María Elena Walsh

 

"El año próximo seremos breves"

A la cero hora del 1° de enero de 1982 se retrasará la TV de la Patria en otros veinte años, para mejor ajustarla ¾ si cabe— a las pautas culturales oficiales.

Se permitirán reuniones multitudinarias (siempre que vayan a Luján a pie), pero se prohibirán las reuniones de dos personas solas, porque pueden hacer cosas.

En cuanto a la ley del libro, se actualizará un debate que quedó trunco. Consultado en su oportunidad por la SADE el excelentísimo señor ex presidente de la Nación, don Jorge Rafael Videla, acerca de unos libros vetados, respondió: "Digan qué libros no deben prohibirse" (sic). Como fue arduo llegar a un acuerdo, las potestades que reinaren el año que viene a la misma hora decretarán que: "Quedan prohibidos todos los libros, menos los de Julián Marías, los de Julián Marías y los de Julián Marías".

Las famosas 242 canciones se extenderán, en principio, a 484. Con ellas se realizará un gran Festival de la Canción, al oscuro, a puertas cerradas y en silencio. Elegida la finalista, en uno de los próximos operativos de "Marchemos hacia...", será arrojada, junto con sus autores y todos envueltos en el poncho de Mercedes Sosa, como un matambre por encima de la frontera con Chile.

El venerable Ente de Calificación Cinematográfica también se modernizará. Será sustituido por la COMRED (Comisión Reductora de Cerebros) que instalará a la entrada de las salas un dispositivo electrónico destinado a magnetizar el cerebro del asistente. Éste disfrutará de la película —no importando ya su grado de pecaminosidad— y saldrá feliz, creyendo haber visto una biografía de Don Bosco dirigida por García Ferré. Tal sistema tiene la ventaja de efectuar sin cargo una indolora reducción en el seso del ciudadano que, una vez en la calle, sentirá incrementada su sana adaptación al surrealismo imperante.

Reinará absoluta libertad de expresión para alabar a las Fuerzas, el Catecismo, el Deporte y las vedettes de teatros de revistas.

Será suprimido en todo el territorio de la Nación el uso de palabras que empiecen con el prefijo des: destape, desnudo, despelote, desastre, desocupación, despidos y otras más. Un riguroso control de aduanas impedirá que se infiltren diccionarios extranjeros que contengan estas palabrotas.

La inscripción de alumnos en escuelas de uniformados para la defensa ya no será persuasiva mediante graciosos avisos de TV, sino compulsiva y obligatoria para todos, sin distinción de sexo, edad ni Testigos de Jehová.

Así quedarán pocos civiles y por lo tanto se consolidarán la paz, el orden y la unidad.

Se intensificará la tecnificación de la COMRED en un congreso a realizarse con los más conspicuos representantes de la Federación de Jíbaros, que darán los últimos toques de reducción y obviedad a los escasos disidentes que se obstinaren.

En fin, seremos breves.

Vigencia, diciembre de 1981.
[Reproducido en Desventuras en el País-Jardín-de-Infantes, Buenos Aires: Sudamericana, 1993. 72-73. Versión digital preparada por Marina Herbst.]

 

© José Luis Gómez-Martínez
Nota: Esta versión electrónica se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan.

 

 

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