas y peligrosos escudados en un lenguaje democrático. Para Guevara, la autonomía bien entendida cabe esgrimirla como salvaguarda ante el ingreso irrestricto de personal armado en el recinto universitario, pero no puede justificarse a ultranza el encierro de los claustros como si se tratara de una fortaleza inexpugnable, de un Estado dentro de otro, para disponer a su antojo de los fondos públicos y fijar por su exclusiva cuenta la currícula al margen del interés nacional. Faltan a sus deberes revolucionarios para con los obreros y campesinos los sectores estudiantiles que conceptúan como la peor palabra del mundo la intervención en la universidad aunque ésta provenga de un gobierno auténticamente popular. La reforma de la universidad tendrá que actualizarse y marchar sincrónicamente con las reformas en materia agraria y fiscal, formando los técnicos y profesionales que requiera el desarrollo industrial de un país tan dependiente en ese rubro y sin apelar forzosamente al asesoramiento externo. Ello implicará la reorientación vocacional, la pérdida de privilegios para una clase y el derecho a la cultura para las capas marginadas, en suma: una universidad que se tiña de color negro y de mulato. Las tesis del Che, que había recibido el Doctorado Honoris Causa en Pedagogía de la Universidad Central de Las Villas a fines de 1959, serían incorporadas a la ley universitaria promulgada el 10 de enero de 1962 en homenaje al aniversario de la muerte de Mella.

Apenas iniciado el proceso revolucionario, el mismo Che contribuye a crear la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR) y, en un homenaje a los estudiantes cubanos de medicina fusilados en 1871 por los españoles, recordaría a la juventud que en distintas épocas ofrendó su vida para que se abrieran las puertas de la universidad "a todo aquel que quiera estudiar para perfeccionarse […] no para medrar con sus conocimientos nuevos, sino para ponerlos al servicio de la sociedad y para saldar esa pequeña deuda que cada uno de nosotros tenemos con la sociedad que nos cría, que nos viste y que nos educa". Hacia 1962, Guevara se ocupa de entrenar militarmente a numerosos estudiantes latinoamericanos que visitaban Cuba, entre ellos un hermano de su primera mujer, Ricardo Gadea, que había seguido periodismo en la Universidad de La Plata y que luego participa en el proceso revolucionario peruano. También preparó para la acción guerrillera a universitarios nicaragüenses como Carlos Fonseca y Tomás Borge que al retornar a su país forman el Frente Sandinista de Liberación Nacional.

III. ¿El ídolo caído?

Pese a que muchas agencias noticiosas procuraron difundir una imagen de derrota, señalando la extinción física e intelectual de una metodología errónea, el asesinato del Che Guevara conmovió a la opinión pública mundial y se realizaron, con mayor o menor impedimento, numerosas protestas y homenajes, mientras su porte legendario siguió creciendo como fuente de inspiración para las empresas reivindicativas más dispares, hasta que llegó a hablarse de una era guevarista iniciada a partir de su muerte. El diario Le Monde hizo referencias al primer ciudadano del Tercer Mundo y al ardiente defensor de los pueblos oprimidos. La editorial Larousse lanzó una encuesta para renovar su famosa enciclopedia y el Che resultó electo como la más importante personalidad mundial a ser incluida entre sus páginas. Se escribieron centenares de artículos y miles de versos, entonándose canciones y esgrimiéndose consignas por doquier, en contraposición al hecho consumado -tras suponerse que la CIA había fraguado su muerte o que en la célebre batea donde yació el cuerpo del Che se había colocado un muñeco para engañar a la gente. Véanse dos indicadores textuales de ese arsenal alusivo:

[…] Ustedes no han matado a nadie: han resucitado a un hombre. Y a algo más. Hasta el 8 de octubre se podía dudar que haya seres capaces de pelear por los otros, hacer una revolución, alcanzar el poder, abandonarlo todo y comenzar de nuevo: renunciar a lo temporal […] (Abelardo Castillo)

un nuevo fantasma
de carne y hueso
recorrería el mundo,
instalando su tienda
en medio de la frente
de todos los hombres.
(Jaime Valdivieso)

También se aseguraba que emanaría entonces la redención por la sangre y la insurgencia, que no era cierto que se hubiese acabado con una estirpe metálica como la del Che ni con el emblema perenne de libertad, que sólo se ultima a quienes vacilan ante el reclamo de luchar machete en mano. Aquél continuaba existiendo y reencarnándose cada vez que un pueblo decía basta, cuando la fe inflama las hogueras y la brisa se torna vendaval, en la luz del sojuzgado y en la humillación desagraviada. El mismo volvería siempre con sus verdades renovadas hasta que se divisara el triunfo final. Si mataron al Che Guevara, que viviese pues la Revolución. Hasta se llego a proponer morir como él, para vivir como él había muerto, para vivir como él vivía.

Una vasta ficción literaria planteó la existencia de un aparato electrónico operando como radar espiritual para detectar a los enemigos de la poesía en el continente y para captar mensajes telegráficos ultrasecretos que los presidentes pro-yanquis habrían dirigido al Pentágono ni bien supieron de la muerte de Guevara. Entre esas extensas comunicaciones aparecían términos como los siguientes:

[…] Recuerda que desde 1959 obran poder de CIA huellas del agitador panamericano. Stop. Hemos pedido Barrientos evite remisión cuerpo Guevara a país natal. Stop. Temor compartido por todo mi gabinete y por alto Estado Mayor argentino que funerales guerrillero provoquen motines incontrolables en Rosario, Buenos Aires, Córdoba. Stop. Pondría en peligro existencia misma de mi gobierno.Stop […] Ofrecemos un millón pesos a quien capture vivo o muerto ejemplo Che que se dirige a Rosario. Stop. Policía secreta argentina en colaboración con agentes engalonados CIA vigila casa cada joven argentino para evitar que alma Che encuentre hospitalidad segura en su país […]. (General Juan Carlos Onganía)

[…] mosca Che-Che que infesta los bosques de mi patria es un agente de propagación del despertar guerrillero. Stop. Muchachos ya picados se arrojan sobre el primer soldado que encuentran para quitarle el fusil con audacia sin precedentes. Stop. Me indican que una jovencita de dieciséis años picada desarmó ella sola una patrulla y pudo cargar con las armas hasta la selva. Stop. Ruego laboratorios Pentágono o CIA preparar con toda urgencia vacuna anticheche para inocular a toda población juvenil Paraguay. Stop. Único medio conjurar en embrión terrible epidemia enfermedad castrocomunista capaz de contaminar desde Paraguay a toda la juventud sana latinoamericana. Stop. Peligro azote Che-Che se propaga por todo el Tercer Mundo. Stop. Aguardamos con ansiedad instrucciones. Stop. Arriba América. Stop. Viva el primer demócrata del Occidente libre. Stop. (General Alfredo Stroessner).

Quien constituía hasta hace poco un asombroso sobreviviente de la primera oleada reformista, Arnaldo Orfila Reynal, tras recordar su encuentro con Ernesto Guevara, efectuó este balance personal: "la muerte del Che ha hecho renacer en mí un cierto orgullo nacionalista: la Argentina, derrotada desde tantas décadas; aquél país vacío de grandeza, de pronto le ofrece al mundo un ejemplar humano que no es fácil hallar entre los hombres de todas las tierras y de todos los tiempos. Aquella pobre patria nuestra se engrandece ahora, se purifica ahora de sus miserias, de su pequeña y oscura existencia contemporánea. La vida y la muerte del Che entrarán en nuestra historia, le darán una luz nueva y encenderán en ese pueblo alientos y esperanzas que han de salvar nuestro futuro". Orfila había conocido a Guevara en la revista mexicana Humanidades y le facilitó la lectura de El Capital -¿en la edición del Fondo de Cultura dirigido por el propio Orfila?.

A fines de 1995, en la misma Bolivia, donde el Che halló su muerte, el periodismo reflejó crudamente la permanencia del mito tras la búsqueda de sus restos materiales. Así se habló en la prensa local del imperativo renacimiento de una insignia mundial de virtud y transparencia política que venía a medirse con el mercantilismo y la corruptela que campeaba en todas partes. De una impronta de recta consecuencia que procuran imitar amplios segmentos juveniles; que los mismos soldados bolivianos habían sido adiestrados por expertos yanquis; que la lucha sangrienta de los guerrilleros -entre los cuales se hallaban varios ex dirigentes juveniles como Suárez Gayol- también había sido emprendida contra el yugo español por patriotas que, como aquéllos, procedían de diversos territorios o nacionalidades. Que al Che no se le quiso hacer una tumba para evitar que surgiera un santo laico de los pobres.

Sin embargo, terminó por generarse el efecto originalmente indeseado. Así como en Cuba la efigie del Che se yuxtapone a la imagen de San Lázaro -el santo milagrero y sincrético más venerado en la isla-, en Bolivia el retrato del Che aparece en la casa de los pobladores, otros adoran a San Ernesto de la Higuera -al Cristo de la Sierra- y solicitan misas por él, pidiéndole un poco de sus energías para sobrevivir. Vallegrande, junto a los caminos que siguieron los combatientes de Ñancahuazú, se ha convertido en sitio de peregrinación para viajeros de los cinco continentes, quienes cubren sus paredes con inscripciones que evocan al Che ("vivo como nunca te quisieron"), en torno al cual se ha creado allí un museo y una fundación para el estudio de su obra y su época. Se organizó una caravana estudiantil internacional que marchó hacia La Higuera en dos columnas: una partió de México, recorrió Centroamérica y se unió en el punto de llegada con la otra delegación proveniente de Montevideo. Durante su solidaria visita a Vallegrande, una ex primera dama francesa, Danielle Mitterand expresó: "Los jóvenes de hoy que asisten a este homenaje pueden ser los hombres nuevos de los que hablaba el Che".

Antes de que pudieran localizarse los restos del Che, algunos participantes de la represión consideraban que el sólo hecho de revelar la ubicación de su cadáver representaba una traición a la patria, su cuerpo llegó a ser reclamado desde la Argentina y Cuba, donde ya Castro, en enero de 1968, había ofrecido en vano la libertad de cien contrarrevolucionarios a ser elegidos por la CIA y el Pentágono a cambio de los restos del dirigente guerrillero, eliminado con la ingerencia de la misma CIA; ese organismo que contribuyó a derribar tantos gobiernos legítimos en nuestra América. Los bolivianos prefirieron que permaneciese en el sitio donde se produjo el exterminio, considerando una profanación las excavaciones encaradas por un grupo de expertos rodeados por una amplísima difusión mediática. Tras una búsqueda de esos disputados restos mortales cercana a los dos años, la figura del Che creció inconmensurablemente. Los médicos del hospital donde aquéllos fueron analizados, en medio de ofrendas florales antes de su repatriación a Cuba, expresarían su admiración profesional: "A nuestro colega, comandante Che Guevara, nuestro homenaje póstumo". Un sector castrense que combatió a los guerrilleros ha objetado el trato privilegiado para con estos últimos, diciendo que nadie reconocía su propia acción patriótica al repeler la invasión, que el ejército boliviano esperaba cosechar mucho prestigio por la victoria y que en realidad había sido el Che quien se vio proyectado hacia la gloria como un mito intangible.

Entre tanto, se intentó demostrar que quienes habían intervenido en el crimen de Guevara lo estaban pagando con su propia vida o con otras desgracias personales. Mientras que muchos campesinos que delataron la presencia de los guerrilleros confiesan que se los había presionado asegurándoles que aquéllos iban a violar a sus mujeres, los rangers que capturaron al Che hoy admiten también su equivocación: "El doctor estaba haciendo obra gigante -aseguran- pero nadie lo comprendió. Ahora estamos arrepentidos". Cabe recordar, por ejemplo, que el Ministro de Gobierno boliviano, Antonio Arguedas, se refugió en Chile, hizo llegar el diario del Che a Cuba y transmitió la entereza que éste, herido y prisionero, mantuvo hasta el último instante del fusilazo —en un país donde no existía en su constitución ni la pena de muerte ni el delito de guerrilla. Poco después, el coronel Antonio Prado, detenido y dado de baja por proponer entre sus camaradas un brindis por el Comandante Ernesto Guevara —"un hombre leal y consecuente con sus ideales"—, sería reintegrado a las Fuerzas Armadas de Bolivia porque otros oficiales se solidarizaron con él.

Los ritos de expiación reparatoria fueron adelantados por el propio estudiantado boliviano. Poco antes de la ejecución del Che, los estudiantes convocan a un Cabildo Abierto, en julio de 1967, donde proclaman a las universidades como zonas libres de Bolivia y denuncian a los generales Barrientos y Ovando como enemigos del pueblo, por masacrar a los mineros que habían donado un día de sus magros jornales a los guerrilleros guevarianos. Mientras que en La Paz, el 25 de junio, se tomó por asalto el Ministerio de Educación, en Sucre se había apedreado la Prefectura, cayendo varios estudiantes heridos. Producido el fusilamiento a quemarropa del Che y la mutilación de su cuerpo, la misma organización estudiantil lo nombra símbolo de la juventud mundial, ciudadano y patriota de Bolivia, reclamando que se le otorgue la ciudadanía post mortem en ese país. Un año después, en el XVIII Congreso Nacional Universitario, celebrado en Potosí, se resuelve declarar al Comandante Ernesto Che Guevara "Héroe Máximo de las Luchas Revolucionarias de los Pueblos Latinoamericanos". Al cumplirse el décimo aniversario de su fallecimiento, el XX Congreso Universitario propuso que el 8 de octubre fuese establecido como Día del Guerrillero Heroico y dos años más tarde los estudiantes bolivianos erigirían en La Higuera una estatua del Che con los brazos abiertos al estilo de un redentor.

En otros países, como Ecuador, se pondría tempranamente el nombre de Ernesto Guevara a diversos recintos universitarios. Hacia diciembre de 1967, la Federación Universitaria Argentina, efectúa un congreso clandestino bajo la presidencia honoraria del mismo Guevara y con la asistencia de delegaciones especiales de Brasil, Chile y Uruguay. Varios escritos del Che serían leídos como textos sagrados por la juventud de los sesenta, entre ellos, el "Discurso de Argel", la carta de adiós a Fidel y "El socialismo y el hombre en Cuba" una pieza que, según se ha interpretado, posee un valor equivalente, como programa continental, a la Carta de Jamaica de Bolívar y a Nuestra América de Martí. Su autor pasaría a erigirse en "la mayor ilusión" de ese mismo fenómeno generacional, según lo ha admitido recientemente uno de sus máximos portavoces, Daniel Cohn Bendit:

El 9 de octubre de 1967, nos enteramos de la muerte del Che Guevara en la jungla boliviana.
La revolución latinoamericana perdía ese día a su combatiente más prestigioso, pero también ese día nacía un mito.
El retrato de este hombre fue enarbolado por los manifestantes en París y en Berlín, en Roma o en Río de Janeiro. Su rostro, ligeramente melancólico, decoró innumerables habitaciones de estudiantes.
Se convirtió para toda una generación en el símbolo del guerrillero constructor de una sociedad nueva, y su famoso slogan "Creemos uno, dos, tres Vietnams" fue una especie de Credo para nosotros.

En los propios Estados Unidos, los estudiantes progresistas, junto con el movimiento negro, se apropiarían también de su figura, durante las manifestaciones por los derechos civiles y contra la guerra de Vietnam. Una encuesta realizada allí hacia 1968 reveló que el Che era el personaje con el cual más se identificaban los jóvenes universitarios de ese país. En Bogotá, los estudiantes le cambiaron el nombre del libertador Santander por el del Che Guevara a la plaza situada en el campus universitario. La tradicional Universidad de San Carlos en Guatemala ostenta dos grandes murales del Che: uno estampado en la Biblioteca Central durante el trigésimo aniversario de su desaparición y el otro, al costado del edificio de Ciencia Política, a poco de ocurrido el deceso.

Hoy parece replantearse aquel antiguo fervor, mediatizado con la tendencia del establishment por convertir en mercancía hasta personalidades como las del Che Guevara, tan ajenas a lo insustancial y al espíritu posesivo. Una parafernalia de productos comerciales apelan a su nombre o a su imagen: cervezas, billetes y monedas, sellos y postales, boinas y camperas, pañuelos y cintillas, esquíes y bolsos, llaveros y relojes, ceniceros y encendedores, tazas y lapiceras, etc. Otro tanto ocurre con los conjuntos musicales, con tatuajes y pancartas, con exposiciones hasta en el Louvre, con videos y casetes en torno suyo. Pese a los fuertes tabúes y a la diabolización que se había hecho del Che en su país natal, miles de jóvenes propician cursos y cátedras por doquier destinadas a examinar las ideas de Guevara, mientras la corrupción y el desempleo conduce a la gente a obstruir las rutas camineras portando su efigie -análogamente a como se la había levantado ante los gobiernos neoconservadores de Berlusconi y Balladur en Italia y Francia, o frente a las operativos militares contra los indios mayas de Chiapas, que habían integrado a antiguos líderes estudiantiles sobrevivientes de Tlatelolco. Hasta un acérrimo enemigo de la Revolución Cubana como Carlos Menem, procurándose un rédito electoral, hizo imprimir 500.000 estampillas con la cara del Che, el doble de la tirada que se efectuó para Evita, alegándose que con ello se "recuerda a un argentino notable, que cambió parte de la historia contemporánea de América, hoy convertido en símbolo de idealismo para muchas personas alrededor del mundo".

En todo el mundo se celebraron encuentros para conmemorar el trigésimo aniversario de su muerte, pululan las fotografías y las musculosas con el Che, al punto de que un grafito ingenioso le hace decir: "Volveré y no seré póster", mientras que el titular de un periódico parafrasea con el "Dos, tres, muchos Che". También cabe observar su rostro barbado en el tatuaje de dispares personajes populares como Maradona o Tyson, en el despliegue de banderas efectuado en las canchas de fútbol y en espectáculos multitudinarios —más allá de los tumultuosos festivales internacionales celebrados especialmente en su honor con lemas como el de "Estás en todas partes". Se anuncian a la vez decenas de películas y se ofrecen muchos libros nuevos que vienen a sumarse al centenar de biografías que se han publicado desde 1968, superando con ello la atención que pudo prestársele a cualquier otra personalidad del siglo XX. En Internet el Che ocupa miles de páginas Web, con una multitud de visitantes que a veces también acuden a ese simbólico espacio para llamar la atención sobre candentes violaciones a los derechos humanos. El título de un CD francés coincide con el de una tapa de Newsweek y resume sugestivamente todo lo expresado: "El Che vive". Se calcula que su imagen ha generado más canciones que ningún otro personaje histórico (c. 135 piezas y 87 intérpretes); una imagen que, alentada por la creencia de Guevara en la soberanía como atributo fundamental del pueblo trabajador, se agiganta con el nuevo impulso que cobra el espíritu autogestionario y los movimientos sociales como el del mismo estudiantado o el de los campesinos sin tierra brasileños , quienes estudian las ideas de Martí, Paulo Freire y el Che, cuyo nombre han enarbolado para colocarlo al frente de sus columnas.

Más allá de la validez que puede atribuírsele a algunas de esas encontradas facetas de acceder al Che, su aceptación resultaría aún hoy mucho mayor entre los jóvenes que durante su desaparición, cuando v. gr. un estudio efectuado por Armand y Michele Mattelart hacia 1968 sobre distintos segmentos de la juventud chilena arrojaba serias diferencias apreciativas: mientras que los estudiantes lamentaban y repudiaban mayoritariamente la eliminación de "un gran idealista" y de "un gallo valioso", no podía detectarse igual inclinación en la juventud trabajadora que, reflejando acaso la opinión de los medios masivos y la moral establecida, condenaba la guerrilla y veía como un hecho positivo la matanza del Che.

Es como si se estuviera remontando esa imagen que imperaba hasta hace poco durante la primacía del desencanto o del giro conservador, cuando un periódico madrileño como El País, hacia 1992, consagraba varias páginas para demostrar que, a los 25 años de la muerte del gran líder revolucionario, ya nadie más lo tenía en cuenta, que todos se habían convertido al posibilismo y abandonaron el "desvarío" guevarista, que el mito romántico había fenecido hasta trocarse en "incómodo fetiche arrinconado en el trastero o en el cubo de la basura".

En ese cambio general de actitudes no puede desestimarse el trasfondo de principismo y eticidad que ha terminado por desprenderse del temple guevariano, facilitando el reencuentro o la identificación juvenil con dichos caracteres; más allá de que, como afirma su amiga Tita Infante, el perfil de Ernesto, fuera "demasiado cálido para tallarlo en piedra".

En suma, que el Che ya había dejado de ser aquél "incomprendido paladín de la libertad" -como él mismo se definiera- o un "estrafalario fantasma del desierto" —según calificó al gran loco manchego su admirado poeta León Felipe. Muchas personas continuarían pensando, como el Indio Naborí, que "sus restos no son restos" sino "las raíces de una idea pura" o que, como sostuvo Fidel Castro en el discurso pronunciado durante su sepultura definitiva en Santa Clara: "Mas grande será su figura cuanta más injusticia, más explotación, más desigualdad, más desempleo, más pobreza, hambre y miseria imperen en la sociedad humana". Abel Posse ha reconstruido un elocuente diálogo suyo con altos oficiales cubanos donde estos se refieren al profundo atractivo que despertaba el participar de las campañas guevarianas aún para quienes tenían mucho que perder:

-Usted preguntó, amigo, sobre por qué se lo seguía. Realmente es una adecuada pregunta. Nunca hablaba de triunfo, sino de la misión revolucionaria. Hablaba que el combate de América llevaría "diez o quince años", ¿se da cuenta? Sin embago dejábamos la familia, la comodidad de estar en el gobierno, de ser un "revolucionario histórico", aplaudido en las escuelas, ¿respetable! Era muy triste no poder seguir con él, aunque uno estuviese muy bien en Cuba. Uno tenía que irse de la Bodeguita del Medio a comer rata otra vez. ¡A tomarse el orín, a desangrarse en diarreas! El de Bolivia era un pequeño grupo, y fíjese, para que usted tenga idea de la "mística de Guevara": se anotaron para Bolivia cuatro miembros del Comité Central, dos viceministros y dos muy altos funcionarios...Piénsese que no es fácil dejar la pax burocrática.

En conclusión

Ciertamente, no todo resulta tan florido. Por el contrario, han abundado los exabruptos y los descalificativos de la prensa amarilla y de poderosos intereses que pintan al Che como un conspirador siniestro, como un mercenario vandálico, en la típica versión hollywoodense del desatado bandolero sudamericano. Los integristas católicos denuncian la reavivación de mitos subversivos en una sociedad infectada por la Revolución Anticristiana y por uno de sus máximos exponentes: el Che Guevara, un demente apátrida, apóstol diabólico de la violencia y el terror que, criado en una disolvente atmósfera familiar, terminaría gozando con la antropofagia africana. Tanto las derechas como el viejo PC —que llegó a ver en el Che a un agente de la CIA— han remarcado su aventurerismo por encima de cualquier filiación eventual. Sin embargo, otro símbolo juvenil, Herbert Marcuse, teórico del movimiento estudiantil de los sesenta, ha puesto las cosas en su sitio, al sostener que "Guevara no era solamente la aventura. Era la alianza de la aventura con la política revolucionaria. Si la revolución no contiene un poco de aventura de nada vale […]".

Otro tipo de estimativa podría partir de las críticas que Guevara se hizo a sí mismo, a veces en términos de autoexigencia. Por ejemplo, su preocupación por no haber recurrido siempre al camino adecuado en materia guerrillera, a diferencia de lo que hizo Camilo Cienfuegos en tal sentido, o su arrepentimiento por haber mostrado un obsesivo apuro por la industrialización y por sustituir todas las importaciones cubanas de golpe. Asimismo, el propio Che se ha inculpado por afirmar, en forma mecanicista, que el estudiantado de los países que no han accedido al socialismo carecen de una ideología verdaderamente revolucionaria por pertenecer a estratos ajenos al proletariado, hasta llegar él finalmente al punto de asignarle a la juventud una potencialidad supraclasista.

No siempre con idéntica seriedad, se ha hecho hincapié en otras limitaciones específicas, producto también de la misma sensibilidad y clímax epocales. Entre ellas, una falta de matices para percibir la realidad, cierto maniqueísmo voluntarista, la excesiva temeridad, una priorización de la lucha armada sobre la labor política que indujeron el exterminio generacional, el menosprecio a la capacidad militar de los ejércitos profesionales, la teoría foquista, los errores estratégicos en el Congo y en Bolivia, una excesiva confianza en los levantamientos y estallidos que podían producirse en distintos países de nuestro continente, la idealización del campesinado, las ingenuas simpatías iniciales hacia el estalinismo y el autoritarismo soviético, la momentánea confianza en Perón como líder revolucionario, la compulsiva universalización del paredón, la subestimación de la resistencia urbana frente a Batista, el desprecio hacia los incentivos materiales, la extrema dureza en el trato, las escasas dotes oratorias, los hábitos poco higiénicos, o, dentro del presente encuadre, la aspiración por convertir a los jóvenes en hacedores de una "sociedad perfecta".

Pese a las admisibles reservas más o menos descontextualizadas y salvo que se presuponga como está de moda el naufragio de las salidas alternativas, no podrá omitirse para una problematizadora revigorización de la utopía a uno de sus exponentes más connotados: Ernesto Che Guevara; ahora que hasta el propio Parlamento europeo, además de condenar enérgicamente el bloqueo contra Cuba, ha venido a reconocer la importancia histórica de su figura.
 

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© José Luis Gómez-Martínez
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